Revolución y Democracia. A propósito del 29m y la lucha anticapitalista

Reproducimos este panfleto publicado por el boletín !Viva la Comuna! numero #2 a días de otro 29 de Marzo, con la memoria afilada ante la contrarrevolución !!

Revolución y Democracia

Apropósito del 29 Marzo y la lucha anticapitalista

“La democracia, dicen, es el gobierno del pueblo. Pero el pueblo no existe, sólo existen las clases”

Anton Pannekoek.

                                                                                                              Parque O’Higgins 1 de Mayo de 1984

El día del joven combatiente conmemora la muerte de los hermanos Vergara Toledo caídos en la Villa Francia en 1985, en el contexto represivo efectuado por la Dictadura Cívico Militar contra la proliferación de las jornadas de protesta popular. A partir de esta fecha, también se conmemora la muerte y la lucha de tantos otros combatientes que desde ese momento, y más allá de la lucha anti dictatorial, se han enfrentado contra la explotación de un sistema que precariza la vida y difunde la miseria para todos y todas.

Para esbozar cualquier análisis sobre esta fecha, creemos necesario describir brevemente su origen histórico  en la lucha de clases.

En aquella época,  a la par del fuerte descontento social, se constituyeron dos frentes políticos: el Movimiento Democrático Popular  (MDP) que contenía lo que se denominaba, hasta ese momento, como la izquierda histórica: el Partido Comunista y Partido Socialista, a los que se sumaba el MIR y el FPMR. Este conglomerado buscaba derrotar a la dictadura por todos los medios posibles, teniendo como objetivo instaurar una “Democracia Popular”, queriendo retomar el camino esbozado por la UP previo al golpe de Estado. Por otro lado, estaba la Alianza Democrática (AD) que contenía a todos los sectores cercanos a la Democracia Cristiana, socialismos renovados y  Partido Radical, apostando a derrotar la dictadura a través de la movilización social, excluyendo eso sí, cualquier forma de violencia. De cualquier manera, apellidos más o apellidos menos, ambos frentes tenían como horizonte el retorno a la democracia.

Desde las primeras jornadas de protestas, ocurridas en 1983, podemos notar como el movimiento social comienza a constituirse en prácticas cada vez más radicalizadas contra la brutalidad imperante del poder. En este escenario,  se distinguen las acciones armadas en contra de la dictadura- como ataques a cuarteles militares y policiales, los sabotajes, voladuras de torres y líneas férreas, ajusticiamientos a miembros de los cuerpos de seguridad, secuestros, recuperaciones de dinero, armas y comida, los copamientos territoriales, las emboscadas y las propagandas armadas-, así como, la  rearticulación de sus vínculos comunitarios a través de la lucha y la organización de las poblaciones, tanto en la coordinación de la auto defensa en barrios, universidades, liceos, juntas vecinales, tomas de terreno, lugares de trabajo y parroquias, como en el brote espontáneo de las ollas comunes para sustentar las necesidades básicas de cada territorio contra la represión militar y económica que impuso la crisis del Capital. Estas actividades de organización territorial y autodefensa en la ciudad se incrementaron e intensificaron notablemente, por lo menos hasta fines de la dictadura. Este contexto fue parte de un antagonismo cada vez más evidente en la sociedad, que fue precipitando al régimen  a entregar el poder, con su punto más álgido en las Jornadas de Protesta Nacional del 2 y 3 de Julio de 1986.

En este contexto, la lucha emprendida por los grupos antidictatoriales como el FPMR, MIR, o MJL contenía una práctica que, en conjunto con otras formas de resistencia proletaria, conforman parte de una oposición histórica al dominio del Capital, siendo experiencias que la memoria de los explotados no debe olvidar, pues tanto sus tácticas como vivencias y errores son parte del recorrido histórico que hemos transitado, y son imprescindibles para comprender nuestra lucha hacia la emancipación total de nuestra clase. Es por ello, que, si bien reconocemos en la experiencia de estos grupos la vigencia de la dignidad y la resistencia ante el despotismo capitalista, creemos que es necesario dilucidar un análisis crítico de la época, puesto que, a pesar de su arrojo, lo que quedó, fue un panorama quizá más desolador que aquellos años de fragor y lucha.

Pese a la implementación de la lucha armada como medio para enfrentar al poder, el contenido nuclear de ésta estuvo impregnada de un carácter democrático y, por tanto, burgués, que posponía el horizonte revolucionario y anticapitalista aún para más adelante. La ilusión que consiste en suponer que la democracia  propicia algún devenir revolucionario[1] ha sido y fue,  la garantía para mantener la paz social y perpetuar el dominio del Capital contra el proletariado, salvaguardando siempre y en última instancia, el funcionamiento de la maquinaria de explotación económica. El programa Social-Demócrata (también conocido como Frente Popular), que busca conquistar el Estado  para reformar las condiciones de producción de los explotados, no modifica en nada la  esencia de éstos, la de ser precisamente productores de su propia desposesión. Dicho de otra forma: no cambia en nada la esencia de los trabajadores, seres subyugados a un salario que les permite sobrevivir, despojados de organizar sus vidas en común, directamente desde el territorio, sin otra mediación que sus propias necesidades y solidaridad.

El programa de grupos como el MIR, FPMR, y MJL constituyó una fiera resistencia proletaria a la masacre implantada por la dictadura, pero su propuesta “popular”, “patriótica” o “rebelde” nunca pasó a ser más que una propuesta para organizar un mercado con explotadores locales antes que europeos o gringos, una “verdadera” democracia ante la “democracia burguesa”, o industrialización de los medios de producción antes que exportación de materias primas. A fin de cuentas, Capitalismo.

La ausencia de una crítica profunda a los cimientos del Capitalismo es la causa de que esta fuerza haya sido solo defensiva y no haya pasado a una ofensiva real contra la sociedad de clases. La tensión alcanzada por aquellos años marcó ribetes históricos, pero no fue capaz de encontrar una coherencia entre sus contenidos que le proporcionará  el ímpetu para profundizar la lucha e ir más allá. Desde el principio, los grupos más radicalizados del proletariado delimitaron su programa definiéndose como  grupos de vanguardia, separándose de lo que denominaban “masa social”, lo cual conllevó -dentro de otros muchos lastres-, una centralización política que estaba verticalmente ligada a la concepción socialdemócrata de las cúpulas políticas del PC y el PS, que, como vimos anteriormente, a pesar de su  apuesta por la lucha armada, siempre concibieron a la democracia como antagónica a la dictadura, lo cual fue aprovechado por la burguesía progresista, que  se benefició de la protesta social y el fragor insurreccional para imponer su programa de reformas y aplastar los residuos de resistencia de los que no aceptaron el pacto con los líderes de la dictadura.

Desde nuestra mirada, la democracia no es ninguna forma de gobierno particular sino la esencia misma del Capital reproduciéndose: la dictadura del valor como ideología generalizada. No existe una contradicción real entre Dictadura y Democracia (lo que no quiere decir que sean lo mismo), sino que son dos momentos del devenir histórico capitalista funcionales a las necesidades de producción y reproducción del Capital en proceso, la única real contradicción, el único antagonismo objetivo, es la lucha de clases que despliega dicho proceso y que se encarna en nuestras vidas. Cuando la democracia ha delimitado las luchas proletarias[2], siempre ha tenido el mismo carácter: sacar a los proletarios de sus propios intereses de clase, llevándolos al terreno burgués de política, o sea, controlar el Estado para impulsar nuevas condiciones de desarrollo del Capital.

El comunismo no puede ser visto como una profundización de la democracia, es más una superación de todas las separaciones producidas por la apropiación privada capitalista, se trata del movimiento que tiende a constituirse en comunidad, aboliendo la dictadura del dinero e imponiendo las necesidades humanas. Mientras los proletarias que se rebelan contra la dictadura del valor sigan creyendo que luchan “por la verdadera democracia”, jamás será posible romper con el viejo orden del mundo, hacia una comunidad humana reconciliada consigo misma y con la naturaleza.

Este 29 de Marzo reivindicamos la vida de todxs aquellxs rebeldes que se enfrentaron al vampiro del Capitalismo, en cualquiera de sus formas, y en cualquiera de sus luchas. ¡Hermanos Vergara Toledo! ¡¡Presente!!

Que nuestra práctica sea histórica, tanto como nuestro pensamiento lo permita. Quien hace revoluciones a medias cava su propia tumba.

 Por la comunización de la vida.

Algunxs pobladores por el Comunismo y la Anarquía.

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Marzo del 2019

[1]  Otros sectores, como la AD, aspiraban lisa y llanamente a la democracia para regresar al estado de “derechos”, en que el orden capitalista debiese transitar “normalmente”

[2] Procesos históricos como el de la Guerra Civil Española 1936 o el Golpe de Estado en Chile en 1973, podrían haber tenido un rumbo diferente de haber tenido en cuenta una crítica radical a la política democrática y partidista, portadores eternos de la representación proletaria, que postergaron siempre las medidas revolucionarias en pos de construir un Estado “socialista”.

[Panfleto] Este 8M ¡Nada que celebrar! Todo por hacer.

Este panfleto fue difundido en forma de octavilla en la marcha del 8M recién pasado, alentamos la reflexión y agitación proletaria en torno a nuestra condición de explotados desde cualquier trinchera de lucha, destruyendo cualquier tipo de identitarismo e ideología y siempre en búsqueda de una real unificación negadora de las relaciones de producción existentes. Por la anarquía y el comunismo.

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“El hecho de entender la violencia contra las mujeres como
parte del dominio masculino y no como una excepción, ha
llevado a la conclusión que la lucha de las mujeres contra
la violencia sexista a nivel individual no se puede separar
de la lucha contra cualquier otra violencia del Sistema”
Rote Zora

El movimiento feminista debe apostar por abolir la condición de explotación y esclavitud que produce y re-produce el estado y el capital, pues no se puede poner fin a la opresión de la mujer, ni de nadie, bajo este sistema reproductor de mercancías que profundiza el orden patriarcal y que nos precariza cada vez más. Por ende, no se puede separar la lucha antipatriarcal de la lucha anticapitalista, porque la lucha es por negar lo que somos forzados a ser y hacer.

Anhelamos forjar hermandades solidarias que destruyan la contradicción entre lo público y lo privado, pues consideramos que esta conceptualización perpetúa la separación de la vida y ubica al grupo social “mujeres” en roles depreciados por la naturalizada valorización de la vida. Comprendiendo que, en la actualidad, el progresismo nos ofrece acceder a estos roles y a una distribución equitativa del poder, llamamos a la negación, ningún movimiento que busque la emancipación humana puede subsistir bajo esta realidad: nuestra vida sometida al tiempo y la lógica de producción, en función de nuestro sexo en beneficio del Estado/Capital.

Pedirle al estado que resuelva la violencia patriarcal, es estar boicoteando nuestra propia capacidad de superar este orden. En lugar de esto, invitamos a combatir y construir en el cotidiano- lugar donde se sortean los elementos necesarios e indispensables para recuperar y sustentar nuestra vida y lazos- los medios materiales para superar la dicotomía de lo público y lo privado y así atacar la totalidad del problema: la proletarización de nuestras vidas.

Apuntamos a la apropiación privada de la tierra que arroja a las comunidades a la esperanza del progreso y el trabajo, porque este robo inicial y permanente nos divide como especie entre quienes cuidamos y quienes producen en primera instancia y que, con el avance del capital, ha llegado a mercantilizar cada aspecto de nuestras vidas. Nos referimos al despojo que vivieron las brujas, las indígenas de hace quinientos
años y que vivirá cada comunidad humana que pretenda convivir con el capitalismo.

Nos negamos a este orden impuesto que nos condena a aceptar la explotación, la
dominación y la mercancía como parte inherente de la existencia. Por la liberación y acceso a la tierra que nos permitirá sustentar nuestra vida de forma autónoma y comunitaria.

HASTA LA RECUPERACIÓN DE NUESTRAS VIDAS
Por un feminismo anticapitalista y revolucionario.

Carta abierta a las mujeres , disidencias y hombres a unos días del 8 de marzo

_“Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.” 
Rosa Luxemburgo

El feminismo no puede y no debe construir a los hombres como sus enemigos “naturales”. El enemigo es el orden patriarcal, que a veces está encarnado por mujeres 
Rita Segato._

Compañeras:
Estamos a unos días del 8 de marzo y hay algunas cuestiones que preocupan. El movimiento feminista ha marcado la agenda pública, las mujeres y las disidencias sexuales estamos dando que hablar. Sin embargo, este ruido que suena cada vez más masivo puede ser contraproducente si no tenemos cuidado. Los análisis simplistas y los odios emocionales, no pueden superponerse a encontrar un análisis crítico que nos lleve por el camino de la liberación y la armonía. Frente a esto planteó dos tensiones:

A) * crítica al separatismo absolutista*: llevar el separatismo a todas las áreas de organización, es una contradicción desde la propia teoría feminista porque
Es considerar que el patriarcado sólo afecta a las mujeres. lo que es una gran miopía, una falacia. El Patriarcado nos afecta a todxs. A nosotras nos castran del poder, del conocimiento, del espacio público, del debate, nos cosifican, etc. A ellos los castran de sus emociones, de sus afectos, de construir lazos afectivos de confianza, los educan para ser violentos y viriles, para demostrar su dignidad a partir de ese juego. A las disidencias las marginan por no reconocer otras formas de sexualidad que no sean las binarias.
Los hombres, como diría Segato, son las primeras víctimas del mandato de masculinidad, pues ellos tienen el mayor número de muertos en los asesinatos y las guerras, ellos mandados por otros hombres, son asesinados principalmente por otros hombres. Los femicidios son la parte más evidente de un análisis que requiere mayor profundidad. Desde este punto de vista, el feminismo es una herramienta teórica y un movimiento social que lucha por la abolición del patriarcado, entendiéndolo como un sistema de relaciones sociales y simbólicas que nos jerarquizan entre hombres, mujeres y disidencias a partir de la utilización de la violencia, donde todo lo que es femenino es sinónimo de ser dominado y conquistado. Por eso nosotras hemos sido las protagonistas, porque somos las mas evidentemente afectadas. Con esto no estoy exculpando ni defendiendo a agresores, ni violadores. Solo estoy poniendo las cosas en términos estructurales, en el patriarcado los únicos privilegiados son los hombres y mujeres burguesas, porque ¿qué privilegios tiene un hombre proletario que trabaja todo el dia, no conocer a su familia,? o ¿que su principal forma de relacionarse sea a través de la violencia?, o ¿ la incapacidad de tener lazos afectivos significativos con sus familiares y amigos y no poder hablar de sus emociones?. ¿Son realmente estas cosas un privilegio?, ¿es un privilegio drogarse y alcoholizarse o salir de fiesta todo el tiempo? como si no existiera otra cosa que el presente, como si no existieran responsabilidades con otrxs. ¿no será un síntoma profundo de soledad, de desconexión o de incapacidad emocional?. Somos hijxs de nuestro tiempo y estos mandatos de masculinidad y feminidad se incrustan en nuestras mentalidades, ahora enlazados con el más profundo narcisismo exitista del neoliberalismo, donde las palabras amor y solidaridad se alejan cada vez más, dando como resultados distintas facetas de la masculinidad y la feminidad patriarcal. Con esto no estoy negando, que sean principalmente los hombres quienes ejercen la violencia física, económica y psicológica contra las mujeres, pero son estos mismos perpetradores quienes también sufren las consecuencias de violencias ejercida por otros hombres. Con esto tampoco exculpo que en sus casas no realicen sus quehaceres en el hogar y dejen todo en manos de las mujeres. Estas cuestiones tienen que cambiar y las enfrentamos con fuerza, si queremos igualdad, responsabilidad ante la vida y construir comunidad, partamos por hacernos cargo de nosotrxs mismxs y cooperemos mutuamente.

Por esto el feminismo no es solo un movimiento de mujeres, no puede serlo (claro, nosotras lo comenzamos, por nuestra posición en la cadena de opresiones,) sino que es un movimiento de la humanidad contra la opresión y la explotación que nos desmantela las potencialidades y las virtudes que podemos desarrollar, un movimiento contra el patriarcado que nos enferma de violencia y competencia, este feminismo del que hablo lucha por la igualdad y la armonía no solo entre los seres humanos sino que también de las otras especies, porque como feministas también entendemos que a la tierra así como a nuestros cuerpos se les ha cosificado, es nuestra responsabilidad también defenderla. Como diría Angela Davis, “el feminismo eficaz tiene que luchar contra la homofobia, la explotación de clase , raza y género, el capitalismo y el imperialismo”. Porque todas estas violencias y opresiones son, (además de los análisis del materialismo histórico), expresiones de mandatos de masculinidad patriarcal.

B) ¿El feminismo es para todas las mujeres?, que tenemos en común con las burguesas? ¿qué tenemos en común con las privilegiadas, con las Señoras lucias Hiriart, con las Margaret Thatcher, con la Paty Maldonado?. Esas fachas solo defenderán sus privilegios, son enemigas de clase.
Ahora revelemos lo que nos ofrece el feminismo liberal disfrazado de igualdad: igualdad en los sueldos y cuotas en las instituciones del poder, poder en instituciones obsoletas y patriarcales ¿para que? mismas horas de explotación por igual paga que los hombres, y ¿se acaba con eso el problema de recuperar nuestras vidas?. Tampoco se acaba nuestra explotación consiguiendo mejores puestos políticos, en esta sociedad de clases. Ellxs seguirán con sus privilegios que se sostienen en nuestra precarización, estamos en veredas opuestas. El feminismo liberal no critica la raiz solo son bueguesas que quieren administrar compartiendo el poder con los hombres. Nuestra lucha no acaba ni empieza allí. Claro, puede ser que una demanda reformista vaya volviendo contextos más favorables para las demandas feministas, pero no es el meollo del asunto. Si el problema del modelo capitalista es la cosificación de las personas, el trabajo asalariado que nos roba la vida y nos aliena. Queremos tiempo para ser y construir comunidad, tener tiempo para lxs nuestrxs. Vamos entonces por demandas que disminuyan las jornadas laborales, para que podamos ir recuperando nuestro tiempo, nuestra vida, para que nos conozcamos a nosotrxs mismxs, con ello vamos organizándonos defendiendo nuestros territorios y construyendo comunidades.

No nos equivoquemos compañeras no seamos contradictorias ni marginemos con estructuras de pensamiento masculinistas: clasificar y separar mujeres si, hombres no, Mujeres adelante, hombres atrás. Hagamos las cosas bien esta vez, yo no quiero que mi compañero, ni mis hermanos o mi hijo caminen detrás mío, quiero que estén construyendo y tejiendo a mi lado, que comprendamos que tenemos la oportunidad de hacerlo a nuestro modo esta vez. Y compañeros no se alteren por las críticas es tiempo de deconstrucción, autocritiquese y cambie. Y si nos vamos a juzgar que sea por nuestra capacidad de cambio (a quienes queremos ser parte del movimiento y estemos dispuestxs a deconstruirnxs, a enfrentarnos a nosotrxs mismos con nuestras contradicciones). El patriarcado nos afecta a todxs de forma distinta pero a todxs, si queremos cambiar la sociedad los hombres tienen que cuestionarse, liberarse y acabar con esos mandatos de masculinidad disfrazados de privilegios.
Por un mundo donde podamos criar con amor y respeto a nuestros hijxs y donde lxs adultxs podamos entendernos en armonía y respeto, en comunidad.
Si bien somos las protagonistas porque la historia nos lo debe por un buen rato, no marginemos, no nos convirtamos en ellos, en sus estructuras de pensamiento segregador. Critiquemos, combatamos a quien haya que combatir. pero tejamos sociedad de una manera distinta, cualitativamente distinta

Así que cabras sororidad, pero de clase y decolonial
Y todxs vamos por un feminismo de clase y anticapitalista A barrer con el patriarcado y el capital
La revolución será feminista o no será!!
8 de marzo, todxs a la calle!!!

En camino a ninguna parte. Sobre el fin del progreso y la actualidad de un mundo sin clases ni Estados

Texto extraído de la página de los compañeros de Kosmoprolet 

Grupo Eiszeit

1 Mayo 2018, Zurich, Suiza

¡Qué bonito solía ser el futuro! Si contemplamos las visiones de futuro predominantes durante el siglo XX y las contrastamos con el presente, nos puede invadir la nostalgia o atenazar la desesperación. Aparte de las visiones apocalípticas que emergieron bajo la impresión de la Guerra Fría o de las sátiras sobre tendencias del presente, prevalecía una visión optimista del futuro.

Además de las expectativas por un posible asentamiento humano en el espacio, de nuevos avances médicos, del entusiasmo suscitado por el surgimiento de nuevos métodos de comunicación y la esperanza de una paz duradera, encontramos, sobre todo, predicciones acerca del futuro del trabajo. Éstas están en total contradiccón con las condiciones de vida del presente. John Maynard Keynes por ejemplo, uno de los economistas burgueses más influyentes del siglo pasado, pronosticó en el año de 1930 que dentro de cien años trabajaríamos 15 horas semanales.

Indudablemente el progreso del capitalismo siempre ha estado relacionado con la brutal explotación de los asalariados. Hoy en día, la legitimación de este sistema económico basada en la concepción del capitalismo como sistema dinámico, de genialidad inventiva y en constante búsqueda del progreso, está completamente en ruinas. Ya nadie quiere alcanzar las estrellas trabajando como astronauta, pues convertirse en estrella de Youtube es definitivamente la opción más atractiva. En realidad todos tienen miedo de reconocer que la perspectiva más optimista que nos queda, es la de encontrar un trabajo del cual podamos vivir y que, si tenemos suerte, recién nos lleve al borde del agotamiento después de los cuarenta. Ya no queda rastro alguno del utopismo de antaño, más bien todos se dedican a conservar la precariedad del status quo. Ya ni siquiera los programas espaciales tienen mucho valor para aquellos países que solían ser líderes en este sector. En su lugar, hoy en día, personas como el autoproclamado superhombre y empresario Elon Musk lanzan automóviles al espacio. Mientras tanto, el laboratorio del futuro, Silicon Valley, ha conseguido sus mayores éxitos en los últimos años, reinventando taxis, servicios de entrega y de alquiler de habitaciones privadas. Todo esto sin respetar las leyes de seguridad laboral y el salario mínimo, los cuales han sido sustituidos por modelos económicos en los que el riesgo empresarial recae completamente sobre los hombros de los precarizados “independientes“.

Volver al futuro

No sólo la promesa de felicidad en el futuro es parte del pasado, también el ahora se presenta en tonos grisáceos. La clase dominante no sólo ha perdido toda visión de futuro, sino también lo que alguna vez acompañó su ascenso: la razón y el humanismo. La deteriorada lumpenburguesía carece de estrategia. Mientras los asalariados son condenados a vivir sometidos al movimiento perpetuo del trabajo asalariado, el personal político se encuentra globalmente en una constante operación de emergencia.

En el norte de Siria, por ejemplo, Turquía, país miembro de la OTAN, ha asesinado ante los ojos de un público mundial mayormente desinteresado, y en complicidad con bandas asesinas islamistas, a curdos sirios (y pronto también asesinará a curdos iraquíes). Son precisamente aquellos que han estado actuando recientemente como infantería de los Estados Unidos y de la Unión Europea contra el Estado Islámico, los que ahora son asesinados con armas provenientes de esos mismos Estados. Al mismo tiempo, la Unión Europea se asegura, a través de generosos pagos al estado turco, de que prácticamente nadie pueda escapar del infierno de la guerra subsidiaria que tiene lugar en suelo sirio y en otros desestabilizados estados de la región, y refugiarse en Europa.

Pero no sólo personas provenientes de las regiones en crisis o en guerra intentan alcanzar las zonas euopeas de alta seguridad. Según la ONU, la migración internacional ha aumentado masivamente. El año pasado, 258 millones de mujeres migrantes cruzaron las fronteras nacionales. Se estima que, hasta 2060, 1.400 millones de personas tendrán que huir de las zonas costeras debido al aumento del nivel del mar. A esto se suman hambrunas en diferentes regiones debido al cambio climático y la progresiva erosión del suelo en territorios desertizados. Si bien no se puede decir con exactitud cuáles serán los efectos de estas catástrofes ecológicas ni cuál será el impacto que tendrán sobre los movimientos migratorios mundiales, con seguridad, la situación mundial se pondrá aún más incómoda.

También dentro de las fortalezas protegidas por Frontex el presente se presenta sombrío. Aunque la Internacional de los nacionalistas promete aislar al precarizado oasis europeo de los problemas de desarollo a nivel mundial, la competencia es omipresente y se presenta, hacia adentro, bajo las siglas de la ideología del darwinismo social y, hacia afuera, como chovinismo nacional e imperialista.

El odio hacia todo lo que es supuestamente inútil se expresa de diferente manera dependiendo del nivel de educación, pero el tenor general es inconfundible: los que no rinden, no tienen derecho a comer. Mientras tanto, el desmantelamiento del Estado del bienestar no combate la pobreza sino que reprime a los pobres. Sin embargo, los apologistas liberales, como el psicólogo evolutivo Steven Pinker (venerado por los medios de comunicación) vitorean que el número de los extremadamente pobres, aquellos que viven con menos de 1,90 dólares al día, está en declive. Al mismo tiempo, la esperanza de vida de los países que alguna vez fueron los más avanzados dentro del capitalismo, disminuye especialmente debido al desmantelamiento del sistema sanitario. Y de los Estados de la periferia meridional europea o de otros lugares en crisis ya nadie quiere hablar.

¡Activemos el freno de emergencia!

Del antiguo patetismo del progreso capitalista ya no queda mucho. La catástrofe no es el futuro inminente, sino más bien la posibilidad de que el ahora se repita eternamente. No será la historia, pero quizás sí una de las próximas generaciones, la que pronuncie un veredicto sobre aquellas personas que contemplaron pasivamente el mundo, sin entender que la miseria generalizada no es una ley de la naturaleza. Pero aquellos que se dedican a observar atentamente verán destellos de resistencia contra la coyuntura política. En diferentes lugares del planeta hay gente que se une para hacer frente al infortunio actual. En los EEUU, por ejemplo, miles de maestros están en huelga luchando contra condiciones de trabajo miserables, en Francia trabajadores ferroviarios y estudiantes se defienden contra los ataques desde arriba, y en Alemania hay huelgas de advertencia de vuelos y trenes y las guarderías permanecen cerradas. Recordemos también las luchas antirracistas contra la violencia policial que ocurren, por ejemplo, en los EEUU y en Brasil, las decenas de miles de personas que en Polonia están luchando contra una nueva ley de aborto tomándose las calles, y la ola de solidaridad con los refugiados en Alemania. Tambien en este país hay gente que se junta para intentar contrarrestar el estado actual de las cosas. Las luchas y tentativas momentaneamente permanecen aisladas, incapaces de oponerse de forma eficaz a las condiciones actuales. Es imposible predecir lo que sucederá en el futuro si estas luchas se intensifican, se expanden y se unen.

Probablemente, a lo largo de la historia, las condiciones objetivas para alcanzar grandes metas nunca hayan sido tan buenas como ahora, pues el desarollo tecnológico conlleva un enorme potencial: robots y sensores podrían librarnos del trabajo duro y monótono; en vez de ser espiados y estandarizados por la “Big Data” podríamos usar computadoras y redes informáticas para producir con cordura y de acuerdo a nuestras necesidades reales. Pero no sólo tendríamos que poner a la sociedad patas arriba sino también algunos aspectos de la tecnología misma, pues actualmente está siendo usada encontra de nosotros.

El ingenio humano no debería ser desperdiciado en encontrar nuevos modelos de negocio para vender cosas que son multiplicables arbitrariamente y que amenazan con socavar la forma de la mercancía. En vez de restringir artificialmente el uso de ciertos logros a través de patentes, podríamos poner a disposición de todos, nuevo software, grabaciones musicales, literatura, información y los avances de la arquitectura o de la investigación médica.

Si precindiéramos de todo trabajo superfluo pero indispensable para el capitalismo, instantáneamente tendríamos enormes recursos a nuestra disposicion: empleados de aseguradoras, directores de bancos, asesores fiscales o abogados; todos podrían usar su fuerza y tiempo en tareas mucho más significativas e importantes. Tan sólo imaginemos un segundo qué podríamos hacer, por ejemplo, si todos los recursos necesarios para el bombardeo y la masacre en Siria, fueran invertidos en otras cosas como la construcción de estructuras necesarias en la región: si así fueran las cosas, entonces hoy en día la tarea principal en Siria sería la administración de un paisaje floreciente. Para la construcción de un portaaviones estadounidense de la clase Nimitz, por ejemplo, se necesitan 40 millones de horas de trabajo y aproximadamente seis mil millones de dólares. Cada uno puede hacer sus propias cuentas e imaginarse lo que se podría hacer con todos estos recursos si fueran usados con sensatez.

La mala noticia: en el capitalismo la razón de estado y las exigencias económicas impiden constantemente todo uso razonable de estos potenciales. La buena noticia es que si derrocamos a este sistema tendremos a disposición un enorme potencial. Si se usara este potencial para desarollar las infraestructuras necesarias en las regiones de miseria, no sólo disminuiría la migración mundial, sino que también se reduciría la contaminación del medio ambiente. Sin embargo, si viviéramos dentro de una comuna mundial, toda persona podría moverse libremente a través del mundo, pues ésta no conocería fronteras que deban ser vigiladas.

La sociedad mundial sin clases ni Estados no conoce la competencia como principio básico, sino que se basa en la organización colectiva para satifacer las necesidades e intereses de los individuos no aislados. En vista del estado actual del mundo y de la falta de perspectivas que nos ofrece, no es más que un imperativo de la razón y de las necesidades romper con toda la mierda omnipresente. Tenemos que dar un salto hacia lo desconocido, pues aunque no surja directamente un paraíso, el resultado será mejor que el estado actual del planeta. No solo está en manos de todos y cada uno de nostros apoyar y unir los destellos de resistencia a través del mundo, sino también el darles una plataforma más amplia a los mismos.

POR UNA SOCIEDAD SIN CLASES NI ESTADOS

COMUNISMO O BARBARIE

[Francia] Sobre los Chalecos Amarillos

Publicamos estas traducciones sobre lo acontecido estas ultimas semanas con el movimiento social  denominado “Gillets Jaunes”. Un acercamiento al proceso interno de la insurrección, sus contradicciones, limitaciones, y la latencia cada vez mas fuerte de la necesidad mundial de una revolución a titulo humano que barra con la dictadura de la valorización. 

  • CHALECOS AMARILLOS PARA QUIENES VEN ROJO
  • COMUNICADO DEL GIIC
  • 1 DE DICIEMBRE: LLEVAR EL DESORDEN AÚN MÁS LEJOS
  • EL AMARILLO NO ES EL COLOR DE LA PRIMAVERA
  • DEMANDAS DEL MOVIMIENTO DE LOS CHALECOS AMARILLOS
  • DEL CHALECO AMARILLO A LA RABIA NEGRA
  • ¿DE LA RABIA NEGRA A LA INSURRECCIÓN GENERALIZADA?
  • OTROS ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL PORTAL LIBERTARIO «A LAS BARRICADAS»
  • TERRIBLE VIOLENCIA EN FRANCIA

Avisar de antemano que los enlances de las notas al pie no están completos, es cuestión de descifrarlos entrando al sitio web nombrado y buscando el artículo en cuestión.

CHALECOS AMARILLOS PARA QUIENES VEN ROJO

Este artículo https://agitationautonome.com/2018/11/22/des-gilets-jaunes-a-ceux-qui-voient-roug apareció un par de días antes de las grandes manifestaciones del 24 de noviembre. Esta es una traducción hecha un poco a la rápida, a la cual seguirán otras, que den cuenta del movimiento de protestas en Francia, según se han ido desarrollando los acontecimientos. Hay una versión en inglés traducida por los compañeros de Ediciones Inéditos (https://ediciones-ineditos.com). [Traducción: Átopos Blaidd]
* * *

En los últimos días, la izquierda ha debido luchar para aprehender políticamente ese nuevo fenómeno llamado “chalecos amarillos” (Gillets Jaunes), pues éste no ha surgido directamente de las formas de protesta tradicionales. Esto ha tenido el efecto de que todos los análisis críticos se apresuran a apoyar alegremente el movimiento sin cuestionar nada (¿quién se moviliza? ¿por qué? ¿cómo?). O bien a despreciarlo descaradamente por esos “picantes” que no adhieren a las “buenas causas”, como si la conciencia de clase pudiese surgir mágicamente en los proletarios. Al mismo tiempo, no podemos describir los eventos como una burda e infundada manipulación de la extrema derecha, capaz de crear un descontento social completamente artificial a través de videos en Facebook.

La locura por los “chalecos amarillos” es un síntoma del período político en que nos encontramos, fruto de un capitalismo en crisis y de la disolución de cualquier identidad de trabajadores reconocible y comúnmente compartida. Esta pérdida de puntos de referencia ha sido brutal, y algunos debates dentro de la izquierda radical (debates que a veces reflejan más un pasado imaginario que una comprensión de la compleja composición de clase de las luchas actuales) han consistido en cuestionar la proporción de proletarios que usan automóvil y que, por lo tanto, han sido directamente afectados por la subida del precio del diesel. Muy a menudo terminan volviendo a la fantasía reaccionaria de una buena Francia campesina rural donde vivía la mayoría de los “pobres” (el concepto del proletariado se escurre rápidamente por las grietas). En nuestra opinión, es más relevante centrarse en el contenido político de este movimiento y en cómo se traduce en la práctica.

La diversidad de los chalecos amarillos en relación con los motivos para movilizarse le ha permitido a cada cual plantar su pequeña bandera ideológica mientras retiene solo lo que le conviene. Así, Action Française, un grupo monárquico francés fundado en 1898, después del caso Dreyfus, por Charles Maurras; el GUD, un grupo neofascista fundado en 2017 por antiguos miembros del Grupo de Defensa Sindical e inspirado en el movimiento italiano Casa Pound; el Rassemblement National, ex Frente Nacional de Marine Le Pen; el grupo Les Républicains, principal partido de derecha animado por el ex presidente Nicolas Sarkozy; pero también La France Insoumise, movimiento populista de izquierda de Jean-Luc Mélenchon; varios grupos trotskistas que van desde la extrema izquierda ex trotskista del Nouveau Parti Anticapitaliste, hasta los orto trotskistas de Lutte Ouvrière, e incluso anarquistas que difunden la buena nueva… todos podrían reclamar la victoria y fortalecerse gracias al relativo éxito de las manifestaciones del 17 de noviembre. Recordemos que cuando en toda Francia salen a protestar 250 mil personas en una movilización convocada por los sindicatos, eso se considera una derrota, y en este caso ni siquiera se había declarado la huelga.

El episodio de Marcel Campion [1] debería haber servido como una lección para algunos que, arrastrados por el ardor de la masificación se están negando a pensar sobre la rabia de aquellos que están saliendo a la calle sobre una base interclasista, yendo incluso detrás de las reivindicaciones liberales de los pequeños patrones. Porque sí, todas las encuestas muestran que “la gente está cabreada”. Pero tenemos que preguntarnos qué significa “la gente” y acerca de qué están enojados.

Si policías, fachos y parte de los patrones se han sentido interpretados por las demandas de los “chalecos amarillos”, ello no es una recuperación oportunista y aleatoria que se ha dado en una convergencia antinatural: es porque la dinámica del movimiento coincide con sus intereses de clase. O, al menos, porque la confusión prevaleciente no amenaza directamente a esos intereses, al menos en la Francia metropolitana. La situación es muy diferente, por ejemplo, en la Isla de Reunión (donde el desempleo entre la población trabajadora es del 22%), donde el movimiento no se está llevando a cabo de manera interclasista, sino precisamente en los barrios más pobres y más racializados (disturbios, saqueos de tiendas departamentales, la policía entregando insignias a los comerciantes para formar milicias, toque de queda, etc.).

Independientemente de lo que digan algunos manifestantes aislados, que expresan su frustración de manera desorganizada ante las cámaras queriendo transmitir declaraciones impactantes, el movimiento se ha desarrollado en torno a un discurso poujadista [2] de protesta contra los “impuestos” y las “cuotas” que “asfixian a la gente”, lo cual está lejos de ser una lucha de clases (y al contrario de lo que se ha dicho, casi el 70% del aumento de los precios proviene de las fluctuaciones del precio del petróleo y no de una política estatal deliberada).

La decisión de “bloquear el país” un día sábado sin acudir a los lugares de producción, está lejos de ser trivial, y es divertido observar que Martínez, el “socialdemócrata”, tiene un mejor análisis de clase que la mayoría de los izquierdistas al declarar que “la CGT no marcha con la extrema derecha ni con los patrones”. Una extrema derecha que se siente cada vez más cómoda (saludos nazis, denuncia de migrantes a la policía, invitaciones a militantes antisemitas, ataques racistas y homofóbicos, etc.), precisamente porque la movilización del 17 de noviembre no tuvo bases sectoriales ni proletarias, sino territoriales y populistas.

Queriendo negar lo obvio e inventar nuevos aliados para ampliar las filas de la “gente rebelde”, los izquierdistas imaginan que comparten con chalecos amarillos al menos un enemigo en común: los capitalistas o, en su defecto, “los ricos”. Pero, ¿cómo podemos afirmar que este movimiento se opone a la burguesía cuando evita cuidadosamente atacar los puntos críticos de la economía, contentándose en cambio con organizar marchas vacías hacia los ayuntamientos, donde los funcionarios electos locales son vilipendiados simbólicamente?

La cobertura mediática y la gestión policial de esta movilización también dicen mucho sobre el grado de amenaza que supone para el Estado y la economía: la complacencia de los noticiarios frente a algo que en cualquier otro contexto habría sido descrito como “disturbios”; las intervenciones policiales relativamente escasas y no violentas frente a mítines no autorizados y, por lo tanto, ilegales; Le Monde hablando sobre un “relativo resguardo de la seguridad” porque no ha habido daños materiales, siendo que se ha informado ya de un muerto y cientos de heridos…

Sin embargo, el día siguiente al 17 de noviembre hubo señales de iniciativas locales que fueron más allá de una lucha fiscal. En algunos lugares, la falta de una coordinación estricta ha permitido algunos “brotes” que se han escapado del marco de la demanda inicial, ya sea tomando una orientación para-sindical, especialmente con bloqueos logísticos que han asustado a los patrones, o bien dando lugar a ataques racistas, sexistas y homofóbicos nacidos directamente del carácter populista de estas manifestaciones. De hecho, “la gente” implica la pertenencia a una “comunidad nacional” de la cual los extranjeros están necesariamente excluidos.

Queda por verse si las fracciones dispersas de los “chalecos amarillos” disidentes pueden sobrevivir independientemente de una dinámica nacional, una vez que la ola de confusión de las movilizaciones haya disminuido. El movimiento se ha basado en una ira generalizada y real entre varias poblaciones pero, en ausencia de contenido estable y determinado, es probable que implosione porque el hecho de ser “ciudadanos enojados” no proporciona ninguna base política común, aunque todos intenten aferrarse a ello de la mejor forma que puedan. Fue esta falta de una base política común lo que llevó a la pérdida del Movimiento de las Horcas en 2013 en Italia, un movimiento populista que fue en parte anti-fiscal y tan “inclusivo” como el movimiento el de los “chalecos amarillos”.

En el lado izquierdista, los filósofos de la École normale supérieure (una de las universidades más prestigiosas de Francia) han podido “experimentar” su pequeño momento con “el Pueblo” (perdón, las “subjetividades difusas”), mientras el escalofrío de la insurrección ciudadana les recorre el espinazo, y comienzan a soñar con disturbios y barricadas en medio de un mitin contra el aumento de los precios del petróleo. En efecto, es este reclamo dirigido al Estado el que constituye la médula espinal de la movilización, y no un anticapitalismo inconsciente de ningún tipo que naturalmente estaría en el germen de las acciones ciudadanas de los “indignados” (en el sentido del “Indignados” españoles o el movimiento “Nuit Debout”).

Génération Ingouvernable [4] llama a “perdernos en la confusión”, una llamada más política. Pero, ¿por qué culpar a los revolucionarios románticos, los mismos que llamaron a la revuelta durante la última Copa del Mundo? Y aquí reaparecen otros poetas: Lundi Matin [5], que afirma que el chaleco amarillo tiene la “utilidad simbólica” de volver la seguridad en contra del propio orden de la seguridad [6]: “Lo que se impuso por primera vez como un dispositivo de seguridad se transforma en una disidencia social. (…) Cuando salen de sus autos, los chalecos amarillos se reconocen entre sí por la urgencia que les impone el repentino deterioro de sus formas de existencia”.

Todas estas extrapolaciones izquierdistas delirantes son lógicamente congruentes con los anarquistas que creían que el movimiento por la independencia fiscal de Cataluña llevaría a la abolición absoluta del capitalismo, o que la consolidación del Estado kurdo en Rojava tenía algo que ver con la revolución comunista. Todo lo que se mueve es rojo, cualquier enojo es revolucionario y puedes hacer pasteles de chocolate con las sobras de un guiso de zapallo.

La comparación con la autonomía italiana de la década de 1970 fue aún más audaz, al atribuir el término “disturbios urbanos” a una caminata ciudadana escoltada por la CRS [7]. Hasta pudimos leer a un intelectual trotskista que vinculaba los chalecos amarillos con las luchas contra la circulación del capital (y alegando por ese motivo que los chalecos amarillos eran trabajadores que que habían abandonado la fábrica, cuando en realidad una mayoría abrumadora estaba trabajando el sábado pasado). Cuando no pasa nada, tenemos que soñar: soñar nos mantiene ocupados en los días entre una reunión y otra, y nos permite sacar del closet el disparate ideológico que teníamos guardado desde el final del último movimiento social.

[1] El sitio web Lundi Matin recibió con agrado el llamado de Marcel Campion, “rey de los recintos feriales” y, por cierto, empresario multimillonario partidario de Marine Le Pen, a manifestarse juntos contra la reforma del código laboral en 2017.

[2] Poujade fue un político francés de la 4ta República que lideró un fuerte movimiento de protesta contra los impuestos, compuesto por comerciantes y gerentes de pequeñas empresas y que pidió un levantamiento del hombre común contra la élite. Jean-Marie Le Pen fue elegido diputado por primera vez en 1956, mientras se postulaba para el partido de Poujade.

[3] Martínez es el actual jefe del sindicato más grande de Francia, la CGT.

[4] Génération Ingouvernable: grupo nacido del Cortège de Tête durante el movimiento contra el Loi Travail.

[5] Revista semanal online inspirada principalmente en los textos del Comité Invisible.

[6] El chaleco amarillo se hizo obligatorio por primera vez en Francia en 2008.

[7] Policía antidisturbios francesa.

Comunicado del GIIC sobre la revuelta social en Francia (2 de diciembre 2018)

Al tercer sábado del movimiento de los “chalecos amarillos”, las imágenes de los disturbios en los Campos Elíseos y del barrio burgués rico y chic de París que los rodea, están en la primera plana de los noticieros. Pero este 1ero de Diciembre, y después dos semanas de bloqueos de las carreteras y de las rotondas, es una verdadera revuelta social mezclando obreros, desempleados, jubilados, artesanos, campesinos, pequeños y auto-empresarios que ha explotado a través todo el país. Los enfrentamientos con la policía se han multiplicado en Tolosa, Marsella, pero también en Tours, Avignon, en Dijon, en varias ciudades más o menos grandes… hasta el Puy en Velay donde la prefectura ha sido quemada por los manifestantes [1].
Exacerbación y generalización de la rabia popular en todo el país

Si unos grupos de extrema derecha [2] y de “extrema izquierda” tipo Black blocs fueron, por cierto, activos al inicio de los enfrentamientos parisinos, se puede dudar seriamente que fuera lo mismo en Puy en Velay (18 000 habitantes al centro de la Francia rural) o aún en Charlevilles-Mézières (48 000 habitantes en las Ardenas). Ante la represión de los CRS y gendarmes (la policía anti-motín), numerosos “chalecos amarillos” decidieron responder a la violencia estatal, sea asumiendo ellos-mismos su propria defensa, sea asociándose directamente o pasivamente a las violencias de diversos grupos más o menos informales llamados “extremos”. Este rechazo físico al ceder a la violencia policíaca del Estado se había ya expresado durante las manifestaciones obreras de 2016 contra la “ley trabajo” que habían sido reprimidas de manera muy violenta, y durante las cuales, miles de trabajadores mostraban sin embargo su solidaridad con los “black blocs” y otros frente a la policía. Esta “radicalización” de los manifestantes durante las movilizaciones sociales responde a las violencias cotidianas impuestas por el capitalismo y la dictadura de su Estado ; y de manera más general a la crisis del capitalismo y a las miserias de todo tipo que este impone sobre miles de millones de seres humanos. Más allá del desconcierto creciente del gobierno incapaz de enfrentar la situación inmediata y que parece únicamente capaz de tirar aceite al fuego, su rechazo – hasta ahora – para retirar sería sólo el alza de las tasas sobre la gasolina que hubiera podido calmar la explosión general de rabia, ilustra a la vez la urgencia del capitalismo francés, pero también internacional, para imponer cada vez más miseria y explotación y el inevitable estallido de violencias sociales masivas a nivel mundial cuyos inicios apenas estamos viendo. Del mismo modo, el hecho que, hasta ayer, las encuestas de opinión indican que 85% de la población francesa apoya al movimiento a pesar de las violencias de los 17 y 24 de noviembre – centenares de heridos y dos muertos – expresa esta radicalización y generalización de la rabia… como las contradicciones y limites de este movimiento ’interclasista’; quiere decir en el cual se mezclan pequeños empresarios, artesanos, incluso campesinos, asalariados, obreros y jubilados.

En el momento de redactar, el callejón sin salida parece total. Por un lado, sin volver sobre ninguna de las tasas y otros aumentos de los precios de la energía que ha decidido, el gobierno centra toda su comunicación sobre los amotinados, los medios de comunicación evocan un clima de insurrección y los sindicatos de policía llaman a que intervenga el ejército y a declarar de nuevo el estado de urgencia ; por el momento, el gobierno parece incapaz de proponer cualquier respuesta política. Por el otro, el movimiento de los chalecos amarillos, por sus características, su composición social diversa y aun contradictoria, sus reivindicaciones también diversas y contradictorias, es incapaz de organizarse a mínimamente y aún menos de poder presentar una verdadera perspectiva de lucha contra el Estado y el capitalismo.
Límites y callejón sin salido del movimiento “interclasista”

La foto de una treintena de chalecos amarillos arrodillados ante la Tumba del soldado desconocido al Arco de Triunfo en París y cantando a todo pulmón la Marseillaise, brazos blandidos hacia el cielo, cualquiera sean los autores (elementos de extrema derecha o no), en medio de los enfrentamientos, ilustra claramente los limites y las contradicciones de este movimiento.

Por una parte, además de las reivindicaciones llamando a la dimisión de Macron y a la disolución de la Asamblea Nacional, reivindicaciones típicas de la pequeña burguesía y de la extrema derecha, la de la bajada de los impuestos y tasas permite a “todos” reconocerse y reagruparse detrás este eslogan. Una gran mayoría de obreros, de proletarios, sobre todo en provincia, poco acostumbrados, si jamás lo fueran, a movilizarse sea por la huelga, sea en las manifestaciones, rechazados lejos de las ciudades y lugares de trabajo por el precio de las rentas y de la vivienda, se ven obligados a utilizar su coches para ir al trabajo. Así, el aumento de la tasa sobre la gasolina se vivió como una enésima agresión contra sus condiciones de vida, “la gota que colma el vaso”. Es precisamente sobre estas reivindicaciones y características pequeño burguesas, en nombre del “pueblo francés”, reagrupando a todas las capas de “trabajadores”, asalariados y proletarios, pero también pequeños empresarios, auto-empresarios, artesanos, comerciantes, campesinos a veces, que el partido de izquierda France Insoumise de Mélenchon lo disputa a la extrema derecha y al Rassemblement National de Marine Le Pen el liderazgo de la defensa del pueblo francés, de la bandera nacional y del nacionalismo lo más grosero.

Sobre este terreno, los obreros que se encuentran aislados y ahogados en tanto que proletarios en una masa con intereses heterogéneos y aun a menudo contradictorios, aislados y ahogados en el “pueblo”, no ganarán nada. Y tienen todo que perder a dejándose arrastrar a métodos y objetivos de lucha que pueden sólo perjudicar la defensa de sus intereses y llevarles en el callejón sin salida del nacionalismo y de la xenofobia, incluso del racismo.
Les toca a los proletarios tomar la dirección de la lucha contra el capitalismo

Por la otra parte, la participación individual de numerosos obreros, de jubilados y de desempleados hizo que varias reivindicaciones que podrían ser retomadas por la clase obrera como un todo, por el proletariado en tanto que clase explotada y revolucionaria, emergieron claramente encima del bric-a-brac reivindicativo de los chalecos amarillos. Además de la anulación de la alza del precio de la gasolina, el aumento del salario mínimo legal, el SMIC – muchos chalecos amarillos “obreros” fijan el aumento a 1800 euros mensuales –, así como el aumento general de los salarios y de las pensiones deberían ser retomadas en los lugares de producción para movilizarse y comprometerse de manera resuelta, quiere decir colectivamente, en la lucha. Es así que la clase obrera podría presentar a estas reivindicaciones una salida real abriendo la vía no solamente a que se las puede ganar, a que el capitalismo francés retrocede por primera vez desde mucho, pero también a la destrucción del capitalismo como tal que conduce el conjunto de la humanidad a la miseria, a la catástrofe ecológica – por la cual la burguesía quiere hacer pagar a los proletarios y poblaciones y a la cual la carrera a la ganancia capitalista nos lleva de manera inevitable – y, de manera más general, a la guerra imperialista generalizada.

Por ello, no se puede contar con los sindicatos llamados “obreros” para llamar a la lucha y a huelgas en la situación presente. Es precisamente lo que la componente obrera de los “chalecos amarillos” ha entendido muy bien después de los fracasos sucesivos de las movilizaciones pasadas, la de 2003 hasta las de 2016 contra la “ley trabajo” y de 2018 de los ferrocarrileros. En ausencia de perspectiva obrera, este sentimiento “anti-sindicalista” entre los sectores los menos experimentados del proletariado en Francia se reconoció, erróneamente, en el “anti-sindicalismo” del pequeño burgués que no es sino la expresión de su temor patológico ante la lucha obrera y la perspectiva del comunismo. Los sindicatos se abstendrán de hacerlo, salvo si sectores obreros al movilizarse ellos-mismos les obligue, aún menos que la emergencia de luchas obreras, huelgas y manifestaciones, en la situación actual de rabia generalizada arriesgaría a presentar rápidamente, y verdaderamente (al contrario de los chalecos amarillos), un peligro real para la burguesía y el capitalismo francés. Dadas las circunstancias y el radicalismo aparente de los chalecos amarillos y del ambiente generalizado en el país, una dinámica de movilización del proletariado en Francia daría de manera inmediata otro carácter a la revuelta social detrás las reivindicaciones salariales, un carácter de clase, en la cual la bandera tricolor lo cedería rápido a la bandera roja ; la Marseillaise al canto de la Internacional – de paso, haría volar en pedazo la “unidad interclasista” de los chalecos amarillos. Y sobre todo, cuestionaría rápidamente el poder existente, el gobierno actual, y provocaría una crisis política afectando a todo el poder de Estado [3].

Sin embargo, para que esta perspectiva de lucha obrera pueda abrirse, todavía los proletarios, los obreros los más combativos, tienen que comprometerse y movilizarse para el estallido lo más pronto posible de combates obreros, para intervenir hacia los chalecos amarillos, en particular obreros, y enseñarles el verdadero terreno y camino del enfrentamiento al capital. Para esto, no podrán ahorrarse la confrontación política a… los sindicatos y partidos de izquierda tan en los lugares de trabajo como en las manifestaciones callejeras. Pero para que esta perspectiva pueda abrirse, los militantes obreros más conscientes y los revolucionarios deben reagruparse, organizarse, en comités de lucha u otro forma, y dirigirse hacia todos los proletarios, tan en los lugares de trabajo como a los, “chalecos amarillos”, quienes están en los bloqueos de carretera.

GIIC (Grupo Internacional de la Izquierda Comunista) – Revolución o Guerra (www.igcl.org), 2 de Diciembre 2018.

Notas:

[1] . Desde el 17 de noviembre, otro movimiento de “chalecos amarillos” se ha desarrollado, en grado menor, en Bélgica.

[2] . Cabe destacar que los intentos iniciales de la extrema derecha de arrastrar a los chalecos amarillos sobre un terreno racista y xenofobo fracasaron hasta la fecha y que estos últimos, en su mayoría, se alejaron de este. El peligro del fascismo al poder no está en la agenda.

[3] . No quiere decir por lo tanto que las cuestiones de la insurrección obrera y del poder de los consejos obreros, de los “soviets”, sean planteadas. Falta mucho para que el proletariado esté a tal nivel de confrontación al capital y al Estado burgués.


1 DE DICIEMBRE: LLEVAR EL DESORDEN AÚN MÁS LEJOS

Esta nota apareció el 3 de diciembre en francés en el blog Carbure (https://goo.gl/w3kJLQ). Fue publicada el mismo día en inglés en la web de Ediciones Inéditos (https://goo.gl/WMpAJJ). Esta es nuestra traducción. Hay que leerlo teniendo en cuenta el giro que la situación dio hace unas horas, cuando el primer ministro francés, Édouard Philippe, anunció la congelación de los precios del gas, la electricidad y de los carburantes hasta que un “diálogo nacional” ponga a punto la reforma del sistema fiscal. [Traducción: Átopos Blaidd]

* * *

El sábado 1 de diciembre, el movimiento Gilets Jaunes dejó de pertenecer a y ser el movimiento de la Francia blanca de clase baja que había sido al principio. Dada la predecible negativa del Estado a satisfacer hasta el más modesto reclamo (como lo demuestra el hecho de que los “portavoces” del movimiento no pudiesen o no quisieran reunirse con el Primer Ministro), también dado el aspecto irrisorio que cualquier demanda asume a la luz de una existencia intolerable, y gracias a la convergencia en un entorno urbano de TODAS las rabias, empieza a manifestarse bajo la capa de discursos e ideologías el contenido revolucionario de nuestra época, y este contenido es el desorden. La pregunta ahora es dónde terminará lo que ha comenzado, o hasta qué punto esto que ha comenzado podrá seguir creando el desorden. Ya quienes pusieron en marcha el movimiento se han puesto a la retaguardia de lo que detonaron, apelando a la razón y exigiendo un retorno al orden republicano en las páginas de Le Journal du Dimanche. Ellos eran la encarnación de la iniciativa en este movimiento y su reticencia demuestra que este movimiento ya no es suficiente. Se contentarán con una moratoria sobre el aumento de los precios del combustible, sobre el aumento del precio de lo que sea, o con la organización de un referéndum sobre la transición energética, justo cuando empieza a emerger un movimiento dispuesto a tomar lo que encuentre en su camino y que ya no puede cristalizar en torno a ningún discurso o demanda; excepción hecha de la repetición del “Que renuncie Macron”, como una especie de mantra que invoca la nada y la desaparición de todo lo que este mundo representa. “Que renuncie Macron” es el límite político de este movimiento y al mismo tiempo un llamado al fin de toda política.

Teniendo en cuenta lo que ocurrió el sábado 1 de diciembre, sería absurdo seguir llamando a esto un “movimiento en contra del alza del costo de la vida”, o religar a un reclamo económico lo que evidentemente ha ido mucho más allá de eso. El sábado, los “Cuadernos de Quejas” (1) fueron utilizados para iniciar incendios. El movimiento Gilets Jaunes, tras superar la etapa de hacer demandas económicas que le caracterizó durante la primera semana, entró en su fase políticamente populista en la semana siguiente, al exigir que el Estado se retire del pueblo o que el pueblo se convierta en el Estado. Hicimos la crítica de esta fase y determinamos el contenido de las demandas formuladas por la Francia blanca de clase baja dentro de su mediación de clase, demostrando los límites del interclasismo y señalando el peligro de una unión nacional popular de algunos contra los “otros”. Apenas acabábamos de hacer la crítica de esta fase cuando nos vimos entrando en otra diferente.

Este movimiento ha carecido del nihilismo necesario para dotar de algún significado a su “apoliticismo”: el encuentro con los “banlieues” (2) le aportó la correspondencia que no tenía con el “movimiento real” (3), que no es un movimiento de progreso social sino uno de destrucción de la sociedad. Este encuentro le permitió al movimiento reconocerse con alegría en el “movimiento real”, como en su casa. Bajo la presión, el interclasismo derivó en una unidad de quienes saben clara o confusamente que no pueden esperar nada de esta sociedad, con aquellos que han sido relegados a los suburbios, los que han naufragado en la pesadilla de la franja periurbana y los receptores de la RSA (4) que sobreviven recogiendo castañas en Ardèche. Había que ver pasar al ejército muerto de la marcha sindical en la Place Bastille, escondiéndose detrás de sus banderas y sus consignas para afirmar la particularidad de sus trabajadores, y sentir la total indiferencia de quienes, con o sin chalecos amarillos caminaban sin rumbo pero juntos por París, para comprender cuán anacrónicos son el antiguo movimiento obrero, sus sindicatos, sus representantes y sus demandas. No habrá “convergencia social”, este movimiento no surgió de la razón izquierdista y nunca será un movimiento social. Esa época se ha ido. Ya no se trata de antirracismo o antifascismo, de izquierda o de derecha, cuando lo único que queda por hacer es quemar todo y saber con quién se puede lograr esto. Este estado de cosas se trata tanto de la guerra civil como de la superación revolucionaria: dar el paso que conduce de la insurrección a la revolución es caminar sobre la hoja de una espada.

Este encuentro ha tenido lugar y queda por ver si se puede repetir y diseminar. Todo lo que puede oponerse a este encuentro ya está aquí, presente en la misma naturaleza “social” del movimiento, así como en las relaciones sociales en sí mismas, que ningún disturbio puede abolir: el eslogan federativo “Que renuncie Macron” contiene implícitamente la posibilidad de una alianza nacional-populista que tome el poder estatal en nombre de “el pueblo” (Le Pen y Mélenchon pidiendo al unísono las elecciones anticipadas), y que de al Estado una forma adecuada a la crisis: una forma compasiva-autoritaria, capaz de hacer que cada cual se ponga en su lugar, asignando a unos la Otredad, mientras asigna simétricamente a los demás la responsabilidad y el patriotismo; aplastando a unos en nombre de los otros con tal de poder dominarlos a todos. Lo hemos visto diez veces en los últimos años: “Que se vayan todos” es a menudo un llamado a renovar, para peor, al personal político. Sin embargo, para llegar hasta allí habrá que volver a poner en su sitio a la Francia blanca de clase baja, sometida a la conducción de la clase media: el trabajo honesto ya pagó su precio justo y la armoniosa circulación de mercancías. Esta es la única forma actualmente concebible de salir de la crisis, a menos que el propio gobierno de Macron se encargue de efectuar tal giro autoritario.

Para evitar esto, el desorden debe ser llevado aún más lejos. El momento de los disturbios urbanos es, en sí mismo, el punto límite de lo que está sucediendo ahora: históricamente corresponde con dos modalidades, o bien la toma del poder del Estado o bien su puesta en crisis para obligarle a hacer concesiones. Pero esto no es 1917, no es posible tomar el poder estatal para realizar un programa socialista; y no estamos en 1968, no ha habido acuerdos de Grenelle (5). Permanecer en la fase de los disturbios urbanos es quedarse en el nivel en que el movimiento todavía tiene una política. Pero si lo que se manifestó el sábado en París y en todas partes de Francia vuelve a los bloqueos, pone en marcha otros nuevos y empieza a “bloquear el país”, es decir, a apoderarse de su futuro y a partir de ahí decidirlo, podemos imaginar el paso desde los disturbios a la revuelta, y de ahí a la revolución. Pero nadie puede decir en qué dirección va todo esto, pues va más rápido que el mundo entero: no hay mejor indicio de un contenido revolucionario que esto. Este movimiento, porque es una lucha de clases, porta en su interior todo lo que puede ser hoy en día una revolución comunista, incluidos sus límites, sus peligros y su imprevisibilidad: pero para llegar a ese punto, probablemente será necesario quemar muchas cosas que aún se interponen entre nosotros, ya sean autos o relaciones sociales.

C.A.

PD: En respuesta a ciertas críticas y preguntas sobre este texto, debe quedar claro que debe entenderse como una instantánea de un evento en desarrollo. Si alguien se sorprendió por su tono “optimista” (que no es algo habitual), también se debe tener en cuenta que este optimismo se ve atenuado por la perspectiva de un retorno al orden, que también resulta previsible dada la naturaleza de este movimiento. Todas las preguntas surgidas de los textos anteriores siguen vigentes. Aunque es esencial mantenerse lúcido, también es esencial tener en cuenta que la lucha de clases no es un río largo y tranquilo, ni una pista de aterrizaje bien marcada para los bombarderos de la teoría “pesada”. Lo que se hace y se deshace en el curso de una lucha va más rápido que nuestras habilidades analíticas, y si lo que se abrió el 1 de diciembre se está cerrando rápidamente, esto deberá ser informado, como todo lo demás. Nada está escrito en piedra: en las luchas hay conjeturas, “desahucios” y todo tipo de otras cosas. Digamos que este texto es parte de eso y toma su posición.

(1) Los Cahiers de Doléances (Cuadernos de Quejas) fueron las listas de demandas elaboradas por cada uno de los tres Estados en Francia, entre marzo y abril de 1789, el año en que comenzó una situación revolucionaria.
(2) Banlieue: suburbios de la periferia urbana parisina.
(3) Referencia al Manifiesto del Partido Comunista de 1847, en el que se afirma: “Llamamos comunismo al movimiento real que suprime el estado actual de las cosas”.
(4) RSA, Revenue de Solidarité Active: modalidad de beneficio social otorgado por el Estado a quienes intentan reinsertarse en el mercado de trabajo.
(5) Acuerdos de Grenelle fueron los que suscribió el gobierno francés con los sindicatos y la patronal para poner fin al levantamiento de mayo y junio de 1968 en Francia.

EL AMARILLO NO ES EL COLOR DE LA PRIMAVERA

Publicado el 6 de diciembre en el sitio web “A ruthless critique against everything existing” (https://goo.gl/HzbscK). [Traducción: Átopos Blaidd]

* * *

Mientras escribimos estas líneas, las calles de París siguen anegadas de una variopinta multitud llena de sueños de un mundo mejor. Pero ningún sueño o fe han traido ni una sola vez el paraíso a la Tierra, porque el advenimiento de un mundo mejor no requiere simplemente la satisfacción de una demanda preexistente, sino la transformación radical de la manera en que las personas se relacionan entre sí. Revolución significa cambiar las relaciones sociales cualitativa y no cuantitativamente. Ninguna revolución es política en el sentido corriente del término. ¿Qué cabe decir entonces acerca de los llamados “chalecos amarillos”?

# 1

El movimiento conocido como los chalecos amarillos se inició a causa de un aumento del impuesto sobre el combustible que impacta directamente sobre la vida de una gran proporción de los habitantes de Francia. El aumento en el precio del combustible hace subir cada vez más el costo de reproducción de quienquiera que consuma la mercancía combustible. Este aumento afecta claramente a la mayoría, si no a toda, la clase trabajadora, pues supone en esencia una disminución indirecta de los salarios reales. Pero el problema es que el elevado costo de los combustibles, además de reducir los salarios, especialmente los de la clase trabajadora, implica también una disminución del poder de consumo de toda la población, más allá de la clase trabajadora [1]. Esto le convierte en un tema apto para generar frentes, alianzas entre clases y acuerdos antigubernamentales en lugar de un nìtido conflicto de clases. Especialmente dado que el impuesto ha sido introducido por el gobierno y sus exigencias para cubrir la inestabilidad presupuestaria, las condiciones muestran que el conflicto estaba, está y seguirá estando dirigido contra un gobierno que “no representa al pueblo”, es decir, que no tiene en cuenta las necesidades de la gente . Esto fue evidente desde el principio: la masa no apeló a las organizaciones de trabajadores existentes, pues no creían que el conflicto fuese con algunos empleadores o con alguna clase.

# 2

Las luchas antigubernamentales son luchas nacionales . De una forma u otra, reprochan al Estado haber incumplido sus promesas. En Francia esto es particularmente notorio por el hecho de que el Estado, tras promover el uso del diesel, súbitamente -en la presidencia de Macron- aumentò su precio. A pesar de su diversidad, este movimiento persigue el objetivo de cambiar de gobierno. La mayoría de las causas y la mayoría de las demandas del movimiento son económicas, y van mucho más allá del alza de impuestos. Se refieren a años de problemas económicos que están hirviendo en la sociedad francesa y afligiendo a los Ciudadanos Franceses. Como tales ciudadanos franceses, consideran que ningún gobierno está reconociendo en el plano material lo que formalmente les ha sido reconocido en el plano político: que como ciudadanos de este país tienen un futuro y merecen la oportunidad de vivir. Lo que debemos entender, dejando atrás la carga de un marxismo anquilosado y demasiado centrado en la economía, es que las causas y demandas económicas no implican necesariamente una lucha de clases revolucionaria. Ni siquiera implican clases. La lucha de clases puede desarrollarse entre fracciones de clases, y puede tener un carácter profundamente reaccionario, sobre todo cuando se limita a satisfacer necesidades que le son exteriores. En tales casos, la lucha misma predetermina una disposición a hacer alianza con quien se muestre capaz de satisfacer el reclamo. En un momento en que sociedades enteras, más allá de las divisiones de clase, parecen verse afectadas por déficits gubernamentales, devaluaciones monetarias y deudas, los problemas económicos aparecen directamente relacionados con el Estado. Como lo que está en juego es el contexto general de la sociedad burguesa, la forma más general de su funcionamiento, tiene lugar un cambio en comparación con el pasado. Las diferencias de clase se transforman en competencia por los ingresos, y en demandas de ingresos y en políticas de ingresos. Puesto que el Estado es un regulador general de los ingresos y de las políticas económicas, función que cumplen en particular sus gobiernos, cada uno de ellos trata de “parchar” los problemas derivados de las sucesivas medidas extraordinarias y proyectos de ley (la cuestión de los decretos o leyes especiales ha venido creciendo en casi toda Europa) [2]. Esto refuerza la percepción de que la rebaja del poder de compra se debe a la falta de democracia y es culpa del gobierno. El nuevo discurso sobre el “ingreso” que ha emergido reúne a individuos de todas las clases sociales, quienes ven precisamente en la redistribución y en el frente inter-clasista la posibilidad de suspender las medidas. Estas alianzas son ya un terreno preparado empíricamente para el triunfo de la ideología nacional.

# 3

La transformación de las luchas en un asunto de competencia por los ingresos hace que los movimientos apunten hacia las diferencias extremas de ingresos, vistas como “perjudiciales” para el buen funcionamiento del mercado o del Estado: el objetivo es entonces criticar a la “élite” [3]. Este significante se usa por lo general para señalar a una burguesía adinerada que compra políticos, posee capitales injustificadamente grandes, monopoliza los mercados y se sirve de planes “fraudulentos” para favorecer sus intereses. Además, esta elite es internacional, una clase burguesa, indeterminada, que destruye no solo a Francia sino a muchos países. En el caso de este movimiento, que surge precisamente de la competencia por los ingresos, muchas agendas políticas diferentes son fusionadas en términos de afinidad ecléctica. Los leninistas tradicionales coinciden así con todo tipo de antisemitas y teóricos de la conspiración, ya que sus teorías subrayan la “naturaleza oculta de la élite que disuelve la escena política y el mercado”. En la narrativa sobre la riqueza injustificada de la élite y los monopolios, las sobresimplificaciones económicas del anarquista terminan dándose la mano con todo tipo de keynesianos que hablan de una adecuada redistribución del ingreso, vuelta al Estado Nación y a una economía nacional. Denunciando el carácter transnacional de las élites, tanto keynesianos como nacionalistas, tanto leninistas como teóricos anarquistas de “lo local”, dan forma a una colorida plataforma de narrativas nacionales: el promedio resultante no es una crítica del capital sino un deseo común de localización. Esto es lo que permite que el movimiento de los chalecos amarillos se extienda por varios países, obteniendo así un carácter “internacional” sin expresar ningún tipo de internacionalismo [4]. Se manifiesta así la tendencia común de la clase trabajadora nacionalizada a aliarse con el pequeño capital, los trabajadores por cuenta propia y los empleados estatales, todos unidos para reclamar por una economía nacional. Puede que las avanzadas demandas económicas de los manifestantes franceses no sean un signo de reconstitución de una clase obrera militante, sino de una radicalización, como medio de lucha, de las formaciones interclasistas y de la incorporación de la agenda de clase en alianzas sociales más amplias.

# 4

Una vez que se pone en marcha la competición por los ingresos, dado que encuentran a un enemigo en el extremo superior de los “ingresos más altos” también encuentran uno en el extremo inferior. Como el reclamo debe hacerse efectivo en términos materiales, salariales, que son la promesa de identidad civil, la persona que no tiene derecho a vivir aquí no merece recibir “una parte del pastel”. Las protestas, aparte de una mínima y excepcional franja politizada, son hostiles a los inmigrantes. Los inmigrantes, independientemente de su número en el país, son considerados como una carga para el Estado y para los contribuyentes. Los únicos inmigrantes que forman parte del país son los que están “afrancesados” y se han ganado el derecho a vivir en Francia, un derecho evidentemente estatal. Si bien el movimiento de los chalecos amarillos difícilmente puede ser acusado de racismo generalizado, se basa en algo que es igualmente peligroso: la separación efectuada por el Estado entre inmigrantes legales e ilegales, útiles y sobrantes. Esta retórica es sobradamente reaccionaria y es lo que traza la línea política que divide a “progresistas y reaccionarios” en toda Europa. Las demandas económicas, precisamente porque son económicas y se dan en un momento en que la visión del comunismo ha desaparecido del inconsciente colectivo, tienen un carácter puramente defensivo, definido por la política económica del Estado que, si ha de satisfacerlas, debe en primer lugar existir [5]. Las luchas de Kiev, de las plazas y de los chalecos en Francia muestran la miseria de la clase obrera nacionalizada, en un mundo de clases que revelan asimismo toda su sordidez y no su grandeza. Los tiempos en que la revuelta era el campo exclusivo de la práctica comunista ya se han ido.

# 5

Los choques violentos en curso no son prueba de radicalidad. La revolución o la revuelta suponen un cambio radical en la forma de las relaciones sociales. Por mucho que veamos humo en las calles y nos identifiquemos con la imagen de un manifestante enmascarado siendo golpeado por fuerzas de orden y seguridad, tales identificaciones son siempre ficticias y precarias. Proyectamos lo que en nuestra sociedad sabemos de los símbolos “encapucharse, destruir, bloquear la calle” y, sin embargo, los motivos y efectos de estas imágenes y acciones en otra sociedad, en otro momento, son muy diferentes de Grecia. Detrás de la capucha puede estar el peor fascista, que odia al “Estado de los que han traicionado a la nación”. Sabemos por el triste ejemplo de Kiev que hay menos significado en los conflictos que en la manera en que los sujetos experimentan esos conflictos en su vida cotidiana. Cuando nacionalistas, pequeños burgueses, trabajadores por cuenta propia y anarquistas luchan juntos contra la policía, lo que triunfa es la ideología nacional, y no necesariamente como hegemonía ideológica. He aquí Gramsi, pero en términos de funcionamiento, de experiencia: el nacionalismo es la unidad y la memoria de la unidad, vivenciada por sujetos burgueses heterogéneos. El nacionalismo se basa en la tolerancia siempre frágil pero exitosa entre categorías contradictorias. Y mientras esta unidad sea funcional, su tensión interna se canalizará en una dirección diferente: hacia la élite y los inmigrantes, las dos caras del “internacionalismo”. El nacionalismo como función es la coexistencia dentro de una plaza o una calle, de todas las identidades burguesas tal como lo que son. Los ataques conjuntos contra la policía llevados a cabo por anarquistas, nacionalistas, pequeños burgueses y trabajadores apuntan en esta dirección. [6]

# 6

El haber conseguido frenar el aumento del precio de los combustibles, es un logro revolucionario. No hay que subestimar la posibilidad de que la amplia destrucción en términos de valor, el bloqueo de calles, etc., puedan evolucionar de formas imprevisibles. También el que hubiese ocasión, aunque muy pequeña, para efectuar expropiaciones, es definitivamente algo positivo. [7] Sin embargo, viendo lo que vemos ahora, podemos decir lo siguiente: si los chalecos amarillos salen derrotados, en el sentido de sólo algunas de sus demandas sean atendidas mientras que otras no, es más probable que el movimiento siga un curso revolucionario de clase. Por ejemplo, las demandas de aumento salarial tienen más incidencia sobre el impulso de los acontecimientos de lo que realmente se afirma. No obstante, si este reclamo se mantiene, seguramente deberá enfrentar la hostilidad incluso del pequeño capital. Y llegado ese punto, las personas que sigan en las calles tendrán que enfrentar un problema importante: por un lado, su disminución cuantitativa, dado que una gran parte de la masa abandonará el movimiento tal como existe ahora; y por otro lado, el encuentro con los inmigrantes, muy difícil en términos materiales reales dado que en todas partes parece estar descartado de plano.

# 7

El Estado, la contrarrevolución y el capitalismo superan a la clase y al análisis radical del asunto, y Macron parece saberlo: a diferencia de los revolucionarios que buscan las claves de la historia en una causa oculta, la verdad profunda del mecanismo social, el capitalismo toma en cuenta la fatiga, la frustración, la esperanza, el miedo y la fugacidad de la vida. Sabe que unas pocas promesas, unas cuantas concesiones hechas a medias, la abundante violencia y la pérdida de varios días de salario, pesan incluso sobre los anhelos más vitales. Lo que empuja a la gente a la calle, el dolor y el miedo, puede llevarlos de vuelta a sus casas: la apuesta de los revolucionarios se plantea precisamente sobre esta marea incierta. El desafío que anida en su corazón es éste: ¿qué dolor es más grande que el dolor del presente o del futuro? Casi siempre es mejor vivir un poco que no vivir en absoluto. Aquellos que no viven en absoluto, esos que no tienen nada que perder excepto sus “cadenas”, no han sido de ninguna manera escuchados en esta rebelión. Hasta ahora.

Notas

[1] https://earther.gizmodo.com/frances-gas-tax-disaster-shows-… .

El proyecto de ley se propuso sobre la base de la transición a la “energía verde” aunque, obviamente, tenía otros incentivos, y más bien ningún beneficio ambiental. Pero esto no lo entienden fácilmente quienes trabajan con diesel y quieren seguir pagando poco. Reaccionaron ante el alza de precio defendiendo sus vidas, sin preocuparse, desde luego, por el beneficio ecológico. Entonces surge un problema diferente: dentro del capitalismo, la no devaluación de la clase trabajadora puede ser incompatible con los problemas ambientales. Esto, por un lado, muestra que la respuesta a los problemas ecológicos es también la respuesta al capitalismo en su conjunto, pero hasta que esto suceda, puede que al interior de la lucha aparezca un problema de prioridades, con la clase obrera desempeñando un papel más conservador que progresista.

[2] https://iapp.org/news/a/2018-global-legislative-predictions/ .

[3] https://voiceofeurope.com/…/europe-is-on-the-brink-of-a-wo…/

[4] https://voiceofeurope.com/…/revolutionary-scenes-as-yellow…/

[5] https://www.doctv.gr/page.aspx?itemID=SPG12699. Por supuesto, vale la pena señalar aquí que no sabemos cuántos y exactamente quiénes están haciendo demandas en esta etapa. Sin embargo, la pretensión de que todos estén representados en la lista es indicativa de un clima chovinista. Algunas peticiones son puramente nacionalistas. Por otro lado, las demandas financieras podrían ser cómodamente el programa de Strasser o de Popular Right.

[6]http://lahorde.samizdat.net/…/gilets-jaunes-ni-macron-ni-f…/ , http://autonomies.org/2018/12/the-uncertain-tides-of-insurrection-the-yellow-westprotests-of-france/ y https://www.rt.com/…/445352-police-union-yellow-vests-fran…/ . Para ver un ejemplo de un análisis clásico de demanda de clase: https://jacobinmag.com/…/yellow-vests-fuel-prices-france-pr…

[7] Para un cuadro muy general: https://www.thelocal.fr/…/opinion-why-frances-yellow-vest-p…

DEMANDAS DEL MOVIMIENTO DE LOS CHALECOS AMARILLOS

A continuación, un resumen de las demandas que el movimiento de los chalecos amarillos (o al menos un sector de él) dirigió a los diputados de la república hace algunas semanas. [el original en francés aquí]

Al leerlo quedan claras dos cosas: primero que el reclamo sobre el impuesto a los combustibles es sólo una de las demandas, la más explotada mediàticamente; y segundo que tal como señalan los análisis hechos por algunos compañeros cercanos, en principio se trata de un movimiento de la clase media en defensa de la economía nacional y de la ciudadanía. Por eso no debe sorprender que abunden las demandas genéricas (“eliminación del creciente fenómeno de los sin techo”, “pensar en el bienestar de nuestros ancianos”), que expresan una buena voluntad tan abstracta como desarmada, ni que éstas sean dirigidas al poder legislativo en un afán por relegitimar los principios de la representación democrática nacional.

Lo cual no significa que las demandas que apuntan aunque sea indirectamente al salario no puedan convertirse en la piedra de toque que imprima al movimiento un contenido de clase, haciendo pasar a primer plano al proletariado asalariado y sus propios límites estructurales. Que este giro tenga lugar, depende de cuán capaces sean los trabajadores asalariados de impulsar su propia agenda de reivindicaciones sin quedar subsumidos en el pantano de la representación sindical, y de cuán dispuestos estén a no limitarse a esa agenda y hacer suya la lucha de los sectores más golpeados entre la población inmigrante, los desplazados de la periferia, los no integrados al orden en general. Si el movimiento llegase a tomar esa dirección, sin duda algunos de los reclamos planteados en este pliego (como el de asegurar “medios adecuados” para los agentes de la represión estatal), serían modificados o sencillamente eliminados. [Introducción y traducción: Átopos Blaidd / Fecha desconocida]

• Eliminación del creciente fenómeno de los sin techo.

• Promover las pequeñas empresas en los pueblos y los centros urbanos. Detener la construcción de grandes zonas comerciales que matan a las pequeñas empresas. Más estacionamientos gratuitos en los centros urbanos.

• Impuestos: que los grandes (Macdonald, Google, AMAZON, Carrefour, etc.) paguen más y los pequeños (artesanos, pequeñas empresas) menos.

• Fin del aumento de los impuestos sobre el combustible.

• Ninguna pensión inferior a 1.200 euros.

• Los salarios de todos los franceses, así como de las pensiones y de las indemnizaciones deben ser indexados con la inflación.

• Proteger a la industria francesa. Proteger nuestro sector industrial significa proteger nuestro know-how y nuestro trabajo.

• Fin del trabajo en comisión de servicios Es anormal que una persona que trabaja en territorio francés no beneficie del mismo salario y de los mismos derechos. Cualquier persona que esté autorizada a trabajar en territorio francés debe estar a la par con un ciudadano francés y su empleador debe contribuir al mismo nivel que un empresario francés.

• Fin de la política de austeridad. Dejemos de reembolsar los intereses de la deuda declarada ilegal y empecemos a reembolsar la deuda sin tomar el dinero de los pobres y de los menos pobres, sino persiguiendo los $ 80 mil millones de evasión fiscal.

• Abordar las causas de la migración forzada.

• Los solicitantes de asilo deben ser tratados bien. Necesitamos alojamiento, seguridad, comida y educación para los menores. Colaborar con las Naciones Unidas para que los campos de acogida estén abiertos en muchos países del mundo, a la espera del resultado de la solicitud de asilo.

• Que los solicitantes de asilo rechazados sean devueltos a su país de origen.

• Que se aplique una verdadera política de integración. Vivir en Francia significa convertirse en francés (curso de francés, curso de historia francesa y curso de educación cívica con certificación al final del curso).

• Salario máximo fijado en 15.000 euros.

• Crear trabajo para los desempleados.

• Aumento de los fondos para las personas con discapacidad

• Limitación de los alquileres. Alojamiento en alquiler a costes más moderados (especialmente para estudiantes y trabajadores precarios).

• Prohibición de vender las propiedades pertenecientes a Francia (presas, aeropuertos, etc. )

• Medios adecuados para el sistema judicial, la policía, la gendarmería y el ejército. Que las horas extras de las fuerzas de la orden sean pagadas o recuperadas.

• Todo el dinero ganado por los peajes de autopistas se utilizará para el mantenimiento de autopistas y carreteras en Francia y para la seguridad vial.

• Dado que el precio del gas y la electricidad ha aumentado a raíz de las privatizaciones, queremos que se vuelvan a poner en marcha y que los precios desciendan de forma significativa

• Cese inmediato del cierre de pequeñas líneas de transporte, oficinas postales, escuelas y guarderías.

• Pensar en el bienestar de nuestros ancianos. Prohibición de ganar dinero gracias las personas mayores. La era del “oro gris” se acabó. Empieza la era del “bienestar gris”.

• Máximo 25 estudiantes por clase de la escuela materna a la duodécima clase.

• El referéndum popular debe entrar en la Constitución. Crear un sitio legible y eficaz bajo la supervisión de un organismo de control independiente en el que las personas puedan presentar una propuesta de ley. Si este proyecto de ley obtiene 700.000 firmas, este proyecto de ley deberá ser debatido, completado y modificado por la Asamblea Nacional, que tendrá la obligación (un año después del día en que se hayan obtenido las 700.000 firmas) de enviarlo al voto de todos los franceses.

• Jubilación a los 60 años para todos los que han trabajado usando el físico (albañil o carnicero, por ejemplo) y derecho a la pensión a los 55 años.

• Un niño de 6 años no se mantiene solo. Continuación del sistema de ayuda hasta que el niño tenga 10 años.

• Promover el transporte de mercancías por ferrocarril.

• Fin de las dietas presidenciales de por vida.

• Prohibición del impuesto a los comerciantes cuando sus clientes utilizan la tarjeta de crédito.

DEL CHALECO AMARILLO A LA RABIA NEGRA + ¿DE LA RABIA NEGRA A LA INSURRECCIÓN GENERALIZADA? DOS TEXTOS SOBRE LAS REVUELTAS EN LA ISLA DE REUNIÓN  

Publicado el 5/12 por La Rebelión de las Palabras:

«Recogemos de Sans Attendre Demain y de 325, respectivamente, traducimos y difundimos dos escritos sobre las revueltas que han tenido lugar a lo largo de la última semana en la Isla de Reunión, en el marco de las protestas del movimiento conocido como “Chalecos Amarillos” (cuyo carácter ciudadanista y reformista ha sido absolutamente desbordado).

El primero es una crónica resumiendo los hechos más relevantes de los 3 primeros días de la revuelta. El segundo, en cambio, es una reflexión con una visión anarquista e insurreccional de las movilizaciones y las expresiones de rabia popular, que han alcanzado niveles muy altos que han puesto en jaque a las autoridades y mantuvieron durante varios días la economía prácticamente bloqueada, con sabotajes, saqueos y enfrentamientos contra la policía constantes.»

EN EL SIGUIENTE ENLACE: https://vozcomoarma.noblogs.org/?p=20968

OTROS ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL PORTAL LIBERTARIO «A LAS BARRICADAS» 

03/12/2018. Mayo-junio de 1968 y noviembre-diciembre de 2018. Reflexiones de Frank Mintz sobre el movimiento.

03/12/2018. Chalecos amarillos en París: informe de lo sucedido el 1 de diciembre. Crónica anarquista de la manifestación y disturbios, publicada en Paris-Luttes.

03/12/2018 Próxima estación: Destitución. Análisis de los objetivos y posibilidades del movimiento. Publicado en Lundimatin y traducido por Artillería Inmanente.

1/12/2018 Breve y crítica mirada al movimiento de los Chalecos Amarillos de Francia. Artículo publicado en It’s Going Down en la línea del de Crimethinc, pero más corto.

27/11/2018. El movimiento de los chalecos amarillos en Francia. Entre el neoliberalismo ecológico y el movimiento apolítico. Artículo de Crimethinc donde estudia las características del movimiento y señala la oportunidad que constituye para los anarquistas.

23/11/2018: Por unos chalecos rojinegros. Miembro belga de Alternative Libertaire explica su experiencia participando en las movilizaciones y anima a los libertarios a involucrarse.

21/11/2018: “Chalecos amarillos” contra el “Presidente de los ricos”. Artículo de la revista izquierdista Jacobin publicado en Todo por Hacer.

EN EL SIGUIENTE ENLACE: https://www.alasbarricadas.org/noticias/node/41071

TERRIBLE VIOLENCIA EN FRANCIA

 

Luis Casado

Seis muertos, más de mil heridos, miles de detenidos. Es el balance, al día de hoy, de la crisis francesa. Los muertos son chalecos amarillos. Como casi todos los heridos. Miles de detenidos, muchos de ellos a título preventivo, antes de manifestar: no es el parche antes de la herida, es Minority Report. Es duro ser la patria de los derechos humanos.

Toneladas de basura arrojada sobre los miserables, por opinólogos, economistas, sociólogos y periodistas venales. De algo sirve controlar los medios: la verdad proviene de la verborrea tarifada. “Los chalecos amarillos luchan contra otros franceses, sus reivindicaciones son contradictorias, no tienen jefes, no se conforman con nada…”

La verdad es que les manants (los zafios, los villanos…) luchan contra los privilegios del riquerío, no contra otros franceses. Sus reivindicaciones no son contradictorias: quieren inmiscuirse en las decisiones que les conciernen. Es verdad que no tienen jefes: aborrecen la democracia representativa y quieren representarse ellos mismos. No se pueden conformar con las sobras, porque son seres humanos con derechos. Eso proclama la República.

Macron anunció un aumento de 100 euros para el salario mínimo. Mintió. Aumentó la “prima de actividad”, financiada por las cotizaciones sociales, no por las empresas. Solo una minoría de los smicards (trabajadores pagados al mínimo) califica para la “prima de actividad”. ¿Cómo hacer para que todos los smicardsreciban los 100 euros? Ante la premura de calmar los ánimos, el gobierno decidió bajar las cotizaciones sociales que pagan las empresas, para que éstas integren los 100 euros en el salario. Primeras beneficiadas: las empresas, que ven bajar el costo del trabajo.

Las cotizaciones constituyen un ‘salario diferido’ y le pertenecen a los trabajadores. Los 100 euros los pagarán pues los contribuyentes, o sea los asalariados. El secretario general de la CGT –principal central sindical francesa– estima que se trata de una estafa.

Mientras las demandas se limitaron a la baja de los impuestos, la derecha simpatizó con el movimiento: les evocaba un cierto Donald Trump. Más de algún intelectual, filósofo o gran pensador ante el Eterno, alabó la “modernidad” del movimiento, cubriendo al mismo tiempo de lodo los “cuerpos intermediarios”, o sea sindicatos, asociaciones y partidos políticos. Apenas los chalecos amarillos precisaron que la cuestión de fondo es el poder adquisitivo, la redistribución de la riqueza creada con el esfuerzo de todos… los mismos intelectuales, filósofos y grandes pensadores ante el Eterno declararon que las reivindicaciones son absurdas, inadmisibles, desatinadas (sic).

La voluntad de auto-representarse, sin admitir intermediarios, es rechazada como una forma de anarquismo. Los opinólogos, que gastan litros de saliva acusando a los sindicatos y a la izquierda de “ideologismo”, ahora le reprochan a los chalecos amarillos su falta de estructura intelectual, y les exigen dotarse de alguna ideología.

El lenguaje utilizado por los manifestantes molesta. No hablan ‘bonito’, no citan a nadie, no practican las muletillas del lenguaje político-académico-filosófico-snob. Dicen simplemente lo que viven. Eso le resulta intolerable a quienes han profesado durante años que la clase obrera ya no existe, que la pobreza y la miseria no son de este mundo o son, simplemente, “une vue de l’esprit”.

Cada manifestante ha estado un mes en la calle: sus acciones no se limitan a los sábados. Quienes trabajan han hecho uso de sus vacaciones para participar en la lucha. Toda esta semana, con todo tipo de argumentos falaces, el gobierno y los medios han intentado disuadir los chalecos amarillos de continuar el movimiento. Una verdadera campaña del terror busca amedrentarles. La descripción minuciosa del dispositivo policial pasa en boucle en radios y TVs. Es un tópico: en cada guerra la primera víctima es la verdad. La prensa miente: es un arma de intoxicación masiva.

Entretanto la vida continúa: un terrorista mata cuatro personas en Strasbourg y hiere gravemente a otras 12. El gobierno aprovecha la ocasión para exigirle a los chalecos amarillos el cese de toda manifestación. Ford decide cerrar una fábrica de cerca de Bordeaux. Rehúsa venderla y deja a más de 900 personas sin trabajo. El ministro de Finanzas truena en la Asamblea Nacional: “¡Es intolerable, es una traición! ¡Estoy indignado, asqueado!” El ministro había buscado una empresa que retomase la actividad y la había encontrado, pero Ford prefiere liquidar la empresa: sale más barato. _Business is business… _

Un economista le recuerda al ministro que allí donde el capitalista arriesga su dinero, manda el capitalista. Olvidó decir que Ford había recibido decenas de millones de euros de ayudas públicas, estatales y regionales. En fin, un economista…

Mañana sábado Francia vivirá el Acto V del enfrentamiento entre los miserables y la casta en el poder. Hay una difusa consciencia de que esta batalla es anunciadora de combates venideros. La comunidad financiera no pierde nada por esperar. La Revolución Francesa se dio en dos tiempos: 1789 y 1792. La contra-revolución también: el 9 Termidor, y el 18 Brumario. La Revolución Rusa conoció a su vez dos episodios: febrero y octubre de 1917.

Avances y retrocesos. La cuestión de fondo no ha sido resuelta. Los chalecos amarillos plantean en realidad la cuestión de fondo: ¿quién, en nombre y en beneficio de quienes, ejerce el poder? Las palabras de Abraham Lincoln aparecen como un telón de fondo, algo deslavado, casi ilegible: “La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Abraham Lincoln… ¿era anarquista?

Afiche “No Somos Zona de Sacrificio”

Nos llego este afiche a nuestro mail y lo DIFUNDIMOS para su reproducción en todo tipo de formato.

“Marx dice que las revoluciones son las locomotoras de la historia. Pero tal vez las cosas sean diferentes. Quizá las revoluciones sean la forma en que la humanidad, que viaja en ese tren, acciona el freno de emergencia.” 

 

Sobre Bolsonaro y la ultra-derecha en Brasil

Escrito anónimo difundido por redes sociales a propósito de la elección del ultra-derechista Bolsonaro en Brasil

La ultraderecha nunca ha accedido al poder político para derrotar a la clase trabajadora e impedir que haga la revolución. Cada vez que la ultraderecha ha llegado al poder, es porque la clase trabajadora ya había sido derrotada. ¿Por quién? Por la democracia. Por el progresismo. Por la izquierda.

Si Bolsonaro ganó las elecciones, es porque antes de su llegada tres gobiernos sucesivos del Partidode los Trabajadores se encargaron de aplastar cualquier rastro de fuerza propia y combatividad que pudiera quedarle a la clase trabajadora de Brasil. Al igual que en 1970 Allende inició su mandato garantizándole a la burguesía chilena que sus intereses no serían amenazados, asimismo Lula da Silva empezó a gobernar en 2003 prometiéndole a los grandes empresarios y banqueros internacionales que ninguno de sus intereses en Brasil correría riesgo alguno.

En efecto, Lula gobernó para garantizar el pago de la deuda pública, asegurando al capital un piso mínimo de estabilidad fiscal que le permitiese invertir con seguridad. Ninguno de los gobiernos del PT alteró en nada las condiciones de la explotación social y la acumulación capitalista en Brasil. Muy por el contrario, tales gobiernos fueron el soporte de una “amplia negociación nacional” destinada a garantizar que la explotación capitalista pudiese proseguir sin contratiempos.

Para cumplir su cometido, a lo largo de sus tres períodos de gobierno el PT cooptó y puso bajo su control a la mayoría de las dirigencias sindicales y sociales, transformando a los líderes populares en ministros, asesores de mercado, administradores de fondos de pensión e inversionistas. Simultáneamente, con tal de preservar las bases de su poder, el PT se puso a sí mismo bajo control de las fuerzas más reaccionarias representadas por el capital agrario, el empresariado de la industria nacional e internacional, el sistema financiero y la teocracia evangélica.

Mientras gobernaba para los propietarios de Brasil, el PT se las arregló para anestesiar el descontento social con una calculada combinación de programas sociales y terror represivo. Cuando Lula aceptó dirigir la Misión de ocupación de Haití en 2004, no sólo le demostró a EEUU que era un aliado confiable para aplastar democráticamente la protesta social en el continente. Al llevar al ejército brasileño a los barrios pobres de Haití, le proporcionó a las tropas un laboratorio para intervenir en las favelas de Río de Janeiro, tal como ocurrió durante las masivas agitaciones populares en contra del Mundial de Fútbol del 2014.

Durante los gobiernos del PT la producción de alimentos en Brasil disminuyó en más de 35%, con el consiguiente aumento de los precios cobrados a la clase trabajadora, debido a las facilidades dadas a las multinacionales agrarias para introducir monocultivos. 200 mil campesinos fueron desplazados mientras que 4 millones perdieron sus tierras a manos de las grandes empresas agropecuarias. Fue bajo los gobiernos del PT, y no bajo gobiernos fascistas, que la deforestación de la Amazonía alcanzó el “punto de no retorno”.

Fue el gobierno de Dilma Rousseff, y no uno fascista, el que recalificó los cortes de carreteras y las tomas de tierras como delitos terroristas. Fue bajo esos gobiernos progres, y no bajo el fascismo, que los comandos de la muerte sembraron el terror entre los más desposeídos de los desposeídos en las grandes urbes del Brasil. Fue bajo gobiernos socialdemócratas, y no de derecha, que las cárceles de Brasil batieron los récords mundiales de hacinamiento y degradación de las condiciones de “vida” de los reclusos. Fue bajo esos gobiernos de izquierda que la clase trabajadora y los oprimidos de Brasil conocieron el umbral más bajo de la humillación y la vergüenza. Al proletariado de Brasil lo derrotó la democracia, no la dictadura.

Lo cual, por cierto, no es ninguna novedad. Mussolini accedió al poder cuando el proletariado italiano ya había sido derrotado por los compromisos electorales de los “partidos obreros y populares”. Hitler fue designado como canciller por el presidente Hindenburg, quien había recibido el apoyo de los socialistas que veían en él un baluarte de la democracia contra el nazismo. En 1973 Allende, en vez de poner en los ministerios clave a representantes de los trabajadores, puso a los militares, mientras los partidos de la UP votaban una Ley de Control de Armas para desarmar a la clase trabajadora y entregársela en bandeja a las tropas pinochetistas. Quince años después, fue la Junta Militar la que organizó la transición democrática, cumpliendo al pie de la letra la doctrina formulada por Jaime Guzmán, quien fue al mismo tiempo el más democrático de los fascistas y el más fascista de los demócratas.

Como todos los fascistas, Bolsonaro ha llegado simplemente a ordenar los negocios después que la democracia progre sacó del juego al proletariado de Brasil, reduciéndolo a nada.

Tengan esto en cuenta cuando se pongan de nuevo a lloriquear por “la llegada del fascismo”. Estos lamentos llegan demasiado tarde. Tendrían que haberse lamentado así, tendrían que haber entrado en pánico y haberse indignado cuando la izquierda socialdemócrata desarmó al proletariado, lo maniató y le hizo adicto a las comodidades, a la anestesia y a las mentiras. El lloriqueo asustado que se deja oír por todas partes hoy, es patético. Sólo demuestra que quienes gimen habían estado durmiendo, viviendo en una fantasía, rehusándose a ver la sangre que brotaba frente a sus narices y la mierda en la que se hundían poco a poco, al son de elecciones y batucadas.

En realidad, la llegada del fascismo nunca es tan mala como parece a primera vista. Al menos, ofrece la oportunidad de desengañarse, madurar y hacerlo un poco mejor de aquí en adelante.

Memoria Obrera: Chile, Septiembre 1973 (Revista COMUNISMO No.4 (Junio 1980))

A continuación difundimos íntegramente este texto enfocado en el análisis de la derrota proletaria en Chile, a partir de la carta que escribieran los cordones industriales el 5 de septiembre de 1973. Este texto apareció en la revista Comunismo No 4 en Junio de 1980, 7 años después del Golpe Militar. A mantener viva la memoria y afinar la teoría revolucionaria contra la verborrea socialdemócrata. 

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Marcha Cordones Industriales, Chile 1972.

A continuación la carta que los Cordones Industriales dirigieran a Allende el 5 de setiembre de 1973, solo unos días antes del golpe de Pinochet. Hemos considerado importante publicar este documento, ya histórico porque aún sin pretender haberlo sido, es hoy una denuncia del papel contrarrevolucionario de todas las unidades populares en el mundo entero, de como los Pinochets son imposibles sin una clase obrera que ha sido desorientada, desorganizada y desarmada políticamente por la izquierda democrática. Este documento por otro lado permite denunciar todas las peroratas sobre los “generales traidores” a las que nos tienen habituados los partidos de izquierda, y situar las causas reales de la derrota obrera en Chile, no en los enemigos que es evidente que en conjunto preparaban la desorganización de los obreros total, de dirección, de perspectiva comunista. Publicamos este documento, además, porque a menos de 7 años parecería como si nunca hubiese existido, porque todas las fuerzas democráticas de oposición han hecho todo lo posible por enterrarlo intentado que se borre para siempre de la memoria de nuestra clase, pues mete demasiado el dedo en la llaga. En fin, publicamos este documento, no porque adheramos a su contenido, sino porque resume la tragedia no solo de la clase obrera en Chile, sino de la clase obrera mundial, tragedia que seguirá reproduciéndose mientras que el proletariado no barra con sus armas a los Allende que se esconden con otros nombres en todos los países: “… no solo nos está llevando por el camino que conducirá al fascismo, en un plazo vertiginoso, sino que se nos está privando de los medios para defendernos”.

Pobladores, Santiago Chile

Este documento, lejos de demostrar la fortaleza de nuestra clase, muestra su debilidad más absoluta, su paralización total frente a un Estado burgués que con su careta de izquierda le pedía replegarse mientras golpeaba a todos los que luchaban por los intereses proletarios y preparaba el masazo “final”. Desconocer, no señalar ese conjunto de debilidades no contribuiría en absoluto al forjamiento de una perspectiva revolucionaria. Sin embargo, cuando criticamos las ilusiones y debilidades, estamos poniendo en evidencia nuestras propias debilidades, las debilidades de nuestra clase, condición imprescindible para superarlas. Nada más ajeno a nosotros, por lo tanto, el despreciar el esfuerzo clasista por romper con las ilusiones allendistas, pero nada sería más irresponsable que publicar este documento como emanante de la clase obrera, sin subrayar hasta que punto las ideas burguesas dominantes entre los obreros -incluso de esa vanguardia de los cordones industriales- se mostraron más fuertes que su instinto de clase y los llevaban, apenas pataleando, al matadero.

El 5 de setiembre (en realidad desde mucho antes) no había duda alguna entre los obreros que iban al matadero, que la represión que había tocado ya a sectores importantes, se generalizaría a toda organización obrera: socialismo “estaba transando (SIC) para llegar a un gobierno de centro, reformista, democrático-burgués que tendía a desmovilizar a las masas…” a situación en la que existía “la certeza de que vamos en una pendiente que nos llevará inevitablemente al fascismo”, “a un régimen fascista del corte más implacable y criminal”. Sin embargo a ese presidente que se le dice por anticipado que “será responsable de llevar al país, no a una guerra civil que ya está en pleno desarrollo, sino que a la masacre fría, planificada de la clase obrera…” se lo trata ni más ni menos que de COMPAÑERO Salvador Allende. Esto resume la tragedia de la clase obrera chilena, a todos los que la habían arriado, atado de pies y manos, desde los Partidos, los Sindicatos, el Estado para introducirla totalmente indefensa en el corral de donde no sale vivo, se le pide decisión contra los que darán el masazo final. Es como pedirle a los que te llevaron ante el pelotón de fusilamiento, que tomen medidas contra los que apretarán el gatillo. el documento señala con claridad que de la desconfianza con respecto a todas esas fuerzas, se pasa a comprender que ese “reformismo” es el camino más rápido al “fascismo”, pero a esas fuerzas se las siguen considerando obreras. “Los trabajadores sentimos honda frustración y desaliento cuando su Presidente, su Gobierno, sus Partidos, sus organizaciones, les dan una y otra vez la orden de replegarse en vez de la voz de mando de avanzar “Ahora los trabajadores no solamente tenemos desconfianza, estamos alarmados” “Estamos absolutamente convencidos de que históricamente el reformismo que se busca a través del diálogo con los que nos han traicionado una y otra vez, es el camino más rápido hacia el fascismo”. Es decir sigue considerando a todos esos reformistas (El reformismo es necesariamente burgués) como “los partidos proletarios”, a los partidos de la UP al Gobierno, a los sindicatos, como los partidos de los trabajadores, al Presidente como el de los trabajadores. A ese organismo, la Central Única de Trabajadores, cuya principal función había sido la de contener las luchas obreras de acuerdo a las necesidades de valorización del capital, llamar a trabajar más cobrando menos por los intereses de la patria chilena (el cobre chileno!) y que llegó a integrar el Gabinete cívico militar del brazo con los generales del ejército chileno que ejecutaría la masacre, se la sigue considerando como “el organismo máximo” de la clase trabajadora.

El panorama era profundamente trágico, incluso aquellos cuya única referencia sobre Chile sean los comentarios de la gran prensa, comprenderán leyendo este texto hasta que punto lo que pasó después fue el desenlace inevitable de la desorientación total de la clase obrera para forjarse su propia vía. Una clase obrera que reconocía que “lo que faltó fue decisión, decisión revolucionaria…, lo que faltó fue una vanguardia decidida y hegemónica” y a falta de ella se le pedía al Presidente que la guiara. Una clase obrera que tenía desconfianza total en todas las fuerzas populistas de la burguesía, pero que con tantas otras veces la historia, no logró construir su propia fuerza. Una clase obrera que en lo más profundo de su tragedia, de una tragedia que no es chilena sino mundial, no tiene un programa propio (o mejor dicho desconoce totalmente su programa) y exige el cumplimiento de lo que denomina un “programa mínimo”: ni más, ni menos que el programa burgués de la Unidad Popular.

En Chile, podemos decir que lo que hubo no fue solo una matanza sistemática preparada por el trillado camino de la “experiencia pacífica de construcción del socialismo”, sino que se realizó integralmente la teoría del apoyo crítico, del frente único, del gobierno obrero, del control obrero… hasta sus últimas consecuencias: la destrucción de toda organización obrera. En efecto independientemente de la importancia relativamente débil que la presencia efectiva del trotskismo tuvo en Chile, independientemente de la ruptura formal entre el MIR y la Cuarta internacional, fue evidentemente una ideología muy hermanada con el trotskismo internacional la que constituyó la barrera de fuerza, que pudo contener a aquellos proletarios que querían escaparse del corral de donde no pudieron salir. SI, en los Cordones industriales, lo del camino pacífico al socialismo no lo creía nadie (exceptuando evidentemente los agentes del Estado burgués infiltrados en las filas obreras), en cambio en lo que se seguía creyendo era en que había que apoyar críticamente a ese “gobierno obrero” para unos, “popular” para otros. Cuanto más el proletariado intentaba desesperadamente escapar al control que sobre él ejercía el Estado burgués, -como tantas otras veces en la historia- más radicalizaba su discurso el centrismo, más se desarrollaron las izquierdas dentro de cada partido de la burguesía, más convergían hacia “el apoyo crítico”, “el control obrero”, etc. Con todas sus variantes y combinaciones hacia ello convergieron fortificándose izquierdas socialistas, cristianas, del MAPU, etc: alineándose en una radicalización con todo tipo de matices que antes había sido propiedad exclusiva del MIR. La lectura del documento no deja ninguna duda de que esa ideología radical de la burguesía, fue una fuerza decisiva para impedir del proletariado al Estado burgués.

Para que los lectores que no han vivido la “experiencia chilena: y que solo hayan escuchado las versiones para la posteridad construidas por la burguesía chilena (socialdemócrata, “comunista”, Trotskista, maoísta, mirista, del Mapu, etc) y repercutida por sus pares en todo el mundo: puedan comprender lo mejor posible el documento que presentamos y porqué se llega al absurdo de “exigirle” al vértice del Estado burgués que tome las medidas necesarias para “transformar las actuales instituciones del Estado donde los trabajadores y el pueblo tengan el real ejercicio del poder”, es necesario señalar algunos antecedentes, En setiembre del 73 no cabe duda que la suerte de la clase obrera estaba decidida, que su debilidad era imponente, que lo que vino después fue solo su ejecución. Sin embargo no siempre fue así y hubo momentos decisivos en que la represión de izquierda y de derecha, de todo el Estado burgués no eran suficiente: la clase obrera chilena intentaba construirse su propia vía. Fue en esos momentos cruciales, que el centrismo con su clásica política contrarrevolucionaria del “apoyo crítico” patrocinada por el MIR, el guerrillerismo en general (decisivos fueron por ejemplo los consejos y discursos de Fidel Castro en Chile o de Cuba hacia Chile), pasaron realmente a primer plano, a constituir la última barrera (pero de fierro) del corral mortal.

Cada vez que la realidad no podía esconderse más y emergían socialmente como inevitables perspectivas o el terrorismo burgués o la destrucción del Estado burgués y la dictadura del proletariado, que suponía evidentemente liquidar por la fuerza en primer lugar el Gobierno de Allende y el Ejército burgués, lo ideólogos del apoyo crítico aparecían en primer plano proponiendo una tercera vía: organización y armamento del proletariado, no para enfrentarse a toda la burguesía y su Estado, sino para exigirle al Gobierno que cumpla su programa “socialista” (SIC) para ejercer el control obrero sobre la producción y la distribución pues así se van logrando “cuotas significativas de poder” (SIC) y para defenderse de los ataques de la burguesía (que para estos señores es sinónimo de derecha) que intenta impedir que se cumpla ese programa. Es precisamente la ideología de esta supuesta tercera vía (pues en realidad conduce inevitablemente a la mantención de la dictadura de la burguesía y el terror blanco) la fuerza que paralizó los intentos más decididos de la vanguardia obrera en Chile. Los intentos más violentos en este sentido durante el allendismo se concentran en 1972 y especialmente a partir del 11 de octubre del 1972, cuando los cordones industriales se desarrollan en respuesta a la catastrófica situación a la que la clase obrera es sometida por el capital en crisis, la represión Estatal y agravado en esa fecha por la huelga de comerciantes, transportistas y profesionales impulsada por la “derecha” (1).

Efectivamente durante 1972 las luchas obreras se agudizan frente a una burguesía que por un lado le pedía trabajar más por la patria chilena y las transformaciones “socialistas” y por el otro le cortaba sus medios de vida. Como en toda otra circunstancia de crisis del capitalismo, la derecha y la izquierda se oponen en cuanto a sus intereses fraccionales, pero se complementan en imponer un aumento de la tasa de explotación: trabajar más y comer menos. Como en toda circunstancia similar las luchas obreras contra la burguesía y la represión del Estado burgués se acentúan. El Estado Chileno, con Frei a la cabeza, con Allende o luego con Pinochet siguió (como no puede ser nunca de otra manera sea “fascista” o “socialista” el presidente) esa línea de acción inherente a su propia esencia. El Estado burgués al ponerse la careta “comunista”, “socialista”, “allendista”, etc. había intentado solucionar la profunda crisis que la economía nacional chilena atravesaba, utilizando como mejores métodos de aumento de la tasa de explotación las nacionalizaciones y el verbalismo socialista. Pero como es evidente no podía dejar de reprimir toda la lucha obrera contra la explotación y desde el principio del ”gobierno de los trabajadores” as luchas de los sin casa, de los mineros, …fueron reprimidas, los partidos del gobierno y Allende si bien denunciaban cada lucha obrera como una provocación, y a los obreros que exigían que se les pagara más se los condenaba como la “aristocracia obrera” (ejemplo a los mineros del cobre): intentaban deslindar responsabilidades frente a cada uno de los hechos represivos: “ellos no podían controlar a los cuerpos represivos no eran responsables de los excesos de los Carabineros y de Investigaciones”. Es decir la historia de siempre, el presidente no sabía, el ministro del interior tampoco, el P.C. no estaba implicado, el PS desconocía que en Investigaciones se aplicaban torturas, etc.

La agudización de la lucha de clase, la represión Estatal y paraestatal del año 1972 dificultan enormemente la operación ocultamiento de la realidad. Comienza a quedar al descubierto que los torturadores, los asesinos de obreros, son además de los de Patria y Libertad, del Partido Nacional de PROTECO (Protección a la Comunidad), de Democracia Cristiana, etc. los Partidos del Gobierno. En cada acción de los Carabineros y de Investigaciones contra grupos de obreros son identificados dirigentes de la Unidad Popular, del Partido “Comunista” y del Partido “Socialista”. Allende sigue llamando a trabajar más a “definir, producir y avanzar”: mientras en Investigaciones sus colaboradores, dirigentes como Carlos Toro o Eduardo Paredes (2) proseguían sus interrogatorios de obreros encapuchados en base a “la corriente”, golpes, submarino,… (muy poco después Pinochet ampliaría esas instalaciones). Ese mismo cuerpo del Estado junto con los Carabineros durante todo el año incrementará sus operativos antiobreros entre los que se destaca el del ataque a los campamentos de los sin casa de Lo Hermida (concentración de 8 campamentos proletarios). Unas 45 mil personas (5 campamentos) son atacadas en plena noche por tanquetas de carabineros, micros de Grupo Móvil, patrulleras, camionetas, etc. que avanzan alumbrándose con luces de bengala. El ruido de las ráfagas de metralleta, y del estallido de las bombas lacrimógenas tiradas dentro de las casas se mezclaban con los llamados de los autoparlantes a sostener el Gobierno de Allende. Los resultados no los podía tapar nadie (un obrero muerto, niños con lesiones provocadas por los gases, centenas de interrogatorios en investigaciones) Las declaraciones de los pobladores incluidos los allendistas eran terminantes: “En el año 70 llegamos a estos terrenos… jamás íbamos a pensar que lo que no tuvimos con Frei y Alessandri lo íbamos a tener con el compañero Allende” “Lo que aquí ha ocurrido es una masacre. Los muertos son compañeros pobladores. Los heridos y ultrajados son hombres, mujeres y niños de nuestros campamentos, lo que la fuerza policial ha cometido en Lo Hermida es un asesinato contra el pueblo” “Nosotros hoy con dolor, con pena con rabia decimos que este gobierno se ha manchado las manos con sangre, pero con sangre de los mismos que fueron y marcaron la cruz en el voto para darle el triunfo al gobierno de la UP. Ahora no vamos a salir más a apoyar el reformismo. Vamos a salir a jugarnos, a mostrar que los pobladores sacrificados, vejados, muertos, acribillados, tenemos otro temperamento y otra determinación”. Aparentemente nadie podría evitar las consecuencias, nadie salvo los apoyadores críticos, la última barrera de contención contrarrevolucionaria.

Punto Final centraliza la campaña, denuncia los hechos, culpa al reformismo lo denuncia como lo que es: contrarrevolucionario (3), es decir parte de las necesidades y posiciones obreras elementales. Pero cuando se tienen que extraer las conclusiones, se opone férreamente a la única salida proletaria (enfrentar a toda la contrarrevolución sea fascista o reformista) se encuentra siempre la tercera vía: “Este gobierno tiene dos caminos: estar con el pueblo o ser su asesino”. Es decir se presenta al vértice del Estado burgués como neutro y sus personeros como capaces de pasar del lado obrero “Porque la meta estratégica de los trabajadores no termina con este gobierno que, eso si, puede alcanzar el mérito honorable si se lo propone, de abreviar la lucha histórica de la clase trabajadora chilena” (4) El problema para esa fuerza trotskisante que se expresaba en Punto Final se reducía entonces a “castigar a los culpables” y a defender el régimen: “… el intercambio de visitas entre La Moneda y Lo Hermida abrió una nueva perspectiva al problema. La suspensión en sus cargos del Director y Subdirector de Investigaciones, contribuyó también a mostrar una apertura del Presidente Allende (SIC) al diálogo con los pobladores, que exigían sanciones para los responsables (SIC)” (5). Y los miristas e izquierdistas varios, sacaban la cara abiertamente por Allende: “Conocemos a Allende y si bien discrepamos en muchos de sus puntos de vista por no decir de casi todos, hay cuestiones fundamentales que le reconocemos. En primer lugar consecuencia entre lo que piensa, dice y hace. Luego, coraje personal. Además una trayectoria política incompatible con la represión al pueblo (SIC). Por lo tanto creemos que Allende seguramente (SIC) fue el primer sorprendido (SIC) y quizás el más fuertemente golpeado (SIC) por la salvaje represión descargada sobre ese campamento de pobladores (evidentemente no más que los pobladores: NDR). La prensa derechista (SIC) ha tratado de endosarle la responsabilidad por lo sucedido en un intento de asimilar su gobierno a anteriores regímenes represivos antipopulares (SIC)” (6).

Al leer la carta de los cordones industriales el lector no debe perder de vista estos acontecimientos y este tipo de toma de posiciones.

La situación que fue imponiendo la burguesía era tal que todo ataque obrero al vértice del Estado burgués, era considerado de “derecha” y que le hacía el juego al imperialismo. Evidentemente que siempre la burguesía ataca a los revolucionarios de esta manera, lo que fue impresionante fue el nivel de imposición de este mito en toda la sociedad chilena: en ello iba contenida la derrota del proletariado.

Como dijimos en octubre la situación de la clase obrera resultaba intolerable, los desabastecimientos (impuestos por la “derecha”) de los artículos indispensables de subsistencia era imponente. Nunca había vivido una situación tan calamitosa en donde trabajara más (gracias a la “izquierda”) por tan poco. por ello no es gracias al progresismo del gobierno popular (como dice la historia oficial y paraoficial) que hubo tanta lucha obrera, sino porque a la vez la situación era insoportable y que ni la “derecha” ni la “izquierda” habían logrado aún su desorganización total para pegarle el masazo “final”. Por todos lados se desarrollaron organismos de base con centralizaciones territoriales, asociaciones de obreros en lucha, comandos de campamentos, juntas vecinales, centros de madres, organismo que reúne artesanos, organismos estudiantiles, etc. que conformaron los Consejos de Trabajadores, que asumieron diferentes denominaciones: Consejos Coordinadores Comunales, Comandos Comunales de Trabajadores, Cordones Industriales (7). El proletariado sólo pretendía una cosa: liquidar a los culpables de la situación insostenible y tomar las riendas de la situación. Evidentemente que la cuestión del PODER estaba planteada en todos lados. Era un momento crucial. El Gobierno considerando trágica la situación responde formando el Gabinete Cívico Militar al que se refiere el documento que publicamos. El MIR (8) y las fuerzas que de hecho lo secundaban se afirmaron en el primer plano, fomentaron e impulsaron todos esos organismos y los consejos coordinadores, las consignas de que había que armarse prendían más que nunca, sostuvieron que era el momento de derrotar el “poder burgués”, es decir, se pusieron objetivamente a la cabeza del proceso, pero como siempre para contenerlo en el apoyo crítico. Otra vez se tomaban un conjunto de necesidades y posiciones obreras para dirigir al proletariado al callejón sin salida del apoyo crítico a sus enemigos más disimulados, para llevarlo más hábilmente a la defensa del Estado burgués. Punto Final titula el 7 de noviembre del 72 en enormes caracteres “A derrotar el poder burgués AHORA” Lo que podía parecer una consigna insurreccional si no se supiese que por “poder burgués” esas fuerzas con el MIR a la cabeza, entienden cualquier cosa menos el “Estado Burgués”. Más que nunca se sostendrá que el Gobierno quisiese ir hacia el socialismo y que la burguesía no lo deja, que el Ejército no se ha aún definido, que deberá escoger “El gobierno del Presidente Allende tiene el compromiso con el Pueblo (SIC) de llevar adelante un programa que significa, textualmente, iniciar la construcción del socialismo (SIC), en nuestra patria (SIC). Ese objetivo es precisamente, el que la burguesía (SIC) trata de impedir que se cumpla” (9). Comentando la entrada de los Generales a los Ministros Punto Final dice: “Las FFAA al margen de sus deseos de mantener una neutralidad que no corresponde a las características del proceso chileno (SIC), se verán obligadas a escoger. Su participación en el gobierno de la UP da a oficiales (SIC) y soldados la oportunidad de sumarse a la histórica misión de los trabajadores… Las FFAA tienen un papel verdaderamente patriótico (SIC) y democrático (SIC) que jugar junto al pueblo (SIC) apoyando a los trabajadores en su lucha contra la explotación de la burguesía (SIC)… Solamente los hechos podrán confirmar (SIC) o descartar esta posibilidad. Solo el bando que escojan en la lucha de clases (SIC) dará la pauta que del significado que tiene el ingreso de las FFAA en la escena política” (10) Es decir ahora no solo el Gobierno había dejado de ser parte del Estado burgués, sino que ahora hasta el Ejército no había que destruirlo pues podía elegir y servir a los trabajadores (!) Es toda esa corriente trotskisante apoyadora “crítica” que partirá de necesidades obreras, utilizará un lenguaje hasta “insurreccional”, para defender mejor a la contrarrevolución la que se impondrá en los cordones industriales liquidando toda iniciativa clasista, toda posibilidad de un pasaje a la ofensiva obrera. Esa corriente política internacional consecuente hasta la médula con la contrarrevolución dirigirá los cordones, no hacia el ataque del Estado Burgués, sino hacia la autogestión: “En cuanto tales organismos asumen tareas concretas -en orden al abastecimiento de alimentos, transporte, salud, producción y eventual defensa frente al fascismo, toman en sus manos una cuota significativa de poder”. (11) Mentira reaccionaria que en España había sido decisiva”: jamás los trabajadores podrán dirigir la sociedad ni tener “cuotas de poder”, mentira de la contrarrevolución pero que se impondrá y llevará a los trabajadores a la situación de desorientación y masacre del 73 y años sucesivos. “Control obrero” que sacará a la burguesía de una situación dificilísima y le permitirá minuciosamente preparar la masacre.

Podríamos decir que en general en el capitalismo la burguesía cuida y vigila sus empresas y el proletariado prepara su guerra. En Chile en la medida que esta ideología se fue imponiendo y “las parcelas del poder se iban conquistando: la cosa fue al revés: mientras los obreros estaban bien entretenidos, la burguesía realizaba su guerra y preparaba la masacre. La guerra la ganó así, en 1972 y principios del 73, utilizando más la dispersión que las balas, a finales del 73 solo le quedaba realizar la masacre. En ella como siempre cayeron también muchos defensores del Estado Chileno y del Allendismo en particular. Ello no es una excepción, sino que siempre que la represión antiobrera se generaliza se toca también a fracciones del capital. A éstos que siguen siendo nuestros enemigos aunque hoy estén en la oposición más importante que llorarlos preparar la fuerza de clase para vengarlos. La mejor forma de ser consecuentes con ellos es luchando contra el capital en todo el mundo, ir gestando la dirección comunista que tanto faltó en Chile, como sigue faltando en el mundo entero. De la historia de nuestra clase tenemos aún muchísimo que aprender y ello será necesario para vencer.

Notas

(1) Evidentemente que esta huelga en la que la “derecha” movilizó para sus fines a pequeños burgueses y también a masas obreras (que no tenían ninguna razón para estar conformes con la izquierda) tiene como objetivo declarado la lucha contra la “izquierda” en el Gobierno. Un análisis de las luchas entre las fracciones de la burguesía debería hacer hincapié en estos factores. Nosotros nos interesamos aquí solo en lo que fueron los efectos principales en la clase obrera, porque estamos considerando fundamentalmente (lo que es fundamental y por ello más encubierto) la contradicción burguesía/proletariado.

(2) Tal vez sea bueno recordar que este tipo de “socialistas” amigo de Allende y que murió fiel al allendismo en la Moneda, era de los dirigentes encargados de repartirles armas a los trabajadores si venía el “golpe fascista”. Ironía o tragedia (?)

(3) El primer número del 15 de agosto de 72 se dice: “El culpable directo de este grave hecho es el reformismo, cuyo papel negativo llega al extremo de utilizar para sus propios fines un aparato represivo que durante largos años se ha cebado en la carne del pueblo…” Y el mismo texto se dice: “… nos referimos al factor contrarrevolucionario que significa el reformismo”

(4) Idem.

(5) Idem.

(6) Idem.

(7) Algunos surgieron con anterioridad y fueron casi clandestinos. Su reproducción y afirmación social se dan en estas circunstancias

(8) El MIR había lanzado ya antes la consigna de “consejos comunales de los tabajadores”

(9) Punto FInal 7/11/72.

(10) Idem

(11) Idem

ANEXO: CARTA DE LOS CORDONES INDUSTRIALES AL COMPAÑERO SALADOR ALLENDE

Santiago, 5 de septiembre de 1973.

A SU EXCELENCIA EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, COMPAÑERO SALVADOR ALLENDE:

Ha llegado el momento en que la clase obrera organizada en la coordinadora provincial de cordones industriales, el Comando Provincial de Abastecimiento Directo y el Frente Unico de Trabajadores en Conflicto, ha considerado de urgencia dirigirse a Ud. alarmados por el desencadenamiento de una serie de acontecimientos que creemos nos llevarán no sólo a la liquidación del proceso revolucionario chileno sino, a corto plazo, a un régimen fascista del corte mas implacable y criminal.

Antes, teníamos el temor de que el proceso hacia el socialismo se estaba transando para llegar a un gobierno de centro reformista, democrático burgués que tendía a desmovilizar a las masas o a llevarlas a acciones insurreccionales de tipo anárquico por instinto de conservación.

Pero ahora analizando los últimos acontecimientos nuestro temor ya no es ese; ahora tenemos la certeza de que vamos en una pendiente que nos llevará inevitablemente al fascismo.

Por eso, procedemos a enumerarle las medidas que, corno representantes de la clase trabajadora, consideramos, imprescindible tomar.

En primer término, compañero, exigimos que se cumpla con el Programa de la Unidad Popular. Nosotros en 1970, no votamos por un hombre, votamos por un programa.

Curiosamente, el capitulo primero del programa de la Unidad Popular se titula “El Poder Popular”. Citamos página 14 del programa: …”las transformaciones revolucionarias que el país necesita sólo podrán realizarse se si el pueblo chileno toma en sus manos el poder y lo ejerce real y efectivamente”…

…”Las fuerzas populares y revolucionarias no se han unido para luchar por la simple sustitución de un presidente de la República por otro, no para reemplazar un partido por otro en el gobierno, sino para llevar a cabo los cambios de fondo que la situación nacional exige, sobre la base del traspaso del poder de los antiguos grupos dominantes a los trabajadores al campesinado y sectores progresistas de las capas medias”… ”transformar las actuales instituciones del estado donde los trabajadores y el pueblo tengan el real ejercicio del poder”… ”El gobierno popular asentará esencialmente sus fuerzas y autoridad en el apoyo que le brinda el pueblo organizado”…

Página 15…” A través de una movilización de masas se construirá desde las bases la nueva estructura de poder”… Se habla de un programa de una nueva constitución política, de una Cámara única, de la Asamblea del Pueblo, de un Tribunal Supremo con miembros designados por la asamblea del pueblo. En el programa se indica que se rechazará el empleo de la fuerza armada para oprimir al pueblo”… (página 24).

Compañero Allende, si no le indicáramos que estas frases son citas del Programa de la U.P. que era un programa mínimo para la clase, en estos momentos se nos diría que este es el lenguaje ”ultra” de los cordones industriales.

Pero nosotros preguntamos ¿dónde está el nuevo estado, la nueva constitución política, la Cámara única, la asamblea popular, los tribunales Supremos?

Han pasado tres años, compañero Allende, y Ud. no se ha apoyado en las masas y ahora nosotros, los trabajadores, tenemos desconfianza.

Los trabajadores sentimos una honda frustración y desaliento cuando su Presidente, su Gobierno, sus Partidos, sus organizaciones, les dan una y otra vez orden de replegarse en vez de la voz de mando de avanzar. Nosotros exigimos que no sólo se nos informe sino que también se nos consulte sobre las instrucciones que al fin y al cabo son definitorias para nuestro destino.

Sabemos que en la historia de las revoluciones, han habido momentos para replegarse y momentos para avanzar; pero sabemos, tenemos la certeza absoluta que en lo último, años podríamos haber ganado no sólo batallas parciales sino la lucha total; haber tomado en esas ocasiones medidas que hicieran irrevocable el proceso después del triunfo de la elección de regidores de 1971 el pueblo clamaba por el plesbicito y la disolución de un Congreso antagónico.

En Octubre, cuando fue la voluntad y organización de la clase obrera la que mantuvo el país caminando frente al paro patronal, donde nacieron los Cordones Industriales en el calor de esa lucha; y se mantuvo la producción, el abastecimiento, el transporte, gracias al sacrificio de los trabajadores y se pudo dar el golpe mortal a la burguesía, Ud. no nos tuvo confianza. A pesar de que nadie puede negar la tremenda potencialidad revolucionaria demostrada por el proletariado, le dio una salida que fue una bofetada a la clase obrera, instaurando un Gabinete cívico – militar, con el agravante de incluir en él a dos dirigentes de la Central única de Trabajadores que al aceptar integrar estos ministerios hicieron perder confianza de la clase trabajadora en su organismo máximo. Organismo, que cualquiera que fuera el carácter del gobierno, debía mantenerse al margen para defender cual quiera debilidad de éste frente a los problemas de los trabajadores.

A pesar del reflujo y desmovilización que esto produjo, de la inflación, las colas y las mil dificultades que los hombres y mujeres del proletariado vivían a diario, en las elecciones de Marzo, de 1973 mostraron una vez más una claridad y conciencia al darle 43% de votos militantes a los candidatos de la UP.

Allí también compañero, se deberían haber tomado las medidas que el pueblo merecía y exigía para protegerlo del desastre que ahora presentimos.

Y ya el 29 de Junio cuando los generales y oficiales sediciosos, aliados al Partido Nacional, Frei y Patria y libertad se pusieron francamente en una posición de ilegalidad, se podría haber descabezado los sediciosos, y apoyándose en el pueblo y dándole responsabilidad a los generales leales y a las fuerzas que entonces le obedecían haber llevado el proceso hacia el triunfo, haber pasado a la ofensiva. Lo que faltó entonces, en todas estas ocasiones, fue decisión revolucionaria; lo que faltó fue confianza en las masas, lo que faltó fue conocimiento de su organización y fuerza, lo que faltó fue una vanguardia decidida y hegemónica.

Ahora los trabajadores no solamente tenemos desconfianza estamos alarmados.

La derecha ha montado un aparato terrorista tan poderoso y bien organizado, que no cabe duda que está financiado y dirigido por la CIA, matan obreros hacen volar oleoductos, micros, ferrocarriles. Hacen apagones en dos o tres provincias, atentan contra nuestras sedes, contra nuestros locales partidarios, y sindicales.

¿Se los castiga o apresa? – ¡No compañero! Se castiga y apresa a los dirigentes de izquierda.

Los Pablos Rodriguez, los Benjamines Mattes confiesan abiertamente participado en el ”tanquetazo”. ¿Se les allana y humilla7 – ¡No compañero. Se allana Lanera Austral de Magallanes, donde se asesina a un obrero y se tiene a los trabajadores de boca en la nieve durante horas y horas

Los transportistas paralizan el país dejando hogares, humildes sin parafina, sin alimentos, sin medicamentos.

¿Se les veja, se les reprime? – ¡No, compañero!.

Se veja a los obreros de Cobre Cerrillos, de Indugas de Cemento Melon, de Cervecerias Unidas.

Frei, Jarpa y sus comparsas financiadas por a ITT llaman abiertamente a la sedición. ¿Se les desafuera, se les querella? – No, compañero.

Se querella, se pide el desafuero de Palestro, de Altamirano, de Garretón, de los que defienden los derechos de la clase obrera.

El 29 de Junio se levantan generales y oficiales contra el gobierno, ametrallando horas y horas el Palacio de la Moneda, produciendo 22 muertos. ¿Se les Fusila, se les tortura? – ¡No compañero!

Se tortura en forma inhumana a los marinos y suboficiales, que defienden la constitución, la voluntad del pueblo y a Ud. compañero Presidente.

Patria y Libertad incita al golpe. ¿Se les apresa? ¿Se les castiga? – ¡No, compañero.

Siguen dando conferencias de prensa, se les da salvoconductos para que conspiren en el extranjero. Y mientras se allana SUMAR, donde mueren obreros y pobladores a los campesinos de Cautín se les somete a los castigos más implacables paseándolos, colgando de los pies en helicópteros sobre le cabeza de sus familias, hasta darles muerte.

Se le ataca a Ud. compañero. A nuestros dirigentes y a los trabajadores en su conjunto en la forma más insolente y libertina por los medios de comunicación millonarios de la derecha. ¿Se les destruye, se les silencia? – No compañero. Se silencia y se destruye a los medios de comunicación de izquierda el Canal 9 de TV, última posibilidad de voz de los trabajadores.

Y el 4 de Septiembre, el tercer aniversario los trabajadores, mientras el pueblo 1.400.000 salíamos a saludarlo, a mostrar nuestra decisión y conciencia revolucionaria, la FACH allanaba MADEMSA, MADECO, RITTIG, en una de las provocaciones más insolentes e inaceptables sin que exista respuesta visible alguna.

Por todo lo planteado, compañero, nosotros los trabajadores, estamos de acuerdo con un punto con el señor Frei, que aquí hay sólo dos alternativas: la dictadura del proletariado o la dictadura militar.

Claro que el señor Frei también es ingenuo, porque cree que tal dictadura militar será sólo de transición para llevarlo a postre a él a la presidencia.

Estamos absolutamente convencidos de que históricamente el reformismo que se busca a través del diálogo con los que nos han traicionado una y otra vez, es el camino más rápido hacia el fascismo þ Y los trabajadores ya sabemos lo que es el fascismo. Hasta hace poco era sólo una palabra que no todos los compañeros comprendían, teníamos que recurrir a lejanos o cercanos ejemplos Brasil, España, Uruguay, etc.

Pero ya lo hemos vivido en carne propia, en los allanamientos, en lo que esta sucediendo a marinos y suboficiales, en lo que están sufriendo los compañeros de ASMAR, FAMAE, los campesinos de Cautín.

Ya sabemos que el fascismo significa terminar con todas las conquistas logradas por la clase obrera, las organizaciones obreras los sindicatos, el derecho a huelga, los pliegos de peticiones.

Al trabajador que reclame sus mas mínimos derechos, humanos se les despide, se les aprisiona, tortura o a asesina.

Consideramos que no sólo se nos está llevando por el camino que nos conducirá al fascismo en un plazo vertiginoso sino que se nos ha estado privando de los medios para defendernos.

Por lo tanto, le exigimos a Ud. compañero Presidente, que se ponga a la cabeza de este verdadero ejército sin armas, pero poderoso a conciencia y decisión, que los partidos proletarios, pongan de lado sus divergencias y se conviertan en verdadera vanguardia de esta masa organizada pero sin dirección.

Exigimos:

Frente al paro de los transportistas, la requisición inmediata de los camiones, sin devolución, por los organismos de masas, y la creación de una empresa estatal de trasportes, para que nunca más esté en las manos de estos bandidos la posibilidad de paralizar al país.

Frente al paro criminal del Colegio Médico exigimos que se les aplique la ley de seguridad interior del estado, para que nunca más esté en las manos de estos mercenarios de la salud la vida de nuestras mujeres e hijos. Todo el apoyo a los médicos patriotas.

Frente al paro de los comerciantes que no se repita el error de Octubre en el cual dejamos en claro que no los necesitamos como gremio. Que se ponga fin a la posibilidad de que estos traficantes confabulados con los transportistas pretendan sitiar al pueblo por hambre. Que se establezcan de una vez por todas la distribución directa, los almacenes populares, la canasta popular. Que se pase al área social las industrias alimenticias que aún no están en las manos del pueblo.

Frente al área social, que no sólo no se devuelva ninguna empresa donde exista la voluntad mayoritaria de los trabajadores de que sean intervenidas, sino que esta pase a ser el área predominante de la economía. Que se fije una nueva política de precios, que la producción y distribución de las industrias del área social sea discriminada. No más producción de lujo para la burguesía. Que se ejerza verdadero control obrero dentro de ellas.

Exigimos que se derogue la Ley de Control de armas, nueva ” ley maldita”, que sólo ha servido para vejar a los trabajadores, con los allanamientos practicados a las industrias y poblaciones, que están sirviendo como un ensayo general para los sectores sediciosos de las fuerzas armadas que así estudia la organización y capacidad de respuesta de la clase obrera en un intento para intimidarlos e identificar a sus dirigentes.

Frente a la inhumana represión a los marineros de Valparaíso y Talcahuano, exigimos la inmediata libertad de estos hermanos, de clase heroicos, cuyos nombres ya están grabados en las, páginas de la historia de Chile. Que se identifique y castigue a los culpables.

Frente a las torturas y muerte de nuestros hermanos campesinos de Cautín exigimos un juicio público y el castigo correspondiente para los responsables.

Para todos los implicados en intentos de derrocar al gobierno legítimo, la pena máxima.

Frente al conflicto del Canal 9 de Televisión, que este medio de comunicación de los trabajadores no se entregue ni se transe por ningún motivo.

Protestamos por la destitución del compañero Jaime Faivovich secretario de transportes.

Pedimos que a través suyo se le manifieste todo nuestro apoyo al embajador de Cuba compañero Mario García Inchaustegui y a todos los compañeros cubanos perseguidos por lo más granado de la reacción y que se le ofrezcan nuestros barrios proletarios para que allí establezcan su embajada y su residencia, como forma de agradecerle a ese pueblo el que ha llegado a privarse de su propia ración de azúcar para ayudarnos en nuestra lucha. Que se expulse al embajador norteamericano, que a través, de sus personeros el pentágono, la CIA, la ITT proporciona probadamente instructores y financiamiento a los sediciosos.

Exigirnos la defensa y protección de Carlos Altamirano, Mario Palestro, Miguel Enriquez, Oscar Garretón, perseguidos por la derecha y la Fiscalía Naval por defender valientemente los derechos del pueblo con o sin uniforme.

Le advertimos compañero, que con el respeto y la confianza que aún le tenemos, si no se cumple con el Programa de la U.P. si no se confía en las masas, perderá el único apoyo real que tiene como persona y gobernante y que será responsable de llevar al país, no a una guerra civil que ya está en pleno desarrollo, sino que a la masacre fría, planificada de la clase obrera mas consciente y organizada de latino América, y que será responsabilidad histórica de este gobierno llevado al poder y mantenido con tanto sacrificio por los trabajadores, campesinos, pobladores, estudiantes, intelectuales, profesionales, la destrucción y descabezamiento quizás por que plazo y a que costo sangriento de no sólo el proceso revolucionario chileno sino también el de todos los pueblos latinoamericano que están luchando por el socialismo.

Y hacemos este llamado urgente, compañero presidente porque creemos que esta es la última posibilidad de evitar en conjunto la pérdida de las vidas de miles y miles de lo mejor de la clase obrera chilena y latinoamericana.

Breve balance crítico de las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador

NotadelBlog: Difundimos este texto que analiza los hechos ocurrido en la región ecuatoriana, enmarcado en la ola de luchas de 1917 a 1922. Los balances históricos siempre serán bien recibidos para seguir aportando a “las armas de la critica” necesarias para dar una “critica por las armas” que sea revolucionaria y radical. Para que la memoria histórica sepulte a quienes condenen la violencia de los proletarixs. Salud a los compañeros.

Breve balance crítico de las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador[1]

 

  1. El presente balance sólo es el “esqueleto” de un futuro balance más amplio y profundo de nuestra parte. De ahí su brevedad. Queda pendiente, entonces, dicha profundización de los hechos e ideas-fuerza que aquí se plantean, lo cual tomará su tiempo porque da hasta para un libro. Sin embargo, es crítico porque -como bien dijo Lukács- “el proletariado no puede ahorrarse ninguna autocrítica, pues sólo la verdad puede aportarle la victoria”, dado que así extrae y fija las lecciones de sus derrotas contra el Capital, en pos de la revolución social mundial. En este sentido, todo balance proletario y revolucionario, por más breve e inacabado que sea, es (auto)crítico o no es.
  1. Hacer esto resulta necesario por varias razones. Porque, dado su contexto internacional y su relevancia histórica, consideramos que las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador deben ser recuperadas del olvido e incluso la ignorancia para ser reivindicadas como un momento de la memoria del proletariado local e internacional. Porque en este país, hasta la fecha, no se ha realizado ningún balance de dichas jornadas desde una perspectiva proletaria, comunista-anárquica e internacionalista; éste sería el primero y el único de tal naturaleza. Porque, hoy en día, la explotación/dominación capitalista y la lucha proletaria en su contra continúan existiendo; la vivimos en carne propia. Porque, como proletarios, nuestro enemigo mortal sigue siendo el mismo: la Sociedad del Capital y su Estado. Porque la lucha por la reivindicación y la imposición de las necesidades humanas reales sobre tal enemigo, esto es la necesidad de revolución social, también sigue siendo la misma. En fin, porque la contrarrevolución y la revolución son invariantes, aquí y en todo el mundo… y seguimos en guerra de clases.
  1. El contexto internacional de esta lucha histórica fue de: crisis capitalista, guerra imperialista y revolución proletaria. Dos grandes acontecimientos marcaron la época: la primera guerra mundial (1914-1919) y la revolución rusa (1917). En el Ecuador, todo aquello se tradujo de manera particular en: crisis del cacao (principal producto nacional de exportación en ese entonces), encarecimiento del costo de la vida y auge del movimiento obrero (con mayor fuerza en Guayaquil, el “puerto principal”). De modo que, al igual que las jornadas de marzo de 1921 en Alemania analizadas por Gorter, las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador en realidad formaron parte del “primer asalto del proletariado contra la sociedad de clases” de 1917 a 1923 (como dicen los compañeros de Anarquía & Comunismo) y, por lo tanto, sólo se las puede comprender dentro de tal contexto histórico-mundial.
  1. Hablamos de las jornadas de noviembre de 1922 y no sólo de la masacre obrera del 15 de noviembre de 1922, porque ésta última en realidad sólo fue un momento y un punto de quiebre de un ciclo de luchas más grande a nivel local, que se venía acumulando desde los anteriores años, meses, semanas y, particularmente, días antes y días después del mismo 15: de hecho, la huelga o “paro general” fue del 13 al 16 de noviembre, precedida a su vez por varias huelgas sectoriales (ferrocarriles, transporte urbano, cacao, astilleros, oficios varios…) desde inicios de ese mes.[2]Por aquello que decía Marx de que en la historia existen veinte días en los cuales se condensa y pasa todo lo que no ha pasado en veinte años. Días excepcionales, estremecedores y decisivos.
  1. Tanto por contexto como por perspectiva, así como porque se ha hablado poco y/o de manera limitada de ellos, para nosotros los hechos más relevantes y reivindicables de estas jornadas y, por lo tanto, los dos ejes centrales de nuestro balance son: el Soviet de Guayaquil y las minorías activas de anarquistas revolucionarios -como Alejo Capelo- en su seno.
  1. El Soviet o Consejo Obrero de Guayaquil (Comité de Huelga instaurado el 13 de noviembre de 1922 y dirigido por la GAT, dirigida a su vez por la FTRE –predominantemente anarcosindicalista-[3]) constituye en sí una importante conquista histórica de nuestra clase en estas tierras, en tanto que forma organizativa concreta de su lucha autónoma y su poder social alcanzado durante años. De hecho, nunca antes y nunca después existió algo así en este país. Hasta un viejo historiador burgués y liberal como Óscar Efrén Reyes habla sobre la existencia de “el Soviet en Guayaquil, ejercido por los obreros” y de que “parecía que todo Guayaquil no se compusiera más que de masas proletarias”[4], en vista de que ese día efectivamente asume el control de la ciudad, a tal punto que las mismas autoridades burguesas deben solicitar al comité de los huelguistas autorización para transitar con sus lujosos vehículos. Por su parte, el anarcosindicalista Alejo Capelo, protagonista de estas jornadas, recuerda: “Para el día 13, el proletariado guayaquileño habría de volver el sueño realidad. El pueblo, enardecido por la represión y el cinismo de los tiranos, toma la ciudad y Guayaquil mágicamente se adelanta catorce años antes a lo que pasó en Barcelona un 19 de Julio de 1936. Los obreros controlaban la ciudad.”[5]Ahora, si bien fue un órgano proletario de “doble poder” (precario y fugaz) que desafió el poder de la burguesía al tomar el control sobre “el puerto principal”, en rigor y lamentablemente no fue revolucionario, principalmente por su falta de claridad e intransigencia programática de clase y por su democratismo o asambleísmo interno (una limitación propia del anarcosindicalismo, así como también del consejismo o sovietismo). En este caso concreto, en la asamblea general de la GAT del 14 de noviembre se permitió la presencia de sectores reformistas e incluso elementos reaccionarios (principalmente de la COG: Confederación Obrera del Guayas, apéndice de la clase patronal) que lograron imponer su programa antiproletario, burgués en su interior (exigir al gobierno “la defensa del sucre”, el tipo de cambio de la moneda y no luchar por las reivindicaciones de aumento del salario y reducción de la jornada de trabajo); esto es, aparte de ignorancia e ingenuidad políticas de los obreros y artesanos en huelga, una garrafal falta de ruptura con el programa o la ideología capitalista por parte de esta organización que la desvió de la lucha proletaria contra el Capital y el Estado. De modo que, si bien su sola existencia ya es positiva y destacable durante este periodo histórico-mundial de la lucha de clases[6], la posición y actuación concreta del Soviet Anarco-Sindicalista de Guayaquil en las jornadas de noviembre de 1922 demuestra, a manera de contraejemplo, la razón y vigencia de una de las principales lecciones legadas por la izquierda comunista italiana (Bordiga -y que hoy en día recuperan y mantienen compañeros como el Grupo Comunista Internacionalista y Guillamón-): que la lucha por la revolución social no es un asunto de formas organizativas (como los consejos obreros o soviets) sino de contenido social real, de necesidades reales de clase y relaciones de fuerza reales, expresadas en forma de programa vivo y, por tanto, de medidas o acciones concretas. Porque el comunismo es el movimiento real y la dictadura de las necesidades humanas sobre la dictadura del valor o no es. Pero en este caso, ocurrió precisamente lo contrario: que en los momentos más tensos y decisivos de la “jornada noviembrina”, se logró imponer un programa ni siquiera obrero-socialdemócrata, sino burgués al interior de esta organización proletaria sovietista local que llegó a controlar durante casi tres días la ciudad más grande de este país.
  1. Otra debilidad de este movimiento fue el economicismo y el apoliticismo de su dirigencia anarcosindicalista, lo que se tradujo en no superar las demandas salariales y luego -peor aún- las demandas cambiarias y tributarias; en dejarse infiltrar y manipular políticamente por sectores reformistas y contrarrevolucionarios; en perder toda perspectiva y voluntad de poder proletario (ya “teniéndolo” en parte en las calles), de dictadura revolucionaria del proletariado; y en creer que la asamblea obrera y la huelga general pacífica (en esto los anarcosindicalistas ecuatorianos obviamente no eran sorelianos) constituía por sí sola el paso previo para derrocar al capitalismo y sustituirlo por el “control obrero” de la economía y la administración pública mediante los sindicatos (evidente gestionismo). Sí: faltó programa y dirección revolucionarios, faltó partido revolucionario, pero entendido no como una organización formal con una plataforma principista y estatutaria, sino como un cúmulo de fuerzas y directrices prácticas y orgánicas del movimiento proletario real, el cual puede ser encarnado por tales y cuales organizaciones y dirigentes proletarios en determinado contexto. También faltó unidad con el proletariado urbano y rural de las demás provincias del territorio nacional (que no significa lo mismo que “alianza con el campesinado” ni “unidad nacional”), internacionalismo práctico, pasar a la ofensiva insurreccional… y armamento.
  1. En suma, el Soviet de Guayaquil de noviembre de 1922 fue derrotado porque no supo usar hasta las últimas consecuencias su poder social real, debido principalmente a su desarme programático como clase y a su falta de voluntad de poder (de toma del poder); lo que fue su primera y quizá principal derrota, ya que en asamblea obrera del 14 de noviembre primero triunfó un programa burgués (derrota política –jaque–), y al día siguiente fue derrotado nueva y finalmente en las calles mediante la brutal represión estatal (derrota militar –jaque mate–). De hecho, el día 14 el comité de huelga le exige al gobierno el cumplimiento de un pliego de demandas ya ajenas a las reivindicaciones proletarias, en el plazo de 24 horas… y en 24 horas, es decir el día 15, el Estado burgués-oligárquico le responde con “plomo, metralla y cárcel”, a pesar de los mítines, los saqueos a almacenes y a que sólo unos cuantos proletarios -“incontrolados” y “suicidas”- expropiaron y empuñaron armas de fuego para su autodefensa.
  1. La burguesía local de ese entonces (encabezada por los banqueros, los agroexportadores y los importadores, secundados por sus abogados-políticos), demostrando su conciencia de clase y haciendo uso de todo su poder, el 15 de noviembre de 1922 masacró, pues, a este movimiento proletario con el aparato represivo de su Estado, porque realmente temía “la insurrección”, “la revolución”, “la dictadura del proletariado”, “la instauración de la república de los soviets”, “la anarquía” (en las propias palabras de sus voceros políticos y periodísticos de la época –“El Telégrafo”, “El Comercio”, “El Día”-, invocando además el asqueroso patriotismo o nacionalismo en contra de “los conspiradores bolcheviques internacionales” y “los peruanos”). El punto es que aquí, a pesar de sus debilidades, el proletariado estaba luchando por todo aquello, pero no sabía que lo estaba haciendo. La burguesía, en cambio, sí lo supo y por eso lo aplastó. Trágica ironía de la historia.
  1. La causa en última instancia de esta derrota local fue en realidad de naturaleza internacional, a saber: la debilidad del movimiento obrero revolucionario internacional (o, si se prefiere, del “partido histórico” y comunista mundial) en cuanto tal frente al Capital-Estado mundial, es decir la misma causa de la derrota de la revolución rusa, alemana, en el cono sur… en todo el planeta. Además, dentro del periodo 1917-1923, el de Guayaquil fue uno de los últimos consejos obreros a nivel mundial: un sobresaliente pero aislado punto dentro de la línea curva descendente de aquella histórica oleada de grandes luchas y revoluciones proletarias. Fue tardío o “atrasado”, además, porque el desarrollo del capitalismo industrial y del proletariado urbano en el Ecuador también fue “atrasado” e incipiente con respecto al resto de la región y del mundo, ya que todavía se hallaba en una fase de subsunción o “dominación formal” del Capital (según Camatte); lo cual se encarnaba en el alto porcentaje de artesanos proletarizados (carpinteros, panaderos, peluqueros, tipógrafos, etc.) que componía el movimiento obrero local de la época.
  1. El sector más avanzado de este movimiento sin duda fueron los grupos anarquistas, en especial los “comunistas libertarios” o anarquistas-comunistas (también habían espartaquistas). Fueron de hecho las minorías más claras y radicales de ese entonces, puesto que, junto con reivindicaciones por mejoras concretas en las condiciones de trabajo y de vida de sus hermanos de clase, ya planteaban explícita y abiertamente la abolición de la propiedad privada y la supresión del capital, la comunidad de los medios de producción y de bienes, la sociedad sin clases ni Estado, el internacionalismo proletario, así como también la acción directa como método de lucha. La cantidad y el contenido de su prensa (“El Proletario”, “El Hambriento”, “El Cacahuero”, “Luz y Acción”, “Alba Roja”, “La Revuelta”, “La Protesta”, “La Bandera Roja”, “Tribuna Obrera”…) así lo testimonian, en clara sintonía con el movimiento revolucionario internacional de aquel periodo histórico. En la práctica, los núcleos anarquistas contribuyeron durante más de una década con su agitación y propaganda, tanto en reuniones y asambleas como en mítines y huelgas, a la formación y elevación de la conciencia, la organización y la independencia de clase del emergente proletariado urbano en estas tierras; es más, contribuyeron a la constitución misma del proletariado “ecuatoriano” en clase, en sujeto, en fuerza real y autónoma, a tal punto de llegar a estructurar la “primera central obrera de orientación revolucionaria” –la FTRE– y luego el Soviet o Consejo Obrero de Guayaquil –bajo el nombre de “Gran Asamblea de Trabajadores” –, durante los meses de octubre y noviembre de 1922, respectivamente. Sin embargo, y por desgracia, durante esas mismas jornadas de lucha no tuvieron la suficiente fuerza para imponerse como dirección revolucionaria real dentro de tal movimiento obrero real y conducirlo hasta las últimas consecuencias de la guerra de clases. Porque, como bien sostiene el GCI, las minorías revolucionarias deben luchar por imponer el contenido o programa histórico revolucionario de manera antidemocrática al interior de las formas organizativas proletarias aparentemente revolucionarias, así como también imponerlo a la socialdemocracia y a la burguesía. En este caso, no lo hicieron… o no lo hicieron con la voluntad y la fuerza necesarias. Fueron derrotados y hasta eliminados, es cierto; pero en cambio, existieron y lucharon por la revolución social proletaria, por el comunismo y la anarquía, incluso unos pocos sobrevivieron a la masacre estatal del 15 de noviembre para contarlo y se mantuvieron activos hasta la década de 1930. Para nosotros, este hecho es inseparable e igual de importante y reivindicable que el Soviet de Guayaquil, porque desde entonces hasta la fecha no han existido minorías realmente revolucionarias o radicales en este país, a excepción de Proletarios Revolucionarios del 2009 al 2016.
  1. Las investigaciones y publicaciones realizadas hasta hoy día sobre esta histórica lucha proletaria en el Ecuador (Pedro Saad, Oswaldo Albornoz, Manuel Agustín Aguirre, Patricio Ycaza, Alexei Páez, Carlos Pazmiño), son necesarias y respetables, contienen algunos elementos valiosos y rescatables, pero también son insuficientes, además de sesgadas y limitadas. La mejor de éstas, a nuestro criterio, es hasta ahora la de Patricio Ycaza[7](quien a su vez recoge y profundiza elementos importantes del balance hecho por el “socialista revolucionario” Aguirre[8]). Le sigue después la de Pazmiño[9](que era anarquista ideológico y ahora es “ycaziano”). El mérito de ambos es que hicieron investigación de archivo de los documentos de la época, aportando información de interés sobre los hechos históricos. Sus limitaciones son más bien sus interpretaciones ideológicas de tales hechos: el primero por ser mirista (marxistaleninista-trotskoguevarista, aunque luego se pasó al PSE), y el segundo por ser “anarco-comunista plataformista” (y que ahora es dizque “anarco-marxista” académico pero dio su “apoyo crítico” al gobierno de Correa… sin comentarios). Así pues, con respecto al Soviet de Guayaquil y, en especial, a su vanguardia anarcosindicalista, ambos la mencionan: el primero critica sus “incuestionables limitaciones”, mientras que el segundo hace su apología con “honor y gloria”. Tanto lo uno como lo otro es comprensible, pero es criticable, insuficiente y hasta prescindible, sobre todo lo segundo. Porque, dejando aparte el reformismo y oportunismo históricos de las tradicionales izquierdas del Capital (PSE y PCE), no se trata de hacer un balance ideológico (cuasi religioso), identitario y nostálgico de esta histórica lucha proletaria, donde se sobrevalore el papel de tales o cuales actores y sus ideologías, convirtiéndolos incluso en “héroes y mártires”; sino que se trata –como ya lo dijimos al inicio- de hacer un balance histórico materialista y crítico desde una perspectiva revolucionaria e internacionalista de clase, del cual se extraigan las lecciones prácticas y teóricas para las luchas proletarias del presente y el futuro, para saber qué hacer, qué no hacer y por qué, a fin de derrotar a la dictadura democrática del Capital e instaurar el comunismo anárquico.
  1. En ese sentido, el mejor balance sigue siendo el que hicieron los propios anarquistas revolucionarios que protagonizaron y sobrevivieron la masacre, como el compañero histórico Alejo Capelo: “el 15 de noviembre de 1922 fue el bautizo de sangre del proletariado ecuatoriano, apartó a las clases entre sí, le enseñó al proletariado cuáles son sus enemigos mortales para siempre y, por tanto, el odio a la burguesía, la lucha contra el capitalismo y por la revolución social, la necesidad de la violencia proletaria…”[10]Sin embargo, hubiese sido un aporte significativo y trascendente que también hagan un balance autocrítico tal como el que hicieron Los Amigos de Durruti durante la llamada revolución española (1936-1937): anarcosindicalistas que en carne propia llegaron a comprender y plantear con toda la razón que “la revolución es totalitaria o no es” y que por ello lo que se necesita es “programa, fusiles y junta revolucionaria”. Pero, lamentablemente, los anarcosindicalistas de aquí no lo hicieron. Décadas después, los historiadores izquierdistas del movimiento obrero ecuatoriano, tampoco lo hicieron; mejor dicho, aportaron datos y análisis interesantes (sobre todo Aguirre e Ycaza), pero no hicieron un balance verdaderamente revolucionario. En los últimos años, allá por el 2009, los supuestos nuevos “comunistas libertarios” o “anarco-comunistas” de este país (“Hijos del Pueblo”, el grupo de Pazmiño), tampoco lo hicieron: investigaron y reprodujeron interesantísimos fragmentos de la prensa ácrata de la época, pero no hablaron sobre el Soviet de Guayaquil como tal (seguramente porque para ellos eso hubiese sido un pecado ideológico “consejista”), sino sólo sobre “el papel de los héroes y mártires anarquistas” y nada más. Desde otro lado, Carlos Lasso Cueva en un artículo suyo del 2013 al respecto[11], si bien menciona la existencia de un “doble poder”, no hace referencia ni al soviet ni a los proletarios anarquistas guayaquileños, sino que se enfoca sólo en la matanza del 15 y se estanca en una interpretación izquierdista que recoge elementos válidos del balance de Aguirre pero los mezcla con otros elementos de interpretación trotskista, luxemburguista y de la Corriente “Comunista” Internacional (CCI): una bazofia ecléctica. Por su parte y finalmente, Proletarios Revolucionarios tampoco hicieron un balance de esta lucha al estilo de la “izquierda comunista” histórica, a excepción de un escueto pero certero balance en una volante de hace tres años alusiva a la fecha[12]; y de que al menos la mencionaban en volantes anteriores y posteriores, porque siempre supieron y expresaron que es y debe ser una parte de la memoria histórica del proletariado local y mundial. Luego a lo interno lo plantearon como proyecto de investigación y publicación militante, pero se quedó sólo en idea debido a su autodisolución en el 2016. Que el presente y breve balance sirva, entonces, como un pequeño aporte para llenar ese vacío y también como un “esqueleto” para un futuro balance más completo, riguroso y profundo de nuestra parte. ¡Salud, Comunismo y Anarquía!

Unos proletarios. Quito. Diciembre de 2017

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[1] Esta es la versión corregida y aumentada del borrador escrito y compartido el 15 de noviembre de 2017.

[2] Más información o datos al respecto, ver Huelga general de noviembre de 1922:https://es.wikipedia.org/wiki/Huelga_general_de_noviembre_de_1922

[3] FTRE: Federación de Trabajadores Regional Ecuatoriana. GAT: Gran Asamblea de Trabajadores.

[4] Óscar Efrén Reyes (1949). Breve Historia General del Ecuador, cit. en Patricio Ycaza (1984). Historia del Movimiento Obrero Ecuatoriano. Primera Parte (de su génesis al Frente Popular). Quito: Centro de Documentación e Información de los Movimientos Sociales del Ecuador-CEDIME, p. 147.

[5] Alejo Capelo cit. en Carlos Pazmiño (2008). Alejo Capelo y el 15 de Noviembre de 1922. Disponible en:  https://www.anarkismo.net/article/10956

[6] Nos resulta muy interesante y loable anotar que el soviet de Guayaquil consta en el Mapa interactivo de consejos obreros (1917-1927), publicado en marzo de este año por la página inglesa libcom(“libertarian communism”): https://libcom.org/history/interactive-map-workers-councils-1917-1927, cuya traducción al español se encuentra disponible en: https://autogestioa.wordpress.com/tag/consejos-obreros/. Así como también, en el mapa mundial de “La oleada revolucionaria de 1917/1923” en Anarquía & Comunismo nro. 10: Especial a 100 años de la revolución rusa, Santiago de Chile, octubre de 2017, p. 4: https://anarquiaycomunismo.noblogs.org/post/2017/11/10/anarquia-comunismo-n10-especial-a-100-anos-de-la-revolucion-rusa/

[7] En su ya citada Historia del movimiento obrero ecuatoriano (1984, sobre todo el Capítulo 2) y en otros folletos y artículos de su autoría intelectual como, por ejemplo, La lucha de clases en el Ecuador: las jornadas de noviembre de 1922 (198?). Quito: Cuadernos del Obrero Revolucionario nro. 6.

[8] Ver Manuel Agustín Aguirre (1979). La Masacre del 15 de Noviembre y sus Enseñanzas. Quito: Editorial Universitaria.

[9] Carlos Pazmiño (2009). El 15 de Noviembre de 1922 y el papel de los anarquistas en el seno de la clase obrera ecuatoriana. Disponible en: https://www.anarkismo.net/article/14992

[10] Alejo Capelo (1973). Una jornada sangrienta (15 de noviembre de 1922). Guayaquil: Departamento de Publicaciones de la Universidad de Guayaquil.

[11] Carlos Lasso Cueva (2013, enero 7). Masacre del 15 XI de 1922. Disponible en: https://clavedelpoeta.wordpress.com/2013/01/07/masacre-del-15-xi-de-1922/

[12] Ver Proletarios Revolucionarios (2014). 15 de Noviembre: ¡Guerra de Clases, Guerra de Memorias! Disponible en:http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2014/11/ecuador-15-de-noviembre-guerra-de_14.html Volante que, semanas más tarde, fue traducida al inglés por parte del grupo Tridni Valka (Rep. Checa): “November 15: Class War, Memory War!”: https://www.autistici.org/tridnivalka/ecuador-november-15-class-war-memory-war/, y que libcom también la publicó.

 

A mayor desarrollo económico, mayor atomización

 

NotadelBlog:Texto extraído desde la página web de la publicación “Comunidad de Lucha”. Difundimos este material porque consideramos del todo importante, evidenciar la catástrofe existencial en la que nos sumerge el progreso capitalista cuando nos salvamos de morir de hambre o de frío siendo proletarixs. Humanos mercancía aislados y cada vez mas liciados afectivamente.

El progreso, que no es sino el desarrollo tautológico de la economía por sus propios medios, para su propia autoreproducción, supone el sumergir a cada vez más humanxs en una forma de subsistencia consistente en poner la vida al servicio de este desarrollo, lo que se traduce en la práctica a levantarse cada mañana para abordar las máquinas, por cierto atestadas de otrxs en similares condiciones a la nuestra, que nos llevan al claustro de los centros productivos, en los que debemos rendir cuentas todo el día a quienes muchas veces preferiríamos partirles la cara –aunque muchas veces su situación sea similar a la nuestra–, para luego abordar las mismas máquinas de vuelta al claustro habitacional de nuestras casas o de lo que llamamos nuestros hogares.

Estando la actividad humana encadenada al ciclo cotidiano del TRABAJA/CONSUME/DUERME, y desarrollándose ésta en un espacio cada vez menos pensado en las necesidades humanas y cada vez más para la circulación de humanxs-mercancías, es de esperarse que las relaciones humanas se vean cada vez más mermadas: las relaciones interpersonales están ancladas a los centros productivos, y quienes generen encuentros de camaradería afectiva fuera de los horarios asfixiantes de éstos deben sortear los obstáculos del dinero (necesario para ‘recrearse’), del tiempo y, cómo no, contar con la energía suficiente restante de la jornada laboral. Esto no podría sino hacer de la incomunicación y el aislamiento unas de las características dominantes en la vida de cada persona. De ahí que nos enfermemos con lo que la ciencia del Capital llama comúnmente como depresión, el ‘resfriado común’ de la psicología.

Es decir, la tristeza apabullante que agobia a la humanidad no es un problema mientras no se interponga en el camino del desarrollo económico, y si se le tiene en consideración, es sólo a propósito de este mismo desarrollo.

 

Claro que esto no le importa a quienes dominan sino hasta que es un problema para la economía, como evidencia la Organización Mundial de la Salud cuando advierte en su último informe sobre salud mental que ‘la caída de la productividad y otras dolencias médicas vinculadas a la depresión tienen un alto coste global, que la OMS cifra en un billón de dólares al año’, o que ‘por cada dólar invertido por un país en salud mental, se ahorra otros cuatro en trabajo (al generar mayor productividad laboral) y en salud (al evitar tratamientos contra estas patologías)¹. Es decir, la tristeza apabullante que agobia a la humanidad no es un problema mientras no se interponga en el camino del desarrollo económico, y si se le tiene en consideración, es sólo a propósito de este mismo desarrollo. De paso, el mismo informe advertiría que Chile lidera el raking de depresión², que por cierto implicaría grandes pérdidas monetarias para el Capital local a propósito de la cantidad de licencias médicas emitidas a causa de este ‘trastorno’. Esto probablemente debido a la atomización humana inherente al desarrollo económico, pero sin una estructura lo suficientemente fuerte para ‘contener’ los síntomas de este mismo desarrollo, como suele ocurrir en los llamados ‘países en vías de desarrollo’. Y no es que en los países centrales de acumulación capitalista la gente no enferme de tristeza y soledad, pero su enfermedad ha sido lo suficientemente encauzada en los canales del progreso como para que esto no suponga un problema considerable para la economía.

Y teniendo en cuenta este panorama de desolación global y generalizada, otros datos entregados por este informe, como aquellos que indican que la depresión se extendió un 20% más en la población global los últimos 10 años, o  que casi 800.000 personas se suicidan cada año en el mundo, lo que equivale a un suicidio cada cuatro segundos, no serían sino un dato secundario al lado de aquel que advierte la afrenta que supone para la economía que enfermemos de tristeza, soledad y estrés (sea por exceso de trabajo o por falta de él).

Contra esto, debemos tener claro que la guerra que libramos contra el Capital y sus agentes (incluso contra aquellxs que nos interpelan en nombre de nuestra propia salud) no es menos importante que nuestras prácticas por romper con nuestro propio aislamiento. Habría que ser muy iluso para creer que uno acaba con su propia alienación simplemente oponiéndose a la alienación generalizada; en cambio, un primer paso para la re-construcción de vínculos de camaradería afectiva genuinos podría ser el constatar la propia alienación y miseria, tomando nota de lo que esta produce en nuestras propias relaciones interpersonales, incluso con nuestrxs más cercanxs y entre ellxs: como la neurosis y frustración que entrañan nuestras relaciones afectivo-sexuales, la imposibilidad de establecer contacto real con el otrx, la incomunicación con quienes suponemos nuestrxs seres amadxs, el sentimiento generalizado de soledad en compañía, la necesidad de constituir nichos identitarios…

La lucha para la reconstitución de una comunidad humana pasa también por poner en práctica formas de afecto y confraternización que sirvan, por un lado, para la experimentación de formas de comunidad que entren en contradicción con la socialización enfermante del Capital, y, por el otro, para nuestra propia reconstitución y sanamiento personal: una práctica colectiva para la reconstitución personal. Si bien estas prácticas no serían más que mero comunitarismo si a la vez no apuntasen al corazón mismo de la alienación generalizada -es decir, a esta forma concreta de producir la vida, su base material (que es la raíz común de nuestra miseria psíquica, física, afectiva, sexual, etc.)-, creemos que el autocuidado y que el cuidado entre nosotrxs mismxs son parte fundamental en la constitución de comunidades que entren en ruptura con la comunidad ilusoria del Capital, pues creemos que la guerra contra la domesticación debe librarse también contra nuestra propia domesticación internalizada.

¡Barramos de raíz con esta realidad y con lo que esta realidad hace de nosotrxs!

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1. elespectador.com/salud/depresion-chile-aumenta-oms

2. biobiochile.cl/chile-lidera-ranking-depresion-oms(si bien no se advierte en la nota citada qué países o regiones participarían en dicho raking)