¿Utopía o Revolución? : razones y posibilidades para desatar el Tercer Asalto Proletario

En el momento en que la sociedad descubre que depende de la economía, la economía, de hecho, depende de ella. (Guy Debord, La sociedad del espectáculo)

 El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Dado el desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se transforma, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. (…) Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana.

 (Marx Prólogo a la Contribución a la Critica de la Economía Política 1859)

 

Vivimos años cruciales. Como nunca antes en la historia del Capitalismo encontramos tantas razones para  hacer la revolución, pero al mismo tiempo nunca antes la clase desposeída se ha encontrado tan alienada y carente de su propio sentido histórico como en las últimas décadas. En este texto, haremos un esfuerzo por dilucidar algunas de las razones y posibilidades que despliega la actual coyuntura histórica de la lucha de clases, queriendo contribuir a la agitación práctica que nos permita negar rotundamente esta sociedad cuando las condiciones históricas desaten el tercer asalto proletario mundial, siendo un golpe definitivo al Capitalismo y la sociedad de clases.

Partamos por las razones.

La desoladora deriva del ser humano sometido al ciclo de reproducción mercantil, es la razón principal con la que choca la humanidad para superar el capitalismo. El desencuentro con su propia actividad, su cosificación y la de su entorno, son el reflejo más cruel de la enajenación de su vida. La pérdida del control de su tiempo al someterse al intercambio mercantil, hace de la especie una extranjera de sí misma, la venta de su tiempo constituye una renuncia constante de su existencia en favor del dinero y su acumulación privada. Esta penuria histórica y cotidiana en la que estamos sometidos y educados no nos permite reconocer su inconciencia.  La autodestrucción de la especie humana y de la tierra es el espejo histórico coherente de la forma en que nos relacionamos. Para que esta alienación[1] de la vida  sea un hecho objetivo, es necesario que el trabajador este obligado a vender su fuerza de trabajo, y, para que este obligado, es necesario que carezca de medios de vida, que estos medios sean de otro. Estos procesos históricos fueron rastreados por Marx en su obra cumbre, El Capital, a saber; la apropiación privada de los medios de vida y la obligación de transformar nuestra actividad en mercancía.

Este proceso histórico de enajenación se instituye progresivamente con la primitiva apropiación privada de la producción y la desposesión de las tierras comunes[2]. Al escindirse la actividad humana entre productores y propietarios se suprime la vida en comunidad y en relación directa con la naturaleza, dando pie al surgimiento de las primeras sociedades de clase. Cercando y despojando las tierras comunes, los propietarios expropian de su uso, resultado, y excedente a los productores, sometiéndolos a sobrevivir mediante la enajenación de su tiempo (primero para grandes Emperadores o Reyes, luego para señores Feudales, hasta llegar al Estado y los empresarios modernos), o lo que es lo mismo, sobrevivir a través del Trabajo (esclavo, servil o asalariado) en tanto actividad específica de las sociedades de clase, diferenciada de la actividad humana viviente en general.

En el trabajo asalariado moderno,  los seres humanos son masivamente despojados de sus tierras comunes y obligados a vender su tiempo como trabajadores asalariados “libres”; libres de medios de subsistencia y libres de escoger quién y cómo los explotará. El esclavo deja de ser un instrumento de producción perteneciente a su amo, ahora el tiempo de trabajo pasa a ser una mercancía que se vende “libremente” al capitalista. La sociedad de clases se simplifica, quedando por un lado quienes no tienen nada más que su tiempo para vender: el proletariado y quienes poseen los medios de vida y obligan a otros a producir riqueza para ellos: los capitalistas. Acá, desde el punto de vista del proletariado, lo que se distingue de modos de explotación anteriores, es que el tiempo de vida alienado del asalariado no es amortizado directamente en bienes de subsistencia o protección (esclavismo, vasallaje), sino que se le devuelve mediante la forma de salario, el cual contiene nada más que la parte de valor incorporado indispensable para su subsistencia. El resto de tiempo trabajado, que es excedente producido por el trabajador, se lo embolsa el capitalista y se llama Plusvalor[3]; este proceso de acumulación es la base del modo de producción capitalista, piso material que es el motor donde comienza la amplificación necesaria para reproducir la economía. En otras palabras, del tiempo excedente de trabajo del proletariado se extrae la capacidad de generar Capital: valor convertido en plusvalor.

El eufemismo social llamado trabajo, encubre la esclavitud moderna al legitimarse socialmente a partir de la forma mercancía, pero más cabalmente a partir de que el trabajador llega a considerarse él mismo como mercancía. La embestidura tras el criterio de la igualdad mercantil, le permite al Capital ocultar la explotación sin remontarse a Dios, materializando el mito en un contrato social-mercantil que formula la condena de nuestro tiempo, la llamada Ley del valor[4]. Ésta expone el intercambio general “equivalente”, “justo” entre mercancías, pero que al mercantilizar el trabajo humano extrae de él un plusvalor que jamás le remunera, presentándose por economistas burgueses y socialdemócratas como relación fundacional de la sociedad, a la vez que “natural”.

Desde el punto de vista de la clase dominante, lo que se distingue de modos de producción anteriores es que antiguamente las sociedades de clase pre capitalistas se limitaban a apropiarse la producción y excedente del trabajo para el disfrute de la clase poseedora, en el capitalismo en cambio, el excedente no es consumido directamente por el burgués sino que es extraído para valorizar un ciclo de acumulación infinita que el capitalista gestiona, dirige y por medio del cual cobra sus ganancias. Esta ley del valor es quien regula la sociedad capitalista en su conjunto, determina todas las relaciones sociales; tanto de los productores como de los poseedores. De esta forma, al mercantilizar la explotación, la actividad productiva del ser humano  queda reducida a una peculiar mercancía llamada “fuerza de trabajo”   -única mercancía capaz de producir ese “plus valor”- que es transada y vendida al mejor postor, y por tanto, útil solo para quien la compra. Así, para el capitalista, su beneficio proviene de ser un funcionario del Capital, su dirigente, en tanto impone las necesidades de la ley del valor. Desde este punto de vista, el proceso de trabajo necesario para producir capital es solo un proceso entre cosas que el capitalista ha comprado y que le pertenecen; el proceso de consumo de la mercancía fuerza de trabajo y los instrumentos de producción.

Así las cosas, desde el triunfo de la burguesía hasta nuestro tiempo; el dinero ha destruido la antigua comunidad convirtiéndola en la comunidad del dinero.[5] No hemos hecho más que vivir para trabajar, y trabajar para sostener una valorización infinita y abstracta que mantiene a una cada vez más minoritaria clase poseedora. El proletariado entrega toda su vida a un proyecto social ajeno a las necesidades reales de la humanidad, donde se ha expropiado deliberadamente a la mayoría de los seres humanos no sólo de los medios de producción físicos sino de todo su conocimiento y razonamiento, así como de la tierra que habitan y las fuentes de vida natural de la que sobreviven. Lo decimos majaderamente, en el Capitalismo no importa la necesidad social que vayamos a suplir con el producto de nuestro esfuerzo, solo cuenta la rentabilidad del rol que desempeñemos. Así se explica que el valor del trabajo de un panadero, un albañil, o incluso un médico sean irrisorios si los contrastamos con el de un accionista, un futbolista, o un actor famoso o que se hable de “cambio climático” cuando todos sabemos que es la infinita sed de dinero lo que seca nuestros valles, derrite el hielo polar e incendia nuestros bosques. Lo que cuenta para esta sociedad no son nuestras necesidades ni la armonía con nuestra biósfera, sino el dinero y su capacidad de multiplicarse.  Un maestro de escuela, por ejemplo, es un trabajador productivo cuando, además de encuadrar las cabezas infantiles, se mata trabajando para enriquecer al empresario. Que este último haya invertido su capital en una fábrica de enseñanza en vez de hacerlo en una fábrica de embutidos, no altera en nada la relación.  La producción capitalista no sólo es producción de mercancía; es, en esencia, producción de plusvalor. El obrero no produce para sí, sino para el capital. Por tanto, ya no basta con que produzca en general. Tiene que producir plusvalor. Sólo es productivo el trabajador que produce plusvalor para el capitalista o que sirve para la autovalorización del capital.[6]

Tras el desarrollo industrial que provocó la explotación del trabajo asalariado en el siglo XIX  y la consiguiente crisis de valorización a principios del siglo XX, se produce una progresiva inclusión de los trabajadores en el proceso de consumo mercantil[7], donde nuevas formas de alienación vienen a añadirse a la alienación en su sentido estricto: a la alienación en la producción se añade la alienación por el consumo, a la alienación en el tiempo de trabajo se le añade la alienación en el “tiempo libre”. Esto se traduce en el desarrollo exponencial de la industria del espectáculo, publicidad, diversión, telecomunicaciones y el sector servicios, proyectando en el proletariado una imagen invertida de la realidad, que refleja los deseos del capital y la clase burguesa, dinamitando sus tejidos sociales y la conciencia de su realidad material. De esta forma, la totalidad de la existencia humana se identifica con el movimiento mercantil, internalizando una naturaleza cuantificable y consumible como la de cualquier mercancía; el tiempo es dinero como dice el dicho burgués. En el momento en que la mercancía ha alcanzado la ocupación total de la vida social, la relación con la mercancía no sólo es visible, sino que es lo único visible: el mundo que se ve es su mundo. El Capital extiende su dictadura extensiva e intensivamente. La vida deja de ser vivida y pasa a ser contemplada,  se asume inconscientemente la esclavitud asalariada a través del culto a una vida efímera, que no está en ningún sitio más que en la abstracta publicidad de las inmobiliarias, en la telenovela de turno o en el viaje soñado que realizaremos con las dos semanas anuales de “libertad” que llamamos vacaciones.

Como en la teoría de la zanahoria y el palo de Jeremy Bentham, donde toda acción humana es impulsada por la evitación del dolor y la consecución del placer, el triunfo de la vida mercantil se nos aparece como una organización totalitaria de la apariencia, que ha sustituido las antiguas relaciones sociales incubando una subjetividad pasiva y fetichista, siempre condescendiente a la valorización permanente del valor. No existe tiempo vivido fuera del ámbito de la producción mercantil, porque no existe más que el tiempo de producción mercantil generalizado. En este sentido, el consumo de mercancías, o la reproducción de nuestro día a día, se comprende solo como una etapa del proceso de circulación general del modo de producción capitalista. A este proceso, Jacques Camatte denomino “dominación real del capital” donde al proletariado no sólo le son expropiados su tiempo de vida y su capacidad mental, sino que el tiempo de la circulación ahora prevalece sobre el de la producción (…) El ciclo se cierra en una identidad: todo el tiempo de los hombres es tiempo socialmente necesario para la creación y circulación/realización de plusvalor. Todo puede ser medido por las agujas de un reloj[8].

Si antes de la dominación real del capital la lucha de clases se presentaba concretamente  en la conciencia del proletariado, actualmente, la yuxtaposición entre su vida cotidiana y la lógica  del intercambio mercantil, lo incorpora de lleno al proceso de circulación de mercancías,  la alienación total de su realidad hace de su propia existencia como sujeto parte indisoluble de la enajenación generalizada. Capital y Proletariado se despliegan como polos antagónicos pero interrelacionados de la dominación. La derrota del segundo asalto proletario proporciona un ejemplo vivo de esta etapa, donde el viejo movimiento obrero reivindicaba al proletariado en tanto fuerza de trabajo viviente, como un sujeto histórico positivo de la revolución. En nuestros tiempos, la apología al trabajo desde una trinchera “proletaria” tiene menos sentido que nunca, y solo difunde la debacle moral entre los trabajadores y su organización revolucionaria; conformismo, pasividad, competencia, exitismo y orden.

 

Resumiendo, en sus inicios, la clase capitalista propagó la pobreza material despojando seres humanos de su comunidad y territorio, instaurando una estricta supervivencia a costa de la imposición del trabajo. Actualmente, salvaguarda su dominio propagando el trabajo como  la única forma de sobrevivencia posible, ocultando sistemáticamente a los demás seres humanos  la posibilidad de vivir creativa y directamente en relación con la tierra y la comunidad. A expensas del proletariado -y a diferencia de lo que la ideología del progreso difunde- el desarrollo del Capital ha empobrecido la vida de todos los que sobrevivimos tras la alienación de nuestro tiempo. En otras palabras, hasta ahora, el Capitalismo ha disminuido las posibilidades de enfermedad  y de muerte entre los explotados, mientras que la muerte se ha instalado en la vida de cada uno como una enfermedad incurable.

Hoy en el tercer mundo, no se muere por la falta de alimentos, se muere gradualmente por consumir alimentos químicamente alterados. Hoy nuestra esperanza de vida es mayor que hace sesenta años, sin embargo la depresión, la angustia y el estrés de la vida laboral, la tornan cada vez más insufrible. Hoy no nos lamentamos por el analfabetismo generalizado, nos lamentamos por la falta de pensamiento crítico y la idiotización masiva de las pantallas inteligentes. Hoy no son problema los kilómetros de distancia si quieres comunicarte con otra persona, el problema es que nos comunicamos cada vez menos y peor. Antiguamente nadie necesitaba explicar cómo germina una semilla de tomates o se extrae el trigo, en la actualidad la relación con la tierra es tan alienada que cualquier niño imaginaría que  éstas crecen directamente del supermercado. Ante la crisis habitacional y la pobreza, nuestros abuelos organizaban tomas de terreno, construían sus casas y coordinaban ollas comunes, hoy los proletarios piden créditos hipotecarios, comen comida rápida y compiten con el vecino, a cuentas claro, de pagar toda una vida trabajando obediente y disciplinadamente.

Si antes se moría súbitamente por tifus, cólera o tuberculosis, la perdida repentina en “recursos humanos” era lo realmente negativo, paliando aquello, realmente no importa si mueres gradualmente de diabetes, hipertensión, o cáncer, con tal de que te mantengas comprando medicamentos que dinamicen la industria farmacéutica y por supuesto te conserves trabajando. Las relaciones sociales elementales para la vida humana, al convertirse en mercancías se pauperizan, se empobrecen, eso lo constataron intuitivamente los ludditas ingleses del siglo XIX, los obreros industriales del siglo XX y lo seguimos evidenciando hoy, los proletarios precarizados del siglo XXI. Al transformarse en mercancía, nuestra actividad pierde su cualidad humana, su sentido directo, deviniendo en cosa, en bienes o servicios cuya finalidad última no es su realización para el disfrute social, sino generar ganancias para el capitalista de turno. El Dinero es la medida de todo lo necesario para vivir,  y la única forma de tener dinero para los proletarios es trabajando, vendiendo su tiempo para que otros continúen acumulando Capital a nuestra costa. Eso es lo único que no ha cambiado entre 1871 y 2019. [9]

En todas partes, los ricos se están haciendo cada vez más ricos a toda velocidad. Los cien multimillonarios más ricos del mundo (de China, Rusia, India, México e Indonesia, tanto como de los centros tradicionales de riqueza de América del Norte y Europa) añadieron 240 millardos de dólares a sus arcas sólo en 2012 (suficiente, calcula Oxfam, para terminar con la pobreza mundial de un día para otro). En comparación, en el mejor de los casos, el bienestar de las masas se estanca, o más probablemente se degrada de manera acelerada o incluso catastrófica.[10]

Hoy en día se registra a nivel mundial más de 800 000 personas muertas por suicidio cada año (1 suicidio cada 40 segundos). La quema de combustibles fósiles necesaria para reproducir esta sociedad, añade actualmente casi seis mil millones de toneladas de CO2 a la atmósfera anualmente. Los océanos y los bosques sólo eliminan la mitad de este CO2. Por supuesto, se sigue avanzando en la depredación de los principales pulmones verdes del planeta, los mayores purificadores de CO2 que aún prevalecen en el mundo. A medida que el hielo ártico desaparece rápidamente, los científicos creen que el Ártico experimentará su primer verano sin hielo ya en el año 2040. Aun así, existen quienes están comenzando a comerciar botellas de “agua pura de hielo ártico”,  el calentamiento global también paga, y muy bien por lo demás. En verano, las olas de calor azotan las comunidades rurales del tercer mundo, cada vez más empobrecidas por la infertilidad de su tierra, hay sequía producto de la privatización del uso de ríos o lagos cercanos por alguna empresa hidroeléctrica, o el monocultivo de especies en los cerros que seca todas las napas subterráneas. En invierno los aluviones destrozan todo a su paso por la tala indiscriminada de bosques que naturalmente  protegían los asentamientos humanos. En Latinoamérica, la contaminación ambiental de todo tipo ha provocado que ciertos territorios sean denominados “zonas de sacrifico”, para así tener vía libre en su depredación, sin ningún reparo en el daño ambiental ni humano que generan, a condición de que sus habitantes cercanos sean proletarios,  obviamente.

En este escenario, presenciamos la derrota moral extendida entre nuestra clase, que no es producto de la aceptación pasiva y consciente del Capitalismo, sino que es la consecuencia de siglos de sangrienta esclavitud, traición y enajenación generalizada. La neurosis colectiva de la que somos parte al competir por nuestra supervivencia, junto a una compleja división del trabajo jerarquizada en pequeñas cuotas de poder, dotan al sistema de un gran ejercito de esclavos sedientos de ascenso social y validación personal. Nuestra clase expresa, como ninguna otra en la historia, las contradicciones sociales que la componen en su propio seno.

 

Sobre nuestras posibilidades

Cuándo se funde la lucha entre un proletariado que necesita transformar radicalmente su sobrevivencia, la crisis social que empuja a grandes masas proletarias fuera del mercado, y la destrucción del territorio, se abre la posibilidad cierta de instituir un mundo nuevo. Como señala Astarian, cuando la crisis estalla, el proletariado se subleva porque la no compra de su fuerza de trabajo le excluye de las relaciones sociales y de todo vínculo con la naturaleza. Al sublevarse, los proletarios despliegan una respuesta a la crisis que en sí constituye la matriz de todo lo posible, y que es el único lugar de donde puede surgir el comunismo.

Históricamente el desarrollo del capitalismo se ha caracterizado por tener que sobrellevar sus contradicciones internas, reinventándose ante sus sucesivas crisis de valorización. Esta predisposición,  marca una tendencia histórica intrínseca al capital, donde existen periodos en que la reproducción capitalista entra en riesgo por contradicciones internas a su funcionamiento -entendiendo la intensidad de la lucha de clases como variable inseparable de la propia dinámica del capital-, presentando cada cierto tiempo, periodos convulsos donde el proletariado pone en entredicho el proyecto capitalista.  Esto empuja al proletariado a analizar la crisis histórica más como una posibilidad que como una catástrofe, si lo que pretende es superar al Capitalismo. La crisis de nuestro tiempo posee, como todas las anteriores, la particularidad de su contexto histórico, lo que hace de su estudio un intento constante de actualización y análisis de los procesos anteriores. No para justificar la historia pasada y decir: habría que estar en sus zapatos, sino para saber lo que NO tenemos que hacer, y decir: no repetiremos los mismos errores.

El capitalismo se diferencia de otras sociedades de clase, en que no puede subsistir simplemente apropiándose de la producción social, necesita para su metabolismo aumentar progresivamente la producción de ganancia, necesita a la vez expandirlo, amplificarlo, o muere. Es por ello, que partió en Europa y hoy es global, que empieza en espacios específicos del modo de producción y termina por invadirlo y determinando todo, no coexiste, es totalitario. Su ambición expansionista es su principal característica y la proyecta irremediablemente sobre el modo de producción. La producción y reproducción de mercancías no tienen sentido en sí mismas, sino que son puestas en circulación solo para generar más dinero, y esto cuenta tanto para las mercancías vulgares como para la fuerza de trabajo. Esta condición expansiva en que la sociedad capitalista se reproduce la empuja inevitablemente hacia su propia contradicción. Hacia la crisis.

Por un lado, la tendencia histórica de la  tasa decreciente de ganancia, es una disposición intrínseca a la dinámica del Capital, donde las ganancias de la clase dominante evidencian un descenso tendencial en la tasa de beneficios, debido básicamente,  a la oposición entre la infinita necesidad de expandir el capital y la finitud de sus “recursos” humanos y naturales. La tasa de ganancia es la fuerza impulsora en la producción capitalista, y sólo se produce lo que se puede producir con ganancia y en la medida en que pueda producírselo con ganancia[11]. La valorización, como fuerza centrífuga en el modo de producción capitalista, se enfrenta constantemente a la finitud de los “recursos” naturales y humanos a explotar. Por ejemplo, respetar un tiempo de descanso promedio, es una característica finita de la fuerza de trabajo, posee limites biológicos. O tener que reorganizar la producción en función del calentamiento global, etc. Esas dos características son ejemplos sencillos del carácter finito de la apropiación capitalista, pero como sabemos, debido a su necesidad de expansión, el Capital se ve empujado constantemente a tensionar la frontera de lo “aguantable”, tanto en función de la materia prima “humana” como “natural”. La búsqueda inconmensurable del beneficio individual no se auto regula a sí misma como creen los economistas liberales,  solo cuando choca contra sus límites  es que se adapta a la situación. El capitalismo, no es una sociedad “organizada” en cuanto tal, sino la organización del plusvalor expropiado que se asienta en el enfrentamiento permanente de intereses privados, su motor es la competencia descarnada de todos contra todos.

Producto de la competencia inherente en el mercado  por acumular capital, el capitalista se ve empujado a reducir sus costes de producción, esto lo hace bien reduciendo los salarios por hora, aumentando la plusvalía absoluta[12], o bien invirtiendo en nuevas máquinas, para aumentar la plusvalía relativa[13] y por tanto la tasa de ganancia. Realizando la primera el capitalista siempre encontrará los límites necesarios de supervivencia del proletariado, que no puede pauperizar completamente porque es la carne transformadora del proceso de valorización en la producción. Supongamos entonces que el ataque directo a la jornada de trabajo no sea posible, la evolución tenderá a un desarrollo tecnológico permanente. En ese caso, la tasa de ganancia tiende a reducirse, ya que, al aumentar la composición orgánica del capital, es decir la inversión de maquinarias, materias primas, edificios, etc. (capital fijo) en relación a los salarios, fuerza de trabajo (capital variable) aumenta la masa del producto, o sea, se fabricará más unidades (aumento de la productividad) pero se ganará menos por ello -ya que dichas mercancías contienen menos valor agregado o trabajo humano, que recordemos, es la única mercancía capaz de producir valor-. Al mismo tiempo se llenan los stocks con mercancías que no pueden completar su ciclo de circulación, y comienza una espiral critica de devaluación mercantil: despidos generalizados, migraciones masivas, quiebran los pequeños empresarios, aumenta todo lo posible la duración del trabajo sin aumento de los salarios, etc.

Esta tensión en el desarrollo capitalista busca su salida temporal principalmente a partir de tres acciones:

  • Grandes revoluciones tecnológicas que incorpora para aumentar la productividad.
  • La industria de guerra que genera la destrucción de competidores y de capital (infraestructura), y en consecuencia la dinamización económica con la industria de reconstrucción.
  • La colonización o descubrimiento de nuevos mercados internos o externos de los que parasitar para seguir amplificando capital, huida hacia el capital crediticio, especulación generalizada, colonización de nuevos territorios.

Actualmente, a menos que se emprenda la colonización de nuevos planetas, el descubrimiento de nuevos mercados que explotar esta remitida a mercados internos, lo cual supone un límite importante para las necesidades de expansión capitalista. Como vimos, la contradicción entre la necesidad intrínseca de realizar una reproducción ampliada de capital (Dinero-Mercancía-Dinero) y la finitud de sus materias primas, genera como consecuencia principal e inmediata el ingreso de nuevas tecnologías y la automatización progresiva de la producción. Esto provoca una sobreproducción  que desvaloriza las mercancías al contener menos cantidad de trabajo humano. En esta situación, el mercado tiende en primera instancia a expulsar mercancías: esto es  expulsando trabajadores al trabajo precario, ilegal o derechamente el desempleo. Y en última instancia, destruir las mercancías excedentes para conseguir revalorizar el mercado: esto es la guerra material generalizada.  Nos dirán que este ciclo podría repetirse eternamente, pero no es así, los ciclos de crisis nunca son idénticos, puesto que cada vez se parte de una productividad mayor y el desgaste de la fuerza de trabajo y  la naturaleza también es mayor.

Otro aspecto medular de esta crisis radica en el carácter cada vez más social de la producción y el carácter cada vez más privado de la apropiación capitalista, donde tienden a contraerse de forma inmanente al desarrollo del Capital, las fuerzas productivas al interior del mismo.

La crisis capitalista no comporta solo un proceso económico objetivo, donde la clase dominante imagina constantemente fórmulas para seguir ganando dinero a costa de los trabajadores, sino que es una contradicción viva entre la producción humana y la apropiación privada; por un lado la apropiación privada necesita de la actividad humana para producir valor, por otro lado la empuja fuera de la circulación. Anteriormente vimos que el capitalista, ante la tasa decreciente de ganancia, históricamente tiene que echar mano al perfeccionamiento de sus medios de trabajo –con el consecuente aumento en la productividad- que le permite reducir el coste de la producción y así mantener la cuota de ganancia. Esta medida, es temporal, puesto que debido a la competencia prontamente esa incorporación tecnológica se socializará entre los capitalistas y estarán nuevamente ante los mismos problemas. La contradicción de este modo capitalista de producción consiste precisamente en su tendencia hacia el desarrollo absoluto de las fuerzas productivas, la cual entra permanentemente en conflicto con las condiciones específicas de producción dentro de las cuales se mueve el capital, y que son las únicas dentro de las cuales puede moverse[14]. El desarrollo constante de las fuerzas productivas empuja involuntariamente a los capitalistas a un aumento de la producción y a una disminución del consumo de fuerza de trabajo, esto evidencia como a lo largo de la historia del Capitalismo se socializa la producción involuntariamente a través del intercambio, puesto que el aumento en la productividad, el mercado mundial, y la automatización paulatinamente sientan las bases para una forma de producción interdependiente y conectada. El desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social es la misión histórica y la justificación del capital. Precisamente con él crea inconscientemente las condiciones materiales para una forma de producción superior. Lo que desasosiega a Ricardo es que la tasa de ganancia acicate y condición de la producción capitalista, así como impulsora de la acumulación se vea puesta en peligro por el propio desarrollo de la producción.[15]

Mientras la dictadura capitalista somete mundialmente a la población a una producción incesante de mercancías y capital, ocurre paralelamente que el enorme impulso de productividad basado por ejemplo,  en la microelectrónica, lo arrastra a que haya una demanda decreciente de la fuerza de trabajo en función de las innovaciones tecnológicas que automatizan la producción. Desde la lógica del Capital, esto se traduce en una disminución del valor de cada mercancía lo que implica un problema, ya que: La producción se detiene no allí donde esa detención se impone en virtud de la satisfacción de las necesidades, sino donde lo ordena la producción y realización de ganancias[16]. Por esta razón, el aumento de la productividad bajo el capitalismo no conducirá nunca a una mejora de la condiciones de existencia del proletariado ni a un incremento del tiempo libre, sino a despidos masivos, acentuación del ritmo de trabajo, flexibilidad laboral, precarización, migraciones, devaluación de la fuerza de trabajo. mayor depredación del medio natural, etc., en otras palabras, garantizar la cuota de ganancia capitalista pese a la disminución del valor por mercancía debido al incremento de la productividad.

Aunque el aumento de la productividad  en términos de uso significa que se pueden producir más bienes y servicios en la misma medida de tiempo, hay que dejar en claro que mientras el modo producción capitalista exista, jamás se traducirá en un aumento del tiempo libre general. El ser humano ha descubierto la técnica cinematográfica y numerosos actores se han encontrado sin empleo. El film mudo ha dejado su lugar al film hablado y millares de músicos se han quedado sin empleo. Mientras más fácil y rápidamente se pueden construir casas, más hombres deben vivir apretujados en sus alojamientos. Mientras más trigo y café se cosecha, más se tira al mar y millones de personas tienen menos para comer. He aquí el absurdo de la economía capitalista. Mediante progresa el capital se evidencia cada vez más su tautología hueca, la incoherencia generalizada, esto reviste una posibilidad cada vez más evidente para los explotados pero al mismo tiempo más ultrajante: la vida asalariada en el capitalismo está viciada ¡¡¡Se produce para generar dinero no para satisfacer necesidades humanas!!! La capacidad productiva para sustentar a toda la población no es un “merito” del Capital, -que de todas maneras no cumple a cabalidad- sino una precondición de su funcionamiento, puesto que el capital necesita de nuestra conservación como base material. El plusvalor refleja la producción excedente apropiada y acumulada por la clase capitalista pero que está determinada no por su consumo sino por su valorización.  La prueba de esto son las crisis de valorización donde el capital debe destruir parte de las mercancías circulantes para seguir existiendo, y esto incluye a las mercancías humanas. La “destrucción creadora” como el hecho esencial del capitalismo en términos del capitalista Schumpeter es un eufemismo que habla por sí solo.

Esto refleja un hecho sustancial,  el de que la fuerza de trabajo – verdadero motor de la valorización capitalista- cada vez se vuelve más innecesaria para desarrollar las fuerzas productivas sociales. Para el Capital producimos valor a la vez que somos una traba para su desarrollo. Al percibir que su “función” tiene una importancia cuantitativa cada vez menor en el proceso de vida total del capital, el proletariado puede hoy hacerse consciente, de forma inmediata, de la inutilidad de su esclavitud asalariada, y destruir así las cadenas que lo atan al capital. [17] El capital, en su afán por expandir el tiempo de trabajo excedente, reduce el tiempo de trabajo necesario al mínimo mediante el empleo de  la técnica y el conocimiento a la producción. Esto crea la posibilidad de una apropiación social de la producción que permita la reapropiación del tiempo de trabajo excedente como tiempo disponible.

Esto no es una predicción ni un fetichismo tecnológico, sino una tendencia histórica,  el desarrollo de esta dinámica en el seno del capitalismo  puede llevarnos a una nueva forma de producción por caminos distintos, tanto de debacle planetaria como de superación revolucionaria, o las dos a la vez. El productivismo capitalista evidencia nuestra miseria en dos sentidos: vital -en tanto demuestra la alienación social de la producción, que se refleja a la vez en la penuria existencial de cada individuo que participa en ella- y natural –en tanto demuestra la enajenación de nuestro entorno, convertido en recurso y depredado hasta encontrar limites irreconciliables con la vida en el planeta. El capital a medida que progresa socaba sus propias bases materiales, es lógico que la finitud del mundo natural ante el modo de producción capitalista se manifieste en crisis ambiental, lo que no es lógico es que debamos esperar a que ocurra una debacle planetaria para tener que asumir la transformación de la  vida social en el planeta. Esta contradicción no implica una imposibilidad de seguir existiendo para el Capital, no intentamos esbozar acá un mecanicismo histórico entre periodos de reflujo y revolución, sino advertir majaderamente en que el proletariado es parte indisoluble de esta contradicción y que por tanto su acción revolucionaria y negadora por hacer posible el comunismo es lo único que nos entregará una salida real a la crisis y a la no-vida en el capitalismo.

Mientras sigamos reproduciendo el ciclo de valorización y los medios de trabajo se sigan especializando, y como hemos visto, lo harán, la gran mayoría de los seres humanos no tiene otra opción que venderse de alguna manera y se ven obligados a hacerlo en condiciones cada vez peores. Si a esto le sumamos el tope evidente que existe entre la crisis de valorización y el trastorno de la biosfera ante su continua explotación tenemos que  no estamos simplemente frente a una de las crisis cíclicas del capitalismo, sino ante una crisis fundamental que lleva a la sociedad capitalista indefectiblemente a su límite histórico absoluto y que – como es sabido – conlleva la destrucción de las bases naturales de la existencia, víctima del insaciable apetito de valorización del capital, lo cual no significa que el capitalismo se “derrumbe“ de un día para el otro. Más bien se trata de un largo proceso que puede prolongarse por varias décadas, con consecuencias catastróficas para la gran mayoría de la población mundial, a menos que se logre romper con la lógica de valorización y su dinámica destructiva.[18]

Por ello esta contradicción fundamental y latente, no abrirá el camino de la emancipación por sí sola, antes la clase capitalista interpondrá todos los subterfugios existentes para eternizar sus privilegios, sin importar incluso la destrucción del planeta o parte de sus fuerzas productivas si es necesario. El capitalismo no se volverá por sí mismo caduco. En este sentido, el proletariado en lucha debe necesariamente auto-negarse en tanto clase productora de plusvalor, lo cual implica el surgimiento de una comunidad humana que tome en sus propias manos la producción social de la vida en el planeta, imponiendo la satisfacción de las necesidades humanas como base para la construcción de un nuevo mundo. De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades.

Algunos apuntes sobre la revolución que viene. 

No sabemos qué pasará en el futuro, quizá la industria tecnológica -que será siempre industria del Capital mientras la producción siga siendo pensada para intereses privados y separados del todo comunitario- encuentre nuevas formas de superar la crisis planetaria, como las abejas robóticas de Monsanto, la colonización de otros planetas para extraer materias primas o la construcción de ciudades “islas” en el primer mundo, para preservar la producción capitalista a expensas de la debacle humanitaria. Incluso, la crisis ambiental no nos asegura nada en sí misma, de darse sin un proyecto unitario de transformación revolucionaria lo más probable es que solo afecte a los desposeídos y vulnerables del sistema, la inmensa masa de proletarios del mundo. Basta con ver el terremoto en Chile del año 2010, los incendios forestales que arrasaron localidades completas, o los aluviones que afectan lógicamente las construcciones más precarizadas.

Hasta ahora, las crisis del capital ha generado ciclos de crisis de valorización que han sido superadas por el mismo proceso capitalista, (gracias a la colonización de nuevos mercados, el desarrollo tecnológico y fundamentalmente la industria de Guerra y sus consecuencias) a la vez que el proletariado en armas encontraba su derrota en su propia afirmación política (derrotas del proletariado, I y II asalto proletario) que decantó siempre en optar por uno de los polos de esta contradicción fundamental; el trabajo. Hoy sabemos que no hay nada que estatizar ni nada que auto gestionar en el capitalismo, pues el problema no es simplemente como se distribuye la producción y su excedente sino que también cómo se produce y para qué. No se trata de una lucha por el plusvalor, como decía Trostky, sino de una lucha sin rodeos mercantiles por la totalidad de la producción. Por tanto, la revolución será de carácter social, no meramente política; no se trata de tomar el poder y conquistar los medios de producción para distribuir equitativamente las mercancías. Se trata de transformar radicalmente el modo mercantil en que producimos nuestra existencia, desde como producimos nuestra comida hasta como habitamos nuestros territorios. Si la revolución triunfante expropia a la clase capitalista de los medios de subsistencia, pero los trabajadores siguen dependiendo de la producción en empresas separadas que intercambian sus productos, no se habrá abolido el Capitalismo, sino que solo se estará auto-organizando y distribuyendo equitativamente el plusvalor, seguiremos encadenados al contrato social de la ley del valor y por tanto asumiendo la cosificación de nuestra existencia. La revolución, permite una apropiación directa de los medios de vida a disposición integra de las comunidades, que derrochará en productos útiles, edificios por habitar, comida y tiempo disponible. La expropiación generalizada de todo el producto histórico de la explotación del trabajo humano, permitirá transformar cualitativamente la vida allí donde las medidas comunistas vayan tomando lugar. El comunismo se entiende, por tanto, no en términos de una nueva distribución de la misma clase de riqueza basada en el tiempo de trabajo, sino como basado en una nueva forma de riqueza medida en tiempo disponible. El comunismo supone nada menos que una nueva relación con el tiempo, o incluso una forma diferente de tiempo[19] En este sentido, al reapropiarnos del tiempo la producción y reproducción del mundo material dejaran de ser esferas opuestas, así como todas las dicotomías propias del mundo capitalista: subjetividad y objetividad, individuo y sociedad, esfera privada y esfera pública, y muchas más.

 

Ésta revolución por venir supondrá una reestructuración integral de la producción y distribución de bienes. Tanto los Cómo y los Para qué de la producción cobrarán nuevos significados en el seno de la nueva organización social, donde antes había producción en función del beneficio privado, se pondrá la producción en función de necesidades sociales. La era del productivismo llegará a su fin. Si la producción dejará de ser privada para convertirse en producción social involucraría el desmoronamiento de la racionalidad mercantil: criterio de lucro, valor de cambio, plus valor, precio, rentabilidad, tiempo de trabajo, escolarización, etc. toda producción en tanto actividad humana auto-consciente, será coordinada y distribuida libremente por órganos territoriales comunes en coordinación mundial, el criterio de medición equitativa del trabajo abstracto se volvería innecesario puesto que no hay nada que retribuir individualmente más que la totalidad de la producción social, por consiguiente, los bienes básicos de subsistencia serian distribuidos de manera libre sin necesidad de ser intercambiados por algún tipo de mediación social.[20]. Tamaña tarea social, requiere de una coordinación internacional que consiga abolir las abstractas fronteras impuestas por la burguesía. Cualquier intento por realizar el comunismo en un solo país, será expresión de su fracaso. Sólo de nuestra actividad coordinada como seres humanos proletarizados, depende la superación revolucionaria del Capitalismo y la  imposición del comunismo a nivel mundial.

¿Revolución o Utopía?

Este tercer asalto, debe imponer el Comunismo y la Anarquía desde el primer momento, sin demora y sin medias tintas. Pero, las formas de actividad comunistas sólo serán una opción cuando sean puestas en práctica desde una voluntad consciente de la humanidad, decidida a ponerle freno al capitalismo, compartidas por una parte importante de la población, y en función de necesidades reales en un momento dado.

La revolución no es un ideal que alcanzar cuando la acumulación de conciencia o hegemonía sea suficiente. Tampoco se trata sobre que ideología “revolucionaria” escoger. Como hemos visto, las razones para acabar con este modo de vivir se encuentran en el despojo cotidiano, violento e historico de nuestra vida, de nuestro tiempo. En consecuencia, el posicionamiento en los momentos revolucionarios debe ser coherente; se toma partido por el control directo de nuestras necesidades vitales o seguimos delegando nuestra existencia a la mediación mercantil y la acumulación privada. El arquetipo utópico de que una vida en comunidad sólo será posible cuando todos seamos seres humanos integrales, deconstruidos y justos es completamente reaccionario. Solo cuando sean transformadas las condiciones sociales de producción veremos un cambio real en nuestra conciencia que irá en provecho de la revolución. El sentido común que nuestro tiempo nos impone se verá absolutamente trastocado cuando los modos de producir la vida sean modificados. Antes de eso, debemos entregar todos nuestros esfuerzos en dilucidar lo que no queremos, aprender de nuestra historia y desarrollar nuestra teoría revolucionaria sin las anteojeras ideológicas. La ideologia es pensamiento muerto, cristalizado, vuelto mercancia. ¡Las siglas y las vanguardias son parte del viejo mundo! El pensamiento colectivo hacia la destrucción del capitalismo es todo, la comunidad humana es como un viejo topo que emerge cuando las contradicciones desatan la superación del capitalismo como asalto a la liberación del tiempo y las necesidades.

Por una revolución a titulo humano.

Los proletarios harán la revolución para vivir mejor, no por lealtad a un ideal.

PROLETARIOS DEL MUNDO: ¡UNÍOS! CONTRA LA CATÁSTROFE CAPITALISTA HASTA EL COMUNISMO Y LA ANARQUÍA 

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[1] Alienación: palabra que designa la fractura entre la auto-consciencia de la especie posible bajo determinadas relaciones sociales. Es interesante señalar que esta palabra contiene dos significaciones que aunque parecen  opuestas vistas por separado, cobran gran sentido al ser vistas desde el punto de vista de la totalidad.  Por un lado en su asignación económica, responde al hecho de “vender” o “transferir” un bien. Por otro, contiene una asignación médica- psiquiátrica que alude a un estado de locura donde el paciente se encuentra extraño de sí mismo, sin reconocerse ni a él ni a los demás. Comprendiendo ambos significados, podemos decir que su aplicación en la sociedad capitalista moderna responde al estado de inconciencia existencial provocado por la mercantilización de la naturaleza y de la vida. La falta de sentido histórico con respecto a sus condiciones de existencia responde, directamente al hecho de que el proceso de “venta” es desgarrador física y psicológicamente, pues al separar al hombre de su comunidad y naturaleza transformando todo en mercancía intercambiable, se impone como natural la apropiación individual del trabajo ajeno,  algo que antes no era de nadie, o lo que es lo mismo, era de todos. Generalizando el despojo, la locura se vuelve racional y el sacrificio se torna virtud.

[2] Este proceso de despojo duró cientos de años y puede situarse desde las primeras sociedades de clase (modo de producción asiático y Antiguo), hasta el feudalismo y las sociedades de clases precapitalistas. Si bien estos procesos (apropiación privada de:  la tierra y el trabajo humano) no ocurren simultáneamente en todos los lugares, existe una correlación de estos dos factores que permite que al conjugarse, se den las condiciones propicias para una acumulación originaria que dé pie al modo de producción capitalista.

[3] Lo único que distingue unas formaciones económico sociales de otras, por ejemplo, la sociedad de la esclavitud de la sociedad del trabajo asalariado, es la forma en que este plus-trabajo le es arrancado al productor directo, al trabajador (…) La tasa de plusvalía es, pues, la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital o del obrero por el capitalista. Karl Marx “El Capital Capitulo VII La producción de plusvalía absoluta”

[4] Ley del valor: El valor de una mercancía depende de la cantidad de trabajo directa o indirectamente necesario para su fabricación. Así el valor de la mercancía fuerza de trabajo, también se paga por lo que cuesta producirla (medios de subsistencia necesarios para que el trabajador realice las funciones laborales) no por lo que produce para el capitalista.

[5] Marx, Karl “Grundrisse: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política”, Madrid, Siglo XXI, 1972, p. 157 del vol. 1

[6] Marx, Karl “El Capital” libro I, sección quinta, capitulo XIV, pág. 616

[7] Hasta antes de la crisis de 1929, el proletariado solo era considerado en el mercado en tanto fuerza de trabajo, posterior a la gran crisis de valorización de capital, los economistas comprendieron que era necesario dotar de mayor dinamismo a la economía, abriendo paso a la creación de un nuevo mercado interno; la posibilidad de dar créditos y acceso a los proletarios  a las mercancías que ellos mismos producían. Este impulso facilito el desarrollo de la industria publicitaria y las telecomunicaciones, las que desarrollaron profundos cambios en las relaciones sociales a través de la incorporación de nuevas tecnologías a la industria del espectáculo, contribuyendo a consolidar una identidad mercantil que acerca al proletario a reconocerse en el proceso de su enajenación. Asumiendo colectiva  e inconscientemente su sometimiento al mundo de las mercancías.

[8] Camatte, Jacques, Collu, Gianni; “Transición”, 1969, Traducción: Comunización Ed.

[9] Desde el progresismo nos podrían decir: “Pues emprenda, que hace trabajando para otro si lo puede hacer para usted mismo” Pero aquel no es el problema, no se trata de auto gestionar el trabajo ni de “liberarlo”, sino del robo de la producción social en general, nada que podamos hacer de forma individual podrá devolvernos la expropiación de nuestro ser colectivo. Esta expropiación incluye nuestro tiempo y territorio, y por tanto es la imposición generalizada del trabajo abstracto, como medida universal de supervivencia la que nos ata a seguir un ciclo infernal de trabajo y valorización.

[10] David Harvey “Diecisiete Contradicciones y el fin del Capitalismo”

[11] Marx, Karl “El Capital”, Libro III, Capitulo XIII, “Ley de la tasa decreciente de la cuota de ganancia”

[12] Plusvalor producido por la extensión  del empleo de  la mercancía fuerza de trabajo, se le puede extraer más valor estirando las jornadas laborales o reduciendo los salarios.

[13] Plusvalor producido por la incorporación de nuevas técnicas que abaraten los costos  de la producción, logrando que la fuerza de trabajo produzca más en el mismo tiempo, o produzca lo mismo en menos tiempo.

Autores como Jacques Camatte, afirman que actualmente esta diferenciación es insuficiente, puesto que el metabolismo capitalista ha roto todas las conexiones técnicas y sociales del proceso de trabajo, reunificándolas como procesos intelectuales del proceso de autovalorización capitalista. En este sentido, toda plusvalía es relativa, en tanto que la fuerza de trabajo ha pasado a ser expropiada de tal forma, en que es considerada como parte indisoluble de la propia circulación de Capital. Ver: “Transición” de Jacques Camatte y Gianni Collu.

[14] Marx, Karl “El Capital”, Libro III, Capitulo XV, “Desarrollo de las contradicciones internas de la ley”

[15] Ibid.

[16] Ibid.

[17] Camatte, Jacques, Collu, Gianni; “Transición”, 1969, Traducción: Comunización Ed.

[18] Norbert  Trenkle, “La crisis del trabajo abstracto es la crisis del capitalismo”

[19] End Notes “Comunización y forma valor”

[20]Los que hagan instrumentos musicales se irán luego a una cantina local sin preocuparse de obtener algo a cambio, ya que esos instrumentos musicales no les habrán costado nada, ni siquiera trabajo” Bruno Astarian “Comunización como salida de la crisis” 2009

LLAMADO A LA SOLIDARIDAD ACTIVA CON LAS MASAS PROLETARIAS DEL CAMPO Y LA CIUDAD EN LA REGIÓN ECUATORIANA

El día 1 de octubre el presidente de Ecuador Lenín Moreno anunciaba en cadena nacional un paquete de medidas económicas recomendado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que iban en directo desmedro de las condiciones de vida de la clase trabajadora ecuatoriana urbana y rural. Reducciones de sueldos y de las vacaciones, aumento del precio de los combustibles –y, por lo tanto, de la canasta básica, el pasaje de la locomoción colectiva y la vida en general-, entre otras, tales son las medidas que, a costa de la vida de las personas de Ecuador, el gobierno quería imponer con el fin de “beneficiar a la economía”, es decir, con el fin de beneficiar a la clase capitalista con un aumento de sus ganancias en un momento de crisis económica generalizada para el capitalismo mundial. Tal como en Chile o en todas partes del mundo, el Estado jamás ha tenido como objetivo beneficiar ni proteger a las personas que llama “sus ciudadanos”, sino todo lo contrario: el Estado es una máquina para la explotación de quienes deben trabajar para no morir de hambre, y una fuerza social que mantiene y perpetúa su sumisión al capitalismo.

El 3 de octubre se inició el paro nacional indefinido y el día 9 hubo una gran huelga general. Desde entonces, las masas proletarias –de las cuales los indígenas son una parte fundamental- se han lanzado a las calles y carreteras de todo el país, protagonizando hazañas enormes de solidaridad y rebeldía que las grandes cadenas de televisión intentan cercar, encubrir y falsificar por todos los medios disponibles. Hicieron huir al presidente-empresario de la capital y levantado la Comuna en Quito, se tomaron la Asamblea Nacional (congreso), han capturado militares y policías e incendiado sus vehículos, han ocupado ciudades enteras y extendido la solidaridad por todas las calles con ollas comunes al calor de las barricadas, han ocupado pozos petroleros y Gobernaciones en algunas provincias de la Amazonía y la Sierra, y también han realizado cacerolazos, cortes de ruta y marchas en muchos lugares del país. Las masas proletarias en el campo han defendido sus territorios y puesto en fuga a los militares enviados a asesinarlos, y luego han bajado a las ciudades a formar parte de la insurrección.

La lucha no sólo ha destruido el sórdido mutismo de la rutina capitalista, sino que también ha roto el aislamiento y ha permitido el encuentro solidario y rebelde de personas que, hasta hace una semana, jamás se habrían atrevido a hablarse o acercarse. Proliferan las asambleas autoorganizadas, la autoactividad proletaria, y las redes de solidaridad; crece y se afirma la comunidad de lucha, “es como vivir un comunismo anárquico, espontáneo, caótico y contradictorio, pero real”, nos informa un camarada que combate en las calles de Quito. Y todo ello mientras el Estado decreta un toque de queda permanente, mientras la policía y el ejército invaden campos y ciudades con tanquetas, cobrando la vida de decenas de personas rebeldes, atacando con sus armas químicas lugares de reunión con niños/as y bebés dentro, o incluso disparando a matar con francotiradores desde los edificios más altos de las ciudades. ¡La solidaridad de clase es nuestra mejor arma!

En Ecuador hay una verdadera revuelta con tintes insurreccionales en marcha, ya que las y los proletarios se lanzan a las calles no solamente por el “paquetazo” económico del gobierno, sino por las décadas de opresión capitalista que han soportado. Esta ha sido la chispa que ha terminado por incendiar el bosque. Conviene aquí recordar que en Chile también se impuso un “paquetazo” económico durante la Dictadura Militar, es decir, una vez que el proletariado de la región chilena había sido masacrado, torturado e intimidado por las fuerzas armadas al servicio de la burguesía nacional e internacional. En esta ocasión, la desesperación de las clases dominantes por aumentar sus ganancias en un momento de crisis les ha llevado a subestimar la capacidad de resistencia de nuestras hermanas y hermanos de clase en Ecuador.

Una misma llama recorre hoy el planeta: Hong-Kong, Argelia, Haití, Irak, Francia, Egipto y, ahora, Ecuador. Es el viejo fantasma que atormenta a las clases dominantes de todos los países, el fantasma de la emancipación humana. Es una revolución en marcha que recién está despertando, pero que ya ha comenzado a trazar una línea demarcatoria de lo que será la lucha por la emancipación a partir de ahora, al final de la segunda década del siglo XXI: una lucha no para tomar el poder del Estado burgués y gestionar el capital, sino para destruirlo de raíz y tomar el poder colectivo sobre nuestras propias vidas. Una lucha no para repartirnos las propiedades, sino para poner fin a la propiedad privada. Una lucha no para tener más y mejores empleos, sino para destruir la dictadura del trabajo asalariado, para no tener más que vivir para trabajar y trabajar para vivir. En resumen, una lucha para abolir el dinero, el capital, la mercancía y el trabajo asalariado que los crea, para abolir la sociedad de clases y entrar en una nueva etapa en la historia de la especie humana. Esa es la lucha revolucionaria que comienza por todas partes del planeta en este nuevo milenio y que se deja presentir hoy en la lucha del proletariado de la región ecuatoriana contra el capital y su sicario, el Estado.

¡Contra toda forma de opresión entre los seres humanos y sobre la naturaleza!
¡No se trata de sobrevivir menos mal, sino de vivir de verdad!
¡No se trata de cambiar de amo, sino de dejar de tenerlo!
¡Viva el Paro Nacional y la Huelga General en Ecuador!
¡Que la guerra de clases y la insurrección se extiendan por todo el planeta!
¡Por la transformación y la comunización de todo lo existente!
¡Vamos hacia la vida!

Un grupo de Proletari@s Revolucionari@s Internacionalistas de la Región Chilena

Sobre la situación en Ecuador

Adjuntamos una recopilación de textos y algo de material visual sobre lo que acontece en la región Ecuatoriana. La insurrección proletaria ya es un hecho y hoy el movimiento se acerca a la segunda semana de vida. Su devenir ha presentado una bocanada de aire fresco para quienes confirman el advenimiento del fantasma comunista a nivel mundial. Las masas de proletarios enfurecidos han copado las principales ciudades y han desarrollado altos niveles  de combatividad y auto organización, incluso muchos comienzan a hablar de la formación espontanea de la comuna libre de Quito. Hacemos un llamado a practicar la solidaridad internacionalista en todas las formas posibles. ¡Que su insurrección sea el embrión de la revolución mundial ! Vivan las proletarios insurrectos de la región Ecuatoriana ! Por la Anarquía y el Comunismo. ¡Hacia la vida !

Proletarios en lucha contra la policía

Producción de escudos para la lucha

Tanque destruido

Lanza cohetes artesanal

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Breve análisis del paquetazo

La explosión de la lucha de clases en el Ecuador es una advertencia para la derecha regional

Huelga general y ocupación de pozos petroleros en Ecuador

Insurreción en Ecuador toma la asamblea nacional y la radio pública

Ecuador, 9 de octubre de 2019: 7mo día de Paro Nacional y 1er día de Huelga General. Panfleto de un@s proletari@s cabread@s de la región ecuatoriana por la revolución comunista anárquica mundial, desde “donde las papas queman”

Fanzine Paro Nacional de una Asamblea Autoconvocada de Quito.

La comuna de Quito: controlar el territorio y ejercer el poder contra el paquetazo

El toque de queda no detiene los cacerolazos contra la dictadura

Contribuciones para rectificar la opinión pública acerca de la revolución en los paises subdesarrollados x Mustapha Khayati

Estas tesis fueron extraídas de la revista Internacional Situacionista Nº 11. 

CONTRIBUCIONES  PARA  RECTIFICAR  LA  OPINIÓN PUBLICA  ACERCA  DE  LA  REVOLUCIÓN  EN  LOS PAÍSES  SUBDESARROLLADOS

 

1

El  papel  eminentemente  revolucionario  de  la  burguesía  consiste  en  haber  introducido,  de forma  decisiva  e  irreversible,  la  economía  en  la  historia.  Dueña  fiel  de  esta  economía,  lo es  también  desde  su  aparición  de  forma  efectiva  -aunque  a  veces  inconsciente-  de  la “historia  universal”.  Ésta  ha  dejado  de  ser  por  primera  vez  un  fantasma  metafísico  o  un acto  de  Weltgeist  para  convertirse  en  un  hecho  material,  tan  concreto  coma  la  existencia trivial  de  cada  individuo.  Desde  el  advenimiento  de  la  producción  mercantil  nada  escapa  en  el  mundo  al  desarrollo  implacable  de  este  nuevo  fatum,  la  invisible  racionalidad económica:  la  lógica  de  la  mercancía.  Esencialmente  totalitaria  e  imperialista,  exige  por campo  de  acción  el  planeta  y  por  servidores  a  la  totalidad  de  los  hombres.  Allí  donde está  la  mercancía  no  hay  más  que  esclavos.

2

A  la  coherencia  opresiva  de  una  clase  particular  para  mantener  a  la  humanidad  en  la  pre-historia,  el  movimiento  revolucionario  -producto  directo e  involuntario  de  la  dominación  capitalista  burguesa-  ha  opuesto  desde  hace  un  siglo  un  proyecto  de  coherencia liberadora  obra  de  todos  y  cada  uno:  la  intervención  libre  consciente  en  la  creación  de  la  Historia,  la  abolición  real  de  toda  división  en  clases  y  la  supresión  de  la  Economía.

3

Allí  donde  ha  penetrado  -es  decir,  en  casi  todas  las  partes  del  mundo-,  el  virus  de  la  mercancía  trastorna  las  formaciones  socioeconórnicas  mas  esclerotizadas  y  permite  a  millones  de  seres  humanos  descubrir  en  la  miseria  y  en  la  violencia  el  tiempo  histórico  de  la economía.  Allí  donde  penetra  esparce  su  principio  destructor,  disuelve  los  vestigios  del pasado  y  exacerba  los  antagonismos.  En  pocas  palabras,  acelera  la  revolución  social. Todas  las  murallas  chinas  se  derrumban  a  su  paso,  y  apenas  se  instala  en  la  India  todo se  disuelve  a  su  alrededor  y  estallan  revoluciones  agrarias  en  Bombay,  en  Bengala  y  en Madrás:  las  zonas  pre capitalistas  del  mundo  acceden  a  la  modernidad  burguesa,  pero  sin la  base  material  de  esta.  Como  en  el  caso  de  su  proletariado,  también  allí  las  fuerzas  que la  burguesía  ha  contribuido  a  liberar  y  a  crear  se  vuelven  contra  ella  y  contra  sus  servidores  autóctonos:  la  revolución  de  los  subdesarrollados  se  convierte  en  uno  de  los  principios  capitales  de  la  historia  moderna.

4

El  problema  de  la  revolución  en  los  países  subdesarrollados  se  plantea  de  forma  específica  debido  al  propio  desarrollo  de  la  historia.  El  retraso  económico  general,  mantenido por  la  dominación  colonial  y  las  capas  que  la  apoyan,  y  el  subdesarrollo  de  las  fuerzas productivas  han  impedido  en  estos  países  el  desarrollo  de  las  formaciones  socioeconómicas  que  debían  ejecutar  inmediatamente  la  teoría  revolucionaria  elaborada  desde  hace más  de  un  siglo  a  partir  de  las  sociedades  capitalistas  avanzadas.  En  el  momento en  que entran  en  lucha  estos  países  desconocen  la  gran  industria,  y  la clase obrera está  lejos  de ser en  ellos  una  clase  mayoritaria.  Es  el  campesinado  pobre  el  que  asume  esta  función.

5

Los  diferentes  movimientos  de  liberación  nacional  han  aparecido  mucho  después  de  la derrota  del  movimiento  obrero,  consecuencia  del  fracaso  de  la  revolución  rusa,  convertida  desde  su  advenimiento  en  contrarrevolución  al  servicio  de  una  burocracia  supuestamente  comunista.  Han  sufrido  por  tanto,  sea  conscientemente  o  en  una  falsa  conciencia,  todas  las  taras  y  debilidades  de  esta  contrarrevolución  generalizada,  y  con  el  lastre añadido  del  atraso  general  no  han  podido  superar  ninguno  de  los  límites  impuestos  al movimiento  revolucionario  vencido.  Y  debido  precisamente  a  la  derrota  de  éste  los  países  colonizados  o  semicolonizados  han  tenido  que  combatir  solos  el  imperialismo.  Pero al  combatirlo  únicamente  en  una  parte  del  terreno  revolucionario  total  no  han  podido disiparlo  más  que  parcialmente.  Los  regímenes  de  opresión  que  se  han  instalado  allí donde  la  revolución  de  liberación  nacional  ha  creído  triunfar  no  son  más  que  una  de  las formas  bajo  las  que  se  opera  el  retorno  de  lo  reprimido.

6

Cualesquiera  que  sean  las  fuerzas  que  han  participado  en  ellos  o  el  radicalismo  de  sus directivas,  los  movimientos  nacionalistas  siempre  han  desembocado  en  el  ascenso  de  las sociedades  excolonizadas  a  formas  modernas  de  Estado  y  a  pretensiones  de modernidad en  la  economía.  En  China,  imago  pater  de  los  revolucionarios  subdesarrollados,  la  lucha de  los  campesinos  contra  el  imperialismo  americano,  europeo  o  japonés  acabó,  a  1a  vista del  fracaso  del  movimiento  obrero  de  los  años  1925-1927,  por  llevar al  poder  a  una burocracia  basada  en  el  modelo  ruso.  El  dogmatismo  estalino-leninista  en  el  que  baña  su ideología  -recientemente  reducido  al  catecismo  rojo  de  Mao-  no  es  otra  cosa  que  la  mentira  o,  en  todo  case,  la  falsa  conciencia  que  acompaña  su  práctica contrarrevolucionaria.

7

El  fanonismo  y  el  castro-guevarismo  son  la  falsa  conciencia  a  través  de  la  cual  el  campesinado  cumple  la  inmensa  tarea  de  librar  a  la  sociedad  pre capitalista  de  secuelas  semi-feudales  y  coloniales  para  restituir  la  dignidad  nacional  pisoteada  por  los  colonos  y  las clases  dominantes  retrogradas.  Benbellismo,  nasserismo,  titismo  o  rnaoismo  son  ideologías  que  anuncian  el  fin  de  estos  movimientos  en  su  apropiación  privativa  por  las  capas urbanas  pequeño-burguesas  o  militares:  la  recomposición  de  la  sociedad  de  la  explotación,  pero  con  nuevos  dueños  y  sobre  la base  de  nuevas  estructuras  socioeconómicas. Allí  donde  el  campesinado  ha  luchado  victoriosamente  y  ha  llevado  al  poder  a  las  capas que  han  encuadrado  y  dirigido  su  lucha,  él  ha  sido  el  primero  en  sufrir  su  violencia  y  en pagar  los  enormes  gastos  de  su  dominación.  La  burocracia  moderna,  como  la  más  antigua  (en  China  por  ejemplo),  edifica  su  poder  y  su  prosperidad  sobre  la  explotación  de los  campesinos:  la  ideología  no  cambia  la  cuestión.  En  China  o  en  Cuba,  en  Egipto  o  en  Argelia,  juega  en  todas  partes  el  mismo  papel  y  asume  las  mismas  funciones.

8

En  el  proceso  de  acumulación  de  capital,  la  burocracia  es  la  realización  de  aquello  que en  la  burguesía  era  únicamente  concepto.  Lo  que  la  burguesía  hizo  durante  siglos  “con sangre  y  sudor”,  La  burocracia  quiere  realizarlo  conscientemente  en  unos  decenios.  Sólo que  la  burocracia  no  puede  acumular  capital  sin  acumular  mentiras:  se  ha  bautizado siniestramente  como  “acumulación  socialista  primitiva”  lo  que  constituye  el  pecado  original  de  la  riqueza  capitalista.  Todo  lo  que  las  burocracias  subdesarrolladas  dicen,  se representan  e  imaginan  que  es  el  socialismo  no  es  otra  cosa  que  el  neo mercantilismo acabado.  “El  Estado  burgués  sin  burguesía”  (Lenin)  no  puede  superar  las  tareas  históricas  de  la  burguesía,  y  el  país  industrial  más  desarrollado  muestra  al  menos  desarrollado la  imagen  de  su  desarrollo  futuro.  La  burocracia  bolchevique  en  el  poder  no  encontró nada  mejor  que  proponer  al  proletariado  revolucionario  ruso  que  “matricularse  en  la escuela  del  capitalismo  de  Estado  alemán”.  Todos  estos  poderes  que  se  llaman  a  sí  mismos  socialistas  son  en  todo  caso  una  imitación  subdesarrollada  de  la  burocracia  que dominó  y  venció  al  movimiento  revolucionario  europeo.  Lo  que  haga  o  deba  hacer  la burocracia  no  emancipará  a  la  masa  trabajadora  ni  mejorará  sustancialmente  su  condición  social,  puesto  que  eso  depende  no  solo  de  las  fuerzas  productivas  sine  de  su  apropiación  por  los  productores.  Lo  que  no  dejará  de  hacer  es  crear  las  condiciones  materiales  para  realizar  ambas. ¿Hizo  alguna  vez  menos  la  burguesía?

9

En  las  revoluciones  burocrático-campesinas  solo  la  burocracia  aspira  consciente  y  lucidamente  al  poder.  La  toma  del  poder  corresponde  al  momento  histórico  en  que  la  burocracia  se  apodera  del  Estado  y  declara  su  independencia  ante  las  masas  revolucionarias, antes  de  la  eliminación  de  las  secuelas  coloniales  y  de  ser  efectivamente  independientes del  extranjero.  Al  entrar  en  el  Estado,  la  nueva  clase  se  refugia  en  la  heteronomía  militante  contra  toda  autonomía  de  las  masas.  Única  propietaria  de  toda  la  sociedad,  se declara  representante  de  sus  intereses  superiores.  El  Estado  burocrático  es  en  este  case el  Estado  hegeliano  realizado.  Su  separación  de  la  sociedad  consagra  al  mismo  tiempo la  separación  de  clases  antagónicas:  la  unión  momentánea  de  la  burocracia  y  el  campesinado  no  es  más  que  la  ilusión  fantástica  a  través  de  la  que  ambos  cumplen  las  inmensas  tareas  históricas  de  la  burguesía  desfalleciente.  El  poder  burocrático  edificado  sobre las  ruinas  de  la  sociedad  colonial  pre capitalista  no  es  la  abolición  de  los  antagonismos de  clase;  no  hace  más  que  sustituir  las  antiguas  por  nuevas  clases,  nuevas  condiciones de  opresión  y  nuevas  formas  de  lucha.

10

No  es  subdesarrollado  más  que  el  que  reconoce  el  valor  positive  del  poder  de  sus  amos. La  carrera  por  alcanzar  la  reificación  capitalista  sigue  siendo  la  mejor  vía  hada  el  subdesarrollo  reforzado.  La  cuestión  del  desarrollo  económico  es  inseparable  de  la  cuestión del  verdadero  propietario  de  la  economía,  del  dueño  real  de  la  fuerza  de  trabajo;  todo  lo demás  es  cháchara  de  especialistas.

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11

 Hasta  hoy  las  revoluciones  de  los  países  subdesarrollados  no  han  hecho  más  que  tratar de  imitar  el  bolchevismo  de  formas  diferentes;  se  trata  en  lo  sucesivo  de  disolverlo  en  el  Poder  de  los  Soviets.

 

Mustapha  KHAYATI

¿Un tipo de magia? : “Ley corta antiterrorista” y resultados inmediatos en la persecución de un “lobo solitario”

Difundimos este texto extraído de una columna en medio comunicacional independiente. Se esta comenzando a fraguar una arremetida represiva en Chile, muchos son los puntos en común que permiten sospechar de que algo se esta urdiendo desde el poder contra todo aquello que se atreva a cuestionar radicalmente el orden del capital. Un llamado a estar alerta, a no amenguar la agitación comunista anarquica, y a permanecer mas unidos y coordinados que nunca. 

Una vez más está de moda Queen, la banda inglesa de los 70, y aunque no soy un gran fan tengo metida en la cabeza  su canción “It´s a kind of magic” (1986).

¿Por qué será? Porque como por arte de magia, justo un día después de la aprobación en general en el Senado de la “ley corta antiterrorista”, sin necesidad de esperar siquiera a que se termine de tramitar y sea publicada en el Diario Oficial, se detuvo en la zona sur de Santiago al que según la tesis de la Fiscalía es el único autor de seis atentados explosivos en los últimos tres años, adjudicados por la corriente “eco-extremista”.

Se señala sin asomo de duda que es un “lobo solitario”, y que en todo caso “no tendría vinculación” alguna con el doble atentado del 25 de julio pasado, adjudicado por lo que El Mercuriollamó un grupo “anarquista tradicional”.

Lo primero que llama la atención es que hasta 24 horas antes autoridades de gobierno y parlamentarios de una amplia gama política proclamaban que estábamos ante un seria amenaza terrorista equiparable a la criminalidad organizada transnacional, perpetrada por grupos poderosos que incluso recibirían aportes y financiamiento desde el extranjero.

Lo del financiamiento internacional es siempre clave para que el público apoye el empleo de técnicas especiales de investigación similares a las del combate al narcotráfico y el lavado de activos. Lo mismo se dijo hace 10 años en relación a los grupos anarquistas que luego se intentó criminalizar en el primer “caso bombas” (2010-2013), señalando incluso que tendrían cuentas en las Islas Caimanes, en un notorio caso de “proyección”, pues finalmente nada de eso era cierto pero el que sí mantenía importantes fondos en paraísos fiscales era el entonces Ministro Laurence Golborne.

Por lo demás, las técnicas investigativas que contempla la “ley corta” en gran medida ya existen: el artículo 222 del Código Procesal Penal permite  las interceptaciones telefónicas respecto de todo ilícito que tenga asignada pena de crimen, categoría en que por cierto está el conjunto de los delitos terroristas  señalados en la Ley 18.314.

Las otras técnicas cuya necesidad en esta materia se esgrime (entregas controladas, informantes, agentes encubiertos y reveladores) son perfectamente posibles de aplicar en relación a cualquier delito de la Ley de Control de Armas y Explosivos, como resulta claro de la lectura del artículo 226 bis en su versión actual, incorporada por la llamada “agenda corta antidelincuencia” del 2016.

Por lo demás, como han señalado diversos expertos en la respectiva Comisión del Senado que estudia esta propuesta además de os proyectos de “ley larga antiterrorista” presentados hace ya 5 años, resulta bastante dudoso y riesgoso que técnicas propias del combate al narcotráfico se trasladen directamente a un fenómeno a todas luces diferente, como es la violencia social y política que el legislador de manera difusa ha definido como “terrorista”.

La infiltración de organizaciones ya es posible en el marco de la legislación vigente, y existen además técnicas especiales de investigación en la Ley 19.974, que crea el Sistema Nacional de Inteligencia, incluyendo el uso de informantes y agentes encubiertos sin siquiera tener que pedir autorización judicial.

En este marco, las malas prácticas que han caracterizado el accionar represivo en el último tiempo han llevado a situaciones tales como las condenas en juicio abreviado a un informante policial en la Araucanía, además del montaje de la “Operación Huracán”. En épocas anteriores se pudo ver cómo ciertos “informantes” como Lenin Guardia y Humberto López eran capaces de fabricar atentados para poder ofrecer de manera más verosímil sus servicios a la Inteligencia.

La “ley corta” parece un claro intento por legalizar estas prácticas, consolidando aún más un Estado policial preparado preventivamente para enfrentar como una “amenaza terrorista” a cualquier disidencia social o política radical que pueda configurarse en el territorio nacional. Además, reformar la ley permite exculpar o disimular los sucesivos fracasos en los niveles  de la Inteligencia y de la persecución penal, trasladando el problema al nivel normativo, o como se diría coloquialmente, “echándole la culpa al empedrado”.

Por eso no es causal que a pesar de que hasta ahora los únicos sujetos “terroristas” que el sistema represivo ha identificado en la Región Metropolitana sean “lobos solitarios” y no organizaciones, pero a pesar de ello se hagan explícitas reservas para a partir de ahora poder dirigir la acción investigativa y represiva en contra de un viejo enemigo: el anarquismo, que por cierto, y como resulta evidente, no tiene prácticamente nada que ver con el llamado “eco-extremismo”, aunque se entiende perfectamente que las autoridades y los medios promuevan la confusión.

De este modo, según la tesis que se intenta impulsar ahora lo más seguro es que se proclame que el eco-extremismo es caso cerrado, pero ya se cuenta con herramientas que en rigor no eran necesarias, pero que servirán muy bien para ser dirigidas en contra de los usuarios habituales de una legislación antiterrorista que sigue siendo en su mismo diseño un verdadero estado de excepción permanente dentro del sistema de control social y penal.

Hay que estar atentos a las próximas jugadas, pues una vez aprobada la “ley corta” el poder represivo va a tener la tentación de exhibir resultados, y rápido. Total, chivos expiatorios nunca faltan.

[Publicación] Anarquía & Comunismo #11

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Por fin tenemos el agrado de compartir el número 11 de nuestro boletín teórico-agitativo Anarquía & Comunismo, con un nuevo formato. Si bien este número vio la luz el invierno del 2018 en su formato impreso, como un pequeño libro de 65 páginas, por motivos técnicos no pudimos difundirlo a través de la web sino hasta ahora, lo cual implicó cierta discontinuidad en la periodicidad con la que se había publicado hasta entonces. Por otro lado, el cambio de formato también contribuyó a este cambio en su periodicidad: pensamos que el abundante material que estábamos produciendo no debía tomarse como un problema sino como una fortaleza, por lo que quisimos asumir el carácter teórico que estaba tomando la publicación, cambiando de formato para priorizar el desarrollo de los temas sin restricciones de espacio, siendo bastante más extenso que el anterior formato (un periódico de medio mercurio cuya restricción de espacio siempre supuso más de un dolor de cabeza para quienes lo editábamos). Nos extendemos sobre este asunto en la editorial de este número.

Contenido:

  • Editorial
  • Notas para la superación de la alienación y la realización de la vida
  • Niñez, capitalismo y emancipación
  • A 44 años de la ejecuición de Salvador Puig Antich y la disolución del MIL-GAC
  • Comunización (parte 5 y final)
  • ¿Por qué siempre hablamos de capitalismo?
  • Hemos recibido: Kalinov Most 1 y 2 – 2&3 DORM 1 y Excursos 1-4 – Louis Lingg: ya lo sabrán por los estruendos.

[Publicación] Comunidad de lucha #9

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Llega otro primero de mayo y quienes nos posicionamos del lado del anticapitalismo nuevamente nos vemos enfrentadxs a la propaganda del Estado y Capital, que quisieran hacer de esta fecha un día en el que festináramos nuestra condición de servidumbre.

Si bien no podríamos esperar otra cosa de los defensores de la dominación, lo que nos preocupa y concierne en tanto que anticapitalistas es encontrarnos cada año con una reivindicación similar del trabajo por parte de la ultraizquierda y los ‘anticapitalistas’ en general. Para éstos el problema del trabajo casi siempre radica en la apropiación por parte de la burguesía del fruto de nuestra actividad, y su ‘solución revolucionaria’ consiste en arrebatar a la burguesía su poder privativo sobre los frutos de este, o bien los instrumentos de trabajo. Aunque, en la práctica, dichos movimientos se dediquen únicamente a disputar con el Estado, la patronal y las burocracias sindicales mejoras en el sistema de explotación asalariada, mejoras que, por cierto, el Capital necesita para asegurar su progreso y supervivencia en el tiempo.

Pero en realidad el trabajo, como comúnmente lo entendemos en nuestros días, se refiere a un tipo de actividad precisa, perteneciente a un estadio histórico preciso: el de la civilización capitalista.

El triunfo de la revolución burguesa intensificó y expandió el trabajo asalariado y la producción de mercancías a cada rincón del globo, despojando a las personas y a sus comunidades de la tierra y enviándolas a las fábricas. Desprovistas de todo y obligados a satisfacer sus necesidades a través del consumo de mercancías, las personas se vieron en la obligación de vender su propia actividad como fuerza de trabajo a quienes dominaban, convirtiéndose en el proletariado; la clase cuya vida fue reducida a mercancía junto con todo lo demás por la dictadura de la economía.

Siendo el dinero el mediador social absoluto y su carencia el equivalente a la muerte en la sociedad capitalista, lxs proletarixs nos vemos arrojadxs cada día de manera frenética a las tareas necesarias para obtenerlo. Así, sea en el trabajo asalariado, autoexplotándonos en el comercio informal o incluso en el trabajo doméstico (trabajo no remunerado e históricamente asignado a las mujeres, sin el cual las otras formas de explotación no podrían haberse sostenido) esta obligación nos saca cada día de la cama para que nos precipitemos a transportes atestados y así cumplir con los horarios asfixiantes de una actividad que muchas veces nos resulta ajena y tediosa, y a la que lo único que nos liga es la necesidad de remuneración económica para la satisfacción de nuestras necesidades mercantilizadas. Esto hace del estrés, las vejaciones, la humillación, la enfermedad, el aislamiento y la locura la tónica habitual de la actividad productiva y, por tanto, de la vida de la humanidad proletarizada. Así, nos ‘ganamos la vida’ en el trabajo, mientras la vida se nos escapa.

Como si fuera poco, las nulas garantías de seguridad en las que todavía pretende justificarse la existencia de este orden miserable se desmoronan a causa de su propio progreso: el trabajo de cada ser humano (es decir, su tiempo) vale cada vez menos porque los capitalistas están obligados a encontrar formas cada vez más elaboradas de abaratar los costos de producción para obtener ganancias y mantenerse activos en la competencia, lo que propicia la precarización constante del trabajo. En el territorio dominado por el Estado chileno conviven esquizofrénicamente la imagen de una potencia económica en línea recta a la abundancia, y la realidad de una sociedad que se cae a pedazos por falta de trabajo y por exceso de él: quien no está cesante y desesperado intentando encontrar la forma de ganarse la vida, está corriendo como loco entre el trabajo, la casa y el consumo, gastándose la vida en una espiral de alienación que sólo aumenta.

El problema es que tanto para los defensores declarados del orden como para quienes pretenden oponerse a este, el trabajo se asume con una naturalidad tal que pareciera que las diferencias que a veces ponen en bandos irreconciliables a unos y otros consiste únicamente en cómo gestionar el sistema de explotación asalariada y el capital que este reproduce.

Una perspectiva radical del anticapitalismo, en cambio, supone acabar con todos los pilares en los que se funda el Capital, incluyendo aquella actividad que le da vida a cambio de robarnos la nuestra. Somos nosotrxs, lxs proletarixs, quienes echamos a andar la máquina capitalista con nuestra actividad enajenada. Somos nosotrxs, por tanto, quienes podemos ponerle freno: si el proletariado es la clase cuya actividad echa a andar el capital, entonces la supresión revolucionaria del capital implica necesariamente la autosupresión de nuestra clase, junto con todas las clases, el Estado y el dinero.

¡MUERTE AL TRABAJO, AL ESTADO Y EL DINERO!
¡PROLETARIXS DEL MUNDO, DEJEMOS DE SERLO!

Revolución y Democracia. A propósito del 29m y la lucha anticapitalista

Reproducimos este panfleto publicado por el boletín !Viva la Comuna! numero #2 a días de otro 29 de Marzo, con la memoria afilada ante la contrarrevolución !!

Revolución y Democracia

Apropósito del 29 Marzo y la lucha anticapitalista

“La democracia, dicen, es el gobierno del pueblo. Pero el pueblo no existe, sólo existen las clases”

Anton Pannekoek.

                                                                                                              Parque O’Higgins 1 de Mayo de 1984

El día del joven combatiente conmemora la muerte de los hermanos Vergara Toledo caídos en la Villa Francia en 1985, en el contexto represivo efectuado por la Dictadura Cívico Militar contra la proliferación de las jornadas de protesta popular. A partir de esta fecha, también se conmemora la muerte y la lucha de tantos otros combatientes que desde ese momento, y más allá de la lucha anti dictatorial, se han enfrentado contra la explotación de un sistema que precariza la vida y difunde la miseria para todos y todas.

Para esbozar cualquier análisis sobre esta fecha, creemos necesario describir brevemente su origen histórico  en la lucha de clases.

En aquella época,  a la par del fuerte descontento social, se constituyeron dos frentes políticos: el Movimiento Democrático Popular  (MDP) que contenía lo que se denominaba, hasta ese momento, como la izquierda histórica: el Partido Comunista y Partido Socialista, a los que se sumaba el MIR y el FPMR. Este conglomerado buscaba derrotar a la dictadura por todos los medios posibles, teniendo como objetivo instaurar una “Democracia Popular”, queriendo retomar el camino esbozado por la UP previo al golpe de Estado. Por otro lado, estaba la Alianza Democrática (AD) que contenía a todos los sectores cercanos a la Democracia Cristiana, socialismos renovados y  Partido Radical, apostando a derrotar la dictadura a través de la movilización social, excluyendo eso sí, cualquier forma de violencia. De cualquier manera, apellidos más o apellidos menos, ambos frentes tenían como horizonte el retorno a la democracia.

Desde las primeras jornadas de protestas, ocurridas en 1983, podemos notar como el movimiento social comienza a constituirse en prácticas cada vez más radicalizadas contra la brutalidad imperante del poder. En este escenario,  se distinguen las acciones armadas en contra de la dictadura- como ataques a cuarteles militares y policiales, los sabotajes, voladuras de torres y líneas férreas, ajusticiamientos a miembros de los cuerpos de seguridad, secuestros, recuperaciones de dinero, armas y comida, los copamientos territoriales, las emboscadas y las propagandas armadas-, así como, la  rearticulación de sus vínculos comunitarios a través de la lucha y la organización de las poblaciones, tanto en la coordinación de la auto defensa en barrios, universidades, liceos, juntas vecinales, tomas de terreno, lugares de trabajo y parroquias, como en el brote espontáneo de las ollas comunes para sustentar las necesidades básicas de cada territorio contra la represión militar y económica que impuso la crisis del Capital. Estas actividades de organización territorial y autodefensa en la ciudad se incrementaron e intensificaron notablemente, por lo menos hasta fines de la dictadura. Este contexto fue parte de un antagonismo cada vez más evidente en la sociedad, que fue precipitando al régimen  a entregar el poder, con su punto más álgido en las Jornadas de Protesta Nacional del 2 y 3 de Julio de 1986.

En este contexto, la lucha emprendida por los grupos antidictatoriales como el FPMR, MIR, o MJL contenía una práctica que, en conjunto con otras formas de resistencia proletaria, conforman parte de una oposición histórica al dominio del Capital, siendo experiencias que la memoria de los explotados no debe olvidar, pues tanto sus tácticas como vivencias y errores son parte del recorrido histórico que hemos transitado, y son imprescindibles para comprender nuestra lucha hacia la emancipación total de nuestra clase. Es por ello, que, si bien reconocemos en la experiencia de estos grupos la vigencia de la dignidad y la resistencia ante el despotismo capitalista, creemos que es necesario dilucidar un análisis crítico de la época, puesto que, a pesar de su arrojo, lo que quedó, fue un panorama quizá más desolador que aquellos años de fragor y lucha.

Pese a la implementación de la lucha armada como medio para enfrentar al poder, el contenido nuclear de ésta estuvo impregnada de un carácter democrático y, por tanto, burgués, que posponía el horizonte revolucionario y anticapitalista aún para más adelante. La ilusión que consiste en suponer que la democracia  propicia algún devenir revolucionario[1] ha sido y fue,  la garantía para mantener la paz social y perpetuar el dominio del Capital contra el proletariado, salvaguardando siempre y en última instancia, el funcionamiento de la maquinaria de explotación económica. El programa Social-Demócrata (también conocido como Frente Popular), que busca conquistar el Estado  para reformar las condiciones de producción de los explotados, no modifica en nada la  esencia de éstos, la de ser precisamente productores de su propia desposesión. Dicho de otra forma: no cambia en nada la esencia de los trabajadores, seres subyugados a un salario que les permite sobrevivir, despojados de organizar sus vidas en común, directamente desde el territorio, sin otra mediación que sus propias necesidades y solidaridad.

El programa de grupos como el MIR, FPMR, y MJL constituyó una fiera resistencia proletaria a la masacre implantada por la dictadura, pero su propuesta “popular”, “patriótica” o “rebelde” nunca pasó a ser más que una propuesta para organizar un mercado con explotadores locales antes que europeos o gringos, una “verdadera” democracia ante la “democracia burguesa”, o industrialización de los medios de producción antes que exportación de materias primas. A fin de cuentas, Capitalismo.

La ausencia de una crítica profunda a los cimientos del Capitalismo es la causa de que esta fuerza haya sido solo defensiva y no haya pasado a una ofensiva real contra la sociedad de clases. La tensión alcanzada por aquellos años marcó ribetes históricos, pero no fue capaz de encontrar una coherencia entre sus contenidos que le proporcionará  el ímpetu para profundizar la lucha e ir más allá. Desde el principio, los grupos más radicalizados del proletariado delimitaron su programa definiéndose como  grupos de vanguardia, separándose de lo que denominaban “masa social”, lo cual conllevó -dentro de otros muchos lastres-, una centralización política que estaba verticalmente ligada a la concepción socialdemócrata de las cúpulas políticas del PC y el PS, que, como vimos anteriormente, a pesar de su  apuesta por la lucha armada, siempre concibieron a la democracia como antagónica a la dictadura, lo cual fue aprovechado por la burguesía progresista, que  se benefició de la protesta social y el fragor insurreccional para imponer su programa de reformas y aplastar los residuos de resistencia de los que no aceptaron el pacto con los líderes de la dictadura.

Desde nuestra mirada, la democracia no es ninguna forma de gobierno particular sino la esencia misma del Capital reproduciéndose: la dictadura del valor como ideología generalizada. No existe una contradicción real entre Dictadura y Democracia (lo que no quiere decir que sean lo mismo), sino que son dos momentos del devenir histórico capitalista funcionales a las necesidades de producción y reproducción del Capital en proceso, la única real contradicción, el único antagonismo objetivo, es la lucha de clases que despliega dicho proceso y que se encarna en nuestras vidas. Cuando la democracia ha delimitado las luchas proletarias[2], siempre ha tenido el mismo carácter: sacar a los proletarios de sus propios intereses de clase, llevándolos al terreno burgués de política, o sea, controlar el Estado para impulsar nuevas condiciones de desarrollo del Capital.

El comunismo no puede ser visto como una profundización de la democracia, es más una superación de todas las separaciones producidas por la apropiación privada capitalista, se trata del movimiento que tiende a constituirse en comunidad, aboliendo la dictadura del dinero e imponiendo las necesidades humanas. Mientras los proletarias que se rebelan contra la dictadura del valor sigan creyendo que luchan “por la verdadera democracia”, jamás será posible romper con el viejo orden del mundo, hacia una comunidad humana reconciliada consigo misma y con la naturaleza.

Este 29 de Marzo reivindicamos la vida de todxs aquellxs rebeldes que se enfrentaron al vampiro del Capitalismo, en cualquiera de sus formas, y en cualquiera de sus luchas. ¡Hermanos Vergara Toledo! ¡¡Presente!!

Que nuestra práctica sea histórica, tanto como nuestro pensamiento lo permita. Quien hace revoluciones a medias cava su propia tumba.

 Por la comunización de la vida.

Algunxs pobladores por el Comunismo y la Anarquía.

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Marzo del 2019

[1]  Otros sectores, como la AD, aspiraban lisa y llanamente a la democracia para regresar al estado de “derechos”, en que el orden capitalista debiese transitar “normalmente”

[2] Procesos históricos como el de la Guerra Civil Española 1936 o el Golpe de Estado en Chile en 1973, podrían haber tenido un rumbo diferente de haber tenido en cuenta una crítica radical a la política democrática y partidista, portadores eternos de la representación proletaria, que postergaron siempre las medidas revolucionarias en pos de construir un Estado “socialista”.

[Panfleto] Este 8M ¡Nada que celebrar! Todo por hacer.

Este panfleto fue difundido en forma de octavilla en la marcha del 8M recién pasado, alentamos la reflexión y agitación proletaria en torno a nuestra condición de explotados desde cualquier trinchera de lucha, destruyendo cualquier tipo de identitarismo e ideología y siempre en búsqueda de una real unificación negadora de las relaciones de producción existentes. Por la anarquía y el comunismo.

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“El hecho de entender la violencia contra las mujeres como
parte del dominio masculino y no como una excepción, ha
llevado a la conclusión que la lucha de las mujeres contra
la violencia sexista a nivel individual no se puede separar
de la lucha contra cualquier otra violencia del Sistema”
Rote Zora

El movimiento feminista debe apostar por abolir la condición de explotación y esclavitud que produce y re-produce el estado y el capital, pues no se puede poner fin a la opresión de la mujer, ni de nadie, bajo este sistema reproductor de mercancías que profundiza el orden patriarcal y que nos precariza cada vez más. Por ende, no se puede separar la lucha antipatriarcal de la lucha anticapitalista, porque la lucha es por negar lo que somos forzados a ser y hacer.

Anhelamos forjar hermandades solidarias que destruyan la contradicción entre lo público y lo privado, pues consideramos que esta conceptualización perpetúa la separación de la vida y ubica al grupo social “mujeres” en roles depreciados por la naturalizada valorización de la vida. Comprendiendo que, en la actualidad, el progresismo nos ofrece acceder a estos roles y a una distribución equitativa del poder, llamamos a la negación, ningún movimiento que busque la emancipación humana puede subsistir bajo esta realidad: nuestra vida sometida al tiempo y la lógica de producción, en función de nuestro sexo en beneficio del Estado/Capital.

Pedirle al estado que resuelva la violencia patriarcal, es estar boicoteando nuestra propia capacidad de superar este orden. En lugar de esto, invitamos a combatir y construir en el cotidiano- lugar donde se sortean los elementos necesarios e indispensables para recuperar y sustentar nuestra vida y lazos- los medios materiales para superar la dicotomía de lo público y lo privado y así atacar la totalidad del problema: la proletarización de nuestras vidas.

Apuntamos a la apropiación privada de la tierra que arroja a las comunidades a la esperanza del progreso y el trabajo, porque este robo inicial y permanente nos divide como especie entre quienes cuidamos y quienes producen en primera instancia y que, con el avance del capital, ha llegado a mercantilizar cada aspecto de nuestras vidas. Nos referimos al despojo que vivieron las brujas, las indígenas de hace quinientos
años y que vivirá cada comunidad humana que pretenda convivir con el capitalismo.

Nos negamos a este orden impuesto que nos condena a aceptar la explotación, la
dominación y la mercancía como parte inherente de la existencia. Por la liberación y acceso a la tierra que nos permitirá sustentar nuestra vida de forma autónoma y comunitaria.

HASTA LA RECUPERACIÓN DE NUESTRAS VIDAS
Por un feminismo anticapitalista y revolucionario.