Castoriadis; Historia e Institución de la sociedad

“Si no hubiese azar, la historia seria magia.” Karl Marx 

Cornelius Castoriadis (1922-1997) fue un fecundo pensador y revolucionario nacido en Grecia, defensor y rescatista de los últimos reductos revolucionarios de la teoría marxiana de mediados de siglo XX, la cual a partir de la II Internacional y con mayor agudeza desde la revolución bolchevique fue sucesivamente dinamitada por los embates de la social democracia y el leninismo. Castoriadis fue fundador y participante activo de la revista Socialismo o Barbarie, en la cual se expresaban tendencias tales como el trotskismo, consejismo y una considerable gama de “marxismos críticos”. Pone como eje central de su análisis la “autonomía”, como algo deseable tanto para el individuo como para la sociedad, puesto que es darse a sí mismo reflexivamente sus propias leyes de existencia y de decidir su forma de ser, capaz de modificar leyes que determinan su propia existencia si es necesario.

También de manera lucida va a reflexionar en torno a la sociedad, orientando sus críticas hacia la heteronomía social (ausencia de autonomía de la voluntad, que se rige por un poder o una ley externos), indicando que las sociedades son autónomas pero tienden a justificarse en orígenes externos como los dioses, la naturaleza, los mitos, la tradición, las leyes y la objetividad. Sin embargo la sociedad oculta a sus miembros su carácter auto instituyente, aparece como algo dado y determinado, sin que estos puedan decidir ni cuestionarse unas normas que aparentemente no tienen su origen de ser en la sociedad. Para Castoriadis, no existe ningún tipo de trascendencia en lo social, es el propio ser humano el que instituye la sociedad por lo que él mismo puede activar un nuevo proceso instituyente.

Sintéticamente podríamos hablar de un anti trascendentalismo en lo filosófico, un antiesencialismo en lo ontológico, y un anti determinismo en lo teórico.

Segun Cornelius, esta sociedad y cualquiera, es una creación incesante y esencialmente indeterminada de figuras, formas e imágenes que se instituyen socialmente y se reproducen a sí mismas. Por lo tanto, las ideas que surjan de cada sociedad son producto del desarrollo histórico particular de cada una de estas, y en ningún caso estos comportamientos son extrapolables a un esencialismo humano que reporte algún tipo de conducta original. En este escenario, la posición central de las “relaciones de producción” en la vida social de esta sociedad es una fundación de la burguesía y un elemento de “su” institución histórica y social. Por ende no es posible hablar de un modelo de determinaciones valido para cualquier sociedad. Por lo que se vuelve infructífero hablar de un determinismo económico, y aun mas, no podemos hablar de sustancias separadas y fijas que actúen las unas sobre las otras en la historia, porque precisamente esta forma de proceder le corresponde a nuestra forma burguesa de ver la historia; la separación. Por tanto, hablar de economía, política, arte y cualquier esfera de la vida como forma separada de la vida social en general, es una representación de la institución social de ESTA sociedad y por lo tanto refleja el imaginario de quienes la crearon y de quienes la perpetuán. En este sentido la influencia de Castoriadis es irreprochable, puesto que coloca la critica a la heteronomía que gobierna nuestras sociedades como una crítica fundamental de la modernidad. Critica que autores como Guy Debord y Michael Foucault utilizan de base en su elaboración teórica.

Al final de su etapa en “Socialismo o Barbarie”, decide abandonar su actividad militante para “repensar en profundidad el proyecto revolucionario”.

Es ahí donde llega a una profunda critica al marxismo, tanto en su esencialismo (naturaleza humana inalterable) como en su determinismo teórico (economicismo) ya que para Castoriadis resulta inaceptable una doctrina que niega la posibilidad de pensar la historia como campo de creación. «Habiendo partido del marxismo revolucionario, hemos llegado al punto en el que había que elegir entre seguir siendo marxistas o seguir siendo revolucionarios; entre la fidelidad a una doctrina, que ya no anima desde hace mucho tiempo ni una reflexión ni una acción, y la fidelidad al proyecto de una transformación radical de la sociedad…» [1]

En este sentido cabe una crítica clara al marxismo como ideología que ha pretendido hegemonizar el espectro revolucionario con la idea de lo económico como motor de toda fuerza revolucionaria, haciendo creer a muchas generaciones de militantes que ha través del desarrollo de las fuerzas de producción se conseguiría el socialismo, lo que en todos los casos condujo a nada más que una recomposición aun más profunda del sistema, el surgimiento de la burocracia y la creación de un capitalismo de estado que cumplió el rol durante todo el siglo pasado y aun en nuestros días del “gran antagonista al capital”, humo y mas humo que a todas luces solo puede encontrar afirmación en la realidad a través del espectáculo mismo que le otorga validez en tanto neutraliza las actitudes y movimientos reales de negación capitalista y superación de las condiciones históricas.

En este sentido, Castoriadis afirma que fue el determinismo económico lo que llevo a la teoría de Marx a una deriva totalitaria y con poca perspectiva revolucionaria, puesto que el materialismo histórico se ocupa de glorificar el desarrollo de las fuerzas de producción otorgándole a las superestructuras un papel pasivo que las transforma en meros apéndices de la estructura económica. Esta falta de altura filosófica, fue entre otras cosas, lo que condujo a todo una corriente a examinar mecánicamente la sociedad y a creer ciegamente en que la transformación de la sociedad se daría solo si se alcanzaba el aparato de Estado que es quien controla la economía, sin entender que las bases que constituyen al capitalismo son tanto materiales como espirituales. Las superestructuras no son inertes, son tan condicionantes como las bases materiales, por lo que se hace explicita la relación reciproca, la remisión circular ininterrumpida de los métodos de producción a la organización social y al contenido total de la cultura. Medios y fines deben ser coherentes con el proyecto revolucionario.

Pero retomando la cuestión de lo imaginario y su institución en la sociedad, Castoriadis va a decir que ya Marx había elucidado el tema de la institución social al plantear una paradoja de la que ni el mismo puede escapar. El “socio centrismo” concepto acuñado por Marx en el cual evidencia que toda expresión particular siempre será la expresión que refleje un momento histórico y social particular, y que cada época particular consigue evocar en las épocas que le preceden significaciones nuevas. Esta interpretación de la historia, nos lleva a entender la imposibilidad lógica de los determinismos, mas no nos impide poder medir ciertas causas que con el desarrollo de la técnica y el transcurso de la historia se nos es posible medir. Así y todo el desarrollo de los procesos históricos siempre va generando nuevas significaciones que van dando paso a creaciones sociales, estas son imposibles de medir pues representan el lado oscuro de la historia, todo aquello que nos es imposible prever. Y en este sentido encontramos las causas “no causales” como momentos esenciales del hecho social. Estas poseen dos niveles, “Imprevisibilidad de la acción” y “Comportamiento creador”. Por tanto podemos evidenciar un encadenamiento causal múltiple, creador de significaciones que parecen dar la idea de un “espíritu trascendente” como si todas esas causales estuviesen ligadas de forma predeterminada. Lo que observamos según Castoriadis, no sería más que la incoherencia de las causales entre sí en conjugación con las significaciones dadas por los miembros de la sociedad, haciendo que estas encuentren una suerte de “lógica interna”. Así podemos ver ejemplos como la creación de la maquina a vapor o el telar, centenares de burgueses orientados en la acumulación de capital, filósofos y físicos intentando analizar al mundo como una máquina, reyes intentando subordinar a los demás de forma cada vez mas catastrófica, todos hechos históricos aislados y otros no tanto que ahora tienen coherencia para nosotros, “el capitalismo”, pero que en su momento fueron parte de las causales y no causales del devenir histórico, que produjeron un cumulo de significaciones imaginarias hasta dar con una especie de entidad histórica que es el capitalismo.

Por tanto y según Castoriadis “no puede haber teoría acabada de la historia, y la idea de una racionalidad total de la historia es absurda. Pero la historia y la sociedad tampoco son ir-racionales en un sentido positivo. […] lo no racional y lo racional están constantemente cruzados en la realidad histórica y social y este cruce es precisamente la condición de la acción”[2]

Llegamos al punto en que, si lo real histórico no es íntegramente racional, y tampoco un caos irracional, debemos movernos por las estrías de la historia, moviéndonos entre sus líneas de fuerza, entre la acción creadora y lo dado. Por tanto la discusión sobre la realización de un proyecto revolucionario debe ser desalojada del campo metafísico. Esto implica evitar consideraciones como “la revolución es inevitable” o “la revolución es imposible”. Puesto que la discusión central y necesaria es la de gestar la POSIBILIDAD de transformar la sociedad en un sentido dado.

Si bien, cabe reconocer en su pensamiento el vislumbramiento de una posibilidad real de transformación radical a través de su análisis de la historia, también nos cabe su respectiva critica; cuando esboza ciertas líneas sobre su propuesta revolucionaria, se evidencia la tendencia del autor en pensar la Democracia como sistema organizativo aun presente en un futuro revolucionario , claro que bajo diversos adjetivos como “directa” o “real”. Para nosotros la Democracia no guarda ningún significado que haya que prevalecer, de hecho es la ideología que SUSTENTA el orden espectacular en toda su cotidianidad, por tanto creemos que perpetuar su existencia solo conllevaría transportar un dique para el movimiento revolucionario, un peso que la haría tambalear o hundirse en cualquier momento, la única acción que nos respecta en cuanto a la Democracia es su subversión consciente y clara en la organización comunitaria no separada ni delegativa de la vida, donde la acción no sea puesta en duda según la cuantificación de sus miembros, sino por la cualidad del sentido de esta. Pero para nosotros las ideas son más efectivas que las idealidades, por tanto, creemos necesario expresar que gran parte de lo expuesto por Castoriadis es una herramienta interesante, un llamado a la reflexión acerca de la real posibilidad de instituir un cambio radical en la sociedad, incluso que contemple su destrucción, para así abrirse realmente al vislumbramiento de una comunidad real.


 

[1] Castoriadis, Cornelius “La Institución Imaginaria de la Sociedad” Pag.26

[2] Castoriadis, Cornelius “La Institución Imaginaria de la Sociedad” Pág. 127

Para una comunicación entre proletarios

Apuntes para una comunidad en lucha

Para nosotros comunicar tiene que ver con poder transmitir emociones, mensajes, y hechos que experimentamos diariamente y que son parte de nuestra vida cotidiana. Tiene que ver con nuestra capacidad de traducir la insatisfacción con esta vida aburrida y miserable. Con poder romper ese aislamiento que nos mantiene impotentes, y descubrir que nuestras realidades son parte de un mismo tejido, de una misma clase.  El cuestionamiento en torno a la comunicación es crucial para ejercer una práctica viva como comunidad. El individualismo ha impactado nuestras relaciones sociales al punto de que nuestra comunicación ha sido suplantada por los medios masivos de comunicación, los celulares touch y las redes sociales de internet.  Ante esto, debemos recalcar que existe un mundo tras ese espectáculo de superficialidad y plástico, que es todo aquello que tenemos en común en nuestras realidades y que la televisión nos esconde.  Partiendo de esta base, una comunicación que apunte a la comunización de la vida debe partir por establecer los puntos de lucha que los proletarios poseen en común.

Cada día que pasa bajo la tediosa rutina por sobrevivir en este mundo capitalista nos hace encontrarnos ante la urgencia de poder visibilizar nuestros conflictos comunes, y de poder aunarlos en un UNICO conflicto social ; vemos a la tierra y sus recursos naturales saqueada por un sistema económico que extrae recursos a un ritmo cada vez mayor, producto de un progreso tecnológico orientado al dominio y a la ganancia de los ricos que no parará hasta que las consecuencias para nuestro entorno sean desastrosas. Nuestra tiempo y energía arrebatados por el trabajo que nos chupa cual vampiro el tiempo que podríamos dedicar al regocijo de nuestros hijos, al desarrollo de relaciones humanas autenticas, o simplemente al disfrute de nuestra creatividad. La educación de nuestros hijos orientada a la adaptación de un sistema que los transformará en futuros esclavos de esta mundo según su capacidad de pago. Nuestra capacidad de sobrevivir dependiendo de la taza de cesantía de la economía de turno. Nuestras pensiones vergonzosamente arrebatadas por empresas multinacionales que ganan dinero a costa de nuestro tiempo y sacrificio. Nuestros alimentos manipulados con químicos que nos envenenan poco a poco. Nuestra salud despojada de nuestros cuidados comunitarios y solidarios en manos de quienes se enriquecen con nuestro sufrimiento. Nuestra situación es indigna. Nuestra vida no nos pertenece, nos la robaron.

Nos parece imperioso enfatizar en que estos conflictos no son aislados, todos poseen una raíz común; la existencia del Estado/Capital[1]. Su existencia precisamente, crea la ilusión de que cada uno de estos conflictos son problemas reformables, corregibles y aislados, haciendo que su propia existencia nunca sea cuestionable. Esta ilusión es reforzada por los medios masivos de comunicación  (tv, internet, radios, y periódicos pertenecientes a grandes grupos económicos) que copando todos los espacios y haciendo de la comunicación un gran y repetitivo monologo[2] nos hacen parte de una comunidad ilusoria que responde a los intereses económicos de siempre, mas no a nuestras necesidades de vivir una vida en calma a nuestro ritmo, por nuestras capacidades y en armonía con nuestro entorno.

Sin temor a equivocarnos podemos decir que todos nosotros compartimos la insatisfacción de no ser dueños de nuestro tiempo y energía, vender nuestra fuerza de trabajo a otros es la forma generalizada de sobrevivencia entre nosotros, todos vendemos nuestro tiempo para sobrevivir.  Todos somos proletari@s[3].  Estamos de una manera u otra inmersos en el mismo ciclo de trabajo-descanso,  sin parar de producir, viendo pasar nuestra vida sin poder hacer nada y tristemente en muchos casos, sin cuestionarnos nada.  Saciamos nuestra necesidad de vida, nuestro vacío existencial consumiendo mercancías desechables que nunca nos dejan a gusto por completo. Esperando cada viernes para poder distraernos y evadir la asfixiante realidad de saber que nuestra vida le pertenece al mercado, que sólo somos una estadística mas dentro de los fríos números de la economía.

Compartimos un territorio. Vivimos en un espacio común el cual compartimos diariamente, donde nos miramos, transitamos de la casa al trabajo y del trabajo a la casa la mayor parte del tiempo. Pero del cual no somos participes porque estamos en permanente estado de alerta ante el incesante discurso de peligro difundido por los noticieros. Terminamos por encerrarnos en nuestros hogares, temiendo al vecino y pidiendo mas policías en las calles.  El espacio de las calles dejo de ser un lugar de encuentro y comunicación, para  convertirse en un lugar de tránsito, de mera circulación. Si nos detenemos es porque hemos llegado a destino, estamos frente a una vitrina que resguarda las mercancías o ante la orden de un semáforo. Si fortuitamente irrumpe el diálogo, lo más probable es que sea en el lenguaje dominante: insultos entre automovilistas o la opinión no solicitada sobre alguna parte del cuerpo de un transeúnte, generalmente femenino. Vivir cerca de otros no forma comunidad, a menos que exista una relación directa que nos vincule. Tenemos contacto con nuestros vecinos diariamente, pero casi siempre es a través del mercado, intercambiamos saludos cuando vamos al boliche de toda la vida, pero solo en tanto que realizamos un intercambio monetario. La relación solo ocurre como una nota al pie del intercambio. Pero estamos conscientes de que nuestra necesidad de comunidad sigue allí, la soledad a la que el individualismo nos empuja es solo apaciguada por la capacidad del mercado de generar comunidades ficticias en cualquier cosa que sea un nicho de rentabilidad. Como el capital no puede crear comunidades reales, crea imaginarias.

Es por esta necesidad urgente de comunidad y de vida, que creemos necesario ejercer una crítica radical de los medios de comunicación masivos. Primero que todo porque consideramos que no existe una comunicación igualitaria entre medios de comunicación y espectadores, sino un incesante monologo, un discurso dominante  acerca de nuestra realidad que diluye nuestra experiencia mas próxima y que nos impone el rol de “espectadores pasivos” ante la infamia de vida que llevamos. Solo entre nosotros que vivimos la inclemencia de la vida proletaria somos capaces de comunicarnos de manera honesta, porque como dijimos, compartimos la misma realidad y nuestra comunicación será siempre el reflejo de una intención por hacernos protagonistas de nuestra vida, por formar una comunidad humana de seres empoderados y resueltos a dejar de lado una vida de servidumbre.

La comunicación que nos devuelve a ratos esta comunidad en lucha, la vemos expresada en diferentes dimensiones. Una olla común tiene como mensaje la solidaridad y el volver a sentirnos hermanados en un espacio común. Un boletín de circulación permanente es una muestra de comunicación entre proletarios, así como un corte de calle o una protesta es una expresión de rabia que expresa a los demás proletarios una forma violenta de sabotaje al orden dominante cortando la circulación de mercancías. Un huerto urbano es una demostración de que es posible recuperar nuestra autonomía, recuperando el conocimiento sobre los ciclos de la tierra y la vida. Un foro/debate es un espacio de comunión para resolver y tensionar con respecto a problemáticas de la lucha y el mundo que nos oprime. En definitiva, comunicación proletaria también son las acciones cotidianas que irrumpen en medio del desierto capitalista, alimentando las fuerzas de una comunidad en lucha que es parte de la clase proletaria y que necesita de un sustento practico y teórico.

Ante la miseria del trabajo, creemos que debemos  retomar nuestra vida con acciones que nos devuelvan nuestra comunidad despojada por el capitalismo. Es nuestra acción directa mas próxima para comenzar a recuperar nuestras vidas formando relaciones  en resistencia y lucha decidida contra el capitalismo. Constituirnos como comunidad en lucha es un paso necesario. Pero este proceso no es algo que surja solo de la voluntad de unos cuantos, debe ser fruto de relaciones forjadas en el seno de espacios comunes que como vecinos y pobladores seamos capaces de levantar, con una comunicación horizontal, honesta y a partir de la vida misma. Sin jefes, ni lideres, ni grupos vanguardistas que pretendan hegemonizar nuestra  actividad.

La verdadera comunidad humana solo surgirá del deseo de los proletarios por romper con esta realidad capitalista, pero esto solo será posible en tanto que seamos capaces de darnos a nosotros mismos la confianza de que podemos levantar una vida desde nuestras propias fuerzas. Re apropiarnos de nuestra vida significa también volver a creer en nosotros mismos y en nuestros vínculos, la soledad no es una alternativa. Por la comunización de la vida.


[1] Aludimos al Estado/Capital como un concepto igualado puesto que consideramos al Estado y al Capitalismo como formas opresoras que operan de manera conjunta y recíprocamente inseparables. Ambos necesariamente forman parte de un mismo núcleo de dominación de la vida que es imperante destruir en su conjunto.

[2] Entendemos al discurso del poder como una “monologo” haciendo nuestras las reflexiones de Guy Debord en “La sociedad del espectáculo”, donde “El espectáculo es el discurso ininterrumpido que el orden presente mantiene consigo mismo, su monólogo elogioso. Es el autorretrato del poder en la época de su gestión totalitaria de las condiciones de existencia”

[3] Entendemos por “Proletariado” aquella clase social que se encuentra desposeída de las herramientas para poder organizar su vida como mejor le parezca, puesto que carece de los medios de producción para poder vivir de forma autónoma.

Primero de Mayo, ¡Contra el trabajo asalariado !

El día del trabajador recuerda a los mártires de Chicago. Trabajadores que en 1886, durante la llamada revuelta de Haymarket,  fueron parte de la lucha por arrebatar unas horas de libertad al capitalismo, siendo vilmente asesinados por el Estado en la horca, el 11 de noviembre de 1887, por encarnar una  expresión clara del antagonismo de clase que se palpitaba en los tiempos de efervescencia en el transcurso de la llamada “cuestión social”.

Al día de hoy, podemos ver al Estado/Capital y sus medios de producción cultural modificando y resignificando este acontecimiento a través de la historia como un día de “festejo”, invirtiendo su significado y absorbiendo su potencial subversivo, para mantener la ilusión ideológica de que esta realidad la escogimos entre todos, como cual firma un contrato, repitiéndose incesantemente el mismo monologo normalizador de sumisión al trabajo.

Simultáneamente, en círculos mas “politizados”, se habla de este día como un día de “reivindicación de la lucha laboral”, legitimando la enajenación[1] de luchar fragmentadamente  por ajustes parciales del modelo capitalista, olvidando la critica unitaria y global del engranaje de dominio del Estado/Capital, que ya fue enunciada por los revolucionarios pasados a mediados del siglo XIX. Lo que propicia un reciclaje de la condición histórica “obrerista”, visión nostálgica que promovió la exaltación del rol del trabajador en el engranaje capitalista. Abandonando la premisa de que , para superar al capitalismo, hay que suprimir las clases sociales y, por ende, el rol de trabajador y explotador.

Es por esto que quisiéramos hacer hincapié  en mantener viva la critica categórica del trabajo asalariado como piedra angular del sistema, puesto que es el reflejo evidente de la separación histórica que el capitalismo produjo en la comunidad, privando a sus miembros de darse a sí mismos las condiciones necesarias para vivir, transformando en mercancía[2] cualquier aspecto básico de la vida, como la tierra, la actividad humana, y el tiempo.

La crítica radical del trabajo pasa por entender que el proletario “es cualquier persona que no tiene ninguna posibilidad de modificar el espacio-tiempo social que la sociedad le obliga a consumir.” (IS, #8, 1963) Entendiendo esto, la crítica radical del trabajo debe suponer la supresión del rol proletario en miras de una emancipación social autentica, puesto que la transformación radical de la sociedad debe, necesariamente, pasar por suprimir la lógica de producción capitalista, donde observamos la dualidad trabajador/explotador, y, a su vez, subvertir las prácticas autoritarias e individualistas de la vida cotidiana, reemplazándolas por valores antagónicos que representen en la practica la superación y el vislumbramiento de la emancipación social.

De esta manera, entendemos  que la praxis del proletariado debe ser autónoma, ajena a vanguardias y dirigentes que busquen conducir la tensión política a esferas especializadas (burocracias sindicales, partidos políticos, asistencialismo estatal). Pues, un sujeto que establezca relaciones de dependencia, aunque las justifique por buscar de esa manera su liberación, deja de serlo para convertirse en objeto: pierde su autonomía y el impulso emancipatorio resulta frustrado. Es por esto que reivindicamos valores precisos que guardan relación directa con el potencial creador que tenemos como proletarios ante la moral burguesa, así es como la lucha contra el trabajo asalariado, es también la reivindicación teórico/práctica de la horizontalidad, la solidaridad y la autonomía en la comunidad.

Aún creemos que existe en este día un espacio de antagonía clara, un lugar  para la memoria de quienes fueron la expresión rotunda del proletariado buscando suprimir su propia condición. Un llamado a la subversión de la vida, a la protesta cotidiana por la recuperación de nuestro espacio y tiempo, la posibilidad cierta de reapropiarnos de nuestras condiciones de existencia.

Adolf Fischer, George Engel, Albert Parsons, y August Spies, la memoria de los explotadxs no olvida a sus caidxs. A 130 años de la revuelta de Haymarket, nada ha terminado, todo está por empezar. Trabajadores del mundo ¡dejad de serlo!

[1] La “enajenación” o “alienación” alude a la desconexión del ser con su entorno y consigo mismo, producida por una idea o estado que lo mantiene ajeno a su conciencia. Por ejemplo, el trabajo y los productos de nuestro trabajo nos dominan, en vez de lo contrario. En vez de ser un lugar en donde realicemos nuestro potencial, el lugar de trabajo es meramente un lugar al que nos vemos obligados a ir para obtener dinero para consumir las cosas que “necesitamos” en la vida moderna..

[2] Con “mercancía” nos referimos a cualquier objeto o bien producido en la sociedad capitalista dotado de valor de uso y valor de cambio. Marx la define como la “célula económica de la sociedad burguesa”.

 

Carta abierta a los trabajadores en Chiloe

Hermanos y Hermanas:

Hemos podido ver cómo han salido a defender el mar y la tierra que los acompaña en su diario vivir, sabemos que ustedes tienen una conexión mucho más profunda con su ambiente que nosotros que vivimos en la urbe, y por eso miramos con admiración cómo han conseguido una organización total de sus comunidades, paralizando por completo la isla, plantando cara a las fuerzas represoras que pretenden volver a instaurar el orden del capitalismo.

Quisiéramos poder estar allá y acompañarlos en su lucha, en los cortes de ruta, en las ollas comunes, pero sabemos que el combate contra el capitalismo debe darse de manera global. Es por esto que quisiéramos contarles nuestra experiencia con respecto a nuestras luchas en la ciudad  y, al mismo tiempo, exponer nuestras ideas con respecto a su lucha. Porque sabemos que en cada movimiento que se rebela contra el poder, está el germen de una lucha mundial por recuperar una comunidad auténtica fuera de la competencia y la valorización mercantil.

Nuestra experiencia nos empuja primero que todo a comunicar, porque creemos que si de algo han adolecido nuestras revueltas y movimientos pasados ha sido de comunicación, de conseguir instaurar una línea comunicativa  entre proletarixs que sea capaz de relacionarse estratégicamente, para así de una vez por todas librarnos del yugo capitalista y burgués. Sabemos que nosotros, los proletarios del mundo, podemos levantar un mundo nuevo, lejos de la arrogancia de políticos profesionales y autoridades que solo administran el poder que les damos para vivir sus lujosas vidas. Por eso, consideramos vital compañeros y compañeras, que no le den espacio a los políticos profesionales dentro de sus comunidades, mantengan la horizontalidad y la auto organización como pilar y principio fundamental de su movimiento, esa siempre será una ventaja ante el poder, que los quiere sumisos y jerárquicamente ordenados para así cooptar su movimiento. Quizá la única premisa que podríamos entregarles es la de tener siempre en el centro de sus actividades la tarea de RETOMAR EL CONTROL DE NUESTRAS VIDAS. De lo contrario, la dispersión, la negociación mediada por burocracias, la canalización política del rechazo general al capitalismo, será la forma que encontrará el Estado para frenar las rupturas reales del conflicto.

Por otra parte, quisiéramos ser sinceros, sabemos que muchos de ustedes quisieran volver a la “normalidad” capitalista en unos días, quizá semanas… pero a la vez sabemos que un conflicto social expresado en demandas, evidencia también un cúmulo de contradicciones que se encontraban contenidas en el funcionamiento normal del sistema, por eso quisiéramos recalcar que estas circunstancias terribles que les ha tocado vivir, no son meras casualidades o irresponsabilidades del capitalismo, son la consecuencia lógica de un sistema voraz que precisa de la devastación para su existencia, la cual no se podrá contener ni reformar con políticas ambientales, puesto que yace en su raíz la dinámica de valorización, que convierte todo lo vivo en mercancía , inherente al capitalismo y a su clase despótica, la burguesía. Vivimos este proceso en carne propia en las revueltas estudiantiles del año 2001,2006 y 2011,  en las revueltas ambientales por Hidroaysen, o en cualquier otra instancia en donde se haya respondido ante la proliferación de la catástrofe del sistema, por lo que sabemos que este es solo otro capítulo de la explotación capitalista y que las reformas políticas son mero maquillaje.

Es fundamental que nosotros, los proletarios del mundo, nos unamos no bajo siglas, ni dirigentes, sino bajo principio éticos de acción que ustedes han sabido demostrar en la acción: solidaridad, auto organización, acción directa y horizontalidad. No necesitamos partidos políticos, ni ideologías salvadoras que nos digan qué hacer, no tenemos recetas mágicas. Es urgente reivindicar la consigna de nuestros hermanxs proletarios en argentina, y decir “¡Qué se vayan todxs!”, y es aún más urgente destruir las condiciones de las que provienen para que no vuelvan más. Así mismo, es indispensable reapropiarnos del programa revolucionario de nuestra clase, nuestras formas históricas e inmediatas de lucha. Programa que es una práctica histórica de clase y no una plataforma acordada entre cuatro paredes. Las posiciones revolucionarias del proletariado –el internacionalismo, la crítica del Estado y el Capital, el trabajo, el dinero, etc. – son claves en la extensión de la revuelta y el potenciamiento de las rupturas con el orden dominante. Es así que como clase vamos entrando con más fuerza en el terreno del antagonismo radical, como vamos clarificando los objetivos de nuestras acciones y podremos dar un salto cualitativo en nuestras vidas.

Para terminar, es importante saber ante qué estamos dando la batalla, y sobre todo el para qué, puesto que el capitalismo tiene muchas formas de camuflaje, ante esto, solo cabe recordarnos que la emancipación real de los trabajadores será obra de ellos mismos o no será. La necesidad de una vida emancipada de todo lo que nos oprime y destruye, está sujeta sólo a nuestras posibilidades autónomas de clase.

Hermanos; que su potencia negadora sea la yesca que prenda la hoguera de los proletarios en todo el territorio, que la lucha contra el Estado y el Capital se expanda como la peste. Nada ha terminado, todo está por empezar.

¡Vivan los proletarixs insumisxs de Chiloé! ¡Que en todas partes se alcen las comunidades en guerra contra el Estado y el Capital!.

Algunxs proletarixs por la comunización.