Carta abierta a las mujeres , disidencias y hombres a unos días del 8 de marzo

_“Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.” 
Rosa Luxemburgo

El feminismo no puede y no debe construir a los hombres como sus enemigos “naturales”. El enemigo es el orden patriarcal, que a veces está encarnado por mujeres 
Rita Segato._

Compañeras:
Estamos a unos días del 8 de marzo y hay algunas cuestiones que preocupan. El movimiento feminista ha marcado la agenda pública, las mujeres y las disidencias sexuales estamos dando que hablar. Sin embargo, este ruido que suena cada vez más masivo puede ser contraproducente si no tenemos cuidado. Los análisis simplistas y los odios emocionales, no pueden superponerse a encontrar un análisis crítico que nos lleve por el camino de la liberación y la armonía. Frente a esto planteó dos tensiones:

A) * crítica al separatismo absolutista*: llevar el separatismo a todas las áreas de organización, es una contradicción desde la propia teoría feminista porque
Es considerar que el patriarcado sólo afecta a las mujeres. lo que es una gran miopía, una falacia. El Patriarcado nos afecta a todxs. A nosotras nos castran del poder, del conocimiento, del espacio público, del debate, nos cosifican, etc. A ellos los castran de sus emociones, de sus afectos, de construir lazos afectivos de confianza, los educan para ser violentos y viriles, para demostrar su dignidad a partir de ese juego. A las disidencias las marginan por no reconocer otras formas de sexualidad que no sean las binarias.
Los hombres, como diría Segato, son las primeras víctimas del mandato de masculinidad, pues ellos tienen el mayor número de muertos en los asesinatos y las guerras, ellos mandados por otros hombres, son asesinados principalmente por otros hombres. Los femicidios son la parte más evidente de un análisis que requiere mayor profundidad. Desde este punto de vista, el feminismo es una herramienta teórica y un movimiento social que lucha por la abolición del patriarcado, entendiéndolo como un sistema de relaciones sociales y simbólicas que nos jerarquizan entre hombres, mujeres y disidencias a partir de la utilización de la violencia, donde todo lo que es femenino es sinónimo de ser dominado y conquistado. Por eso nosotras hemos sido las protagonistas, porque somos las mas evidentemente afectadas. Con esto no estoy exculpando ni defendiendo a agresores, ni violadores. Solo estoy poniendo las cosas en términos estructurales, en el patriarcado los únicos privilegiados son los hombres y mujeres burguesas, porque ¿qué privilegios tiene un hombre proletario que trabaja todo el dia, no conocer a su familia,? o ¿que su principal forma de relacionarse sea a través de la violencia?, o ¿ la incapacidad de tener lazos afectivos significativos con sus familiares y amigos y no poder hablar de sus emociones?. ¿Son realmente estas cosas un privilegio?, ¿es un privilegio drogarse y alcoholizarse o salir de fiesta todo el tiempo? como si no existiera otra cosa que el presente, como si no existieran responsabilidades con otrxs. ¿no será un síntoma profundo de soledad, de desconexión o de incapacidad emocional?. Somos hijxs de nuestro tiempo y estos mandatos de masculinidad y feminidad se incrustan en nuestras mentalidades, ahora enlazados con el más profundo narcisismo exitista del neoliberalismo, donde las palabras amor y solidaridad se alejan cada vez más, dando como resultados distintas facetas de la masculinidad y la feminidad patriarcal. Con esto no estoy negando, que sean principalmente los hombres quienes ejercen la violencia física, económica y psicológica contra las mujeres, pero son estos mismos perpetradores quienes también sufren las consecuencias de violencias ejercida por otros hombres. Con esto tampoco exculpo que en sus casas no realicen sus quehaceres en el hogar y dejen todo en manos de las mujeres. Estas cuestiones tienen que cambiar y las enfrentamos con fuerza, si queremos igualdad, responsabilidad ante la vida y construir comunidad, partamos por hacernos cargo de nosotrxs mismxs y cooperemos mutuamente.

Por esto el feminismo no es solo un movimiento de mujeres, no puede serlo (claro, nosotras lo comenzamos, por nuestra posición en la cadena de opresiones,) sino que es un movimiento de la humanidad contra la opresión y la explotación que nos desmantela las potencialidades y las virtudes que podemos desarrollar, un movimiento contra el patriarcado que nos enferma de violencia y competencia, este feminismo del que hablo lucha por la igualdad y la armonía no solo entre los seres humanos sino que también de las otras especies, porque como feministas también entendemos que a la tierra así como a nuestros cuerpos se les ha cosificado, es nuestra responsabilidad también defenderla. Como diría Angela Davis, “el feminismo eficaz tiene que luchar contra la homofobia, la explotación de clase , raza y género, el capitalismo y el imperialismo”. Porque todas estas violencias y opresiones son, (además de los análisis del materialismo histórico), expresiones de mandatos de masculinidad patriarcal.

B) ¿El feminismo es para todas las mujeres?, que tenemos en común con las burguesas? ¿qué tenemos en común con las privilegiadas, con las Señoras lucias Hiriart, con las Margaret Thatcher, con la Paty Maldonado?. Esas fachas solo defenderán sus privilegios, son enemigas de clase.
Ahora revelemos lo que nos ofrece el feminismo liberal disfrazado de igualdad: igualdad en los sueldos y cuotas en las instituciones del poder, poder en instituciones obsoletas y patriarcales ¿para que? mismas horas de explotación por igual paga que los hombres, y ¿se acaba con eso el problema de recuperar nuestras vidas?. Tampoco se acaba nuestra explotación consiguiendo mejores puestos políticos, en esta sociedad de clases. Ellxs seguirán con sus privilegios que se sostienen en nuestra precarización, estamos en veredas opuestas. El feminismo liberal no critica la raiz solo son bueguesas que quieren administrar compartiendo el poder con los hombres. Nuestra lucha no acaba ni empieza allí. Claro, puede ser que una demanda reformista vaya volviendo contextos más favorables para las demandas feministas, pero no es el meollo del asunto. Si el problema del modelo capitalista es la cosificación de las personas, el trabajo asalariado que nos roba la vida y nos aliena. Queremos tiempo para ser y construir comunidad, tener tiempo para lxs nuestrxs. Vamos entonces por demandas que disminuyan las jornadas laborales, para que podamos ir recuperando nuestro tiempo, nuestra vida, para que nos conozcamos a nosotrxs mismxs, con ello vamos organizándonos defendiendo nuestros territorios y construyendo comunidades.

No nos equivoquemos compañeras no seamos contradictorias ni marginemos con estructuras de pensamiento masculinistas: clasificar y separar mujeres si, hombres no, Mujeres adelante, hombres atrás. Hagamos las cosas bien esta vez, yo no quiero que mi compañero, ni mis hermanos o mi hijo caminen detrás mío, quiero que estén construyendo y tejiendo a mi lado, que comprendamos que tenemos la oportunidad de hacerlo a nuestro modo esta vez. Y compañeros no se alteren por las críticas es tiempo de deconstrucción, autocritiquese y cambie. Y si nos vamos a juzgar que sea por nuestra capacidad de cambio (a quienes queremos ser parte del movimiento y estemos dispuestxs a deconstruirnxs, a enfrentarnos a nosotrxs mismos con nuestras contradicciones). El patriarcado nos afecta a todxs de forma distinta pero a todxs, si queremos cambiar la sociedad los hombres tienen que cuestionarse, liberarse y acabar con esos mandatos de masculinidad disfrazados de privilegios.
Por un mundo donde podamos criar con amor y respeto a nuestros hijxs y donde lxs adultxs podamos entendernos en armonía y respeto, en comunidad.
Si bien somos las protagonistas porque la historia nos lo debe por un buen rato, no marginemos, no nos convirtamos en ellos, en sus estructuras de pensamiento segregador. Critiquemos, combatamos a quien haya que combatir. pero tejamos sociedad de una manera distinta, cualitativamente distinta

Así que cabras sororidad, pero de clase y decolonial
Y todxs vamos por un feminismo de clase y anticapitalista A barrer con el patriarcado y el capital
La revolución será feminista o no será!!
8 de marzo, todxs a la calle!!!

Memoria Obrera: Chile, Septiembre 1973 (Revista COMUNISMO No.4 (Junio 1980))

A continuación difundimos íntegramente este texto enfocado en el análisis de la derrota proletaria en Chile, a partir de la carta que escribieran los cordones industriales el 5 de septiembre de 1973. Este texto apareció en la revista Comunismo No 4 en Junio de 1980, 7 años después del Golpe Militar. A mantener viva la memoria y afinar la teoría revolucionaria contra la verborrea socialdemócrata. 

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Marcha Cordones Industriales, Chile 1972.

A continuación la carta que los Cordones Industriales dirigieran a Allende el 5 de setiembre de 1973, solo unos días antes del golpe de Pinochet. Hemos considerado importante publicar este documento, ya histórico porque aún sin pretender haberlo sido, es hoy una denuncia del papel contrarrevolucionario de todas las unidades populares en el mundo entero, de como los Pinochets son imposibles sin una clase obrera que ha sido desorientada, desorganizada y desarmada políticamente por la izquierda democrática. Este documento por otro lado permite denunciar todas las peroratas sobre los “generales traidores” a las que nos tienen habituados los partidos de izquierda, y situar las causas reales de la derrota obrera en Chile, no en los enemigos que es evidente que en conjunto preparaban la desorganización de los obreros total, de dirección, de perspectiva comunista. Publicamos este documento, además, porque a menos de 7 años parecería como si nunca hubiese existido, porque todas las fuerzas democráticas de oposición han hecho todo lo posible por enterrarlo intentado que se borre para siempre de la memoria de nuestra clase, pues mete demasiado el dedo en la llaga. En fin, publicamos este documento, no porque adheramos a su contenido, sino porque resume la tragedia no solo de la clase obrera en Chile, sino de la clase obrera mundial, tragedia que seguirá reproduciéndose mientras que el proletariado no barra con sus armas a los Allende que se esconden con otros nombres en todos los países: “… no solo nos está llevando por el camino que conducirá al fascismo, en un plazo vertiginoso, sino que se nos está privando de los medios para defendernos”.

Pobladores, Santiago Chile

Este documento, lejos de demostrar la fortaleza de nuestra clase, muestra su debilidad más absoluta, su paralización total frente a un Estado burgués que con su careta de izquierda le pedía replegarse mientras golpeaba a todos los que luchaban por los intereses proletarios y preparaba el masazo “final”. Desconocer, no señalar ese conjunto de debilidades no contribuiría en absoluto al forjamiento de una perspectiva revolucionaria. Sin embargo, cuando criticamos las ilusiones y debilidades, estamos poniendo en evidencia nuestras propias debilidades, las debilidades de nuestra clase, condición imprescindible para superarlas. Nada más ajeno a nosotros, por lo tanto, el despreciar el esfuerzo clasista por romper con las ilusiones allendistas, pero nada sería más irresponsable que publicar este documento como emanante de la clase obrera, sin subrayar hasta que punto las ideas burguesas dominantes entre los obreros -incluso de esa vanguardia de los cordones industriales- se mostraron más fuertes que su instinto de clase y los llevaban, apenas pataleando, al matadero.

El 5 de setiembre (en realidad desde mucho antes) no había duda alguna entre los obreros que iban al matadero, que la represión que había tocado ya a sectores importantes, se generalizaría a toda organización obrera: socialismo “estaba transando (SIC) para llegar a un gobierno de centro, reformista, democrático-burgués que tendía a desmovilizar a las masas…” a situación en la que existía “la certeza de que vamos en una pendiente que nos llevará inevitablemente al fascismo”, “a un régimen fascista del corte más implacable y criminal”. Sin embargo a ese presidente que se le dice por anticipado que “será responsable de llevar al país, no a una guerra civil que ya está en pleno desarrollo, sino que a la masacre fría, planificada de la clase obrera…” se lo trata ni más ni menos que de COMPAÑERO Salvador Allende. Esto resume la tragedia de la clase obrera chilena, a todos los que la habían arriado, atado de pies y manos, desde los Partidos, los Sindicatos, el Estado para introducirla totalmente indefensa en el corral de donde no sale vivo, se le pide decisión contra los que darán el masazo final. Es como pedirle a los que te llevaron ante el pelotón de fusilamiento, que tomen medidas contra los que apretarán el gatillo. el documento señala con claridad que de la desconfianza con respecto a todas esas fuerzas, se pasa a comprender que ese “reformismo” es el camino más rápido al “fascismo”, pero a esas fuerzas se las siguen considerando obreras. “Los trabajadores sentimos honda frustración y desaliento cuando su Presidente, su Gobierno, sus Partidos, sus organizaciones, les dan una y otra vez la orden de replegarse en vez de la voz de mando de avanzar “Ahora los trabajadores no solamente tenemos desconfianza, estamos alarmados” “Estamos absolutamente convencidos de que históricamente el reformismo que se busca a través del diálogo con los que nos han traicionado una y otra vez, es el camino más rápido hacia el fascismo”. Es decir sigue considerando a todos esos reformistas (El reformismo es necesariamente burgués) como “los partidos proletarios”, a los partidos de la UP al Gobierno, a los sindicatos, como los partidos de los trabajadores, al Presidente como el de los trabajadores. A ese organismo, la Central Única de Trabajadores, cuya principal función había sido la de contener las luchas obreras de acuerdo a las necesidades de valorización del capital, llamar a trabajar más cobrando menos por los intereses de la patria chilena (el cobre chileno!) y que llegó a integrar el Gabinete cívico militar del brazo con los generales del ejército chileno que ejecutaría la masacre, se la sigue considerando como “el organismo máximo” de la clase trabajadora.

El panorama era profundamente trágico, incluso aquellos cuya única referencia sobre Chile sean los comentarios de la gran prensa, comprenderán leyendo este texto hasta que punto lo que pasó después fue el desenlace inevitable de la desorientación total de la clase obrera para forjarse su propia vía. Una clase obrera que reconocía que “lo que faltó fue decisión, decisión revolucionaria…, lo que faltó fue una vanguardia decidida y hegemónica” y a falta de ella se le pedía al Presidente que la guiara. Una clase obrera que tenía desconfianza total en todas las fuerzas populistas de la burguesía, pero que con tantas otras veces la historia, no logró construir su propia fuerza. Una clase obrera que en lo más profundo de su tragedia, de una tragedia que no es chilena sino mundial, no tiene un programa propio (o mejor dicho desconoce totalmente su programa) y exige el cumplimiento de lo que denomina un “programa mínimo”: ni más, ni menos que el programa burgués de la Unidad Popular.

En Chile, podemos decir que lo que hubo no fue solo una matanza sistemática preparada por el trillado camino de la “experiencia pacífica de construcción del socialismo”, sino que se realizó integralmente la teoría del apoyo crítico, del frente único, del gobierno obrero, del control obrero… hasta sus últimas consecuencias: la destrucción de toda organización obrera. En efecto independientemente de la importancia relativamente débil que la presencia efectiva del trotskismo tuvo en Chile, independientemente de la ruptura formal entre el MIR y la Cuarta internacional, fue evidentemente una ideología muy hermanada con el trotskismo internacional la que constituyó la barrera de fuerza, que pudo contener a aquellos proletarios que querían escaparse del corral de donde no pudieron salir. SI, en los Cordones industriales, lo del camino pacífico al socialismo no lo creía nadie (exceptuando evidentemente los agentes del Estado burgués infiltrados en las filas obreras), en cambio en lo que se seguía creyendo era en que había que apoyar críticamente a ese “gobierno obrero” para unos, “popular” para otros. Cuanto más el proletariado intentaba desesperadamente escapar al control que sobre él ejercía el Estado burgués, -como tantas otras veces en la historia- más radicalizaba su discurso el centrismo, más se desarrollaron las izquierdas dentro de cada partido de la burguesía, más convergían hacia “el apoyo crítico”, “el control obrero”, etc. Con todas sus variantes y combinaciones hacia ello convergieron fortificándose izquierdas socialistas, cristianas, del MAPU, etc: alineándose en una radicalización con todo tipo de matices que antes había sido propiedad exclusiva del MIR. La lectura del documento no deja ninguna duda de que esa ideología radical de la burguesía, fue una fuerza decisiva para impedir del proletariado al Estado burgués.

Para que los lectores que no han vivido la “experiencia chilena: y que solo hayan escuchado las versiones para la posteridad construidas por la burguesía chilena (socialdemócrata, “comunista”, Trotskista, maoísta, mirista, del Mapu, etc) y repercutida por sus pares en todo el mundo: puedan comprender lo mejor posible el documento que presentamos y porqué se llega al absurdo de “exigirle” al vértice del Estado burgués que tome las medidas necesarias para “transformar las actuales instituciones del Estado donde los trabajadores y el pueblo tengan el real ejercicio del poder”, es necesario señalar algunos antecedentes, En setiembre del 73 no cabe duda que la suerte de la clase obrera estaba decidida, que su debilidad era imponente, que lo que vino después fue solo su ejecución. Sin embargo no siempre fue así y hubo momentos decisivos en que la represión de izquierda y de derecha, de todo el Estado burgués no eran suficiente: la clase obrera chilena intentaba construirse su propia vía. Fue en esos momentos cruciales, que el centrismo con su clásica política contrarrevolucionaria del “apoyo crítico” patrocinada por el MIR, el guerrillerismo en general (decisivos fueron por ejemplo los consejos y discursos de Fidel Castro en Chile o de Cuba hacia Chile), pasaron realmente a primer plano, a constituir la última barrera (pero de fierro) del corral mortal.

Cada vez que la realidad no podía esconderse más y emergían socialmente como inevitables perspectivas o el terrorismo burgués o la destrucción del Estado burgués y la dictadura del proletariado, que suponía evidentemente liquidar por la fuerza en primer lugar el Gobierno de Allende y el Ejército burgués, lo ideólogos del apoyo crítico aparecían en primer plano proponiendo una tercera vía: organización y armamento del proletariado, no para enfrentarse a toda la burguesía y su Estado, sino para exigirle al Gobierno que cumpla su programa “socialista” (SIC) para ejercer el control obrero sobre la producción y la distribución pues así se van logrando “cuotas significativas de poder” (SIC) y para defenderse de los ataques de la burguesía (que para estos señores es sinónimo de derecha) que intenta impedir que se cumpla ese programa. Es precisamente la ideología de esta supuesta tercera vía (pues en realidad conduce inevitablemente a la mantención de la dictadura de la burguesía y el terror blanco) la fuerza que paralizó los intentos más decididos de la vanguardia obrera en Chile. Los intentos más violentos en este sentido durante el allendismo se concentran en 1972 y especialmente a partir del 11 de octubre del 1972, cuando los cordones industriales se desarrollan en respuesta a la catastrófica situación a la que la clase obrera es sometida por el capital en crisis, la represión Estatal y agravado en esa fecha por la huelga de comerciantes, transportistas y profesionales impulsada por la “derecha” (1).

Efectivamente durante 1972 las luchas obreras se agudizan frente a una burguesía que por un lado le pedía trabajar más por la patria chilena y las transformaciones “socialistas” y por el otro le cortaba sus medios de vida. Como en toda otra circunstancia de crisis del capitalismo, la derecha y la izquierda se oponen en cuanto a sus intereses fraccionales, pero se complementan en imponer un aumento de la tasa de explotación: trabajar más y comer menos. Como en toda circunstancia similar las luchas obreras contra la burguesía y la represión del Estado burgués se acentúan. El Estado Chileno, con Frei a la cabeza, con Allende o luego con Pinochet siguió (como no puede ser nunca de otra manera sea “fascista” o “socialista” el presidente) esa línea de acción inherente a su propia esencia. El Estado burgués al ponerse la careta “comunista”, “socialista”, “allendista”, etc. había intentado solucionar la profunda crisis que la economía nacional chilena atravesaba, utilizando como mejores métodos de aumento de la tasa de explotación las nacionalizaciones y el verbalismo socialista. Pero como es evidente no podía dejar de reprimir toda la lucha obrera contra la explotación y desde el principio del ”gobierno de los trabajadores” as luchas de los sin casa, de los mineros, …fueron reprimidas, los partidos del gobierno y Allende si bien denunciaban cada lucha obrera como una provocación, y a los obreros que exigían que se les pagara más se los condenaba como la “aristocracia obrera” (ejemplo a los mineros del cobre): intentaban deslindar responsabilidades frente a cada uno de los hechos represivos: “ellos no podían controlar a los cuerpos represivos no eran responsables de los excesos de los Carabineros y de Investigaciones”. Es decir la historia de siempre, el presidente no sabía, el ministro del interior tampoco, el P.C. no estaba implicado, el PS desconocía que en Investigaciones se aplicaban torturas, etc.

La agudización de la lucha de clase, la represión Estatal y paraestatal del año 1972 dificultan enormemente la operación ocultamiento de la realidad. Comienza a quedar al descubierto que los torturadores, los asesinos de obreros, son además de los de Patria y Libertad, del Partido Nacional de PROTECO (Protección a la Comunidad), de Democracia Cristiana, etc. los Partidos del Gobierno. En cada acción de los Carabineros y de Investigaciones contra grupos de obreros son identificados dirigentes de la Unidad Popular, del Partido “Comunista” y del Partido “Socialista”. Allende sigue llamando a trabajar más a “definir, producir y avanzar”: mientras en Investigaciones sus colaboradores, dirigentes como Carlos Toro o Eduardo Paredes (2) proseguían sus interrogatorios de obreros encapuchados en base a “la corriente”, golpes, submarino,… (muy poco después Pinochet ampliaría esas instalaciones). Ese mismo cuerpo del Estado junto con los Carabineros durante todo el año incrementará sus operativos antiobreros entre los que se destaca el del ataque a los campamentos de los sin casa de Lo Hermida (concentración de 8 campamentos proletarios). Unas 45 mil personas (5 campamentos) son atacadas en plena noche por tanquetas de carabineros, micros de Grupo Móvil, patrulleras, camionetas, etc. que avanzan alumbrándose con luces de bengala. El ruido de las ráfagas de metralleta, y del estallido de las bombas lacrimógenas tiradas dentro de las casas se mezclaban con los llamados de los autoparlantes a sostener el Gobierno de Allende. Los resultados no los podía tapar nadie (un obrero muerto, niños con lesiones provocadas por los gases, centenas de interrogatorios en investigaciones) Las declaraciones de los pobladores incluidos los allendistas eran terminantes: “En el año 70 llegamos a estos terrenos… jamás íbamos a pensar que lo que no tuvimos con Frei y Alessandri lo íbamos a tener con el compañero Allende” “Lo que aquí ha ocurrido es una masacre. Los muertos son compañeros pobladores. Los heridos y ultrajados son hombres, mujeres y niños de nuestros campamentos, lo que la fuerza policial ha cometido en Lo Hermida es un asesinato contra el pueblo” “Nosotros hoy con dolor, con pena con rabia decimos que este gobierno se ha manchado las manos con sangre, pero con sangre de los mismos que fueron y marcaron la cruz en el voto para darle el triunfo al gobierno de la UP. Ahora no vamos a salir más a apoyar el reformismo. Vamos a salir a jugarnos, a mostrar que los pobladores sacrificados, vejados, muertos, acribillados, tenemos otro temperamento y otra determinación”. Aparentemente nadie podría evitar las consecuencias, nadie salvo los apoyadores críticos, la última barrera de contención contrarrevolucionaria.

Punto Final centraliza la campaña, denuncia los hechos, culpa al reformismo lo denuncia como lo que es: contrarrevolucionario (3), es decir parte de las necesidades y posiciones obreras elementales. Pero cuando se tienen que extraer las conclusiones, se opone férreamente a la única salida proletaria (enfrentar a toda la contrarrevolución sea fascista o reformista) se encuentra siempre la tercera vía: “Este gobierno tiene dos caminos: estar con el pueblo o ser su asesino”. Es decir se presenta al vértice del Estado burgués como neutro y sus personeros como capaces de pasar del lado obrero “Porque la meta estratégica de los trabajadores no termina con este gobierno que, eso si, puede alcanzar el mérito honorable si se lo propone, de abreviar la lucha histórica de la clase trabajadora chilena” (4) El problema para esa fuerza trotskisante que se expresaba en Punto Final se reducía entonces a “castigar a los culpables” y a defender el régimen: “… el intercambio de visitas entre La Moneda y Lo Hermida abrió una nueva perspectiva al problema. La suspensión en sus cargos del Director y Subdirector de Investigaciones, contribuyó también a mostrar una apertura del Presidente Allende (SIC) al diálogo con los pobladores, que exigían sanciones para los responsables (SIC)” (5). Y los miristas e izquierdistas varios, sacaban la cara abiertamente por Allende: “Conocemos a Allende y si bien discrepamos en muchos de sus puntos de vista por no decir de casi todos, hay cuestiones fundamentales que le reconocemos. En primer lugar consecuencia entre lo que piensa, dice y hace. Luego, coraje personal. Además una trayectoria política incompatible con la represión al pueblo (SIC). Por lo tanto creemos que Allende seguramente (SIC) fue el primer sorprendido (SIC) y quizás el más fuertemente golpeado (SIC) por la salvaje represión descargada sobre ese campamento de pobladores (evidentemente no más que los pobladores: NDR). La prensa derechista (SIC) ha tratado de endosarle la responsabilidad por lo sucedido en un intento de asimilar su gobierno a anteriores regímenes represivos antipopulares (SIC)” (6).

Al leer la carta de los cordones industriales el lector no debe perder de vista estos acontecimientos y este tipo de toma de posiciones.

La situación que fue imponiendo la burguesía era tal que todo ataque obrero al vértice del Estado burgués, era considerado de “derecha” y que le hacía el juego al imperialismo. Evidentemente que siempre la burguesía ataca a los revolucionarios de esta manera, lo que fue impresionante fue el nivel de imposición de este mito en toda la sociedad chilena: en ello iba contenida la derrota del proletariado.

Como dijimos en octubre la situación de la clase obrera resultaba intolerable, los desabastecimientos (impuestos por la “derecha”) de los artículos indispensables de subsistencia era imponente. Nunca había vivido una situación tan calamitosa en donde trabajara más (gracias a la “izquierda”) por tan poco. por ello no es gracias al progresismo del gobierno popular (como dice la historia oficial y paraoficial) que hubo tanta lucha obrera, sino porque a la vez la situación era insoportable y que ni la “derecha” ni la “izquierda” habían logrado aún su desorganización total para pegarle el masazo “final”. Por todos lados se desarrollaron organismos de base con centralizaciones territoriales, asociaciones de obreros en lucha, comandos de campamentos, juntas vecinales, centros de madres, organismo que reúne artesanos, organismos estudiantiles, etc. que conformaron los Consejos de Trabajadores, que asumieron diferentes denominaciones: Consejos Coordinadores Comunales, Comandos Comunales de Trabajadores, Cordones Industriales (7). El proletariado sólo pretendía una cosa: liquidar a los culpables de la situación insostenible y tomar las riendas de la situación. Evidentemente que la cuestión del PODER estaba planteada en todos lados. Era un momento crucial. El Gobierno considerando trágica la situación responde formando el Gabinete Cívico Militar al que se refiere el documento que publicamos. El MIR (8) y las fuerzas que de hecho lo secundaban se afirmaron en el primer plano, fomentaron e impulsaron todos esos organismos y los consejos coordinadores, las consignas de que había que armarse prendían más que nunca, sostuvieron que era el momento de derrotar el “poder burgués”, es decir, se pusieron objetivamente a la cabeza del proceso, pero como siempre para contenerlo en el apoyo crítico. Otra vez se tomaban un conjunto de necesidades y posiciones obreras para dirigir al proletariado al callejón sin salida del apoyo crítico a sus enemigos más disimulados, para llevarlo más hábilmente a la defensa del Estado burgués. Punto Final titula el 7 de noviembre del 72 en enormes caracteres “A derrotar el poder burgués AHORA” Lo que podía parecer una consigna insurreccional si no se supiese que por “poder burgués” esas fuerzas con el MIR a la cabeza, entienden cualquier cosa menos el “Estado Burgués”. Más que nunca se sostendrá que el Gobierno quisiese ir hacia el socialismo y que la burguesía no lo deja, que el Ejército no se ha aún definido, que deberá escoger “El gobierno del Presidente Allende tiene el compromiso con el Pueblo (SIC) de llevar adelante un programa que significa, textualmente, iniciar la construcción del socialismo (SIC), en nuestra patria (SIC). Ese objetivo es precisamente, el que la burguesía (SIC) trata de impedir que se cumpla” (9). Comentando la entrada de los Generales a los Ministros Punto Final dice: “Las FFAA al margen de sus deseos de mantener una neutralidad que no corresponde a las características del proceso chileno (SIC), se verán obligadas a escoger. Su participación en el gobierno de la UP da a oficiales (SIC) y soldados la oportunidad de sumarse a la histórica misión de los trabajadores… Las FFAA tienen un papel verdaderamente patriótico (SIC) y democrático (SIC) que jugar junto al pueblo (SIC) apoyando a los trabajadores en su lucha contra la explotación de la burguesía (SIC)… Solamente los hechos podrán confirmar (SIC) o descartar esta posibilidad. Solo el bando que escojan en la lucha de clases (SIC) dará la pauta que del significado que tiene el ingreso de las FFAA en la escena política” (10) Es decir ahora no solo el Gobierno había dejado de ser parte del Estado burgués, sino que ahora hasta el Ejército no había que destruirlo pues podía elegir y servir a los trabajadores (!) Es toda esa corriente trotskisante apoyadora “crítica” que partirá de necesidades obreras, utilizará un lenguaje hasta “insurreccional”, para defender mejor a la contrarrevolución la que se impondrá en los cordones industriales liquidando toda iniciativa clasista, toda posibilidad de un pasaje a la ofensiva obrera. Esa corriente política internacional consecuente hasta la médula con la contrarrevolución dirigirá los cordones, no hacia el ataque del Estado Burgués, sino hacia la autogestión: “En cuanto tales organismos asumen tareas concretas -en orden al abastecimiento de alimentos, transporte, salud, producción y eventual defensa frente al fascismo, toman en sus manos una cuota significativa de poder”. (11) Mentira reaccionaria que en España había sido decisiva”: jamás los trabajadores podrán dirigir la sociedad ni tener “cuotas de poder”, mentira de la contrarrevolución pero que se impondrá y llevará a los trabajadores a la situación de desorientación y masacre del 73 y años sucesivos. “Control obrero” que sacará a la burguesía de una situación dificilísima y le permitirá minuciosamente preparar la masacre.

Podríamos decir que en general en el capitalismo la burguesía cuida y vigila sus empresas y el proletariado prepara su guerra. En Chile en la medida que esta ideología se fue imponiendo y “las parcelas del poder se iban conquistando: la cosa fue al revés: mientras los obreros estaban bien entretenidos, la burguesía realizaba su guerra y preparaba la masacre. La guerra la ganó así, en 1972 y principios del 73, utilizando más la dispersión que las balas, a finales del 73 solo le quedaba realizar la masacre. En ella como siempre cayeron también muchos defensores del Estado Chileno y del Allendismo en particular. Ello no es una excepción, sino que siempre que la represión antiobrera se generaliza se toca también a fracciones del capital. A éstos que siguen siendo nuestros enemigos aunque hoy estén en la oposición más importante que llorarlos preparar la fuerza de clase para vengarlos. La mejor forma de ser consecuentes con ellos es luchando contra el capital en todo el mundo, ir gestando la dirección comunista que tanto faltó en Chile, como sigue faltando en el mundo entero. De la historia de nuestra clase tenemos aún muchísimo que aprender y ello será necesario para vencer.

Notas

(1) Evidentemente que esta huelga en la que la “derecha” movilizó para sus fines a pequeños burgueses y también a masas obreras (que no tenían ninguna razón para estar conformes con la izquierda) tiene como objetivo declarado la lucha contra la “izquierda” en el Gobierno. Un análisis de las luchas entre las fracciones de la burguesía debería hacer hincapié en estos factores. Nosotros nos interesamos aquí solo en lo que fueron los efectos principales en la clase obrera, porque estamos considerando fundamentalmente (lo que es fundamental y por ello más encubierto) la contradicción burguesía/proletariado.

(2) Tal vez sea bueno recordar que este tipo de “socialistas” amigo de Allende y que murió fiel al allendismo en la Moneda, era de los dirigentes encargados de repartirles armas a los trabajadores si venía el “golpe fascista”. Ironía o tragedia (?)

(3) El primer número del 15 de agosto de 72 se dice: “El culpable directo de este grave hecho es el reformismo, cuyo papel negativo llega al extremo de utilizar para sus propios fines un aparato represivo que durante largos años se ha cebado en la carne del pueblo…” Y el mismo texto se dice: “… nos referimos al factor contrarrevolucionario que significa el reformismo”

(4) Idem.

(5) Idem.

(6) Idem.

(7) Algunos surgieron con anterioridad y fueron casi clandestinos. Su reproducción y afirmación social se dan en estas circunstancias

(8) El MIR había lanzado ya antes la consigna de “consejos comunales de los tabajadores”

(9) Punto FInal 7/11/72.

(10) Idem

(11) Idem

ANEXO: CARTA DE LOS CORDONES INDUSTRIALES AL COMPAÑERO SALADOR ALLENDE

Santiago, 5 de septiembre de 1973.

A SU EXCELENCIA EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, COMPAÑERO SALVADOR ALLENDE:

Ha llegado el momento en que la clase obrera organizada en la coordinadora provincial de cordones industriales, el Comando Provincial de Abastecimiento Directo y el Frente Unico de Trabajadores en Conflicto, ha considerado de urgencia dirigirse a Ud. alarmados por el desencadenamiento de una serie de acontecimientos que creemos nos llevarán no sólo a la liquidación del proceso revolucionario chileno sino, a corto plazo, a un régimen fascista del corte mas implacable y criminal.

Antes, teníamos el temor de que el proceso hacia el socialismo se estaba transando para llegar a un gobierno de centro reformista, democrático burgués que tendía a desmovilizar a las masas o a llevarlas a acciones insurreccionales de tipo anárquico por instinto de conservación.

Pero ahora analizando los últimos acontecimientos nuestro temor ya no es ese; ahora tenemos la certeza de que vamos en una pendiente que nos llevará inevitablemente al fascismo.

Por eso, procedemos a enumerarle las medidas que, corno representantes de la clase trabajadora, consideramos, imprescindible tomar.

En primer término, compañero, exigimos que se cumpla con el Programa de la Unidad Popular. Nosotros en 1970, no votamos por un hombre, votamos por un programa.

Curiosamente, el capitulo primero del programa de la Unidad Popular se titula “El Poder Popular”. Citamos página 14 del programa: …”las transformaciones revolucionarias que el país necesita sólo podrán realizarse se si el pueblo chileno toma en sus manos el poder y lo ejerce real y efectivamente”…

…”Las fuerzas populares y revolucionarias no se han unido para luchar por la simple sustitución de un presidente de la República por otro, no para reemplazar un partido por otro en el gobierno, sino para llevar a cabo los cambios de fondo que la situación nacional exige, sobre la base del traspaso del poder de los antiguos grupos dominantes a los trabajadores al campesinado y sectores progresistas de las capas medias”… ”transformar las actuales instituciones del estado donde los trabajadores y el pueblo tengan el real ejercicio del poder”… ”El gobierno popular asentará esencialmente sus fuerzas y autoridad en el apoyo que le brinda el pueblo organizado”…

Página 15…” A través de una movilización de masas se construirá desde las bases la nueva estructura de poder”… Se habla de un programa de una nueva constitución política, de una Cámara única, de la Asamblea del Pueblo, de un Tribunal Supremo con miembros designados por la asamblea del pueblo. En el programa se indica que se rechazará el empleo de la fuerza armada para oprimir al pueblo”… (página 24).

Compañero Allende, si no le indicáramos que estas frases son citas del Programa de la U.P. que era un programa mínimo para la clase, en estos momentos se nos diría que este es el lenguaje ”ultra” de los cordones industriales.

Pero nosotros preguntamos ¿dónde está el nuevo estado, la nueva constitución política, la Cámara única, la asamblea popular, los tribunales Supremos?

Han pasado tres años, compañero Allende, y Ud. no se ha apoyado en las masas y ahora nosotros, los trabajadores, tenemos desconfianza.

Los trabajadores sentimos una honda frustración y desaliento cuando su Presidente, su Gobierno, sus Partidos, sus organizaciones, les dan una y otra vez orden de replegarse en vez de la voz de mando de avanzar. Nosotros exigimos que no sólo se nos informe sino que también se nos consulte sobre las instrucciones que al fin y al cabo son definitorias para nuestro destino.

Sabemos que en la historia de las revoluciones, han habido momentos para replegarse y momentos para avanzar; pero sabemos, tenemos la certeza absoluta que en lo último, años podríamos haber ganado no sólo batallas parciales sino la lucha total; haber tomado en esas ocasiones medidas que hicieran irrevocable el proceso después del triunfo de la elección de regidores de 1971 el pueblo clamaba por el plesbicito y la disolución de un Congreso antagónico.

En Octubre, cuando fue la voluntad y organización de la clase obrera la que mantuvo el país caminando frente al paro patronal, donde nacieron los Cordones Industriales en el calor de esa lucha; y se mantuvo la producción, el abastecimiento, el transporte, gracias al sacrificio de los trabajadores y se pudo dar el golpe mortal a la burguesía, Ud. no nos tuvo confianza. A pesar de que nadie puede negar la tremenda potencialidad revolucionaria demostrada por el proletariado, le dio una salida que fue una bofetada a la clase obrera, instaurando un Gabinete cívico – militar, con el agravante de incluir en él a dos dirigentes de la Central única de Trabajadores que al aceptar integrar estos ministerios hicieron perder confianza de la clase trabajadora en su organismo máximo. Organismo, que cualquiera que fuera el carácter del gobierno, debía mantenerse al margen para defender cual quiera debilidad de éste frente a los problemas de los trabajadores.

A pesar del reflujo y desmovilización que esto produjo, de la inflación, las colas y las mil dificultades que los hombres y mujeres del proletariado vivían a diario, en las elecciones de Marzo, de 1973 mostraron una vez más una claridad y conciencia al darle 43% de votos militantes a los candidatos de la UP.

Allí también compañero, se deberían haber tomado las medidas que el pueblo merecía y exigía para protegerlo del desastre que ahora presentimos.

Y ya el 29 de Junio cuando los generales y oficiales sediciosos, aliados al Partido Nacional, Frei y Patria y libertad se pusieron francamente en una posición de ilegalidad, se podría haber descabezado los sediciosos, y apoyándose en el pueblo y dándole responsabilidad a los generales leales y a las fuerzas que entonces le obedecían haber llevado el proceso hacia el triunfo, haber pasado a la ofensiva. Lo que faltó entonces, en todas estas ocasiones, fue decisión revolucionaria; lo que faltó fue confianza en las masas, lo que faltó fue conocimiento de su organización y fuerza, lo que faltó fue una vanguardia decidida y hegemónica.

Ahora los trabajadores no solamente tenemos desconfianza estamos alarmados.

La derecha ha montado un aparato terrorista tan poderoso y bien organizado, que no cabe duda que está financiado y dirigido por la CIA, matan obreros hacen volar oleoductos, micros, ferrocarriles. Hacen apagones en dos o tres provincias, atentan contra nuestras sedes, contra nuestros locales partidarios, y sindicales.

¿Se los castiga o apresa? – ¡No compañero! Se castiga y apresa a los dirigentes de izquierda.

Los Pablos Rodriguez, los Benjamines Mattes confiesan abiertamente participado en el ”tanquetazo”. ¿Se les allana y humilla7 – ¡No compañero. Se allana Lanera Austral de Magallanes, donde se asesina a un obrero y se tiene a los trabajadores de boca en la nieve durante horas y horas

Los transportistas paralizan el país dejando hogares, humildes sin parafina, sin alimentos, sin medicamentos.

¿Se les veja, se les reprime? – ¡No, compañero!.

Se veja a los obreros de Cobre Cerrillos, de Indugas de Cemento Melon, de Cervecerias Unidas.

Frei, Jarpa y sus comparsas financiadas por a ITT llaman abiertamente a la sedición. ¿Se les desafuera, se les querella? – No, compañero.

Se querella, se pide el desafuero de Palestro, de Altamirano, de Garretón, de los que defienden los derechos de la clase obrera.

El 29 de Junio se levantan generales y oficiales contra el gobierno, ametrallando horas y horas el Palacio de la Moneda, produciendo 22 muertos. ¿Se les Fusila, se les tortura? – ¡No compañero!

Se tortura en forma inhumana a los marinos y suboficiales, que defienden la constitución, la voluntad del pueblo y a Ud. compañero Presidente.

Patria y Libertad incita al golpe. ¿Se les apresa? ¿Se les castiga? – ¡No, compañero.

Siguen dando conferencias de prensa, se les da salvoconductos para que conspiren en el extranjero. Y mientras se allana SUMAR, donde mueren obreros y pobladores a los campesinos de Cautín se les somete a los castigos más implacables paseándolos, colgando de los pies en helicópteros sobre le cabeza de sus familias, hasta darles muerte.

Se le ataca a Ud. compañero. A nuestros dirigentes y a los trabajadores en su conjunto en la forma más insolente y libertina por los medios de comunicación millonarios de la derecha. ¿Se les destruye, se les silencia? – No compañero. Se silencia y se destruye a los medios de comunicación de izquierda el Canal 9 de TV, última posibilidad de voz de los trabajadores.

Y el 4 de Septiembre, el tercer aniversario los trabajadores, mientras el pueblo 1.400.000 salíamos a saludarlo, a mostrar nuestra decisión y conciencia revolucionaria, la FACH allanaba MADEMSA, MADECO, RITTIG, en una de las provocaciones más insolentes e inaceptables sin que exista respuesta visible alguna.

Por todo lo planteado, compañero, nosotros los trabajadores, estamos de acuerdo con un punto con el señor Frei, que aquí hay sólo dos alternativas: la dictadura del proletariado o la dictadura militar.

Claro que el señor Frei también es ingenuo, porque cree que tal dictadura militar será sólo de transición para llevarlo a postre a él a la presidencia.

Estamos absolutamente convencidos de que históricamente el reformismo que se busca a través del diálogo con los que nos han traicionado una y otra vez, es el camino más rápido hacia el fascismo þ Y los trabajadores ya sabemos lo que es el fascismo. Hasta hace poco era sólo una palabra que no todos los compañeros comprendían, teníamos que recurrir a lejanos o cercanos ejemplos Brasil, España, Uruguay, etc.

Pero ya lo hemos vivido en carne propia, en los allanamientos, en lo que esta sucediendo a marinos y suboficiales, en lo que están sufriendo los compañeros de ASMAR, FAMAE, los campesinos de Cautín.

Ya sabemos que el fascismo significa terminar con todas las conquistas logradas por la clase obrera, las organizaciones obreras los sindicatos, el derecho a huelga, los pliegos de peticiones.

Al trabajador que reclame sus mas mínimos derechos, humanos se les despide, se les aprisiona, tortura o a asesina.

Consideramos que no sólo se nos está llevando por el camino que nos conducirá al fascismo en un plazo vertiginoso sino que se nos ha estado privando de los medios para defendernos.

Por lo tanto, le exigimos a Ud. compañero Presidente, que se ponga a la cabeza de este verdadero ejército sin armas, pero poderoso a conciencia y decisión, que los partidos proletarios, pongan de lado sus divergencias y se conviertan en verdadera vanguardia de esta masa organizada pero sin dirección.

Exigimos:

Frente al paro de los transportistas, la requisición inmediata de los camiones, sin devolución, por los organismos de masas, y la creación de una empresa estatal de trasportes, para que nunca más esté en las manos de estos bandidos la posibilidad de paralizar al país.

Frente al paro criminal del Colegio Médico exigimos que se les aplique la ley de seguridad interior del estado, para que nunca más esté en las manos de estos mercenarios de la salud la vida de nuestras mujeres e hijos. Todo el apoyo a los médicos patriotas.

Frente al paro de los comerciantes que no se repita el error de Octubre en el cual dejamos en claro que no los necesitamos como gremio. Que se ponga fin a la posibilidad de que estos traficantes confabulados con los transportistas pretendan sitiar al pueblo por hambre. Que se establezcan de una vez por todas la distribución directa, los almacenes populares, la canasta popular. Que se pase al área social las industrias alimenticias que aún no están en las manos del pueblo.

Frente al área social, que no sólo no se devuelva ninguna empresa donde exista la voluntad mayoritaria de los trabajadores de que sean intervenidas, sino que esta pase a ser el área predominante de la economía. Que se fije una nueva política de precios, que la producción y distribución de las industrias del área social sea discriminada. No más producción de lujo para la burguesía. Que se ejerza verdadero control obrero dentro de ellas.

Exigimos que se derogue la Ley de Control de armas, nueva ” ley maldita”, que sólo ha servido para vejar a los trabajadores, con los allanamientos practicados a las industrias y poblaciones, que están sirviendo como un ensayo general para los sectores sediciosos de las fuerzas armadas que así estudia la organización y capacidad de respuesta de la clase obrera en un intento para intimidarlos e identificar a sus dirigentes.

Frente a la inhumana represión a los marineros de Valparaíso y Talcahuano, exigimos la inmediata libertad de estos hermanos, de clase heroicos, cuyos nombres ya están grabados en las, páginas de la historia de Chile. Que se identifique y castigue a los culpables.

Frente a las torturas y muerte de nuestros hermanos campesinos de Cautín exigimos un juicio público y el castigo correspondiente para los responsables.

Para todos los implicados en intentos de derrocar al gobierno legítimo, la pena máxima.

Frente al conflicto del Canal 9 de Televisión, que este medio de comunicación de los trabajadores no se entregue ni se transe por ningún motivo.

Protestamos por la destitución del compañero Jaime Faivovich secretario de transportes.

Pedimos que a través suyo se le manifieste todo nuestro apoyo al embajador de Cuba compañero Mario García Inchaustegui y a todos los compañeros cubanos perseguidos por lo más granado de la reacción y que se le ofrezcan nuestros barrios proletarios para que allí establezcan su embajada y su residencia, como forma de agradecerle a ese pueblo el que ha llegado a privarse de su propia ración de azúcar para ayudarnos en nuestra lucha. Que se expulse al embajador norteamericano, que a través, de sus personeros el pentágono, la CIA, la ITT proporciona probadamente instructores y financiamiento a los sediciosos.

Exigirnos la defensa y protección de Carlos Altamirano, Mario Palestro, Miguel Enriquez, Oscar Garretón, perseguidos por la derecha y la Fiscalía Naval por defender valientemente los derechos del pueblo con o sin uniforme.

Le advertimos compañero, que con el respeto y la confianza que aún le tenemos, si no se cumple con el Programa de la U.P. si no se confía en las masas, perderá el único apoyo real que tiene como persona y gobernante y que será responsable de llevar al país, no a una guerra civil que ya está en pleno desarrollo, sino que a la masacre fría, planificada de la clase obrera mas consciente y organizada de latino América, y que será responsabilidad histórica de este gobierno llevado al poder y mantenido con tanto sacrificio por los trabajadores, campesinos, pobladores, estudiantes, intelectuales, profesionales, la destrucción y descabezamiento quizás por que plazo y a que costo sangriento de no sólo el proceso revolucionario chileno sino también el de todos los pueblos latinoamericano que están luchando por el socialismo.

Y hacemos este llamado urgente, compañero presidente porque creemos que esta es la última posibilidad de evitar en conjunto la pérdida de las vidas de miles y miles de lo mejor de la clase obrera chilena y latinoamericana.

Breve balance crítico de las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador

NotadelBlog: Difundimos este texto que analiza los hechos ocurrido en la región ecuatoriana, enmarcado en la ola de luchas de 1917 a 1922. Los balances históricos siempre serán bien recibidos para seguir aportando a “las armas de la critica” necesarias para dar una “critica por las armas” que sea revolucionaria y radical. Para que la memoria histórica sepulte a quienes condenen la violencia de los proletarixs. Salud a los compañeros.

Breve balance crítico de las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador[1]

 

  1. El presente balance sólo es el “esqueleto” de un futuro balance más amplio y profundo de nuestra parte. De ahí su brevedad. Queda pendiente, entonces, dicha profundización de los hechos e ideas-fuerza que aquí se plantean, lo cual tomará su tiempo porque da hasta para un libro. Sin embargo, es crítico porque -como bien dijo Lukács- “el proletariado no puede ahorrarse ninguna autocrítica, pues sólo la verdad puede aportarle la victoria”, dado que así extrae y fija las lecciones de sus derrotas contra el Capital, en pos de la revolución social mundial. En este sentido, todo balance proletario y revolucionario, por más breve e inacabado que sea, es (auto)crítico o no es.
  1. Hacer esto resulta necesario por varias razones. Porque, dado su contexto internacional y su relevancia histórica, consideramos que las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador deben ser recuperadas del olvido e incluso la ignorancia para ser reivindicadas como un momento de la memoria del proletariado local e internacional. Porque en este país, hasta la fecha, no se ha realizado ningún balance de dichas jornadas desde una perspectiva proletaria, comunista-anárquica e internacionalista; éste sería el primero y el único de tal naturaleza. Porque, hoy en día, la explotación/dominación capitalista y la lucha proletaria en su contra continúan existiendo; la vivimos en carne propia. Porque, como proletarios, nuestro enemigo mortal sigue siendo el mismo: la Sociedad del Capital y su Estado. Porque la lucha por la reivindicación y la imposición de las necesidades humanas reales sobre tal enemigo, esto es la necesidad de revolución social, también sigue siendo la misma. En fin, porque la contrarrevolución y la revolución son invariantes, aquí y en todo el mundo… y seguimos en guerra de clases.
  1. El contexto internacional de esta lucha histórica fue de: crisis capitalista, guerra imperialista y revolución proletaria. Dos grandes acontecimientos marcaron la época: la primera guerra mundial (1914-1919) y la revolución rusa (1917). En el Ecuador, todo aquello se tradujo de manera particular en: crisis del cacao (principal producto nacional de exportación en ese entonces), encarecimiento del costo de la vida y auge del movimiento obrero (con mayor fuerza en Guayaquil, el “puerto principal”). De modo que, al igual que las jornadas de marzo de 1921 en Alemania analizadas por Gorter, las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador en realidad formaron parte del “primer asalto del proletariado contra la sociedad de clases” de 1917 a 1923 (como dicen los compañeros de Anarquía & Comunismo) y, por lo tanto, sólo se las puede comprender dentro de tal contexto histórico-mundial.
  1. Hablamos de las jornadas de noviembre de 1922 y no sólo de la masacre obrera del 15 de noviembre de 1922, porque ésta última en realidad sólo fue un momento y un punto de quiebre de un ciclo de luchas más grande a nivel local, que se venía acumulando desde los anteriores años, meses, semanas y, particularmente, días antes y días después del mismo 15: de hecho, la huelga o “paro general” fue del 13 al 16 de noviembre, precedida a su vez por varias huelgas sectoriales (ferrocarriles, transporte urbano, cacao, astilleros, oficios varios…) desde inicios de ese mes.[2]Por aquello que decía Marx de que en la historia existen veinte días en los cuales se condensa y pasa todo lo que no ha pasado en veinte años. Días excepcionales, estremecedores y decisivos.
  1. Tanto por contexto como por perspectiva, así como porque se ha hablado poco y/o de manera limitada de ellos, para nosotros los hechos más relevantes y reivindicables de estas jornadas y, por lo tanto, los dos ejes centrales de nuestro balance son: el Soviet de Guayaquil y las minorías activas de anarquistas revolucionarios -como Alejo Capelo- en su seno.
  1. El Soviet o Consejo Obrero de Guayaquil (Comité de Huelga instaurado el 13 de noviembre de 1922 y dirigido por la GAT, dirigida a su vez por la FTRE –predominantemente anarcosindicalista-[3]) constituye en sí una importante conquista histórica de nuestra clase en estas tierras, en tanto que forma organizativa concreta de su lucha autónoma y su poder social alcanzado durante años. De hecho, nunca antes y nunca después existió algo así en este país. Hasta un viejo historiador burgués y liberal como Óscar Efrén Reyes habla sobre la existencia de “el Soviet en Guayaquil, ejercido por los obreros” y de que “parecía que todo Guayaquil no se compusiera más que de masas proletarias”[4], en vista de que ese día efectivamente asume el control de la ciudad, a tal punto que las mismas autoridades burguesas deben solicitar al comité de los huelguistas autorización para transitar con sus lujosos vehículos. Por su parte, el anarcosindicalista Alejo Capelo, protagonista de estas jornadas, recuerda: “Para el día 13, el proletariado guayaquileño habría de volver el sueño realidad. El pueblo, enardecido por la represión y el cinismo de los tiranos, toma la ciudad y Guayaquil mágicamente se adelanta catorce años antes a lo que pasó en Barcelona un 19 de Julio de 1936. Los obreros controlaban la ciudad.”[5]Ahora, si bien fue un órgano proletario de “doble poder” (precario y fugaz) que desafió el poder de la burguesía al tomar el control sobre “el puerto principal”, en rigor y lamentablemente no fue revolucionario, principalmente por su falta de claridad e intransigencia programática de clase y por su democratismo o asambleísmo interno (una limitación propia del anarcosindicalismo, así como también del consejismo o sovietismo). En este caso concreto, en la asamblea general de la GAT del 14 de noviembre se permitió la presencia de sectores reformistas e incluso elementos reaccionarios (principalmente de la COG: Confederación Obrera del Guayas, apéndice de la clase patronal) que lograron imponer su programa antiproletario, burgués en su interior (exigir al gobierno “la defensa del sucre”, el tipo de cambio de la moneda y no luchar por las reivindicaciones de aumento del salario y reducción de la jornada de trabajo); esto es, aparte de ignorancia e ingenuidad políticas de los obreros y artesanos en huelga, una garrafal falta de ruptura con el programa o la ideología capitalista por parte de esta organización que la desvió de la lucha proletaria contra el Capital y el Estado. De modo que, si bien su sola existencia ya es positiva y destacable durante este periodo histórico-mundial de la lucha de clases[6], la posición y actuación concreta del Soviet Anarco-Sindicalista de Guayaquil en las jornadas de noviembre de 1922 demuestra, a manera de contraejemplo, la razón y vigencia de una de las principales lecciones legadas por la izquierda comunista italiana (Bordiga -y que hoy en día recuperan y mantienen compañeros como el Grupo Comunista Internacionalista y Guillamón-): que la lucha por la revolución social no es un asunto de formas organizativas (como los consejos obreros o soviets) sino de contenido social real, de necesidades reales de clase y relaciones de fuerza reales, expresadas en forma de programa vivo y, por tanto, de medidas o acciones concretas. Porque el comunismo es el movimiento real y la dictadura de las necesidades humanas sobre la dictadura del valor o no es. Pero en este caso, ocurrió precisamente lo contrario: que en los momentos más tensos y decisivos de la “jornada noviembrina”, se logró imponer un programa ni siquiera obrero-socialdemócrata, sino burgués al interior de esta organización proletaria sovietista local que llegó a controlar durante casi tres días la ciudad más grande de este país.
  1. Otra debilidad de este movimiento fue el economicismo y el apoliticismo de su dirigencia anarcosindicalista, lo que se tradujo en no superar las demandas salariales y luego -peor aún- las demandas cambiarias y tributarias; en dejarse infiltrar y manipular políticamente por sectores reformistas y contrarrevolucionarios; en perder toda perspectiva y voluntad de poder proletario (ya “teniéndolo” en parte en las calles), de dictadura revolucionaria del proletariado; y en creer que la asamblea obrera y la huelga general pacífica (en esto los anarcosindicalistas ecuatorianos obviamente no eran sorelianos) constituía por sí sola el paso previo para derrocar al capitalismo y sustituirlo por el “control obrero” de la economía y la administración pública mediante los sindicatos (evidente gestionismo). Sí: faltó programa y dirección revolucionarios, faltó partido revolucionario, pero entendido no como una organización formal con una plataforma principista y estatutaria, sino como un cúmulo de fuerzas y directrices prácticas y orgánicas del movimiento proletario real, el cual puede ser encarnado por tales y cuales organizaciones y dirigentes proletarios en determinado contexto. También faltó unidad con el proletariado urbano y rural de las demás provincias del territorio nacional (que no significa lo mismo que “alianza con el campesinado” ni “unidad nacional”), internacionalismo práctico, pasar a la ofensiva insurreccional… y armamento.
  1. En suma, el Soviet de Guayaquil de noviembre de 1922 fue derrotado porque no supo usar hasta las últimas consecuencias su poder social real, debido principalmente a su desarme programático como clase y a su falta de voluntad de poder (de toma del poder); lo que fue su primera y quizá principal derrota, ya que en asamblea obrera del 14 de noviembre primero triunfó un programa burgués (derrota política –jaque–), y al día siguiente fue derrotado nueva y finalmente en las calles mediante la brutal represión estatal (derrota militar –jaque mate–). De hecho, el día 14 el comité de huelga le exige al gobierno el cumplimiento de un pliego de demandas ya ajenas a las reivindicaciones proletarias, en el plazo de 24 horas… y en 24 horas, es decir el día 15, el Estado burgués-oligárquico le responde con “plomo, metralla y cárcel”, a pesar de los mítines, los saqueos a almacenes y a que sólo unos cuantos proletarios -“incontrolados” y “suicidas”- expropiaron y empuñaron armas de fuego para su autodefensa.
  1. La burguesía local de ese entonces (encabezada por los banqueros, los agroexportadores y los importadores, secundados por sus abogados-políticos), demostrando su conciencia de clase y haciendo uso de todo su poder, el 15 de noviembre de 1922 masacró, pues, a este movimiento proletario con el aparato represivo de su Estado, porque realmente temía “la insurrección”, “la revolución”, “la dictadura del proletariado”, “la instauración de la república de los soviets”, “la anarquía” (en las propias palabras de sus voceros políticos y periodísticos de la época –“El Telégrafo”, “El Comercio”, “El Día”-, invocando además el asqueroso patriotismo o nacionalismo en contra de “los conspiradores bolcheviques internacionales” y “los peruanos”). El punto es que aquí, a pesar de sus debilidades, el proletariado estaba luchando por todo aquello, pero no sabía que lo estaba haciendo. La burguesía, en cambio, sí lo supo y por eso lo aplastó. Trágica ironía de la historia.
  1. La causa en última instancia de esta derrota local fue en realidad de naturaleza internacional, a saber: la debilidad del movimiento obrero revolucionario internacional (o, si se prefiere, del “partido histórico” y comunista mundial) en cuanto tal frente al Capital-Estado mundial, es decir la misma causa de la derrota de la revolución rusa, alemana, en el cono sur… en todo el planeta. Además, dentro del periodo 1917-1923, el de Guayaquil fue uno de los últimos consejos obreros a nivel mundial: un sobresaliente pero aislado punto dentro de la línea curva descendente de aquella histórica oleada de grandes luchas y revoluciones proletarias. Fue tardío o “atrasado”, además, porque el desarrollo del capitalismo industrial y del proletariado urbano en el Ecuador también fue “atrasado” e incipiente con respecto al resto de la región y del mundo, ya que todavía se hallaba en una fase de subsunción o “dominación formal” del Capital (según Camatte); lo cual se encarnaba en el alto porcentaje de artesanos proletarizados (carpinteros, panaderos, peluqueros, tipógrafos, etc.) que componía el movimiento obrero local de la época.
  1. El sector más avanzado de este movimiento sin duda fueron los grupos anarquistas, en especial los “comunistas libertarios” o anarquistas-comunistas (también habían espartaquistas). Fueron de hecho las minorías más claras y radicales de ese entonces, puesto que, junto con reivindicaciones por mejoras concretas en las condiciones de trabajo y de vida de sus hermanos de clase, ya planteaban explícita y abiertamente la abolición de la propiedad privada y la supresión del capital, la comunidad de los medios de producción y de bienes, la sociedad sin clases ni Estado, el internacionalismo proletario, así como también la acción directa como método de lucha. La cantidad y el contenido de su prensa (“El Proletario”, “El Hambriento”, “El Cacahuero”, “Luz y Acción”, “Alba Roja”, “La Revuelta”, “La Protesta”, “La Bandera Roja”, “Tribuna Obrera”…) así lo testimonian, en clara sintonía con el movimiento revolucionario internacional de aquel periodo histórico. En la práctica, los núcleos anarquistas contribuyeron durante más de una década con su agitación y propaganda, tanto en reuniones y asambleas como en mítines y huelgas, a la formación y elevación de la conciencia, la organización y la independencia de clase del emergente proletariado urbano en estas tierras; es más, contribuyeron a la constitución misma del proletariado “ecuatoriano” en clase, en sujeto, en fuerza real y autónoma, a tal punto de llegar a estructurar la “primera central obrera de orientación revolucionaria” –la FTRE– y luego el Soviet o Consejo Obrero de Guayaquil –bajo el nombre de “Gran Asamblea de Trabajadores” –, durante los meses de octubre y noviembre de 1922, respectivamente. Sin embargo, y por desgracia, durante esas mismas jornadas de lucha no tuvieron la suficiente fuerza para imponerse como dirección revolucionaria real dentro de tal movimiento obrero real y conducirlo hasta las últimas consecuencias de la guerra de clases. Porque, como bien sostiene el GCI, las minorías revolucionarias deben luchar por imponer el contenido o programa histórico revolucionario de manera antidemocrática al interior de las formas organizativas proletarias aparentemente revolucionarias, así como también imponerlo a la socialdemocracia y a la burguesía. En este caso, no lo hicieron… o no lo hicieron con la voluntad y la fuerza necesarias. Fueron derrotados y hasta eliminados, es cierto; pero en cambio, existieron y lucharon por la revolución social proletaria, por el comunismo y la anarquía, incluso unos pocos sobrevivieron a la masacre estatal del 15 de noviembre para contarlo y se mantuvieron activos hasta la década de 1930. Para nosotros, este hecho es inseparable e igual de importante y reivindicable que el Soviet de Guayaquil, porque desde entonces hasta la fecha no han existido minorías realmente revolucionarias o radicales en este país, a excepción de Proletarios Revolucionarios del 2009 al 2016.
  1. Las investigaciones y publicaciones realizadas hasta hoy día sobre esta histórica lucha proletaria en el Ecuador (Pedro Saad, Oswaldo Albornoz, Manuel Agustín Aguirre, Patricio Ycaza, Alexei Páez, Carlos Pazmiño), son necesarias y respetables, contienen algunos elementos valiosos y rescatables, pero también son insuficientes, además de sesgadas y limitadas. La mejor de éstas, a nuestro criterio, es hasta ahora la de Patricio Ycaza[7](quien a su vez recoge y profundiza elementos importantes del balance hecho por el “socialista revolucionario” Aguirre[8]). Le sigue después la de Pazmiño[9](que era anarquista ideológico y ahora es “ycaziano”). El mérito de ambos es que hicieron investigación de archivo de los documentos de la época, aportando información de interés sobre los hechos históricos. Sus limitaciones son más bien sus interpretaciones ideológicas de tales hechos: el primero por ser mirista (marxistaleninista-trotskoguevarista, aunque luego se pasó al PSE), y el segundo por ser “anarco-comunista plataformista” (y que ahora es dizque “anarco-marxista” académico pero dio su “apoyo crítico” al gobierno de Correa… sin comentarios). Así pues, con respecto al Soviet de Guayaquil y, en especial, a su vanguardia anarcosindicalista, ambos la mencionan: el primero critica sus “incuestionables limitaciones”, mientras que el segundo hace su apología con “honor y gloria”. Tanto lo uno como lo otro es comprensible, pero es criticable, insuficiente y hasta prescindible, sobre todo lo segundo. Porque, dejando aparte el reformismo y oportunismo históricos de las tradicionales izquierdas del Capital (PSE y PCE), no se trata de hacer un balance ideológico (cuasi religioso), identitario y nostálgico de esta histórica lucha proletaria, donde se sobrevalore el papel de tales o cuales actores y sus ideologías, convirtiéndolos incluso en “héroes y mártires”; sino que se trata –como ya lo dijimos al inicio- de hacer un balance histórico materialista y crítico desde una perspectiva revolucionaria e internacionalista de clase, del cual se extraigan las lecciones prácticas y teóricas para las luchas proletarias del presente y el futuro, para saber qué hacer, qué no hacer y por qué, a fin de derrotar a la dictadura democrática del Capital e instaurar el comunismo anárquico.
  1. En ese sentido, el mejor balance sigue siendo el que hicieron los propios anarquistas revolucionarios que protagonizaron y sobrevivieron la masacre, como el compañero histórico Alejo Capelo: “el 15 de noviembre de 1922 fue el bautizo de sangre del proletariado ecuatoriano, apartó a las clases entre sí, le enseñó al proletariado cuáles son sus enemigos mortales para siempre y, por tanto, el odio a la burguesía, la lucha contra el capitalismo y por la revolución social, la necesidad de la violencia proletaria…”[10]Sin embargo, hubiese sido un aporte significativo y trascendente que también hagan un balance autocrítico tal como el que hicieron Los Amigos de Durruti durante la llamada revolución española (1936-1937): anarcosindicalistas que en carne propia llegaron a comprender y plantear con toda la razón que “la revolución es totalitaria o no es” y que por ello lo que se necesita es “programa, fusiles y junta revolucionaria”. Pero, lamentablemente, los anarcosindicalistas de aquí no lo hicieron. Décadas después, los historiadores izquierdistas del movimiento obrero ecuatoriano, tampoco lo hicieron; mejor dicho, aportaron datos y análisis interesantes (sobre todo Aguirre e Ycaza), pero no hicieron un balance verdaderamente revolucionario. En los últimos años, allá por el 2009, los supuestos nuevos “comunistas libertarios” o “anarco-comunistas” de este país (“Hijos del Pueblo”, el grupo de Pazmiño), tampoco lo hicieron: investigaron y reprodujeron interesantísimos fragmentos de la prensa ácrata de la época, pero no hablaron sobre el Soviet de Guayaquil como tal (seguramente porque para ellos eso hubiese sido un pecado ideológico “consejista”), sino sólo sobre “el papel de los héroes y mártires anarquistas” y nada más. Desde otro lado, Carlos Lasso Cueva en un artículo suyo del 2013 al respecto[11], si bien menciona la existencia de un “doble poder”, no hace referencia ni al soviet ni a los proletarios anarquistas guayaquileños, sino que se enfoca sólo en la matanza del 15 y se estanca en una interpretación izquierdista que recoge elementos válidos del balance de Aguirre pero los mezcla con otros elementos de interpretación trotskista, luxemburguista y de la Corriente “Comunista” Internacional (CCI): una bazofia ecléctica. Por su parte y finalmente, Proletarios Revolucionarios tampoco hicieron un balance de esta lucha al estilo de la “izquierda comunista” histórica, a excepción de un escueto pero certero balance en una volante de hace tres años alusiva a la fecha[12]; y de que al menos la mencionaban en volantes anteriores y posteriores, porque siempre supieron y expresaron que es y debe ser una parte de la memoria histórica del proletariado local y mundial. Luego a lo interno lo plantearon como proyecto de investigación y publicación militante, pero se quedó sólo en idea debido a su autodisolución en el 2016. Que el presente y breve balance sirva, entonces, como un pequeño aporte para llenar ese vacío y también como un “esqueleto” para un futuro balance más completo, riguroso y profundo de nuestra parte. ¡Salud, Comunismo y Anarquía!

Unos proletarios. Quito. Diciembre de 2017

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[1] Esta es la versión corregida y aumentada del borrador escrito y compartido el 15 de noviembre de 2017.

[2] Más información o datos al respecto, ver Huelga general de noviembre de 1922:https://es.wikipedia.org/wiki/Huelga_general_de_noviembre_de_1922

[3] FTRE: Federación de Trabajadores Regional Ecuatoriana. GAT: Gran Asamblea de Trabajadores.

[4] Óscar Efrén Reyes (1949). Breve Historia General del Ecuador, cit. en Patricio Ycaza (1984). Historia del Movimiento Obrero Ecuatoriano. Primera Parte (de su génesis al Frente Popular). Quito: Centro de Documentación e Información de los Movimientos Sociales del Ecuador-CEDIME, p. 147.

[5] Alejo Capelo cit. en Carlos Pazmiño (2008). Alejo Capelo y el 15 de Noviembre de 1922. Disponible en:  https://www.anarkismo.net/article/10956

[6] Nos resulta muy interesante y loable anotar que el soviet de Guayaquil consta en el Mapa interactivo de consejos obreros (1917-1927), publicado en marzo de este año por la página inglesa libcom(“libertarian communism”): https://libcom.org/history/interactive-map-workers-councils-1917-1927, cuya traducción al español se encuentra disponible en: https://autogestioa.wordpress.com/tag/consejos-obreros/. Así como también, en el mapa mundial de “La oleada revolucionaria de 1917/1923” en Anarquía & Comunismo nro. 10: Especial a 100 años de la revolución rusa, Santiago de Chile, octubre de 2017, p. 4: https://anarquiaycomunismo.noblogs.org/post/2017/11/10/anarquia-comunismo-n10-especial-a-100-anos-de-la-revolucion-rusa/

[7] En su ya citada Historia del movimiento obrero ecuatoriano (1984, sobre todo el Capítulo 2) y en otros folletos y artículos de su autoría intelectual como, por ejemplo, La lucha de clases en el Ecuador: las jornadas de noviembre de 1922 (198?). Quito: Cuadernos del Obrero Revolucionario nro. 6.

[8] Ver Manuel Agustín Aguirre (1979). La Masacre del 15 de Noviembre y sus Enseñanzas. Quito: Editorial Universitaria.

[9] Carlos Pazmiño (2009). El 15 de Noviembre de 1922 y el papel de los anarquistas en el seno de la clase obrera ecuatoriana. Disponible en: https://www.anarkismo.net/article/14992

[10] Alejo Capelo (1973). Una jornada sangrienta (15 de noviembre de 1922). Guayaquil: Departamento de Publicaciones de la Universidad de Guayaquil.

[11] Carlos Lasso Cueva (2013, enero 7). Masacre del 15 XI de 1922. Disponible en: https://clavedelpoeta.wordpress.com/2013/01/07/masacre-del-15-xi-de-1922/

[12] Ver Proletarios Revolucionarios (2014). 15 de Noviembre: ¡Guerra de Clases, Guerra de Memorias! Disponible en:http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2014/11/ecuador-15-de-noviembre-guerra-de_14.html Volante que, semanas más tarde, fue traducida al inglés por parte del grupo Tridni Valka (Rep. Checa): “November 15: Class War, Memory War!”: https://www.autistici.org/tridnivalka/ecuador-november-15-class-war-memory-war/, y que libcom también la publicó.

 

Barricadas A-Go-Go

A continuación presentamos el capitulo 3 del texto “Barricadas A-GO-GO, Apuntes sobre la escena musical japonesa de 1968 a 1977” que repasa la irrupción del grupo comunista Zengakuren en Japón. Fue publicado por los compañeros de la revista 2&3 Dorm, pueden descargar el texto completo en formato lectura o impresión  desde este LINK:  2&3 Dorm “Barricadas A-GO-GO”

EL 68/77 EN JAPÓN: BESAR EL CIELO POR ASALTO (“EXCUSE ME, WHILE I KISS THE SKY”)

ZENGAKUREN TOKIO JAPÓN LARGA VIDA A LA LUCHA DE LOS CAMARADAS JAPONESES QUE HAN ABIERTO COMBATE SIMULTÁNEAMENTE EN LOS FRENTES DEL ANTI-ESTALINISMO Y EL ANTI-IMPERIALISMO STOP LARGA VIDA A LAS OCUPACIONES DE FÁBRICAS STOP LARGA VIDA A LA HUELGA GENERAL STOP LARGA VIDA AL PODER INTERNACIONAL DE LOS CONSEJOS OBREROS STOP LA HUMANIDAD NO SERÁ FELIZ HASTA QUE EL ÚLTIMO BURÓCRATA SEA COLGADO CON LAS TRIPAS DEL ÚLTIMO CAPITALISTA STOP COMITÉ DE OCUPACIÓN DE LA SORBONA LIBRE Y POPULAR

(Telegrama enviado desde la Universidad de La Sorbona a la Zengakuren durante mayo/junio de 1968)

Como sea, al estudiar la historia de cualquier movimiento histórico hay que partir por entender el contexto global de cada época, y luego insertar ahí los distintos procesos y fenómenos que se dan a nivel “local” (pues podemos considerar que en rigor nada es local, todo es global. Y viceversa. Los análisis que hacemos van siempre en una u otra dirección, hasta poder estar en condiciones de llegar a unas reflexiones o conclusiones más generales. Y proseguir así, hasta el nuevo intento de síntesis).Por eso es que no es tan propio o exclusivo de extremistas delirantes decir que en el territorio japonés en los inicios de esta historia a la que dedicaremos algunas páginas, lo que había era el caos creativo, la lucha, una toma de conciencia respecto a las posibilidades de pasar  “de la protesta a la resistencia” (expresión popularizada por Ulrike Meinhof, de la RAF alemana, pero que según ella dice la tomó de unos militantes del Poder Negro norteamericano[i]), y en definitiva a la expresión consciente y una vez más retomada del programa planteado por primera vez en 1848: abolición de la sociedad de clases, de la producción mercantil, del Estado y de todo poder separado.

Ya en los años 20, o sea, durante los años del Primer Asalto proletario contra la sociedad de clases (1917/1923) se había expresado en Japón el movimiento Mavo, impulsado por Murayama Tomoyoshi, que había estado en contacto directo con los dadaístas de Berlín en 1922, y que a su regreso realizó una especie de fusión con la Asociación Japonesa de Arte Futurista (surgida luego de la visita a Japón de los futuristas rusos David Burliuk y Víctor Palmov a inicios de los 20) para crear esta revista. Conviene destacar tanto ese proceso de influenciamientos recíprocos, y también el que movimientos como dadá, el futurismo y el expresionismo no eran exclusivos de un solo punto en el mapa terrestre, sino que surgían en sincronía en distintos lugares a la vez. Por supuesto que los historiadores oficiales del arte prefieren decir que el dadá surgió en Zurich, el punk en Londres, y así sucesivamente…Sobre el dadá japonés no he podido encontrar mucha información, salvo por un interesante capítulo en el libro sobre DADA editado por Rudolf Kuezli[ii].

La radicalidad de Mavo estribaba no sólo en sus formas e intenciones sino que en la inter-relación del mensaje revolucionario con su soporte físico: la revista Mavo N°3, secuestrada por la policía antes de llegar a los kioskos en 1924, adjuntaba amarrado a su portada un petardo de verdad, junto a la leyenda: “Bum! Estalla una bomba… Mavo clama por la revolución!”). Mavo, al igual que dadá, no significa nada traducible a ningún idioma.

Me gustaría creer que algo de esa explosión frustrada sobrevivía y latía en la explosión sonora que vamos a revisar a continuación.

Pues tal como según Guy Debord en la tesis 191 de La sociedad del espectáculo (1967) el dadaísmo y el surrealismo “marcaron el fin del arte moderno”  y fueron, “aunque sólo de manera relativamente consciente, contemporáneos de la última gran ofensiva del movimiento revolucionario proletario, y la derrota de este movimiento (…) los dejó encerrados en el campo artístico cuya caducidad habían proclamado”[iii], en los años del Segundo Asalto, sobre todo en el decenio que va de 1968 a 1977, el recrudecimiento de la lucha de clases a nivel mundial hizo que en distintos rincones del globo terráqueo resurgieran también las formas de expresión artística que eran a su vez el correlato de esas luchas, respecto a las cuales operaban no sólo como reflejo sino que también como su condimento o caldo de cultivo[iv]. Sobre lo mismo llamaban la atención los situacionistas ingleses hacia 1967, cuando decían en su panfleto titulado “La revolución del arte moderno y el moderno arte de la revolución” que “durante casi medio siglo el arte ha venido repitiéndose y cada repetición ha sido más floja que la anterior”. ¡Podría decir que en pleno 2017 tengo esa misma sensación! Y agregaban que “sólo hoy, con los primeros signos de una revuelta más madura en el seno de un capitalismo más desarrollado, puede recobrarse y asumirse con más coherencia el proyecto radical del arte moderno”[v]. Lo mismo es válido para nuestro tiempo, en que al menos quien esto escribe cree que tan sólo cuando empiece el Tercer Asalto volveremos a encontrarnos con formas de arte revolucionario que acompañen la revolución social en un nuevo terreno que hasta ahora sólo podemos imaginar pobremente. Mientras tanto me pregunto: ¿Dónde cresta están los “primeros signos”?!

Pero prosigamos: En Japón de finales de los 60, en los Festivales de la Juventud contra la guerra y otros eventos de la juventud combativa, se mezclaban instrumentos musicales tradicionales con guitarras eléctricas amplificadas, saxofones con percusiones de todo tipo y tradición. Y los “músicos” hacían la crítica del arte y de la vida cotidiana, y algunos se mezclaban no sólo en las luchas más sociopolíticas sino que inclusive en acciones de lucha armada como las emprendidas por el Ejército Rojo japonés (el secuestro de un Boeing a punta de machete sin armas de fuego, fue tal vez la más llamativa)[vi]. Eran años de lucha: obreros, proletarios de la tierra y estudiantes radicales luchando por todo el territorio de Japón, desde dentro de su alicaído Imperio fascista que por perder la guerra tuvo que dejarse administrar por los gringos.

Ya desde los años 50 las luchas sociales en la isla habían empezado a masificarse y radicalizarse, contra la presencia militar poderosa de EE.UU. (p.ej. en Okinawa), contra su Tratado de Seguridad,  pero también internamente, contra lo que en occidente se vendía como el gran milagro económico japonés. Todo un modelo de capitalismo exitoso de posguerra. A la cabeza (o mejor: a la base) se encontraba la ZENGAKUREN, fundada en 1948, y cuyo nombre es la abreviatura de Zen Nihon Gakusei Jichikai So Rengo (Federación Japonesa de Estudiantes de Facultades Estatales. O sea, una especie de CONFECH pero bien hecho: un organismo vivo y de lucha, no sólo una cúpula de representantes burocratizados) y que pronto, a inicios de los 50,  se sacude el letargo de la influencia del P”C” japonés[vii], coordinada con obreros y campesinos y una serie de iniciativas que iban mucho más allá de la desobediencia hacia una insurrección en toda línea. No por nada se reunieron con la Internacional Situacionista cuando fueron de gira a Europa en 1963, según consignan en una cronología agregada como apéndice a la edición argentina de La sociedad del espectáculo: “En ese año los situacionistas se reúnen en París con T. Kurokawa y Toru Tagaki, delegados del grupo filoanarquista japonés ‘Zengakuren’”[viii].

La consigna central del movimiento era: “antiimperialismo, antiestalinismo”, lo cual no es poco: revela una compresión que recién el 68 empezó a abrirse paso con toda claridad: la equivalencia fundamental entre los supuestos dos sistemas rivales de la “Guerra Fría”. Mientras la tendencia dominante había sido que en cada uno de los bloques los disidentes tendieran a admirar al bloque contrario, la juventud radical se había dado cuenta de que había que oponerse a ambos al mismo tiempo (Debord y la I.S. fueron bien claros en plantear que en los años 60 tanto la sociedad espectacular concentrada como la difusa eran variedades del capitalismo realmente existente; posteriormente, en los Comentarios a la sociedad del espectáculo (1989), Debord da cuenta de que en los 70 ambas se fusionaron en lo que llamó “espectáculo integrado”).

Esa era la consigna central, mientras se batallaba con cascos y molotovs contra la construcción de un aeropuerto, mientras se boicoteaban las visitas de Ministros del gobierno japonés al exterior, etc. Hay unos pocos buenos libros sobre eso[ix].

En el famoso panfleto situacionista “De la miseria en el medio estudiantil, considerada bajo sus aspectos económico, político, psicológico, sexual e intelectual”, de noviembre de 1966, se hablaba de la Zengakuren y los revolucionarios japoneses como “los primeros en el mundo que llevan ya grandes luchas organizadas, referidas a un programa avanzado, con una amplia participación de masas. Sin parar, miles de obreros y estudiantes salen a la calle y se enfrentan violentamente a la policía japonesa”. En relación al grupo político que tiene la mayor influencia en la Zengakuren, la Liga Comunista Revolucionaria (Kakumeiteki Kyosanshugisha Domei, más conocida como Kakkyodo), se destaca el que “combate simultáneamente y sin ilusiones, el Capitalismo en el Oeste y la Burocracia de los países llamados socialistas”, y su organización “sobre una base democrática y anti-jerárquica”. Se les critica el no haber logrado aún definir bien la explotación burocrática, y sus insuficiencias en materia de una crítica explícita de “los caracteres del capitalismo moderno, la crítica de la vida cotidiana y la crítica del espectáculo”. Pese a ello, el autor del panfleto (y suponemos que tras él toda la I.S.) concluyen que la LCR es en ese momento “la formación revolucionaria más importante del mundo y de aquí en adelante debe ser uno de los polos de discusión y de reunión para la nueva crítica revolucionaria proletaria en el mundo”[x].

Los enragés, responsables de llevar las ideas y prácticas situacionistas a las aulas universitarias causando una paralización de las actividades educativas en medio de graves escándalos que prefiguraron el movimiento de las ocupaciones de mayo/junio de 1968, también hablaban de “nuestros valerosos compañeros de la Zengakuren”[xi].

De sumo interés para entender los años y el ambiente que estamos homenajeando son las descripciones de batallas callejeras que realiza Béraud en su libro. Los más famosos combates fueron los de octubre de 1967 contra la inauguración del aeropuerto de Haneda, luego del cual los grupos estudiantiles se mezclaron con obreros en las luchas de Sasebo y Oji, y con campesinos en Narita.  Pese a todos los esfuerzos de las burocracias del PS y P”C”, además de sus sindicatos, la población campesina y obrera simpatizaba con el movimiento estudiantil y en los mejores momentos luchaba junto a él. En 1969 se requirió de 2 días y 8 mil policías de asalto para poder desalojar la ocupación en la Universidad de Tokyo. El alumnado se metía también al distrito de Shinjuku, con su estación de trenes, donde escapaban de la policía, formaban vínculos e irrumpían en plazas y calles como “folk guerrillas”.

Para estos encuentros los estudiantes se organizaban en secciones de 200 personas: 10 en primera línea y 20 filas compactas, codo con codo, siguiendo las consignas de un encargado con altavoz y silbato.  “Desde 1967, cada manifestante lleva casco y guantes; generalmente, un trozo de tela en la parte inferior del rostro le protege de los gases lacrimógenos, pero le permite a la vez eludir los objetivos –cámaras de televisión y de fotografía- de los equipos especiales de la policía que se mezclan con los periodistas. Los cascos son de color diferente según cada grupo (…) Cada sección va preparada para una tarea precisa: las secciones de ataque con piedras y cócteles molotov, las secciones de defensa con largos garrotes; intervienen por turno y se relevan cuando los choques duran más de quince o veinte minutos”. En los momentos iniciales del film Seizoku (1970), de Koji Wakamatsu, puede apreciarse lo impresionante de esa dinámica de confrontación.


Para las grandes manifestaciones de 1969, “los militantes tienden a introducir una táctica más directa y discreta: grupos de 5 o 6 personas encargadas de un objetivo preciso”. Así, el 21 de octubre durante la jornada internacional contra la guerra, mientras se realizaba una concentración de más de 20.000 personas en Shinjuku, grupos de militantes atacaban con molotovs la Federación de Patrones, el Centro de Investigación Económica “y una decena de comisarías de policía de barrios populares donde las fuerzas policiacas no gozan de buena reputación”.

Las tácticas de lucha callejera de la Zengakuren impresionaban bastante a los jóvenes rebeldes del resto del mundo. Así, por ejemplo, Ben Morea en EE.UU. (de los Black Mask/Motherfuckers) propuso en un encuentro de los Students for a Democratic Society (los SDS, algunas de cuyas facciones después se radicalizaron bastante) adoptar esas tácticas en la marcha hacia el Pentágono[xii].

Excede de los márgenes de este breve texto seguir refiriéndose a la lucha de clases en Japón, cuyos momentos álgidos y formas masivas de lucha violenta fueron bastante conocidas en los 70 (de hecho, hay un video de Ono y Lennon tocando en Nueva York, donde de repente se ponen los típicos cascos Zengakuren de lucha callejera), pero al menos para mi generación quedaron en gran medida olvidados u opacados por la espectacularidad, radicalidad y masividad de las luchas callejeras estudiantiles en Corea del Sur, muy mediáticas en los 80 y 90. Habría que seguir profundizando en las maneras en que se producen localmente las insurrecciones y revueltas de cada período histórico en cada rincón del globo.

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[i] “Suicidada” en prisión el 9 de mayo de 1976, en medio de los procesos judiciales contra la Fracción del Ejército Rojo en el apogeo de la época global que estamos analizando, se publicó en septiembre de ese mismo año una “Pequeña antología” por Anagrama, seleccionado y prologada por Manuel Sacristán, y cuya segunda edición fuera editada poquito después, en febrero de 1977. Mi amigo y camarada Cristóbal Cornejo recuperó una copia de ese librito desde no sé qué biblioteca personal y consideró que estaría mejor cuidado en la de mi casa. El texto “De la protesta a la resistencia” (publicado originalmente en la revista konkret N°5 en 1968), ocupa las páginas 75 a 79.

[ii] DADA, Phaidon, Londres/Nueva York, 2001, págs. 166 a 177. Además hay alusiones a Hi-Red Center y otros artistas japoneses en el capítulo sobre Neo-Dadá.

[iii] Uso la traducción Fidel Alegre, en la edición argentina de Biblioteca de la Mirada, agosto de 1995.

[iv] Menos entusiasta al respecto, el artista Horst Rosenberger escribe en una presentación a su traducción al español del libro “En Avant Dadá. El Club Dadá de Berlín”, de Richard Huelsenbeck, que “…es en 1919 y 1920, cuando el Dadá alemán consigue mayor notoriedad y se convierte en la diana del odio de los reaccionarios organizados. Son los años en los que nace y muere la República de los Consejos de Munich, los años de las revueltas del hambre, huelgas generales e insurrecciones armadas de los desheredados organizados mayoritariamente en el Partido Comunista. El Clud Dadá se convierte en expresión ‘artística’ de estos intentos revolucionarios cada vez más desesperados, sin llegar a conectar materialmente con estas masas. Su ‘bolchevismo artístico’ no buscaba la conexión con estas masas, sino que se recreaba en sus ataques contra el nuevo régimen y sus secuaces. Por otra parte, tanto sus publicaciones como sus actos públicos eran tan caros que éstas no podían acceder a estas manifestaciones”. Edición de Alikornio, Barcelona, 2000, pág. 20.

[v] Sección inglesa de la Internacional Situacionista, La revolución del arte moderno y el moderno arte de la revolución, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2004, página 15.

[vi] En Chile el 12 de noviembre de 1969 secuestraron un avión dos adolescentes con viejas armas de fuego, para ir a Cuba. En el norte de Chile la tripulación se les fue encima y los redujo. Uno de ellos después ingresó a la VOP. En el libro “El cielo por asalto” (Memoria Negra, 2016) se aborda de manera “novelada” dicha historia, adjuntado una gran cantidad de información gráfica.

Sobre el Ejército Rojo japonés, en su deriva más psicótica denominada Ejército Rojo Unificado, existe hasta una película de Koji Wakamatsu.

[vii] Dicho P”C” fue uno de los más amarillos del mundo, pero como otros en la época del estalinismo tuvo también virajes de ultraizquierda en que incursionaron en miniterrorismo y guerrillas rurales. Llama la atención que bajo la dirección de su líder Nosaka a inicios de los 50 intentaron tener una imagen más popular, con consignas como “hagamos placentero el comunismo” (¡en eso todos estamos de acuerdo!). A Stalin no le gustó esa línea,  e impuso poco después el viraje hacia la ortodoxia M-L, lo que implicó pasar en poco tiempo de representar el 10% de los votos en elecciones nacionales, al 1%.

[viii] Por supuesto que lo de “filoanarquista” es bien poco exacto: grupos como éste y la propia I.S. tienen más de marxianos que cualquier otra cosa.

[ix] Por ejemplo: La izquierda revolucionaria en el Japón, de Bernard Béraud, Siglo XXI, México, 1971, que tuve la suerte de hurtar en una vieja librería que hace décadas no existe más en calle Merced, Santiago de Chile, y cuya edición original en francés era de 1970; Zengakuren: la lucha de los estudiantes japoneses. Manifiestos. Documentos, Ediciones Insurrexit, Buenos Aires, 1972. Insurrexit era el núcleo surrealista reunido en torno a Juan Andralis, Aldo Pellegrini y la editorial Argonauta, en cuyos talleres y Teatro abandonados se instalaron décadas después algunos sujetos ligados al grupo Etcétera, devenidos algo así como una sección de la Internacional Errorista, si no me equivoco.

[x] Estas citas están tomadas de la edición española en la Colección Nómada de editorial Anagal, donde curiosamente en una nota al pie en la página 37, en relación a la LCR, el traductor dice: “Nada que ver con Trostkys, triskis, secesiones, escisiones y demás entroskamientos” (sic). Es a lo menos llamativo, puesto que según otras fuentes de información, sobre todo el librito de Béraud, resulta bastante claro que la LCR (o Kakkyodo) era al menos inicialmente una organización trotskista, surgida como escisión de izquierda del P”C”J tras la invasión de Hungría por los rusos en 1956, y que de hecho a fines de los 60 e inicios de los 70 estaba dividida en dos grandes corrientes que se odiaban entre sí: Chukaku (Grupo del núcleo central) y Kakumaru (Grupo marxista revolucionario), siendo este último el grupo mayoritario en la Zengakuren, con fama de sectario, mientras los Chukaku junto a otros grupos de la izquierda socialista, maoístas y otras variedades de troskos daban forma a una alianza, Sampa Rengo, y se generaba otra estructura de lucha: la Zenkyoto, o Comité de Lucha Interfacultades. Ignoro a cuál de las dos facciones de la LCR le declaran Mustapha Khayati y la I.S. toda su simpatía…aunque en el libro Los situacionistas y la anarquía (Muturreko burutazioak, Bilbao, 2010) Miguel Amorós refiere una “Respuesta de la I.S. a las preguntas de la Liga Comunista Revolucionaria del Japón (Fracción marxista)” -lo cual suena a Kakumaru más que a Chukaku, ¿o no?-, fechada en octubre de 1966. Ver nota 17, pág. 29. Según Ken Knabb en una nota a la edición en inglés de “La miseria…”, el juicio de la IS sobre la LCR era equivocado en algunos puntos, y así por ejemplo quedó claro que no había una sola Zengakuren, sino que los distintos grupos formaban a su vez su propia fracción de la Zengakuren. Knabb agrega que: “A inicios de los 60 la facción Zengakuren que formó la LCR tenía de hecho varias de las características positivas que la IS le atribuía: tenía una plataforma política distinta a la izquierda del Trotskismo, participaba militantemente en luchas políticas en varios frentes, y parecía tener un enfoque más experimental en cuestiones tácticas y organizativas. En 1963 envió algunos delegados a Europa que se reunieron con los situacionistas, y después tradujeron unos pocos textos situacionistas al japonés. Pero al menos hacia 1970, cuando un delegado de la IS (René Viénet) visitó Japón, la LCR había retomado una posición principalmente leninista y resultó no ser muy distinta de las sectas izquierdistas de cualquier otro lugar”.

[xi] Carta de los Enragés al grupo de anarquistas disidentes de la Federación Anarquista que se hacían llamar La Hidra de Lerna (nombre que les fuera dado primeramente por la Iglesia Anarquista oficial que los excomulgaba por marxistizantes), fechada el 3 de mayo de 1968, citada por Miguel Amorós en Los situacionistas y la anarquía, pág. 168, del siguiente tenor: “No cuenten con la Internacional Situacionista; nuestros valerosos compañeros de la Zengakuren no irán a Lyon. Inviten mejor a Henri Lefebvre; está en todas las camas redondas. Y no se olviden de ICO. ¡En Nanterre como en otra parte los ENRAGÉS los mandan a la mierda!”. (Nota en medio de la nota: ICO son las siglas del grupo consejista Informations et Correspondance Ouvriéres).

[xii] Ver el libro de Amorós, a partir de la página 128.

Reflexiones sobre el trabajo y la explotación humana.

Reflexiones sobre el trabajo y la explotación humana.

Es de suma importancia para un cambio revolucionario comprender la naturaleza de la explotación ejercida por el Estado/Capital  en tiempos donde el antagonismo social parece estar latente pero falto de lucidez teórica para esbozar  rotundamente una crítica radical de lo existente.

El concepto de trabajo es usualmente entendido como sinónimo de “actividad humana” y no es de extrañar que esto ocurra, puesto que vivimos un mundo donde prácticamente la totalidad de la vida cuesta “trabajo”, pues todo el tiempo que transcurre en nuestras vidas está cuantificado por el capital y es “descontado” de nuestros salarios.

El trabajo ha sido históricamente reivindicado por una vasta gama de izquierdistas de toda índole, estos últimos dirán “el trabajo dignifica”, asumiendo que trabajar es un hecho positivo para la integridad humana. Pero no fue hasta comienzos del siglo XX y fines del XIX, que el concepto de trabajo se “volvió” positivo para un sector de los explotados, hasta antes de ello, como veremos más adelante, siempre fue sinónimo de explotación y usura. Fue precisamente gracias a la Social Democracia[1] que se instauro esta creencia política, pues en términos sintéticos esta tendencia progresista interpretó el cambio social a través del desarrollo mecanicista de la historia; una mezcla entre reformas sociales y una ingenua credulidad en la tecnología donde el progreso económico terminaría por producir el socialismo, debido a ello es que pusieron un fuerte énfasis en el importante rol de los trabajadores y su función en la economía para el posterior desarrollo de la sociedad.  Gracias a este “acercamiento” de la política burguesa hacia la clase trabajadora, los trabajadores comenzaron a sentirse participes de la sociedad (¡y vaya que lo eran!) y no como meros parias desplazados, enviados a producir riquezas y morir en la marginalidad,  sino como productores materiales de la sociedad y futuros herederos del mundo socialista.

Pero el socialismo nunca llegó, con el desmentido del “progreso” tras la debacle ecológica y la pauperización del trabajo generada por el desarrollo tecno industrial, se viene vislumbrando ya desde hace mas de 40 años las primeras luces de una crisis económica que pone a los explotados en pie para volver a constituir una crítica radical del trabajo que se abstenga de luces reformistas y edulcoraciones varias. Es por ello que quisiéramos aportar algunas reflexiones acerca de su contenido y función, si lo que queremos es poner en la palestra la necesidad de un cambio revolucionario llevado a cabo por la comunidad humana en lucha, es de vital importancia poner en entre dicho la fuente de nuestra sumisión histórica  .

El trabajo asalariado como relación social fundada en la compra-venta de tiempo humano, es el núcleo económico que sostiene el desarrollo del capitalismo, pues encuentra su sentido ideológico en la economía política como  principio vertebral que rige incuestionablemente la sociedad moderna.

La historia del trabajo es la historia de la apropiación privada de la tierra y de los medios de producción. Históricamente, ya sea bajo la lógica violenta de la esclavitud, en la jerarquía de castas de la servidumbre, o en la lógica racionalista del salariado, los seres humanos que han estado atrapados bajo estas condiciones históricas siempre han estado forzados a tener que trabajar para sobrevivir, aunque se presente como una relación contractual “libre” de “iguales”.

 El trabajo “asalariado” que conocemos hoy en día, se constituye a partir del saqueo de los territorios comunes donde la producción social era proporcional al fruto de la actividad de sus habitantes. Despojando a los antiguos “propietarios” de su forma comunitaria de vida para imponer estrictas jornadas de trabajo a cambio de sobrevivencia.

 A pesar de lo comúnmente aceptado,  “trabajar” no obedece a una lógica natural o inmanente de la especie humana, sino que es el reflejo de unas condiciones históricas determinadas, (el monopolio de la violencia, la institución de la sociedad de clases y la independización económica), pues el trabajo no siempre ha estado tan naturalizado por todos como hoy en día. Ha sido necesaria siglos de violencia para que la gente, literalmente bajo tortura, acepte ponerse al servicio incondicional de la economía.

Después de millones de años viviendo a merced de la naturaleza y su poder, la especie humana comienza a desarrollar ciertos niveles de técnica que le permiten comenzar a delimitar y controlar su supervivencia a través de la incipiente división de tareas y roles,  lo cual, progresiva y azarosamente permite el surgimiento de las primeras sociedades de clase donde aparece la esclavitud,  y con ello las primeras nociones de lo que es el trabajo.

 En Grecia, como toda cultura basada en clases y por ende en la extracción de energía ajena, las castas dominantes de la sociedad veían en el trabajo- o en las actividades dedicadas a la producción- un esencia indigna, una actividad dedicada a los esclavos, a seres no merecedores de la libertad divina. Con la filosofía clásica de Platón y Aristóteles, se da un sustento filosófico a la separación de las actividades humanas para constituir una sociedad de clases, la división del trabajo y la estratificación entre oprimidos y opresores aparece como fenómeno naturalizado e ideal en textos como “El banquete” de Platón.

“El concepto de trabajo es pues, en adelante, algo que separa una parte de las actividades humanas respecto de su conjunto, por ejemplo frente al juego, a los rituales, a los intercambios directamente sociales, asimismo como a toda la reproducción privada o domestica.”[2] Si revisamos los orígenes etimológicos de la palabra Trabajo viene del latín tripalium, que significaba literalmente ‘tres palos’ y era un instrumento de tortura formado por tres estacas a las que se amarraba al reo en la Edad Media. Con el tiempo se asocio el termino al efecto que este provocaba y se comenzó a relacionar la palabra trabajo al sufrimiento, tortura y castigo. Nada distinto de lo que los esclavos modernos llaman “Pega”.

El proceso de transformación del trabajo esclavizado comenzó a mutar  con el paso de los siglos, las castas aristocráticas (reyes, emperadores, etc.) fueron perdiendo influencia y poder sobre la sociedad, lo cual produjo inevitablemente un reordenamiento del orden existente. A mediados del siglo XIII, en todo el globo, gracias a la sociedades de clases pre-existentes, se vino gestando un movimiento de acumulación de riquezas (tierras, minerales, cosechas, y bienes materiales) que fue constituyéndose en una independización del mercado mundial. Su lógica consistía en poner bajo su escrutinio todo lo vivo[3] , todo aquello que pudiera constituir un valor de uso para para convertirlo en un numero que pueda generar riqueza. Al apropiarse (en la mayoría de los casos a través de la invasión y la masacre) de dichos bienes, estos se convierten en mercancías y son intercambiables en el mercado bajo un “precio” (unidad que homogeniza las mercancías del mercado). El poder de la acumulación mercantil, produjo que los siervos y campesinos -hasta ese momento anclados al sistema tributario feudal-, fueran expropiados doblemente, pues  se les expropiaron sus derechos a los territorios comunales y se les despojó de su capacidad de auto sustento colectivo, obligándolos a convertirse en trabajadores “libres”, esto quiere decir; hombres y mujeres desheredados y arrojados al mercado como mano de obra para la producción de mercancías a cambio de un salario para sustentar sus vidas[4].

Este nuevo orden fue proclamado por la revolución francesa[5], que de la mano con la revolución industrial, otorgó a la burguesía (clase históricamente comerciante y usurera) el poder de estructurar la sociedad a su modo. La propiedad privada se instituyó en forma de apariencia jurídica lo cual garantizó la compra y venta de trabajo humano como forma legal de explotación, de este modo el trabajo se erigió como garantía del porvenir social en forma de “contrato” entre individuos “libres” e “iguales” que “optan” por vender su fuerza de trabajo a otros[6], disfrazando la infamia de la apropiación privada bajo las leyes de la sociedad civil. Así la economía (estudio de la explotación y administración de los “recursos[7]” humanos y naturales) y el trabajo (forma de explotación de los “recursos” humanos y naturales) pasaron a estar profundamente imbricados en la reproducción  de las relaciones sociales y se transformaron en fin y medio del cuerpo social, controlados y regulados por el Estado y el poder jurídico.

Con la industrialización y el trabajo asalariado instituido jurídicamente como motor de la economía bajo el alero del Estado, se comienza a estructurar toda una clase social a partir de ello: el proletariado. Seres humanos completamente desposeídos de su capacidad autónoma para definir como vivir, confinados a sobrevivir en las ciudades teniendo que vender su tiempo a cambio de dinero (trabajar), y obligados a competir entre sí para mejores condiciones de vida. Los proletarios, poseedores solo de su fuerza de trabajo, se ven forzados a tranzarla como mercancía dentro de la maquinaria económica.  Esta mercancía  posee un precio que se calcula  a través del mercado en forma de salario, que es la cantidad de dinero obtenido a cambio de un trabajo particular. La fuerza de trabajo se equipara a cualquier otra mercancía, el trabajo se mide con el reloj, la azúcar se pesa con una balanza.

Todo lo producido por el trabajador no pertenece ya a él sino a quien le vendió su fuerza de trabajo. Toda mercancía producida por el trabajador es ya propiedad del capitalista. Pero para producir eficazmente y nutrir la economía hace falta un poco más que simplemente trabajadores haciendo funcionar las maquinas, hace falta trabajadores generando plus valor, y para ello es necesario estrujar su tiempo de trabajo y exigir al máximo sus capacidades. Pues la apropiación del capitalista es la apropiación del producto de la fuerza de trabajo, su excedente, y para que ese excedente produzca ganancias debe ser cuantitativamente superior al coste de la fuerza de trabajo (necesidades básicas para que el trabajador este en pie) lo que significa que el trabajador debe dar más de lo que estrictamente necesita para vivir, debe necesariamente generar una ganancia para el capitalista que no le es remunerada al trabajador, haciendo de la fuerza de trabajo una mercancía única en el mercado; pues al mismo tiempo que se consume se genera valor añadido con ella.

En este sentido, podemos decir que el trabajo es un vampiro[8] hecho de tiempo muerto, tiempo que no es vida y al que estamos obligados a someternos para sobrevivir, pues no se “trabaja” directamente para vivir, sino que se trabaja para hacer funcionar la economía (generando plus valor) y como apéndice de ello sobrevivir dentro de los márgenes posibles. El trabajo ES explotación.

En primera instancia el trabajo no modifica sustancialmente los  modos de producción que va usurpando de las comunidades que coloniza[9], solo se ocupa de operar en el modo de producción existente; o sea extraer el plus valor y usurpar  su producto a cambio de sobrevivencia objetivada en dinero (Subsunción formal del trabajo). Debido a esto, por mucho tiempo subsistieron en el capitalismo oficios artesanales de larga tradición, pero con el tiempo y debido a la incesante tendencia de generar mas y mas ganancias, estos oficios y el trabajo en general, tuvieron que integrarse a la forma de producción explícitamente capitalista, esto quiere decir, ajustarse a una extracción de plus valor cada vez mas racionalizada[10], con mayor control de la producción, y mayor especialización del trabajo. O sea, la aplicación consciente de la necesidad de extraer plus valor, empleando la ciencia y la tecnología para producir a gran escala. (Subsunción real del trabajo) Estos dos procesos del trabajo pueden coexistir aun en la actualidad, pero la Subsunción real del trabajo en el capital, como proceso hegemónico en la esfera laboral, es quien impone los tiempos de producción económica, pues el productor se encuentra completamente despojado de su actividad y producto. La figura “invisible” del mercado es quien controla los tiempos de producción y por ende se encarga de asegurar la valorización de las mercancías, todos; burguesía y proletariado reproducen el tétrico compás de la economía autonomizada. Así también, cualquier desarrollo tecnológico estará siempre en pos de esta misma tendencia, desde el cronometro a la computadora, toda innovación tecnológica tiene como fin ultimo su incorporación al mercado para garantizar una extracción de capital cada vez mayor con su aplicación.

Lo fantasmagórico de todo esto, es que el trabajo se ha instituido de hecho como jurídicamente libre, garantizando la explotación como forma natural del quehacer social, haciendo de la reproducción económica una precondición para la vida humana en términos ideológicos. La imposición violenta de esta ideología , se funde en la enajenación generalizada del fetichismo de la mercancía, donde se asume la naturaleza mercantil del trabajo; el humano se vuelve mercancía y la mercancías adquieren características humanas, pues dominan a sus creadores.[11]

Esta enajenación de la vida transformada en cosa, es proyectada como un monologo universal y objetivo por todos los defensores de esta sociedad. De izquierdas o derechas los proletarios conformes con la miseria existencial que padecen exhiben orgullosamente su amor al trabajo como si fuera algo de lo que enorgullecerse, su adhesión casi patológica a la explotación cual síndrome de Estocolmo[12], muestra la adaptación a la competencia entre esclavos salariales que sirven voluntariamente a la sociedad mercantil, sin ningún tipo de cuestionamiento a ESTA  vida pobre, repetitiva y vacía, donde nuestras energías no están puestas en realizar nuestros deseos y motivaciones, sino en tener dinero para comprar sobrevivencia y el sobrante gastarlo en alguna mercancía que aparente nuestra felicidad y plenitud. Pero en el fondo sabemos que nuestra existencia es aburridísima y miserable.

Queremos la vida de vuelta, para poder vivir como se nos antoje sin depender del dinero; de tasas de cesantía, de créditos, o crisis bursátiles. Queremos la tierra ´para  los comunes, para todos todo.

¡Hasta evidenciar la miseria de nuestra vida cotidiana, por la revolución social!

¡ABAJO EL TRABAJO ASALARIADO!

[1] Personajes de la socialdemocracia como Lasalle, Kautsky, o Bernstein, influidos por la ideología marxista de la II internacional(que no es lo mismo que el pensamiento de Marx) defendían la tesis de que impulsando una serie de reformas que disimularan las contradicciones de clase creadas por el trabajo, y gracias al progreso tecnológico derivado de la economía, gradualmente se llegaría al socialismo. Este pensamiento fue severamente cuestionado por el mismo Karl Marx, tanto en los escritos de “18 brumario de Luis Bonaparte” como en la “critica al programa de Gotha”. «A las reivindicaciones sociales del proletariado se les limó la punta revolucionaria y se les dio un giro democrático; a las exigencias democráticas de la pequeña burguesía se las despojó de la forma meramente política y se afiló su punta socialista. Así nació la socialdemocracia» Marx “18 Brumario de Luis Bonaparte”.

[2] Anselm Jappe “Algunas buenas razones para librarse del trabajo”

[3] Al decir todo lo “vivo”, nos referimos a aquella tendencia del movimiento de acumulación capitalista de convertir todo lo existente en “cosa” o en “dinero”, en apropiarse de todo para cuantificarlo y ponerle precio, para hacer ganancias de ello.

[4] “El preludio de la transformación que había de echar los cimientos para el régimen de producción capitalista, coincide con el último tercio del siglo XV y los primeros decenios del XVI. El licenciamiento de las huestes feudales —que, como dice acertadamente Sir James Steuart, «llenaban inútilmente en todas partes casas y patios»— lanzó al mercado de trabajo a una masa de proletarios libres y desheredados. El poder real, producto también del desarrollo burgués, en su deseo de conquistar la soberanía absoluta aceleró violentamente la disolución de estas huestes feudales, pero no fue ésa, ni mucho menos, la única causa que la produjo. Los grandes señores feudales, levantándose tenazmente contra la monarquía y el parlamento, crearon un proletariado incomparablemente mayor, al arrojar violentamente a los campesinos de las tierras que cultivaban y sobre las que tenían los mismos títulos jurídicos feudales que ellos, y al usurparles sus bienes comunales.” Karl. Marx “El capital, La acumulación originaria”

[5] Este hecho marca un hito en la hegemonía política en vías a la institución del capitalismo, pues  aplana el camino para la instauración de una nueva ideología para gobernar a las masas; la democracia.

[6] “La órbita de la circulación o del intercambio de mercancías, en cuyo marco se desenvuelve la compra y la venta de la fuerza de trabajo, era, en realidad, un verdadero edén de los derechos innatos del hombre. Dentro de sus límites imperan exclusivamente la libertad, la igualdad, la propiedad y Bentham. ¡La libertad! Pues el comprador y el vendedor de una mercancía, por ejemplo de la fuerza de trabajo, se someten sólo a su libre voluntad. Contratan como hombres libres e iguales jurídicamente. El contrato es el resultado final en que sus voluntades cobran una expresión jurídica común. ¡La igualdad! Pues compradores y vendedores se refieren recíprocamente solo como poseedores de mercancías, cambiando equivalente por equivalente. ¡La propiedad! Pues cada uno dispone únicamente de lo que es suyo. ¡Y Bentham! Pues cada uno se preocupa únicamente de sí mismo. El único poder que los une y los pone en relación es el de su propia utilidad, de su provecho particular, de su interés privado” Karl Marx “El Capital” Tomo I 183-184

[7]Usamos las comillas, para aclarar que ocupamos este término utilitario y económico a falta de otro concepto que nos hable de la naturaleza no vista como una cosa sino como parte de un todo material del que somos parte como género humano, evidentemente producto de la cultura de la separación nos es imposible concebir dicho concepto, el lenguaje es reflejo y condición de nuestra realidad.

[8] Marx dirá que “El capital es trabajo muerto que sólo se reanima, a la manera de un vampiro, al chupar trabajo vivo, y que vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupa. ” Con esto se refiere a la capacidad de la fuerza de trabajo(=trabajo vivo) de otorgar valor a su producción de mercancías (=trabajo muerto) tras una jornada de trabajo determinada temporalmente.

[9] Nos referimos a la subsunción de actividades productivas como la extracción de mineral, el campesinado, o la artesanía, que no constituyen una forma de producción capitalista en sí mismas pero que son puestas al servicio de la producción de valor.

[10] En este sentido, vemos que la aplicación racionalizada de la lógica de valorización capitalista se ve representada históricamente con la aparición del taylorismo como sistema de organización del trabajo en pos de la extracción cada vez mayor de plus valor. Esta tendencia se fue refinando con el pasar de las décadas y el desarrollo paralelo de la tecnología, dando paso al fordismo, posfordismo, y otras como el neoshumpeterianismo.

[11] La sociedad capitalista y en particular los proletarios, se encuentran alienados a tal punto por la mercancía y su fetiche, que incluso en la marginalidad del tiempo “libre”, los explotados “disfrutan” idolatrando a las vedettes del consumo; celulares, televisión, o alguna mercancía que esté de moda. Lo evidentemente religioso de todo esto es que sus productores (los proletarios) se ven completamente eclipsados por sus productos (las mercancías)  viviendo al son del dictado publicitario y las nuevas necesidades que arroja. La miseria de los trabajadores se ve reflejada en el empobrecimiento sistemático  de su vida cotidiana; la introducción masiva de mercancías  tecnológicas ha generado una fuerte tendencia al aislamiento social que se traduce en un progresivo  debilitamiento de los vínculos sociales de toda índole, ocupando cada vez más tiempo a la necesidad de producir ( dinero) o de reproducir (consumir mercancía) dos aspectos fundamentales para perpetuar la dominación económica del capitalismo.

[12] Trastorno psicológico temporal que aparece en la persona que ha sido secuestrada y que consiste en mostrarse comprensivo y benevolente con la conducta de los secuestradores e identificarse progresivamente con sus ideas, ya sea durante el secuestro o tras ser liberada.

[Audiovisual] Dias de noviembre

Cuatro capítulos en los cuales a través de fragmentos de novelas, diarios personales, memorias, películas, documentales, registros y textos de diferente índole, escritos y realizados al calor de la revolución de 1917, dan cuenta de las vivencias que los protagonistas de aquella revolución tan mitificada por la izquierda tradicional.

Memoria auto critica para una conciencia emancipadora

Apuntes sobre la derrota del proletariado Chileno en la década de los 70

 “Hay que retomar el estudio del movimiento
obrero clásico de forma desengañada”
Internacional Situacionista

“Oh, caballeros, la vida es corta… si vivimos, vivimos para marchar sobre la cabeza de los  reyes”

William Shakespeare

La última gran ofensiva del movimiento proletario chileno y su derrota, está enmarcada en el contexto histórico del segundo asalto proletario, por ende no debemos entender este proceso como un acontecimiento aislado, ya que podemos destacar diferentes sucesos internacionales que apuntaban hacia un estallido más o menos claro de la revolución social.

Comprendemos  el segundo asalto proletario como una gran ola revolucionaria y creativa, política y existencial, donde se reúne históricamente tanto el desgaste del modelo de trabajo post fordista y el patrón económico keynesiano. En paralelo,  la auto organización de los proletarios en todo el mundo va desarrollando su propia actividad vital, generando cada vez más tensión social y precipitando al capitalismo a una nueva crisis. En este marco, Latinoamérica y el mundo es un caldo de cultivo para la subversión del modo de vida capitalista.

El capitalismo mundial comprende que su crisis es inminente, así todas las fuerzas democráticas están dirigidas a contener el fantasma del comunismo[1] que se avizora como irremediable. Esta ofensiva, se caracterizo por diferentes formas de negación a la sociedad existente, donde podemos encontrar: el abstencionismo laboral en fabricas de Italia, el movimiento de ocupaciones en el mayo francés, la toma de terrenos y fabricas en Chile,  la expropiacion a la banca y al comercio burgués como practica común del proletariado a nivel internacional, la táctica de la guerrilla urbana y rural primordialmente en Latinoamérica ,  las huelgas generales y salvajes de gran parte de Europa, la lucidez de grupos como Zengakuren[2] en Japón que fueron los primeros en el mundo en lograr la coordinación de obreros, estudiantes y campesinos teniendo como consigna principal “ni imperialismo ni estalinismo”, lo cual no es algo despreciable para la época, al mismo tiempo que la proliferación de grupos autónomos de ataque anti-capitalista como el Movimiento Ibérico de Liberación MIL en España, entre otros.

El proceso revolucionario en Chile se vino fraguando bastante años antes del periodo Allendista, su contenido se expreso en la acción autónoma de amplios sectores del proletariado obrero y campesino; principalmente a través de tomas de terreno, ocupación de fabricas, organización barrial y acciones de autodefensa armada, practicas que en su conjunto apuntaban a recuperar las condiciones de existencia que les había arrebatado el modo de producción capitalista[3] y que conllevaron variadas masacres orquestadas por el Estado Chileno anteriores al Golpe de 1973[4].  Como ejemplo de la radicalidad antes mencionada podemos visualizar experiencias como las de COOTRALACO[5], empresa auto gestionada por sus trabajadores donde a pesar de la carencia teórica, los obreros sacaban las siguientes conclusiones:

“Entre nosotros no se pregunta de qué partido eres. Nuestra definición es si se está con los trabajadores o en contra de ellos en la práctica. No aceptamos que las diferencias ideológicas nos paralicen. “[6]

En el Chile de los 60, los partidos de izquierda abogaban por una política de nacionalización, contraria a la política de nacionalización y reforma agraria que llevo a cabo la DC, pero no porque esta fuera reformista, sino porque era reformista con apoyo de capitales imperialistas. O sea, la izquierda era el reflejo de una polarización ideológica que disimulaba las verdaderas contradicciones de clase existente en la sociedad.  Siendo un poco mas reflexivos, y desde nuestro momento histórico actual, podríamos decir que la izquierda chilena buscaba encuadrar las practicas de antagonismo proletario en los mecanismos democráticos existentes, filtrando el poder revolucionario del proletariado que se constituía lentamente en práctica viva contra la sociedad de la mercancía.

Así, en Chile y otro países del cono sur, surgen diversos gobiernos de tonos socialistas que abogan por una mejor repartición de la riqueza y una nacionalización contraria al imperialismo estadounidense[7]. No obstante el proletariado chileno no se limito a seguir las políticas democráticas de la “Unidad Popular”, sino que agudizo su practicas, pues con la llegada de Allende, lejos de decantar en un poder obrero, la lucha de clases se agudiza por fuera de los canales parlamentarios.  Cuando los obreros comienzan a hablar y actuar por sí mismos, se comienzan a generar las primeras contradicciones entre el Gobierno y sus “bases”. Con la espontanea ocupación obrera de diversas fabricas Allende es forzado a nacionalizarlas para prevenir la autogestión de los trabajadores. De este modo, los trabajadores chilenos solo cambiaron un jefe por otro, de Kenecott o Anaconda[8] a la burocracia gobernante. La acumulación del capital es siempre acumulación a expensas del proletariado.

En el mundo rural, tenemos que los campesinos realizaron “espontaneas tomas armadas” auto organizados y por fuera de la autoridad estatal.  De hecho, el gobierno no perdió oportunidad en denunciar  “expropiaciones indiscriminadas” y a la “desaceleración”, y cuando legitimo dichas tomas fue gracias a la presión de los campesinos. El MCR (Movimiento Campesino Revolucionario)[9] frente político-social del Movimiento Izquierda Revolucionaria si bien actúo asumiendo un rol protagónico en la expropiación de aquellos fundos nunca rompió con la políticas burocráticas de la UP, pues el MIR siempre que el gobierno de la UP se hayo en problemas movió sus banderas mediadoras para legitimar las políticas públicas del Estado, coartando la actividad autónoma del campesinado.

En la huelga patronal de octubre del 72, los obreros agudizan su práctica revolucionaria, tomando activamente las fabricas y coordinándose en cordones industriales autónomos, los cuales  fueron acusados por el MIR y el Gobierno de llamar al “paralelismo sindical”. De esta manera, son atacados por el gobierno de Allende por ocupar activamente las fabricas sin asistencia sindical o estatal, tales organismos coordinaban la distribución y producción de productos al mismo tiempo que organizaban la defensa armada contra los patrones (prácticas que en parte gestionaban el capital, pero que también implicaban una apropiación de sus medios de trabajo y lucha; de lo cual rescatamos su experiencia de combate contra el viejo mundo, en desmedro de la apología a la producción, ya que comprendemos que la gestión del capital no significa una real apropiación de nuestras vidas, sino que una mera administración de la explotación de los trabajadores por los trabajadores).

En los barrios la aplicación de las Junta de Abastecimiento Popular, instituciones creadas por el gobierno fueron altamente desbordadas por la auto organización barrial reorganizada en los comandos comunales y concretada por el explosivo desarrollo del movimiento poblador. Entre 1964 y 1969 se registraron 58 tomas de sitios en Santiago, de las cuales 35 fueron protagonizadas en este último año[10]. Con la agudización de la lucha de clases, encontramos que “se puede afirmar con toda seguridad que entre 1970 y septiembre de 1973 se registraron en Santiago, al menos, 344 tomas exitosas de terrenos urbanos.”[11] Así mismo, los comandos comunales se extienden por todo el país; órganos territoriales paralelos a los cordones industriales formados- en primera instancia-como un intento de frenar la ofensiva de la burguesía, pero que terminaron por expresar el afán espontaneo de los trabajadores por auto-dirigirse, “teniendo acceso a las tareas de organización, dirección y control de la sociedad, como única forma de encarar directamente la resolución de sus problemas económicos y políticos.”[12]

Toda esta autonomía expresada en actos fue recuperada por las diversas organizaciones leninistas del momento. El papel de la socialdemocracia jugará un rol importante en este proceso en la medida que el desarrollo de auto actividad proletaria es frenado por el programa de la vía chilena al socialismo que propugnaba la izquierda del capital. Así entonces, la revolución se vio supeditada a organizar la economía a través del Estado “popular”, que enfatizaba en la realización de un modo de administración donde la condiciones modernas de producción son dirigidas a partir de de la dirección de los partidos de vanguardia obrera (UP,PC, PS, MIR, ELN, etc.)

La reacción de la burguesía aristocrática aumento no por los embistes del “Estado marxista”, sino por la creciente auto actividad del proletariado autónomo. La derrota proletaria hunde sus raíces en la confianza ciega en la ideología política de sus representantes. El gobierno de la UP, no fue más que un espectador impotente en la lucha de clases desplegada por fuera de las estructuras políticas formales. No fue fortuito que fuese precisamente en los lugares con más actividad autónoma del proletariado[13] donde se vio la resistencia más fuerte a la dictadura militar. El cordón industrial Cerrillos[14], la planta textil SUMAR[15], la población La Legua, entre otras locaciones fueron experiencias de combate proletario que no hacían más que demostrar que las redes por la autonomía de la clase no necesitaban del modelo leninista de organización para defender las pocas conquistas que habían alcanzado hasta ese momento. El “compañero presidente”, fue el mismo que desarmo a las milicias obreras meses antes del golpe,[16] dejándolas indefensas ante los militares que ya estaban en su gabinete. Así vemos que la derrota de la “revolución chilena”, se fraguo mucho antes del 11 de septiembre.

La ultra izquierda de la época, MIR, ELN, y otros -que no cayó en la canallada de sus pares políticos de abandonar el país,- no abandonó a los proletarios que resistieron en sus poblaciones y fabricas, pues “el MIR dio órdenes de replegarse en orden y combatiendo. Sus militantes combatieron junto a los obreros pero -conscientes que la derrota del reformismo era inevitable- se retiraban en orden cuando la resistencia era imposible”[17]. Pero en la práctica no pudo nunca sacudirse de la carga de la UP, pues su transa ideológica con el reformismo los había derrotado de antemano. Así con respecto a las relaciones entre el MIR y los cordones industriales vemos que; “meses antes del golpe alguno de sus dirigentes obreros más importantes habían roto con su dirección porque la consideraban burocrática y oportunista. En realidad se trata de una dirección que quiere hacer la revolución “para” los obreros, pero que no ha comprendido en absoluto que “la liberación de la clase solo puede ser obra de ella misma””[18]

Entendemos que la revolución social es una cuestión de clase contra clase, de programa contra programa, el partido del orden contra el partido de la anarquía; la representación obrera se opone radicalmente a la revolución proletaria, “si la cuestión central de la revolución estuviera enunciada abiertamente y honestamente: capitalismo o comunismo, ninguna duda, ningún titubeo seria hoy posible en la gran masa del proletariado”(Rosa Luxemburgo). Como ya sosteniamos momentos antes, el fracaso del proletariado chileno estaba sentenciado de antemano cuando creyó ingenuamente en sus representantes políticos. Su falta de esclarecimiento teórico acerca de sus propios intereses le llevo a confiar gran parte de su organización a fuerzas externas, dígase: partidos, sindicatos  el poder del Estado, que obstruyeron una articulación viva, verdaderamente antagónica de los propios proletarios contra el capital. Pero esta aclaración, no es una justificación del proletariado, sino por el contrario, una autocritica; pues fue el mismo quien se conformó con la reforma y la “transición pacífica” al comunismo, con el “socialismo de un solo país” y con la democracia, fueron los propios obreros quienes creyeron en el “respaldo” del gobierno del pueblo.  La falta de claridad y exposición del programa histórico del proletariado es una medida intransable que hay que erradicar de nuestra praxis. La honestidad con respecto a la crítica radical del mundo mercantil debe ser la materia misma de su agitación.

QUIENES HACEN REVOLUCIONES A MEDIAS CAVAN SU PROPIA TUMBA !! NI JEFES NI VANGUARDIA: AUTONOMIA PROLETARIA!! A TOMAR EL CIELO POR ASALTO!!

[1] Entendemos por comunismo, el movimiento real que apuesta por abolir las condiciones de explotación existentes y busca  la realización de la verdadera comunidad humana; suprimiendo por tanto el trabajo asalariado, la propiedad privada, el dinero, el patriarcado, etc.. No al socialismo científico empleado por los países imperialistas del bloque soviético que no son sino otra expresión del capitalismo, donde el proceso de administración de la valorización del valor es controlado por el Estado y su burocracia.

[2] Movimiento Comunista radical Japones compuesto principalmente por estudiantes.

[3] Entendemos que estas expresiones del proletariado son en actos parte de un “comunismo difuso” que nos hace más que verificar que la potencia del comunismo en aquellas jornadas está presente, pero desprovisto de un contenido radical en cuanto al desenvolvimiento social del programa de negación del Estado/Capital

[4] Entre ellas encontramos la masacre de la obreros y estudiantes en Santiago y Valparaíso en 1957 en la llamada “Huelga de la Chaucha”, la matanza de pobladores de la población José María Caro en 1962, el asesinato de los trabajadores de la mina el Salvador en 1966 y la masacre de pobladores ocurrida en Puerto Montt en el año 1968.

[5] En noviembre de 1968, 126 obreros de la industria “Andrés Hidalgo y Cía.” se declararon en huelga por las deudas que mantenía con ellos el patrón. Luego de un proceso de movilización por las vías tradicionales que no dio frutos, los trabajadores deciden tomar la fábrica y gestionarla ellos mismos. En esta iniciativa estaban involucrados ex-cuadros de partidos de izquierda y obreros sin militancia partidaria. (Nota al pie de Columna Negra en traducción de Stranger Defeat: The Chilean Revolution. PointBlack! 1973)

[6] Revista Punto Final Nº 90, octubre de 1969

[7] El capital internacional replica la lucha de clases a escala mundial, extrae de los países marginales el capital necesario para reproducir los privilegios de los países “primermundistas”. De esta forma, no es difícil hacer pasar por “revolucionaria” las tentativas de nacionalizar los recursos, y de la “gestión obrera” del poder (aunque sea vía representantes burgueses). Sin contar, los deseos de las burguesías locales pertenecientes a estos países, de empoderarse realmente y hacer hegemonía completa sobre la sociedad, no importa que esto sea distribuyendo la economía de forma “paternalista” o derechamente “liberalista”.

[8] Grandes empresas de extracción mineral que representaban la “colonización” del capital imperialista.

[9] El MIR y el MCR, a pesar de su impronta revolucionaria estuvieron siempre acordes a actuar en función de las exigencias burocráticas de la UP. “Si el MIR no logro ser la vanguardia del proletariado chileno, no fue por no ser lo suficientemente vanguardia, sino porque su estrategia fue resistida por aquellos a quienes trato de manipular”. Extraña Derrota Pointblack!

[10]Duque y Pastrana “La movilización reivindicativa urbana de los sectores populares en Chile” 1972

[11] Boris Cofre “El Movimiento poblador en el gran Santiago”

[12] Punto Final N°189

[13] Hay actitudes que rompieron abiertamente con la cotidianidad capitalista; los obreros de la planta textil SUMAR en el contexto del paro nacional de la patronal de octubre del 72, comenzaron a producir ropa y víveres textiles para entregar a los pobladores aledaños a la fábrica. Con actitudes sencillas como esa, los obreros intrínsecamente estaban subvirtiendo la ley del valor y reapropiándose de su actividad diaria. Estas actitudes no son particulares ni azarosas, pues responden a una vida comunitaria real que venían forjando los obreros y pobladores del sector, a través de diversas actividades como bibliotecas populares y comedores comunes. (Ver testimonios en documentales “Ellos lucharon” y “Más fuerte que la metralla”)

[14] El Cordón Industrial de cerrillos llego a constituir un comité militar de autodefensa, siendo uno de los pocos lugares en constituir un foco de resistencia para el golpe militar.

[15]La planta textil SUMAR cercana a la población La Legua , como lo expresa Helios Prieto en “Chile: Los Gorilas estaban entre nosotros” fue uno de los focos más serios de resistencia. Durante cuatro días los militares no pudieron entrar en ella porque cada intento era duramente resistido. Un ómnibus de carabineros y dos tanquetas fueron destruidos por los combatientes; las mujeres y los niños arrojaban agua ardiente a los carabineros, mientras los obreros resistían con las pocas armas de fuego que pudieron rescatar. Pero la confianza ciega en los partidos y su organización, provocó una reacción tambaleante, de repliegue, léase textual “Toda las instrucciones eran que permaneciéramos en las fabricas y atentos, que en algún momento nos iban a entregar las armas para defender el gobierno de la unidad popular” (Cordones Industriales, Sandra Castillo)

[16] En Octubre de 1972 el congreso promovió la Ley de Tenencia responsable de Armas, que restringió su uso exclusivo a las fuerza armadas, proyecto que fue firmado por Salvador Allende.

[17] Ibid, Pag 70

[18] Helios, Prieto “Los gorilas estaban entre nosotros” Pag. 84

[Documental] Autonomía Obrera

Autonomía obrera en la Barcelona de los años sesenta es un documental de 72 minutos aparecido en 2012, con dirección de Oriol Murcia (1976), montador y guionista que ya había dirigido Free.doc, y apoyado en la tesis doctoral de Fernando Paniagua (1979), historiador que firma como documentalista.

Aunque figuraba en la web autonomiaobrera.net, este reseñista reconoce que llegó al documental buscando conocer más la figura de Manuel Murcia (1942-1982), personaje destacado del movimiento obrero autónomo en la zona de Barcelona y el Besòs. Quien, como nosotros, ya haya leído libros clave en este tema como El MIL, una historia política (de Sergi Rosés) o Luchas autónomas en los años setenta (VVAA) encontrará un mayor acercamiento a la autonomía obrera. «Mayor acercamiento» por dos motivos: el primero es que, como insinúa la repetición del apellido Murcia, Setenta y dos horas es la historia de Manuel reconstruida por su hijo Oriol -que apenas le conoció-, al igual que la de José Antonio Díaz Valcárcel (1932-1985). El segundo es que esto permite, igual que otros documentales se centran en el conflicto de Vitoria en 1975-76 o en la autonomía obrera en general, centrarse en la experiencia de fábricas míticas de Barcelona como La maquinista y el núcleo de trabajadores que pasaron del cristianismo proletario a las Comisiones Obreras y de ahí a constituir los Grupos Obreros Autónomos.

Quien no haya leído libros como esos ni visto documentales que traten el tema, encontrará una historia que probablemente le resulte desconocida, pero fácil de ver. Con ese acercamiento personal, que no nos parece que llegue a ser ñoño, la película entra de manera amena y nos cuenta una historia real. Una historia que nos habla de ética, de las grietas del franquismo, de la sociabilidad entre trabajadores y de tantas cosas que son parte de lo más digno de nuestra clase.

Propuesta para una praxis revolucionaria

NOTA DEL BLOG: Reproducimos este panfleto entregado hace unos años en la romería hacia el cementerio general en el marco de una nueva conmemoración del golpe de estado de 1973. Su contenido en términos generales expresa nuestras posturas ante la actualidad de la lucha de clases y el necesario desarrollo teórico del que adolecen los movimientos sociales. Pero ante todo, no queremos cristalizar un programa revolucionario sobre el “quehacer”, sino entregar mas herramientas para dilucidar nuestra practica como proletarios. 

 

El siguiente texto, es un trabajo colectivo, que nace de la discusión teórica entre compañeras y compañeros, que luchamos a diario para fortalecernos como sujetos revolucionarios. Tomamos conciencia y en la lucha hemos avanzado y seguiremos avanzando. Creemos que es necesario compartir estas reflexiones que pretenden ser una herramienta teórica alternativa que ayude a constituir la práctica revolucionaria. Se las entregamos para que la sometan a la crítica, teórica y prácticamente. Creemos que otro mundo es posible pero solo en la medida que dejemos de ser masa, y nos volvamos sujetos autónomos conscientes, creativos y activos, que nos articulemos, que ejecutemos, que nos atrevamos, que nos equivoquemos, aprendamos y sigamos avanzando, podremos cambiar el orden existente. Lo importante es tomar posiciones, decidirse, caminar en serio, la revolución no es un juego, y necesita de todos y todas, necesita práctica y teoría, ninguna más importante que la otra, ambas deben ir de la mano e ir marchando juntas y dialécticamente.

La cosa va enserio, y por lo tanto debemos ser conscientes de los riesgos y el trabajo que implica tomar la decisión de vivir un camino de lucha. La revolución requiere voluntad y esfuerzo de aquellxs que decidimos tomar posiciones, es imprescindible sacar de nuestras mentes fantasías simplistas que nos llevan a creer que solo el placer y la satisfacción moverán cada una de nuestras acciones. Habrá momentos de cansancio y agotamiento, de desidia, pero otros sin duda de mucha satisfacción. No será fácil, el esfuerzo debe existir si queremos dar golpes certeros que nos encaminen a la victoria.

Es por la seriedad de las palabras que están leyendo que creemos necesario hacerles llegar este texto, que es una apuesta por la construcción teórica colectiva. Es imprescindible que se difunda, que circule que corra, pues creemos que hoy más que nunca estamos carentes de teoría. Los movimientos sociales son una masa uniforme que no cuestiona, hay instinto pero no critica, no hay trabajo teórico ni contenido político, y se vuelven una imagen, un espectáculo, una válvula de escape que deja de tensionar y se estira, un embudo y una salida fácil para mantener vigente el sistema.  Es por esto que creemos que es necesario revisar la teoría y la práctica de “viejos” revolucionarios, para reinventarlas  y contextualizarlas,  reconociendo que en esta modernidad tardía  o  capitalismo tardío   ningún paradigma  teórico ni mucho menos ideológico nos ofrecerá una buena lectura del momento histórico del que somos parte, ni el marxismo, ni el anarquismo, ni en su versión situacionista,  pueden satisfacer hoy las explicaciones teóricas necesarias para comprender el estado actual de las cosas .

 Este texto entonces,  es una invitación  a la reflexión a la crítica y  a la práctica,  y una propuesta teórica del quehacer revolucionario. Hoy más que nunca es necesario e imprescindible un cambio de estas proporciones, un mundo que se agota ante la industrialización y la violencia del capitalismo, donde las personas somos arrastradas a la condición de objetos  y nuestra libertad vive encerrada en una pantalla, en un espectáculo. De este modo el siguiente texto pretende contextualizar conceptos teóricos tomados de luchas de antaño, para revitalizarlos y construir una herramienta teórica que nos permita acceder desde una perspectiva autónoma a la crítica y a la propuesta.  Aclaramos que no somos marxistas, no somos anarquistas, utilizamos la teoría de Marx y las ideas anarquistas como herramientas de lucha que nos permiten comprender la sociedad, criticarla y transformarla en la acción y en la palabra. Somos parte de la lucha que emprendieron los primeros seres humanos que se rebelaron contra la explotación y la esclavitud, por lo tanto herederos históricos de sus luchas, nos hacemos cargo de sus  errores para transformar constantemente nuestra teoría-práctica, estamos  conscientes de su entrega,  aciertos y desaciertos, y nos hacemos  parte de ese camino que  aquellas mujeres y hombres tuvieron la valentía mostrarnos, somos sus continuadores, somos historia, somos presente y futuro, somos revolucionarios.

11 de Septiembre 2013

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[Panfleto] Evasión ! Evasión ! Evasión !

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Para una justificación de la evasión al transporte publico

“El papel de una publicación revolucionaria es no sólo darles la razón a los insurgentes, sino contribuir a darles sus razones, explicar teóricamente la verdad cuya búsqueda expresa esa acción práctica.” G. Debord 

La evasión del transporte público se ha vuelto una práctica cada vez más común entre los proletarios que se trasladan por la ciudad. Este hecho examinado en su raíz, revela como los usuarios-en su mayoría asalariados, estudiantes, desempleados u marginales-rechazan intuitivamente la lógica del modelo social que les han impuesto. Realizando -sépanlo o no-un sabotaje  a la reproducción de la economía y a la circulación del monótono andar de las mercancías humanas. Cada acto de evasión contiene un germen del antagonismo de clase, pues en él se ejerce una protesta espontanea contra la desposesión del tiempo, representado en el trabajo asalariado y las relaciones mercantiles.

Si entendemos que el trabajo es la piedra angular del sistema capitalista, modelo de producción que en su etapa actual, es la herencia de cientos de años de dominación y sustracción de energía ajena. Donde los explotados pasan la mayor parte de sus vidas realizando labores ajenas a sus intereses personales; desde que suena el despertador, subiendo al metro o al microbús, y llegando  a sus lugares de trabajo, los proletarios solo realizan los deberes impuestos por la rutina de la amarga realidad capitalista. Así las cosas, la evasión del pago en el transporte público representa una muestra clara de resistencia a la lógica que impone el mercado y el poder. La evasión, es la expropiación momentánea de un instante de nuestras vidas.

Desde la institucionalidad y los medios, este fenómeno puede ser edulcorado a gusto-según el matiz político-por las distintas formas de gestionar la infamia que los representantes de la miseria nos pueden ofrecer; desde apelar al mal funcionamiento del servicio y criticar a los empresarios, hasta enjuiciar a los proletarios por su deshonesto actuar y hacerlos culpables de la miseria en la que se encuentran. Como olvidar aquel afiche donde aparecía un trabajador con la cabeza en alto y la frase “Gano el sueldo mínimo, pero llego con la conciencia limpia a fin de mes”, verdadera apología a la miseria proletaria. Pero esta rubrica, es mucho más que un llamado a la “honestidad” de la gente, la fusión intima entre Estado/Capital, es mucho mas explicita que eso.

Existen negocios definidos legal y reglamentariamente, donde al Estado le cabe financiar parte del funcionamiento de empresas privadas, y como parte esencial del negocio está el que tanto el sector privado como el estatal dediquen buena parte de sus guardias (fiscalizadores y policías) y actividad represiva (donde incluso participa una empresa privada de abogados: Alto S.A., que también presenta querellas en todos los hurtos en multitiendas y supermercados) a acosar a los proletarios para que paguen su tarifa, y así ha de funcionar exitosamente el sistema de transporte.

Este mecanismo que no es mas que la alianza defensiva y ofensiva pactada entre el poder de la economía y el del Estado, que les ha asegurado a ambos los mayores beneficios en todos los terrenos, cumpliendo una función general a favor de la valorización misma: poner en circulación la masa de mercancías humanas para que hagan lo suyo en el marco del sistema de compra-venta de fuerza de trabajo.

Para los explotados, que vivimos todos los días en esta rutina aparentemente eterna y pacífica, no nos faltará astucia al momento de sabotear sus métodos de control y disciplinamiento. Porque en cada resquicio, cada oportunidad, será un placer arrancarle un poco de nuestro tiempo a sus vampirescas formas de producción.

En tiempos donde se habla de la desaparición de los antagonismos pasados como forma de encubrir la reorganización activa del proletariado, nada mejor que una pizca de espontaneidad proletaria para demostrar que el movimiento  real por la comunidad se mantiene activo y en constante tensión contra el andamiaje capitalista. Y es que nuestra clase existe, aunque los modernos “revolucionarios” no lo quieren ver: expresándonos en momentos revolucionarios o en momentos de derrota como los actuales, dentro de nuestras posibilidades históricas actuales nos encontramos rechazando por la práctica lo que nos roba la vida y es allí donde también vamos tomando conciencia para cambiar las cosas.

Por la expansión del sabotaje, la solidaridad proletaria y la lucha entre clases.

¡¡¡ TRABAJADORES DEL MUNDO, DEJAD DE SERLO !!!