Breve balance crítico de las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador

NotadelBlog: Difundimos este texto que analiza los hechos ocurrido en la región ecuatoriana, enmarcado en la ola de luchas de 1917 a 1922. Los balances históricos siempre serán bien recibidos para seguir aportando a “las armas de la critica” necesarias para dar una “critica por las armas” que sea revolucionaria y radical. Para que la memoria histórica sepulte a quienes condenen la violencia de los proletarixs. Salud a los compañeros.

Breve balance crítico de las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador[1]

 

  1. El presente balance sólo es el “esqueleto” de un futuro balance más amplio y profundo de nuestra parte. De ahí su brevedad. Queda pendiente, entonces, dicha profundización de los hechos e ideas-fuerza que aquí se plantean, lo cual tomará su tiempo porque da hasta para un libro. Sin embargo, es crítico porque -como bien dijo Lukács- “el proletariado no puede ahorrarse ninguna autocrítica, pues sólo la verdad puede aportarle la victoria”, dado que así extrae y fija las lecciones de sus derrotas contra el Capital, en pos de la revolución social mundial. En este sentido, todo balance proletario y revolucionario, por más breve e inacabado que sea, es (auto)crítico o no es.
  1. Hacer esto resulta necesario por varias razones. Porque, dado su contexto internacional y su relevancia histórica, consideramos que las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador deben ser recuperadas del olvido e incluso la ignorancia para ser reivindicadas como un momento de la memoria del proletariado local e internacional. Porque en este país, hasta la fecha, no se ha realizado ningún balance de dichas jornadas desde una perspectiva proletaria, comunista-anárquica e internacionalista; éste sería el primero y el único de tal naturaleza. Porque, hoy en día, la explotación/dominación capitalista y la lucha proletaria en su contra continúan existiendo; la vivimos en carne propia. Porque, como proletarios, nuestro enemigo mortal sigue siendo el mismo: la Sociedad del Capital y su Estado. Porque la lucha por la reivindicación y la imposición de las necesidades humanas reales sobre tal enemigo, esto es la necesidad de revolución social, también sigue siendo la misma. En fin, porque la contrarrevolución y la revolución son invariantes, aquí y en todo el mundo… y seguimos en guerra de clases.
  1. El contexto internacional de esta lucha histórica fue de: crisis capitalista, guerra imperialista y revolución proletaria. Dos grandes acontecimientos marcaron la época: la primera guerra mundial (1914-1919) y la revolución rusa (1917). En el Ecuador, todo aquello se tradujo de manera particular en: crisis del cacao (principal producto nacional de exportación en ese entonces), encarecimiento del costo de la vida y auge del movimiento obrero (con mayor fuerza en Guayaquil, el “puerto principal”). De modo que, al igual que las jornadas de marzo de 1921 en Alemania analizadas por Gorter, las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador en realidad formaron parte del “primer asalto del proletariado contra la sociedad de clases” de 1917 a 1923 (como dicen los compañeros de Anarquía & Comunismo) y, por lo tanto, sólo se las puede comprender dentro de tal contexto histórico-mundial.
  1. Hablamos de las jornadas de noviembre de 1922 y no sólo de la masacre obrera del 15 de noviembre de 1922, porque ésta última en realidad sólo fue un momento y un punto de quiebre de un ciclo de luchas más grande a nivel local, que se venía acumulando desde los anteriores años, meses, semanas y, particularmente, días antes y días después del mismo 15: de hecho, la huelga o “paro general” fue del 13 al 16 de noviembre, precedida a su vez por varias huelgas sectoriales (ferrocarriles, transporte urbano, cacao, astilleros, oficios varios…) desde inicios de ese mes.[2]Por aquello que decía Marx de que en la historia existen veinte días en los cuales se condensa y pasa todo lo que no ha pasado en veinte años. Días excepcionales, estremecedores y decisivos.
  1. Tanto por contexto como por perspectiva, así como porque se ha hablado poco y/o de manera limitada de ellos, para nosotros los hechos más relevantes y reivindicables de estas jornadas y, por lo tanto, los dos ejes centrales de nuestro balance son: el Soviet de Guayaquil y las minorías activas de anarquistas revolucionarios -como Alejo Capelo- en su seno.
  1. El Soviet o Consejo Obrero de Guayaquil (Comité de Huelga instaurado el 13 de noviembre de 1922 y dirigido por la GAT, dirigida a su vez por la FTRE –predominantemente anarcosindicalista-[3]) constituye en sí una importante conquista histórica de nuestra clase en estas tierras, en tanto que forma organizativa concreta de su lucha autónoma y su poder social alcanzado durante años. De hecho, nunca antes y nunca después existió algo así en este país. Hasta un viejo historiador burgués y liberal como Óscar Efrén Reyes habla sobre la existencia de “el Soviet en Guayaquil, ejercido por los obreros” y de que “parecía que todo Guayaquil no se compusiera más que de masas proletarias”[4], en vista de que ese día efectivamente asume el control de la ciudad, a tal punto que las mismas autoridades burguesas deben solicitar al comité de los huelguistas autorización para transitar con sus lujosos vehículos. Por su parte, el anarcosindicalista Alejo Capelo, protagonista de estas jornadas, recuerda: “Para el día 13, el proletariado guayaquileño habría de volver el sueño realidad. El pueblo, enardecido por la represión y el cinismo de los tiranos, toma la ciudad y Guayaquil mágicamente se adelanta catorce años antes a lo que pasó en Barcelona un 19 de Julio de 1936. Los obreros controlaban la ciudad.”[5]Ahora, si bien fue un órgano proletario de “doble poder” (precario y fugaz) que desafió el poder de la burguesía al tomar el control sobre “el puerto principal”, en rigor y lamentablemente no fue revolucionario, principalmente por su falta de claridad e intransigencia programática de clase y por su democratismo o asambleísmo interno (una limitación propia del anarcosindicalismo, así como también del consejismo o sovietismo). En este caso concreto, en la asamblea general de la GAT del 14 de noviembre se permitió la presencia de sectores reformistas e incluso elementos reaccionarios (principalmente de la COG: Confederación Obrera del Guayas, apéndice de la clase patronal) que lograron imponer su programa antiproletario, burgués en su interior (exigir al gobierno “la defensa del sucre”, el tipo de cambio de la moneda y no luchar por las reivindicaciones de aumento del salario y reducción de la jornada de trabajo); esto es, aparte de ignorancia e ingenuidad políticas de los obreros y artesanos en huelga, una garrafal falta de ruptura con el programa o la ideología capitalista por parte de esta organización que la desvió de la lucha proletaria contra el Capital y el Estado. De modo que, si bien su sola existencia ya es positiva y destacable durante este periodo histórico-mundial de la lucha de clases[6], la posición y actuación concreta del Soviet Anarco-Sindicalista de Guayaquil en las jornadas de noviembre de 1922 demuestra, a manera de contraejemplo, la razón y vigencia de una de las principales lecciones legadas por la izquierda comunista italiana (Bordiga -y que hoy en día recuperan y mantienen compañeros como el Grupo Comunista Internacionalista y Guillamón-): que la lucha por la revolución social no es un asunto de formas organizativas (como los consejos obreros o soviets) sino de contenido social real, de necesidades reales de clase y relaciones de fuerza reales, expresadas en forma de programa vivo y, por tanto, de medidas o acciones concretas. Porque el comunismo es el movimiento real y la dictadura de las necesidades humanas sobre la dictadura del valor o no es. Pero en este caso, ocurrió precisamente lo contrario: que en los momentos más tensos y decisivos de la “jornada noviembrina”, se logró imponer un programa ni siquiera obrero-socialdemócrata, sino burgués al interior de esta organización proletaria sovietista local que llegó a controlar durante casi tres días la ciudad más grande de este país.
  1. Otra debilidad de este movimiento fue el economicismo y el apoliticismo de su dirigencia anarcosindicalista, lo que se tradujo en no superar las demandas salariales y luego -peor aún- las demandas cambiarias y tributarias; en dejarse infiltrar y manipular políticamente por sectores reformistas y contrarrevolucionarios; en perder toda perspectiva y voluntad de poder proletario (ya “teniéndolo” en parte en las calles), de dictadura revolucionaria del proletariado; y en creer que la asamblea obrera y la huelga general pacífica (en esto los anarcosindicalistas ecuatorianos obviamente no eran sorelianos) constituía por sí sola el paso previo para derrocar al capitalismo y sustituirlo por el “control obrero” de la economía y la administración pública mediante los sindicatos (evidente gestionismo). Sí: faltó programa y dirección revolucionarios, faltó partido revolucionario, pero entendido no como una organización formal con una plataforma principista y estatutaria, sino como un cúmulo de fuerzas y directrices prácticas y orgánicas del movimiento proletario real, el cual puede ser encarnado por tales y cuales organizaciones y dirigentes proletarios en determinado contexto. También faltó unidad con el proletariado urbano y rural de las demás provincias del territorio nacional (que no significa lo mismo que “alianza con el campesinado” ni “unidad nacional”), internacionalismo práctico, pasar a la ofensiva insurreccional… y armamento.
  1. En suma, el Soviet de Guayaquil de noviembre de 1922 fue derrotado porque no supo usar hasta las últimas consecuencias su poder social real, debido principalmente a su desarme programático como clase y a su falta de voluntad de poder (de toma del poder); lo que fue su primera y quizá principal derrota, ya que en asamblea obrera del 14 de noviembre primero triunfó un programa burgués (derrota política –jaque–), y al día siguiente fue derrotado nueva y finalmente en las calles mediante la brutal represión estatal (derrota militar –jaque mate–). De hecho, el día 14 el comité de huelga le exige al gobierno el cumplimiento de un pliego de demandas ya ajenas a las reivindicaciones proletarias, en el plazo de 24 horas… y en 24 horas, es decir el día 15, el Estado burgués-oligárquico le responde con “plomo, metralla y cárcel”, a pesar de los mítines, los saqueos a almacenes y a que sólo unos cuantos proletarios -“incontrolados” y “suicidas”- expropiaron y empuñaron armas de fuego para su autodefensa.
  1. La burguesía local de ese entonces (encabezada por los banqueros, los agroexportadores y los importadores, secundados por sus abogados-políticos), demostrando su conciencia de clase y haciendo uso de todo su poder, el 15 de noviembre de 1922 masacró, pues, a este movimiento proletario con el aparato represivo de su Estado, porque realmente temía “la insurrección”, “la revolución”, “la dictadura del proletariado”, “la instauración de la república de los soviets”, “la anarquía” (en las propias palabras de sus voceros políticos y periodísticos de la época –“El Telégrafo”, “El Comercio”, “El Día”-, invocando además el asqueroso patriotismo o nacionalismo en contra de “los conspiradores bolcheviques internacionales” y “los peruanos”). El punto es que aquí, a pesar de sus debilidades, el proletariado estaba luchando por todo aquello, pero no sabía que lo estaba haciendo. La burguesía, en cambio, sí lo supo y por eso lo aplastó. Trágica ironía de la historia.
  1. La causa en última instancia de esta derrota local fue en realidad de naturaleza internacional, a saber: la debilidad del movimiento obrero revolucionario internacional (o, si se prefiere, del “partido histórico” y comunista mundial) en cuanto tal frente al Capital-Estado mundial, es decir la misma causa de la derrota de la revolución rusa, alemana, en el cono sur… en todo el planeta. Además, dentro del periodo 1917-1923, el de Guayaquil fue uno de los últimos consejos obreros a nivel mundial: un sobresaliente pero aislado punto dentro de la línea curva descendente de aquella histórica oleada de grandes luchas y revoluciones proletarias. Fue tardío o “atrasado”, además, porque el desarrollo del capitalismo industrial y del proletariado urbano en el Ecuador también fue “atrasado” e incipiente con respecto al resto de la región y del mundo, ya que todavía se hallaba en una fase de subsunción o “dominación formal” del Capital (según Camatte); lo cual se encarnaba en el alto porcentaje de artesanos proletarizados (carpinteros, panaderos, peluqueros, tipógrafos, etc.) que componía el movimiento obrero local de la época.
  1. El sector más avanzado de este movimiento sin duda fueron los grupos anarquistas, en especial los “comunistas libertarios” o anarquistas-comunistas (también habían espartaquistas). Fueron de hecho las minorías más claras y radicales de ese entonces, puesto que, junto con reivindicaciones por mejoras concretas en las condiciones de trabajo y de vida de sus hermanos de clase, ya planteaban explícita y abiertamente la abolición de la propiedad privada y la supresión del capital, la comunidad de los medios de producción y de bienes, la sociedad sin clases ni Estado, el internacionalismo proletario, así como también la acción directa como método de lucha. La cantidad y el contenido de su prensa (“El Proletario”, “El Hambriento”, “El Cacahuero”, “Luz y Acción”, “Alba Roja”, “La Revuelta”, “La Protesta”, “La Bandera Roja”, “Tribuna Obrera”…) así lo testimonian, en clara sintonía con el movimiento revolucionario internacional de aquel periodo histórico. En la práctica, los núcleos anarquistas contribuyeron durante más de una década con su agitación y propaganda, tanto en reuniones y asambleas como en mítines y huelgas, a la formación y elevación de la conciencia, la organización y la independencia de clase del emergente proletariado urbano en estas tierras; es más, contribuyeron a la constitución misma del proletariado “ecuatoriano” en clase, en sujeto, en fuerza real y autónoma, a tal punto de llegar a estructurar la “primera central obrera de orientación revolucionaria” –la FTRE– y luego el Soviet o Consejo Obrero de Guayaquil –bajo el nombre de “Gran Asamblea de Trabajadores” –, durante los meses de octubre y noviembre de 1922, respectivamente. Sin embargo, y por desgracia, durante esas mismas jornadas de lucha no tuvieron la suficiente fuerza para imponerse como dirección revolucionaria real dentro de tal movimiento obrero real y conducirlo hasta las últimas consecuencias de la guerra de clases. Porque, como bien sostiene el GCI, las minorías revolucionarias deben luchar por imponer el contenido o programa histórico revolucionario de manera antidemocrática al interior de las formas organizativas proletarias aparentemente revolucionarias, así como también imponerlo a la socialdemocracia y a la burguesía. En este caso, no lo hicieron… o no lo hicieron con la voluntad y la fuerza necesarias. Fueron derrotados y hasta eliminados, es cierto; pero en cambio, existieron y lucharon por la revolución social proletaria, por el comunismo y la anarquía, incluso unos pocos sobrevivieron a la masacre estatal del 15 de noviembre para contarlo y se mantuvieron activos hasta la década de 1930. Para nosotros, este hecho es inseparable e igual de importante y reivindicable que el Soviet de Guayaquil, porque desde entonces hasta la fecha no han existido minorías realmente revolucionarias o radicales en este país, a excepción de Proletarios Revolucionarios del 2009 al 2016.
  1. Las investigaciones y publicaciones realizadas hasta hoy día sobre esta histórica lucha proletaria en el Ecuador (Pedro Saad, Oswaldo Albornoz, Manuel Agustín Aguirre, Patricio Ycaza, Alexei Páez, Carlos Pazmiño), son necesarias y respetables, contienen algunos elementos valiosos y rescatables, pero también son insuficientes, además de sesgadas y limitadas. La mejor de éstas, a nuestro criterio, es hasta ahora la de Patricio Ycaza[7](quien a su vez recoge y profundiza elementos importantes del balance hecho por el “socialista revolucionario” Aguirre[8]). Le sigue después la de Pazmiño[9](que era anarquista ideológico y ahora es “ycaziano”). El mérito de ambos es que hicieron investigación de archivo de los documentos de la época, aportando información de interés sobre los hechos históricos. Sus limitaciones son más bien sus interpretaciones ideológicas de tales hechos: el primero por ser mirista (marxistaleninista-trotskoguevarista, aunque luego se pasó al PSE), y el segundo por ser “anarco-comunista plataformista” (y que ahora es dizque “anarco-marxista” académico pero dio su “apoyo crítico” al gobierno de Correa… sin comentarios). Así pues, con respecto al Soviet de Guayaquil y, en especial, a su vanguardia anarcosindicalista, ambos la mencionan: el primero critica sus “incuestionables limitaciones”, mientras que el segundo hace su apología con “honor y gloria”. Tanto lo uno como lo otro es comprensible, pero es criticable, insuficiente y hasta prescindible, sobre todo lo segundo. Porque, dejando aparte el reformismo y oportunismo históricos de las tradicionales izquierdas del Capital (PSE y PCE), no se trata de hacer un balance ideológico (cuasi religioso), identitario y nostálgico de esta histórica lucha proletaria, donde se sobrevalore el papel de tales o cuales actores y sus ideologías, convirtiéndolos incluso en “héroes y mártires”; sino que se trata –como ya lo dijimos al inicio- de hacer un balance histórico materialista y crítico desde una perspectiva revolucionaria e internacionalista de clase, del cual se extraigan las lecciones prácticas y teóricas para las luchas proletarias del presente y el futuro, para saber qué hacer, qué no hacer y por qué, a fin de derrotar a la dictadura democrática del Capital e instaurar el comunismo anárquico.
  1. En ese sentido, el mejor balance sigue siendo el que hicieron los propios anarquistas revolucionarios que protagonizaron y sobrevivieron la masacre, como el compañero histórico Alejo Capelo: “el 15 de noviembre de 1922 fue el bautizo de sangre del proletariado ecuatoriano, apartó a las clases entre sí, le enseñó al proletariado cuáles son sus enemigos mortales para siempre y, por tanto, el odio a la burguesía, la lucha contra el capitalismo y por la revolución social, la necesidad de la violencia proletaria…”[10]Sin embargo, hubiese sido un aporte significativo y trascendente que también hagan un balance autocrítico tal como el que hicieron Los Amigos de Durruti durante la llamada revolución española (1936-1937): anarcosindicalistas que en carne propia llegaron a comprender y plantear con toda la razón que “la revolución es totalitaria o no es” y que por ello lo que se necesita es “programa, fusiles y junta revolucionaria”. Pero, lamentablemente, los anarcosindicalistas de aquí no lo hicieron. Décadas después, los historiadores izquierdistas del movimiento obrero ecuatoriano, tampoco lo hicieron; mejor dicho, aportaron datos y análisis interesantes (sobre todo Aguirre e Ycaza), pero no hicieron un balance verdaderamente revolucionario. En los últimos años, allá por el 2009, los supuestos nuevos “comunistas libertarios” o “anarco-comunistas” de este país (“Hijos del Pueblo”, el grupo de Pazmiño), tampoco lo hicieron: investigaron y reprodujeron interesantísimos fragmentos de la prensa ácrata de la época, pero no hablaron sobre el Soviet de Guayaquil como tal (seguramente porque para ellos eso hubiese sido un pecado ideológico “consejista”), sino sólo sobre “el papel de los héroes y mártires anarquistas” y nada más. Desde otro lado, Carlos Lasso Cueva en un artículo suyo del 2013 al respecto[11], si bien menciona la existencia de un “doble poder”, no hace referencia ni al soviet ni a los proletarios anarquistas guayaquileños, sino que se enfoca sólo en la matanza del 15 y se estanca en una interpretación izquierdista que recoge elementos válidos del balance de Aguirre pero los mezcla con otros elementos de interpretación trotskista, luxemburguista y de la Corriente “Comunista” Internacional (CCI): una bazofia ecléctica. Por su parte y finalmente, Proletarios Revolucionarios tampoco hicieron un balance de esta lucha al estilo de la “izquierda comunista” histórica, a excepción de un escueto pero certero balance en una volante de hace tres años alusiva a la fecha[12]; y de que al menos la mencionaban en volantes anteriores y posteriores, porque siempre supieron y expresaron que es y debe ser una parte de la memoria histórica del proletariado local y mundial. Luego a lo interno lo plantearon como proyecto de investigación y publicación militante, pero se quedó sólo en idea debido a su autodisolución en el 2016. Que el presente y breve balance sirva, entonces, como un pequeño aporte para llenar ese vacío y también como un “esqueleto” para un futuro balance más completo, riguroso y profundo de nuestra parte. ¡Salud, Comunismo y Anarquía!

Unos proletarios. Quito. Diciembre de 2017

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[1] Esta es la versión corregida y aumentada del borrador escrito y compartido el 15 de noviembre de 2017.

[2] Más información o datos al respecto, ver Huelga general de noviembre de 1922:https://es.wikipedia.org/wiki/Huelga_general_de_noviembre_de_1922

[3] FTRE: Federación de Trabajadores Regional Ecuatoriana. GAT: Gran Asamblea de Trabajadores.

[4] Óscar Efrén Reyes (1949). Breve Historia General del Ecuador, cit. en Patricio Ycaza (1984). Historia del Movimiento Obrero Ecuatoriano. Primera Parte (de su génesis al Frente Popular). Quito: Centro de Documentación e Información de los Movimientos Sociales del Ecuador-CEDIME, p. 147.

[5] Alejo Capelo cit. en Carlos Pazmiño (2008). Alejo Capelo y el 15 de Noviembre de 1922. Disponible en:  https://www.anarkismo.net/article/10956

[6] Nos resulta muy interesante y loable anotar que el soviet de Guayaquil consta en el Mapa interactivo de consejos obreros (1917-1927), publicado en marzo de este año por la página inglesa libcom(“libertarian communism”): https://libcom.org/history/interactive-map-workers-councils-1917-1927, cuya traducción al español se encuentra disponible en: https://autogestioa.wordpress.com/tag/consejos-obreros/. Así como también, en el mapa mundial de “La oleada revolucionaria de 1917/1923” en Anarquía & Comunismo nro. 10: Especial a 100 años de la revolución rusa, Santiago de Chile, octubre de 2017, p. 4: https://anarquiaycomunismo.noblogs.org/post/2017/11/10/anarquia-comunismo-n10-especial-a-100-anos-de-la-revolucion-rusa/

[7] En su ya citada Historia del movimiento obrero ecuatoriano (1984, sobre todo el Capítulo 2) y en otros folletos y artículos de su autoría intelectual como, por ejemplo, La lucha de clases en el Ecuador: las jornadas de noviembre de 1922 (198?). Quito: Cuadernos del Obrero Revolucionario nro. 6.

[8] Ver Manuel Agustín Aguirre (1979). La Masacre del 15 de Noviembre y sus Enseñanzas. Quito: Editorial Universitaria.

[9] Carlos Pazmiño (2009). El 15 de Noviembre de 1922 y el papel de los anarquistas en el seno de la clase obrera ecuatoriana. Disponible en: https://www.anarkismo.net/article/14992

[10] Alejo Capelo (1973). Una jornada sangrienta (15 de noviembre de 1922). Guayaquil: Departamento de Publicaciones de la Universidad de Guayaquil.

[11] Carlos Lasso Cueva (2013, enero 7). Masacre del 15 XI de 1922. Disponible en: https://clavedelpoeta.wordpress.com/2013/01/07/masacre-del-15-xi-de-1922/

[12] Ver Proletarios Revolucionarios (2014). 15 de Noviembre: ¡Guerra de Clases, Guerra de Memorias! Disponible en:http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2014/11/ecuador-15-de-noviembre-guerra-de_14.html Volante que, semanas más tarde, fue traducida al inglés por parte del grupo Tridni Valka (Rep. Checa): “November 15: Class War, Memory War!”: https://www.autistici.org/tridnivalka/ecuador-november-15-class-war-memory-war/, y que libcom también la publicó.

 

A mayor desarrollo económico, mayor atomización

 

NotadelBlog:Texto extraído desde la página web de la publicación “Comunidad de Lucha”. Difundimos este material porque consideramos del todo importante, evidenciar la catástrofe existencial en la que nos sumerge el progreso capitalista cuando nos salvamos de morir de hambre o de frío siendo proletarixs. Humanos mercancía aislados y cada vez mas liciados afectivamente.

El progreso, que no es sino el desarrollo tautológico de la economía por sus propios medios, para su propia autoreproducción, supone el sumergir a cada vez más humanxs en una forma de subsistencia consistente en poner la vida al servicio de este desarrollo, lo que se traduce en la práctica a levantarse cada mañana para abordar las máquinas, por cierto atestadas de otrxs en similares condiciones a la nuestra, que nos llevan al claustro de los centros productivos, en los que debemos rendir cuentas todo el día a quienes muchas veces preferiríamos partirles la cara –aunque muchas veces su situación sea similar a la nuestra–, para luego abordar las mismas máquinas de vuelta al claustro habitacional de nuestras casas o de lo que llamamos nuestros hogares.

Estando la actividad humana encadenada al ciclo cotidiano del TRABAJA/CONSUME/DUERME, y desarrollándose ésta en un espacio cada vez menos pensado en las necesidades humanas y cada vez más para la circulación de humanxs-mercancías, es de esperarse que las relaciones humanas se vean cada vez más mermadas: las relaciones interpersonales están ancladas a los centros productivos, y quienes generen encuentros de camaradería afectiva fuera de los horarios asfixiantes de éstos deben sortear los obstáculos del dinero (necesario para ‘recrearse’), del tiempo y, cómo no, contar con la energía suficiente restante de la jornada laboral. Esto no podría sino hacer de la incomunicación y el aislamiento unas de las características dominantes en la vida de cada persona. De ahí que nos enfermemos con lo que la ciencia del Capital llama comúnmente como depresión, el ‘resfriado común’ de la psicología.

Es decir, la tristeza apabullante que agobia a la humanidad no es un problema mientras no se interponga en el camino del desarrollo económico, y si se le tiene en consideración, es sólo a propósito de este mismo desarrollo.

 

Claro que esto no le importa a quienes dominan sino hasta que es un problema para la economía, como evidencia la Organización Mundial de la Salud cuando advierte en su último informe sobre salud mental que ‘la caída de la productividad y otras dolencias médicas vinculadas a la depresión tienen un alto coste global, que la OMS cifra en un billón de dólares al año’, o que ‘por cada dólar invertido por un país en salud mental, se ahorra otros cuatro en trabajo (al generar mayor productividad laboral) y en salud (al evitar tratamientos contra estas patologías)¹. Es decir, la tristeza apabullante que agobia a la humanidad no es un problema mientras no se interponga en el camino del desarrollo económico, y si se le tiene en consideración, es sólo a propósito de este mismo desarrollo. De paso, el mismo informe advertiría que Chile lidera el raking de depresión², que por cierto implicaría grandes pérdidas monetarias para el Capital local a propósito de la cantidad de licencias médicas emitidas a causa de este ‘trastorno’. Esto probablemente debido a la atomización humana inherente al desarrollo económico, pero sin una estructura lo suficientemente fuerte para ‘contener’ los síntomas de este mismo desarrollo, como suele ocurrir en los llamados ‘países en vías de desarrollo’. Y no es que en los países centrales de acumulación capitalista la gente no enferme de tristeza y soledad, pero su enfermedad ha sido lo suficientemente encauzada en los canales del progreso como para que esto no suponga un problema considerable para la economía.

Y teniendo en cuenta este panorama de desolación global y generalizada, otros datos entregados por este informe, como aquellos que indican que la depresión se extendió un 20% más en la población global los últimos 10 años, o  que casi 800.000 personas se suicidan cada año en el mundo, lo que equivale a un suicidio cada cuatro segundos, no serían sino un dato secundario al lado de aquel que advierte la afrenta que supone para la economía que enfermemos de tristeza, soledad y estrés (sea por exceso de trabajo o por falta de él).

Contra esto, debemos tener claro que la guerra que libramos contra el Capital y sus agentes (incluso contra aquellxs que nos interpelan en nombre de nuestra propia salud) no es menos importante que nuestras prácticas por romper con nuestro propio aislamiento. Habría que ser muy iluso para creer que uno acaba con su propia alienación simplemente oponiéndose a la alienación generalizada; en cambio, un primer paso para la re-construcción de vínculos de camaradería afectiva genuinos podría ser el constatar la propia alienación y miseria, tomando nota de lo que esta produce en nuestras propias relaciones interpersonales, incluso con nuestrxs más cercanxs y entre ellxs: como la neurosis y frustración que entrañan nuestras relaciones afectivo-sexuales, la imposibilidad de establecer contacto real con el otrx, la incomunicación con quienes suponemos nuestrxs seres amadxs, el sentimiento generalizado de soledad en compañía, la necesidad de constituir nichos identitarios…

La lucha para la reconstitución de una comunidad humana pasa también por poner en práctica formas de afecto y confraternización que sirvan, por un lado, para la experimentación de formas de comunidad que entren en contradicción con la socialización enfermante del Capital, y, por el otro, para nuestra propia reconstitución y sanamiento personal: una práctica colectiva para la reconstitución personal. Si bien estas prácticas no serían más que mero comunitarismo si a la vez no apuntasen al corazón mismo de la alienación generalizada -es decir, a esta forma concreta de producir la vida, su base material (que es la raíz común de nuestra miseria psíquica, física, afectiva, sexual, etc.)-, creemos que el autocuidado y que el cuidado entre nosotrxs mismxs son parte fundamental en la constitución de comunidades que entren en ruptura con la comunidad ilusoria del Capital, pues creemos que la guerra contra la domesticación debe librarse también contra nuestra propia domesticación internalizada.

¡Barramos de raíz con esta realidad y con lo que esta realidad hace de nosotrxs!

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1. elespectador.com/salud/depresion-chile-aumenta-oms

2. biobiochile.cl/chile-lidera-ranking-depresion-oms(si bien no se advierte en la nota citada qué países o regiones participarían en dicho raking)

[Publicación] Comunidad de Lucha #4

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En el Silabario con que se ha enseñado el idioma a miles de personas en América latina se dice “pra pre pri pro pru, pre so: los policías llevan presos y encierran a todos los que se portan mal”. Los ciudadanos-borregos internalizan este mensaje desde la infancia y se lo creen durante toda su vida.

Pero la policía no es un órgano natural ni espontáneo de la comunidad humana. Por el contrario, es una creación propia de las sociedades divididas en clases, que para mantener su orden artificial, irracional y absurdo necesitan de un Estado que centralice y coordine las distintas formas de violencia necesarias para que dicho Orden se mantenga.

En nuestro tiempo en que conviven diversas formas de policía (estatal y privada, profesional y ciudadana), la suma de todas ellas encarna, como dijo Walter Benjamin, “la máxima degeneración de la violencia”.

Carabineros aparece en un lugar destacado en esta revisión, por su consistente labor en la defensa violenta del Orden capitalista. Si bien existían varios tipos de policías –incluyendo una Secreta– desde el siglo xix, fue el dictador Ibañez en 1927 quien unificó las policías municipales, rurales y el Regimiento de carabineros, creando esta sangrienta y corrupta institución que este mes de abril cumple 101 años. La Policía de Investigaciones fue creada en 1933, por el gobierno de A. Alessandri, separándola de Carabineros, y dejándonos desde entonces con “pacos” (“siervos” según cierta etimología) y “ratis” (palabra que proviene del lunfardo bonaerense, como inversión de las sílabas de “tira”, en alusión a su práctica de apremiar a los detenidos amarrándolos con “tiras” o cuerdas).

Carabineros debutó de inmediato con prácticas terroristas. En el agitado año de 1932, detuvieron y arrojaron al mar a Manuel Anabalón, un profesor primario, en el muelle Prat de Valparaíso. El reportero Luis Mesa Bell se puso a investigar esos hechos, siendo también detenido y asesinado. Un día después de su muerte fue encontrado el cadáver de Anabalón. El poeta creacionista Vicente Huidobro dedicó en esos años un ataque contra un poeta/policía amigo del estalinista Neruda y que provenía de esos ambientes.

En ambos casos los victimarios eran de la Sección de Investigación de Carabineros de Chile. Dicha sección, de triste memoria, es la antecesora de las actuales S.I.P (que como se señala en la web “es la rama de Carabineros que más parecido tiene con la PDI dado que comúnmente sus funcionarios no trabajan con el uniforme ni con los vehículos tradicionales. Tienen a su cargo investigaciones ordenadas por la fiscalía y prestan apoyo a procedimientos infiltrándose como agentes civiles”).

Desde 1974 existe la Dirección de Inteligencia de Carabineros, responsable entre otras cosas del secuestro y degüellamiento de 3 militantes del PC en 1985, y que en 1990 pasó a llamarse DIPOLCAR. De esas filas provenía el exdirector Bruno Villalobos, así como Gonzalo Blu y su ejército de montajistas, caídos en desgracia hace poco en medio del multimillonario desfalco y la pelea con la Fiscalía, otra expresión siniestra del sistema represivo, en el marco de la Operación Huracán. Durante su mandato el lema que escogieron era más claro que el agua: “somos la frontera entre la delincuencia y la ciudadanía”.

La insurreción de 1957 de Valparaíso, Santiago y Concepción: Lo que no cuenta la historiografía común

(Texto extraído de la publicación Comunismo Difuso #2 )

 

En todos los ámbitos, se habla poco o nada de uno de los momentos más explosivos de la lucha social del siglo XX, la revuelta popular gatillada por un alza en los precios del transporte público -una práctica habitual del Estado/Capital mediante la cual extraen parte del salario del conjunto de los proletarios, y que se aplica hoy en día a cada rato sin resistencia alguna) , que se expresó desde los últimos días de marzo y los primeros de abril de 1957 en las calles de las 3 ciudades más numerosas de Chile.

La historia oficial en versión izquierdista suele referirse a estos hechos tan sólo para condenar su “espontaneísmo”, e incluso ha propagado rumores de que los hechos de violencia proletaria (asaltos a armerías, ataques a la policía, comercios, edificios estatales y clubes burgueses, destrucción de monumentos, etc.) sólo se explicarían por el uso intencionado de “presos comunes” y de provocadores e infiltrados por las fuerzas del orden: no es de extrañar que esta sea la versión fabricada y distribuida por uno de los más importantes aparatos ideológicos del estado burgués, el P “C” (*).

Ante un escenario de ofensiva burguesa conducida por el gobierno de Ibañez (antiguo dictador militar, reciclado como demócrata en las elecciones presidenciales 1952 -en que fue apoyado por una alianza que incluía desde sectores fascistoides a autodenominados “marxistas” del PS-), que incluyó el alza de más del 150% en el precio de los pasajes entre Valparaíso y Viña desencadenó que desde el miércoles 27 de marzo grupos de estudiantes, pobladores y obreros se volcaran allí a las calles en mítines relámpago, con barricadas y volcamiento de buses en las esquinas, que por sobre todo intentaban detener la circulación de vehículos y mercancías (materiales y humanas), paralizando así el funcionamiento normal de la sociedad del capital. Dicha actividad prosiguió y se fue incrementando, para llegar al clímax con los combates callejeros del sábado 30, en que la policía dejó dos muertos y varios heridos, pero recibió también su cuota de violencia proletaria al punto que quedó acorralada en la Sexta comisaría en calle Eusebio Lillo (a dos cuadras de Avenida Argentina), recibiendo ataques desde la calle y también desde arriba, con lluvias de piedras lanzadas por pobladas apostadas en Cerro Barón. La fuerza policial tuvo que ser rescatada por la Marina, que tras cubrir su retirada reemplazó con ayuda del Ejército a los de verde en la labor en que éstos claramente habían fracasado: mantener el orden del capital en el puerto.

Las barricadas impresionantes de la noche del sábado 30 en Valparaíso fueron acompañadas de un espíritu festivo. La prensa burguesa denunció que bares y cantinas funcionaron hasta la madrugada, y que se había visto “grupos de exaltados que avanzaban por Avenida Argentina en total estado de ebriedad” (Diario La Unión, 3 de abril de 1957). Contra la multitud de proletarios rabiosos el Estado sólo pudo salvarse respondiendo con descargas de fusilería.

Luego de eso, en Valparaíso el movimiento decreció en intensidad y fue encorsetado en la forma de paralizaciones por horas y una jornada completa de paro el martes 2 de abril, acciones recuperadoras convocadas por el Comando Contra las Alzas (que junto a sindicatos y federaciones estudiantiles universitarias tuvo el honor de representar así, en estos eventos, la función de “izquierda del capital”, preocupada siempre de “contener elementos extraños” y condenar públicamente los “hechos de violencia”).

Pero la llama de la rebelión ya se había encendido, y se propagó rápidamente a Concepción y Santiago, donde miles se volcaron a las calles al grito de “¡Valparaíso!” y pasaron al contra-ataque violento y masivo contra el Estado y el Capital, disputándoles por horas y días enteros el espacio físico de la ciudad -lo que demuestra el carácter contagioso de estas explosiones, en atención al cual se justifica plenamente que la clase dominante y la educación formal nos instalen una amnesia histórica y psicogeográfica.

En Concepción, la reacción ante las alzas estuvo inicialmente en manos de las burocracias sindicales y políticas, lo cual puede explicar el que acá el movimiento no fue tan intenso en comparación a las otras dos ciudades. Las manifestaciones callejeras se expresaron a partir del lunes 1 de abril y fueron respondidas con la declaración de Estado de Emergencia en Concepción, Tomé y Yumbel. Luego de las manifestaciones del 4 de abril se volvió a la normalidad.

La máxima intensidad del movimiento se dio en Santiago, donde las manifestaciones y su represión fueron cada vez más intensas hasta llegar a un auténtico desborde popular el martes 2 en la tarde en la llamada “Batalla de Santiago”, que obligó al retiro de las fuerzas Carabineros y su reemplazo por tropas del Ejército. Los pacos ya no podían contener los ataques en su contra, y el gobierno estimó que su sola presencia en las calles había llegado a ser contraproducente. Luego de 3 horas de confusión en que el bando dominante perdió el control de las calles, recién a eso de las 21 horas se pudo reimponer precariamente el control de la mano del toque de queda, hasta lograr en palabras del General Gamboa, jefe militar de la zona, “dominar y aplastar la insurrección”. Los muertos en el bando proletario se contaron aquí por decenas, aunque la cifra oficial sólo reconoce 21 muertos y cerca de 500 heridos.

La violencia de masas, por su parte, se expresó en múltiples formas de desobediencia y ataque, de la que dan cuenta algunos extractos de la prensa burguesa: “En la Gran Avenida, un grupo de estudiantes liceanos de ambos sexos subieron a un bus FIAT que pasaba sin guardia ninguna. Uno de los estudiantes, pistola en mano, exigió al chofer que devolviera a los pasajeros “los cinco pesos robados”. Como éste no atinaba a moverse ante el argumento de la pistola, una de las secundarias tomó dinero de la caja y entregó a cada pasajero el dinero que estimaba que habían pagado de más. En la esquina se bajaron muy alegres y satisfechos entre numerosos aplausos” (La Tercera, 2/4/57).

“Turbas incontrolables llegaron hasta Plaza de Armas y empezaron a una metódica destrucción de bancos, casetas y faroles. Pequeñas fuerzas de Carabineros opusieron sus armas. Y aquí la gente tuvo la primera y engañosa sensación de victoria. Los uniformados escaparon casi con humillación. Vi cómo un grupo de unos 30 carabineros arrancaron de la plaza hacia Compañía seguidos de una lluvia de piedras. Se parapetaron en las puertas y en el Teatro Real. De allí disparaban al aire todavía” (La Tercera, 3/4/57).

“Hechos sintomáticos se produjeron durante la asonada de ayer. Las turbas, en su afán sedicioso, no respetaron ninguno de los poderes constituidos del Estado. Pretendieron asaltar La Moneda y atacaron de hecho los edificios en que funcionan el Congreso Nacional y los superiores Tribunales de Justicia. La prensa no escapó, tampoco, a este afán destructor…” (La Nación, 3/4/57).

Un frente interesante de la acción de los proletarios contra los llamados “bienes públicos” fue la crítica en actos del arte monumental burgués: a las 19 horas una “turba” atacó un monumento en construcción a Arturo Prat, en el sector de Mapocho, procediendo a incendiar y destruir totalmente su andamiaje de madera, fueron destruidos a pedradas los faroles del monumento a O´Higgins en Plaza Bulnes, e incluso la policía reportó un intento de incendiar la Catedral.

Hacia la noche del martes, gran cantidad de “turbas” se movilizaban desde diversas poblaciones y recorrían barrios por Estación Mapocho, San Diego, San Miguel, Plaza Chacabuco, Barrio Matadero. Al igual que en Valparaíso, las organizaciones estudiantiles y sindicales tendían a actuar como garantes del orden en ausencia de la policía. Así, por ejemplo, cuando una muchedumbre intentó saquear Almacenes París en San Antonio con la Alameda, grupos de estudiantes “acordonaron el establecimiento y, armados con fierros, impidieron el saqueo” (La Nación, 3 de abril de 1957). Posteriormente, una declaración pública de la FECH se encargaría de expresar “su más enérgico repudio a los atentados vandálicos” de “elementos que escapan por completo a la dirección del movimiento estudiantil”.

En las entrevistas realizadas por Pedro Milos a 40 años de los sucesos, el entonces Presidente de la FECH declara: “fuimos sobrepasados, sobrellevados en lo que era la intención del movimiento estudiantil de tomar esta bandera de reclamar por esta alza. Se vio que había no sé si otros intereses u otras organizaciones detrás de esta asonada, de este movimiento, pero la verdad es que no fueron estudiantes los que dimos un golpe siquiera contra los faroles” (Entrevista a Eduardo Moraga, 5/1/94). Por contraste, los proletarios las emprendieron enérgicamente contra el alumbrado público y otras expresiones del urbanismo capitalista, como siempre se ha hecho en toda insurrección: “Me recuerdo haber visto un grupo de gente echando abajo postes de la luz eléctrica, era como sorprendente ver que los ataban, sacaban cuerdas, y quedaban doblados en las calles. La gente apedreando vitrinas, sacando cosas y enfrentándose a la policía” (Entrevista a Manuel Cabieses, 28712/93). A su vez, un dirigente de la juventud del partido estalinista recuerda lo siguiente: “El asunto es que el día 2 se producen movimientos masivos de gente. Hay combates en distintas partes de Santiago y en el fondo la masa logra conquistar los espacios. Se puede decir que ni el Ejército ni la policía habían podido tomar terreno en ese asunto. Los dueños, los que se quedan con el terreno fue una masa en la que ya cada cual hace lo que quiere. De ahí la sensación que embarga a esta dirigencia es que se nos escapa la cosa” (entrevista a Federico García, 4/2/94. El destacado es nuestro).

Los días posteriores la calma fue volviendo de a poco. El día 3 la represión se cobró varias nuevas víctimas, y sectores poblacionales y sindicales que habían sido tomados por sorpresa el martes, trataban de hacer lo suyo (por ejemplo, una marcha masiva en San Miguel que derivó en incidentes y la acusación de intentar atacar una comisaría). Además dela ejecución directa de “saqueadores”, el aparato represivo destruyó la Imprenta Horizonte (donde se imprimían periódicos de izquierda), realizó una espectacular redada masiva contra un enorme grupo de individuos que se habían escondido en el Cerro Santa Lucía con la presunta intención de tomar las calles de nuevo en la noche, además de proceder a detener a cuanto ciclista anduviera por el centro bajo la sospecha de ser mensajero de los revoltosos (se requisaron más de 300 bicicletas). Producto de la represión hubo cerca de 500 detenidos –muchos de los cuales fueron luego relegados- y un número indeterminado de desaparecidos.

El jueves 4 de abril a las 7 de la mañana hubo un fuerte movimiento sísmico, la violencia se hizo más aislada, y el viernes 5 el Gobierno anunció la creación de una comisión para revisar las tarifas de la locomoción colectiva.

 

* Una excepción a lo anterior la constituye el libro “Historia y memoria. 2 de abril de 1957“, editado por LOM en el 2007, que en más de 500 páginas presenta la investigación minuciosa y exacta de los hechos llevada a cabo por Pedro Milos

[Panfleto] Algunas reflexiones en torno al 8M 2018

Este 8 de marzo parece ser distinto a los de algunos años atrás: se reivindican algunas recientes conquistas consideradas fundamentales y se prometen otras tantas, nuevas y briosas. Es cierto que hace menos de una década la sociedad se hallaba rememorando esta efeméride como una celebración de la femineidad tradicional, alentando al consumo y a la reafirmación del estereotipo de la mujer cosificada y sumisa mediante regalos frívolos y demás artilugios mercantilistas. En aquel entonces nos hallábamos muy lejos de un llamado al cese de actividades productivas, como impulsa la consigna de este año, pero ¿realmente queremos que este sistema siga, ya sea con o sin nosotras? Nos parece muy necesario, dada la importancia del movimiento social que se generó para cambiar las condiciones de vida de las mujeres, repensar y criticar el contenido de estas luchas. No por el gusto de la crítica en sí, sino para que el movimiento tome fuerza y se profundice, para no caer en las viejas canalizaciones de la ideología dominante, en las reformas que cambian algo para que todo siga igual. Nos queremos enfocar entonces en el contenido que está en el fondo de la movilización y el paro internacional de mujeres.

Cuando se llama a producir sin nosotras para visibilizar nuestro “valor”, se pasa por alto la obscena facticidad de las cosas: que se nos considera valiosas, básicamente, en términos productivos y reproductivos de este sistema de muerte. Esta consigna no solo deja de lado un cuestionamiento fundamental –¿por qué debiéramos siquiera tener asignado un valor? –, sino que alienta a la perpetuación de las actuales relaciones económicas y productivas de modo irreflexivo y conformista. La ausencia de una crítica al sistema que somete a la totalidad de la humanidad a sus perversas instituciones (en este caso, el trabajo asalariado) es alarmante, y debiera advertirnos sobre la peligrosa tibieza del contenido de consignas similares, tan fervorosamente enarboladas para esta fecha.

Era de esperar… “el feminismo” ha llegado a los medios: los programas con el más alto rating (y la mayor tradición misógina) invitan a sus paneles a las representantes del movimiento a debatir (y sobre todo a banalizar) la despenalización del aborto y otros temas que verdaderamente nos preocupan e importan. La democracia funciona. El enemigo quiere hacer las paces y, en señal condescendiente, nos abre la puerta al mundo del espectáculo.

Ante los continuos y crecientes daños a todos aquellos que se reconocen por fuera del género masculino heterosexual, se pide mayor intervención estatal: más legislaciones, más programas gubernamentales de contención, más seguridad, más trabajo, más punición, más control. Lo que no se ve es que donde «el Estado está ausente» es donde más está el Estado. ¿No es ya lo suficientemente clara la vinculación entre la violencia de género y el monstruoso aparato ideológico que la produce y reproduce cada día, bajo las más variadas formas? ¿Qué es lo que hace falta para hacer estallar finalmente estas insoportables tensiones que nos atraviesan?

Sabemos que las condiciones a las que nos enfrentamos no son nada sencillas y nos movilizan a preguntarnos muchas cosas. Que quede claro: queremos mejorar nuestras condiciones en lo inmediato. No queremos ser encarceladas por abortar, tratadas como cuerpos–objetos a los que violar y traficar, usadas para publicitar mercancías y otras tantas aberraciones. Pero, ¿para qué nos sirve pedirle al sistema que nos reduce a estos roles, nos encarcela y subyuga que cambie esta situación? ¿Por qué no pensar en la posibilidad de superar de raíz este estado de cosas? Esto también lo tenemos que pensar mientras nos encontramos en la calle, a esto nos referimos cuando proponemos profundizar la lucha. Fundamentalmente, para no desperdiciar tantos esfuerzos de compañeras del pasado que, como nosotras hoy, pararon y salieron a la calle masivamente, logrando parciales avances que por sus límites no cambiaron la situación de la mujer, porque es imposible que se transforme sin transformar todo, porque nuestra lucha se opone prácticamente a este sistema cosificador y valorizador de nuestras vidas.

Las diversas expresiones de bronca, el aliento a la venganza o al escrache público, en respuesta a hechos de violencia de género son necesarias, pero devienen en medidas ineficientes por ser aisladas. Debemos atacar las relaciones sociales de las que nace la violencia de género en primer lugar. Cuando una gran cantidad de energía se ve dedicada a resolver problemas de tipo legal o procedimental (qué hacer con el abusador, cómo castigar al violador, cómo deben redactarse protocolos institucionales contra la violencia machista) se está perdiendo de vista la causa fundamental de la problemática: la violencia general y sistemática en nuestra sociedad, por qué se genera y cómo destruirla. Identificarla es necesario para terminar de una vez por todas con las condiciones materiales que la posibilitan y que reducen nuestra vida a un producto aprovechable o prescindible según las circunstancias, que instrumentalizan nuestros cuerpos y los someten a las necesidades de este sistema que nos deshumaniza y atomiza hasta la muerte.

La lucha que ahonde en la raíz del problema no bregará por la igualdad de derechos en un sistema que nos oprime y aliena a todos los desposeídos por igual, sino por la verdadera emancipación de la mujer, entendida como parte fundamental de la lucha por la emancipación total de la especie humana. Para ello es necesario salir a la calle y formar lazos por fuera del Estado y la política, no permitiendo que estos intervengan y transformen el contenido de la lucha para su conveniencia y para la continuación de nuestra explotación. Pero también, dejando de externalizar los problemas, haciéndonos cargo de lo que nos toca: como parte de esta sociedad capitalista la reproducimos, aun sin querer. Hablando en los propios términos que el enemigo (los de la reforma), reduciendo nuestras perspectivas revolucionarias a una lucha por una ley o por un salario más justo, aferrándonos a lo inmediato y dejando para nunca lo que es urgente desde hace tanto tiempo: la destrucción de lo que nos destruye y la creación de un mundo nuevo.

Son estas condiciones de existencia siempre contradictorias las que nos impulsan a luchar y es en la lucha donde vamos encontrándonos e inventando algunas respuestas. Hoy nos movilizamos, no para exigir que se nos considere y se nos visibilice en tanto que víctimas, ciudadanas y productoras y reproductoras serviles de esta sociedad. Estamos en la calle porque creemos y luchamos por un cambio sin vuelta atrás.

Boletín La Oveja Negra – 8 de Marzo de 2018
www.boletinlaovejanegra.blogspot.com 

[Publicación] Comunidad de Lucha #3

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Cualquiera que haya sufrido el hacinamiento y la espera tortuosa en el “horario punta”, puede fácilmente comprender la naturaleza inhumana del sistema de transportes. Efectivamente, este sistema no ha sido creado pensando en nuestras necesidades, ni mucho menos en la comodidad y el placer de quienes viajamos en micro o en Metro. Muy por el contrario, ha sido planificado con la misma racionalidad egoísta y calculadora con la que un empresario compra camiones para transportar animales hacia el matadero: no importa el bienestar de las personas, lo que importa es el bienestar de las empresas.

Es decir, el sistema está creado para hacer de lxs asalariadxs, y de sus hijxs, una fuente permanente de acumulación de capitales: explotadxs directamente en tanto trabajadorxs, y además como “usuarios” de un servicio por el cual debemos pagar. El hecho de que el “Panel de expertos del Transantiago” haya decretado 19 veces desde su puesta en marcha en 2007 la subida del precio del pasaje evidencia su verdadera labor: mejorar la rentabilidad económica de una empresa.

El apoyo –financiero, legal, policial– del Estado a las empresas del transporte es un hecho que ni siquiera cabe discutir, puesto como entidad administradora y protectora de la dominación capitalista, tiene sumo interés en que la gigantesca masa de esclavxs asalariadxs pueda ser transportada todos los días, y en grandes cantidades, a los lugares de trabajo y consumo. Más aún, el día 18 de enero se aprobó la famosa “Ley Anti-Evasión”, que penalizará duramente no sólo el no pago del pasaje y creará un registro nacional de “evasores”. Así, no solo se protegen con multas, cárceles y listas negras las ganancias, inversiones y la propiedad privada de capitalistas y políticos, también se logra, al mismo tiempo, el doble objetivo de perseguir a quienes no pagan, y de aislar y dividir cualquier manifestación de rebeldía por parte de lxs explotadxs y destruir cualquier posible brote de solidaridad.

La existencia de fiscalizadores, así como de la policía, es la prueba de que jamás hemos abandonado la época de los “negreros”: esclavos que controlan y apalean a otros esclavos.

Pero el verdadero símbolo de la miseria de este sistema capitalista, el secreto revelado de su existencia impersonal, inhumana, son los torniquetes.

¿No es, acaso, ilimitado el número de “torniquetes” que debemos pasar durante nuestra vida? ¿Y cuántos de esos otros “torniquetes” son imposibles de saltar?

El torniquete, lejos de ser un objeto neutral o accidental que con maquiavélico ingenio es usado por empresarios para obligarnos a pagar, es en realidad el modelo de toda esta sociedad, el verdadero espíritu de esta falsa comunidad, es la imagen que resume toda nuestra no-vida: pagar para vivir, vivir para pagar.

¿No es, acaso, ilimitado el número de “torniquetes” que debemos pasar durante nuestra vida? ¿Y cuántos de esos otros “torniquetes” son imposibles de saltar? Está el torniquete de la vivienda: pagar para habitar, para dormir, para tener un espacio –reducido para la mayoría de nosotrxs– en el cual sobrevivir. El torniquete de la salud: pagar para sanarnos y continuar nuestra existencia, no en tanto que seres humanos, sino como asalariadxs. Por lo demás, cuando se trabaja por menos de $400.000 (es decir, más de la mitad del universo de quienes trabajan) enfermarse es casi una condena a muerte. ¡Y no se le vaya a ocurrir tener una enfermedad crónica! Porque entonces el “torniquete farmacia” le cobrará mensualmente una suma para que Ud. siga respirando. Y si te endeudas y no puedes pagar, también habrá fiscalizadores acompañados de policías que irán a tu casa a embargarte por la imprudencia de haberte endeudado para mantenerte vivo ¿Y el “torniquete de la educación”? Pagar por venderte a un mejor precio, en el mejor de los casos, que obviamente es el más raro. Una situación laboral precaria e insegura es lo más común, aquí nuevamente… ¡no se le vaya a ocurrir tener problemas, estar triste, enfermarse, tener hijxs que le necesiten mientras trabaja, algún problema familiar! ¡Recuerde que hay cientos, miles tal vez, esperando reemplazarle! En resumen: si no pagas, no comes, no hay casa, y no hay salud, porque si no pagas… ¡no vives!

En el actual sistema de transportes y su organización, se encuentra visiblemente revelada toda la miseria de nuestra vida cotidiana. Hasta tal punto son el Metro y el Transantiago una manifestación de la universalidad de nuestra no-vida, que la crítica del sistema de transportes –y de la rutina social y del aburrimiento que fomenta– es al mismo tiempo la crítica de toda la sociedad, y la confirmación de la necesidad de una vida no sometida al dinero ni al trabajo asalariado. No se trata, por lo tanto, de que se cometa contra nosotrxs una injusticia particular –el torniquete, el hacinamiento, la humillación, la vigilancia– sino que se comete contra nosotrxs una injusticia de carácter universal que abarca todas las dimensiones y facetas de nuestra vida social. El problema no es tal o cual aspecto de esta sociedad capitalista –transporte, salud, AFPs, educación, etc.–, sino que la forma misma en que producimos y reproducimos la totalidad de nuestra vida. Es necesario, entonces, crear dentro de esta sociedad inhumana una comunidad que no dé cabida a la explotación; una comunidad que nos permita imaginar y crear colectivamente una forma de vida emancipada del miedo y de los efectos de todas las formas que asume la represión y, sobre todo, de un modo de no-vida basado en la dominación sobre el ser humano y la naturaleza.

Esta comunidad comienza parcialmente con la rebeldía colectiva a enajenar nuestra vida en el chip de una tarjeta, al negarnos individual y masivamente a reforzar un sistema que nos transporta directo hacia nuestra esclavitud. Pero para que la actual pasividad y evasión individual se convierta en rebeldía generalizada, habría que cuestionar prácticamente todos los aspectos de nuestra vida, de la cual el sistema de transportes es –por fundamental que resulte– solamente un elemento entre muchos otros. Una comunidad de lucha solamente podrá emerger con la ruptura del aislamiento capitalista que cotidianamente reproducimos, no solamente con la evasión o el negarse a pagar un pasaje, no solamente impidiendo que fiscalizadores y policías bajen de la micro a quienes no pueden o se niegan a pagar, sino en la subversión colectiva contra la sociedad del capital. Debemos ir a la raíz del problema. Es necesario dejar de pagar el pasaje como primer paso para dejar de pagar para vivir. Es necesario abolir la propiedad privada y el trabajo asalariado, bases reales sobre las que crecen el Estado y el sistema capitalista. Una comunidad de lucha solamente podrá afirmarse en ruptura con la totalidad del sistema y no solamente contra un aspecto particular, en la creación colectiva de una vida que ataque directamente los fundamentos sociales e históricos de la inhumanidad. La rebeldía contra el sistema aunque se manifieste por ahora en situaciones que aparecen como las más injustas –como las alzas de pasajes– lleva en sí un espíritu universal: el comienzo de la época de la superación colectiva del aislamiento capitalista.

Contra las leyes, la represión y la paz social del Capital
¡Comunidad de lucha!

[Publicación] Comunidad de Lucha N°2

Segundo numero de la publicación agitativa “Comunidad de Lucha”, distribuido en el territorio dominado por el Estado Chileno, cuyo contenido es:

-Viña del Mall: Una festividad para atontar y acortar el verano.

-“Ley Sophia”: ¿Proteger la niñez? No, endurecer la represión

-Ni turismo ni bronceado: algunas reflexiones sobre
lo que ocultan las anheladas vacaciones

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Viña del Mall: Una festividad para atontar y acortar el verano.

Mientras en otros países los carnavales y fiestas populares forman parte de un legado de tradiciones pre-capitalistas que se niegan a morir, en donde se expresan de manera confusa pero auténtica tanto los restos de una comunidad humana no alienada como los diversos intentos por capturar dichas energías y volverlas funcionales a los intereses de la dominación capitalista-estatal, en Chile no tenemos nada de eso, pero tenemos el Festival de Viña (además de otros que se le han ido agregando: el del Huaso de Olmué, Lollapalooza, etc.).

Iniciado en 1960, con un carácter más bien provinciano y modesto, el Festival de Viña con el tiempo se fue convirtiendo en uno de los eventos favoritos de la industria del atontamiento de masas, y reflejó sobre todo a inicios de los 70 las tensiones políticas del momento. Del enfrentamiento de Quilapayún versus Los Huasos Quincheros a las pifias a la cantante africana Miriam Makeba por decir “viva la revolución chilena”, a la prohibición de la competencia folklórica en 1974, el evento fue pronto remodelado en función a las necesidades de la Dictadura militar que cada mes de febrero se proyectaba al mundo por razones de entretenimiento, tratando así de escapar a la fama genocida que se había ganado en todo el globo, y uniendo aunque fuera por unos días a explotados y explotadores en la contemplación de estrellas nacionales e internacionales.

Debemos soportar año tras año que la TV, radio y prensa dediquen gran parte de su cobertura a este mega-evento, en medio del calor, los incendios forestales, el retorno de veraneantes y la compra de útiles escolares para el reinicio formal del ciclo vital de COME/TRABAJA/DUERME

Dentro de todo este circo, la participación popular fue reducida a la mítica figura del “monstruo”, que mediante su imprevisible acción podía consagrar o sepultar a quienes se presentaban en la concha acústica¹. En el público se codeaban durante los 70 y 80 agentes de los escuadrones de la muerte del gobierno como Alvaro Corbalán besuqueando en público a las hijas del dictador, personajes como Jaime Guzmán alabando la genialidad del actual diputado del Frente Amplio “Florcita Motuda”, alcaldesas fascistas y un sinfín de otras basuras. Por supuesto que al finalizar la etapa dictatorial de la ininterrumpida dominación capitalista-estatal el festival siguió existiendo, aunque cada vez con menos espectacularidad, y el negocio fue alternando entre diversos canales de televisión y cadenas internacionales.

Hasta el día de hoy los habitantes de este territorio debemos soportar año tras año que la TV, radio y prensa en general dediquen gran parte de su cobertura a este mega-evento, en medio del calor, los incendios forestales, el retorno de veraneantes y la compra de útiles escolares para el reinicio formal del ciclo vital de COME/TRABAJA/DUERME, renovado cada mes de marzo para satisfacción de los amantes de la normalidad y el orden social.

Sólo con la revolución social comunista-anárquica volveremos a experimentar las grandes festividades que la humanidad ha conocido desde tiempos inmemoriales y que han permitido celebrar la existencia en actos de la verdadera comunidad humana, aboliendo el tiempo muerto de las sociedades de clase².


1. Resulta digno de destacar que este simulacro de participación popular se ha dado con una frecuencia anual por medio siglo, es decir, mucho más que el simulacro llamado “elecciones”, que estuvo suspendido por 17 años y luego se ha practicado más o menos cada 4 años.
2. Para un repaso de las grandes festividades que celebraba la humanidad antes de la imposición de la separación generalizada, y del cómo con ellas se buscaba interrumpir el desgaste del tiempo para, a través del exceso, revitalizar todo el conjunto de la cosmovisión y lazos comunitarios dentro de los que vivían, recomendamos la “teoría de la fiesta” que alcanzó a esbozar R. Caillois en “El hombre y lo sagrado”, de 1939, en especial El exceso, remedio del desgaste. Además, a pesar de todo, en nuestras existencias actuales todavía encontramos resabios de la fiesta en distintos recodos del camino.

Confidencias en el Jardín de Epicuro

Reproducimos esta transcripción que nos llegó de una conversación con Rafael Kries. Para quien no lo conozca, Kries fue un obrero perteneciente al Cordon Vicuña Mackena donde fue encargado de redactar la histórica carta de los cordones industriales a Salvador Allende  pocos días antes del golpe de Estado en Chile, evidenciando el sentir de un proletariado en lucha que ya presagiaba instintivamente el desenlace fatal que se avecinaba. Kries actualmente se desempeña como profesor de economía entre otras disciplinas.Si bien el texto no aborda específicamente el tiempo histórico que mas llama nuestra atención, es un relato interesante y muy rico en aportaciones de diversos campos del conocimiento, que constituyen la experiencia de una vida en permanente critica y cuestionamiento con la realidad existente.

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Confidencias en el Jardín de Epicuro

(Conversaciones en el patio trasero).

Santiago  de Chile. Diciembre 2017.

Rafael Kries

Diversas categorías sociales, como reyes, piratas o magos, hoy definidas
simplemente en términos ideológicos se han ido diluyendo con el tiempo,
mientras otras aparecen. Categorías sociales y conceptos cambian en el
tiempo.

Lo mismo pasa con muchas nociones del marxismo, porque en tanto la
estructura del sistema sobreviva, el reconocimiento de la existencia de
ciertos grupos y las relaciones asociadas a ellos incluso modificadas,
ha llegado a ser prácticamente un lugar común o parte de cierto lenguaje
cotidiano

Explotación, producción de mercancías, relaciones y fuerzas sociales,
fuerzas productivas y otras que, aunque no sean recuperadas a plenitud,
pasan a formar parte del lenguaje social o tecnocrático.

Incluso el lenguaje y conceptualización del pensamiento crítico  es
tomado, por la ideología de la burguesía para asimilar parte de él en
una visión desarrollista, idealista, objetivista o naturalista en las
ciencias sociales. No así otras que son dejadas en la oscuridad tales
como el valor, la forma de valor o la acumulación e incluso la riqueza.

Lo mismo pasa con la epistemología en que  a modo de ejemplo, la
institución como estructura se desgaja del proceso que la constituye, o
la libertad se separa de los seres humanos para atribuírsela a las
relaciones jurídicas aisladas de lo político.

La falsedad epistemológica no puede ser eliminada por el sólo uso de la
lógica o la precisión conceptual. En nuestra sociedad hay una falsa
conciencia necesaria, una episteme cuya falsedad no está en sus pautas
de verdad sino de la existencia social que afirma y ratifica.

Los clásicos griegos tienen un enorme peso en mi pensamiento político.
Los grandes historiadores de la filosofía dividen a esta última en un
antes y después de Sócrates. No lo creo así; coincido en eso con
Nietzsche, en que Sócrates representa un punto de inflexión que inicia
una decadencia en la que estarán ubicados Platón y Aristóteles con su
meta-física.

La cúspide del pensamiento clásico y del período lozano de la historia
griega fue Protágoras, casi contemporáneo de Sócrates. Ese pensador fue
quien dijo que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Venía de
Abdera en torno a la Olimpíada 80 y debió arrancar de Atenas en la
dictadura oligárquica de los Cuatrocientos, por uno de sus libros, en
que escribió: “Acerca de los Dioses, no sabría decir si existen o no…” y
creo que agregó: pues me falta información, anticipándose a Epicuro.

Por cierto, la siguiente dictadura aristocrática de los Treinta en
Atenas, condenó a la cicuta a un número de ciudadanos que si los
pusiéramos en escala respecto a la población chilena actual
representaría casi medio millón de personas. Una masividad como la de
Süla en Roma, otro militar y personaje mítico de los conservadores al
estilo Pinochet.

No es extrañar que Dilthey distinga dos generaciones entre los
denominados sofistas, pues los griegos consideraban a Protágoras,
Gorgias y Sócrates como una oleada generada en torno a la Guerra con los
persas y víctimas de la posterior guerra civil del Peloponeso.

Así permite distinguir a esos sabios-sofistas por su defensa de la
libertad de opinión y una práctica educativa basada en una más estrecha
relación maestro-discípulo, de otra ola posterior centrada en la
obtención de dinero a través de la enseñanza, desprestigiados por Platón
y el conservantismo..

Si se les reprochara a los llamados sofistas, enseñar un pensamiento
débil, como el que algunos atribuyeron a los pensadores posteriores al
Mayo del 68 en París del s XX, tal vez fuera por no haber claudicado de
la idea democrática, y haberle dado permanencia a la palabra escrita a
través de los libros de enseñanza y las bibliotecas.

Nietzsche por el contrario los consideraba fuertes, como personajes
transgresores del conformismo. Sea como sea, y con seguridad anclados en
los equilibrios que impulsan procesos de reordenamiento de las
relaciones políticas con los Nomothetas, ellos convirtieron al hombre en
“el sujeto de atención”, casi como en reacción al primer despliegue del
Logos.

Anaxagoras, discípulo de Tales, es el hombre que descorre la cortina del
pensamiento del Logos, aunque otros mencionan a Pitágoras. Anaxágoras
sitúa a la vida como un instante de equilibrio, ubicado entre los
límites del Apeiron –lo indeterminado o  informe–, y concibe al logos
en alguna forma inclusiva de lógica y ánima, de cálculo y suertes.

En ese instante histórico del pensamiento, los primeros sabios piden al
presente hacer justicia al pasado y al futuro. Yo no veo en eso una
conclusión analítica. Veo un punto de síntesis, en su originalidad, en
su inocencia, en su audacia de pensar y vivir libremente, de un pueblo
que se exige algo que en nosotros debería plantear abrir nuevos espacios
de pensamiento y de vida.

Pienso que reconocer la incapacidad de la mente para resolver todo
problema sistémico, o del mathema, no es suficiente superación del
cierre cognitivo. Los psicólogos evolutivos no logran demostrar que la
parte emocional, intuitiva, sentiente, o como se busque conceptualizarla
sea sólo una parte pasiva de la constitución de respuestas de la mente,
al modo simplemente de un Banco de Datos, sensibles.

La consciencia del hombre, tomada en la forma más abstracta posible, no
es simplemente un tema particular-y-del-individuo o del mensaje sino de
la interacción de grupo, algo que incluye al grupo, y por último ella es
mucho más que un tema de Hardware o una especie de Software de un
computador compasivo.

La conciencia del hombre social moderno es un momentum, la extensión de
procesos de pensamiento en que ambos planos –el del mathema y el de la
emoción– logran una síntesis, una nueva recapitulación creativa, un
fenómeno individual y social emergente que al modo de palanca hace al
grupo y de éste al individuo ser capaces (capaz) de verse a sí mismo y
al verse a sí mismo, crear una Ekopoiesis, vivir un imaginario y un
Cosmos.

La especie hombre ha pasado de una larga fase milenaria constituidora de
su biología y centrada simplemente en lo reproductivo a una fase más
compleja en que lo biológico y lo reproductivo adquieren carácter
social; pasan a ser condiciones y elementos de un período creativo del
espíritu, al que llamamos Pre-historia e Historia.

Las formas que el hombre venía reconociendo en la naturaleza, las
consolidó claramente como fundamento de su espíritu y esa capacidad no
lo ha abandonado nunca. A ese largo proceso de cientos de miles de años,
que es el fundamento del que surge nuestra consciencia, lo denomino la
Nomo-poiesis.

El aspecto externo y condicional de aquello que encontraba en su decurso
y vagabundaje dejaron de serlo, para ser factores activos y conformantes
de su experiencia de caza y recolección y con probabilidad de
comportamientos.

En el desarrollo de esas articulaciones que observamos y mucho antes del
surgir de los primeros reinos e imperios, y en el despliegue de esa
creatividad y nueva potencia psíquica, –en un proceso en que  pasaron
decenas de miles de años–, es posible advertir un momento fundamental
de desarrollo cualitativo de la especie y del homo sapiens, la
constitución de la consciencia-existencial. La idea, tal vez confusa en
su inicio, de existir.

Es sorprendente que de casi los 200 mil años de presencia del Cromañón
en la superficie de la Tierra solo en la última mitad éste haya
desplegado su potencial de reflejar simbólicamente su pensamiento, lo
cual está asociado a la expresión de existir. Los homínidos hemos
manejado artilugios técnicos por centenares de miles de años –el más
evidente es el fuego– y sin embargo la creación o surgir de la
consciencia-existencial o humana, tiene menos de 100 mil años.

Nuestro más apreciado y codiciado tesoro, la consciencia y el habla
articulada y simbólica, según nos lo relata Hesíodo en su Prometeo
Encadenado, es en los eones del tiempo una creación reciente. Tiene  tal
vez unos 70 mil años. Muchísimo más reciente aun, desde luego, es el
surgir de la cultura y el cultivo, la religión y la guerra, las cuales
no tienen mayor antigüedad que unos 10 mil años.

A esos procesos los llamamos de la Revolución Neolítica, cuando  se
crearon otros dispositivos claramente diferentes a los que estaban en la
base de las relaciones humanas en el paleolítico basadas en la caza y
recolección, y que correspondieron a nuevas necesidades y exigencias que
surgieron del cultivo y de las nuevas formas sedentarias de vida en
relación a las anteriores.

Han pasado un centenar de miles de años y el pensamiento del hombre, su
espíritu, los productos de su mente y los contenidos de su conciencia
siguen construyéndose sobre esa base fundamentalmente mitológica, pero
basada en el reconocimiento de la entidad de lo que existe y de su
potencia.

Por eso los fundamentos de la consciencia y/o simple conciencia no son
aspectos de orden cuantitativo o de manejo de Data. No son en lo
fundamental de orden lógico, aunque puedan hoy estudiarse los
comportamientos como externalidades numéricas para manipular la parte no
racional e inconsciente de un grupo humano. Véase como manejan hoy las
elecciones las encuestadoras, medias y constructoras de resultados
electorales. Casos de Trump  Macri o Piñera.

Con el Cultivo y la Cultura, constituidos en nuevas capas de
comportamiento sobre la conciencia y el Mito se genera un proceso
extraordinario para la especie que crea inmensas fuerzas productivas y
destructivas desconocidas para el grupo Cromañón.

Un proceso que cambió su fisiología, su mentalidad y su hábitat, con una
magnitud sólo equivalente a la del descubrimiento o control del fuego,
cuando el homo sapiens no existía aun sino, tal vez, como posibilidad.

Nada de esos imaginarios e instituciones había traído el surgir de la
conciencia de existir. Ciértamente podem os hablar que un centenar de
miles de años antes ya se constata la socialidad del Neanderthal,
excepto que no hay huellas que la haya constituido con la creación del
discurso de imágenes: el Mito.

Es el Mito, que es expresión de esa conciencia-de-existir, el que abre
la cortina de la evolución no-natural sino mágica y expresiva hacia los
derroteros de la creación humana. En el Mito y las formas lúdicas que lo
acompañan, el éxtasis chamánico encuentra la expresión a-temporal de esa
nueva capacidad psíquica.

Un segundo nivel de sociabilidad surge con la Revolución Neolítica y el
vivir sedentario. Las estructuras sociales se consolidan no sólo como
proveedores de bienes  sino como mecanismos de expoliación y control. La
actividad social productiva se hace producción, y se trabajan las
tierras progresivamente segmentadas según estructuras de propiedad.

Se mantenía a los hombres aglutinados bajo un Estado de Captura y
expropiación del Universo, que la nueva socialidad, a través de sus
jefes-sacerdotes ordenaba como un Cosmos.

Esto desde luego se vio, a poco andar, en problemas, No sólo por la
explosión demográfica que trajo consigo sino por la inevitables
resistencia a la expoliación, que los grupos con dominio podían ejercer
sobre el conjunto social.

Así la especie nuevamente estuvo en un impasse, que por cierto duró
muchos miles de años. Desde luego tampoco podemos estimar la importancia
de los procesos sólo por el tiempo que hayan durado. Fíjense en el
inmenso impacto que ha tenido el Capitalismo, que ya se ha hecho a sí
mismo inviable, cuando apenas tiene unos cinco siglos.

Pienso que hay que ponderar de alguna manera que la
consciencia-existencial que está por decirlo así en la base de lo que es
“estar siendo Humano” y con ella el lenguaje simbólico, pueden estimarse
en unos 70 milenios, respecto de los cuales los procesos que connotamos
como producción, familia, religión, cultura apenas deben tener unos 10 o
15 milenios.

Por cierto si establecemos algún tipo de escala, la edad de los metales
y con ella los imperios conocidos, empezaron hace un máximo de 6 o 5 mil
años atrás,

Pero volvamos a ese gigantesco impasse que generó el surgir de la
agricultura y la ganadería, y el prosperar demográfico de las
comunidades que asumían esos procesos de cultivo y pastoreo, y de
cultura: con procesos y estructuras de dominio, esclavitud, estado,
guerra permanente, realezas, y desde luego segmentación y  acentuación
de roles, apropiación/expropiación de tierras, clanes familiares.

Interesante será el estudio de las relaciones de género en ese
maremagnum, tal como lo expresan la visible contradicción entre
estatuillas de la Diosa-madre y del Padre o Cielo en las diversas
versiones y cultos.

Me parece evidente que el Chamanismo y la magia no fueron mecanismos
suficientes para enfrentar la intensidad de esos conflictos, su tensión
y violencia cuando se expresaban, la atomización que debe haber
producido entre distintas fratrías, la acentuación de sus mutuas
aprensiones y recelos.

Era necesario descargar hacia afuera esa tensión en cada grupo, re-ligar
en torno a  algún nuevo tipo de esperanza, generar una nueva fuerza
psíquica aglutinadora. Creo que allí están las bases del emerger de la
religión, lo sagrado y una nueva relación con la muerte..

Como Uds saben se ha logrado estudiar en cierta profundidad las formas
de veneración chamánica y mágica en las regiones central asiática..
Desde luego no hay acá fenómenos puros y perfectamente originarios. Se
observa el culto del fuego, los ritos de la caza, de la reproducción y
la conciencia de existir y morir.

Incluso se ha observado la distinción de roles entre el auspiciador o
Chamán y el sacrificador o sacerdote, el cual probablemente sea un
aporte más moderno.

La manera de religar a esos grupos, tal que permitió desplegar ciertas
posibilidades sociales que fueron inventando o descubriendo, fue el
desarrollo de un mecanismo poderoso que rompe al grupo y a su entorno en
dos sectores, uno profano y otro sagrado. La religión surge de esa
ruptura del grupo social, que ella religa a través de la administración
de aquello que exige lo sagrado: la occisión ritual.

¿Cómo se  generó el sentimiento de lo religioso? No lo sabemos en tanto
proceso neuro-lógico, aunque actualmente haya estudios respecto qué
sectores del cerebro se activan en ese sentimiento.

Pero lo realmente importante, una vez que sabemos que surge, es entender
que llenó una necesidad social y generó la administración  de una
distinción previamente desconocida entre lo profano y lo sagrado, entre
el habitat y el misterio, pues uno y otro se excluyen.

La religión es la administración de ese fenómeno, dice Roger Caillois,
un dispositivo que establece y fortalece un sentimiento de temor y
esperanza de salvación de la muerte. ¿Qué hay de nuevo en esa muerte
respecto a la consciencia de dejar de existir que la sociedad ya había
logrado?: lo hablaremos un poco más tarde.

Esa administración genera en todo el grupo religioso, un sentimiento de
dependencia íntima, individualizando a los miembros del grupo respecto a
un nuevo poder psicológico instaurado, que lo aísla psicológicamente del
sentimiento de destino grupal excepto en el rito propiciatorio, el
holocausto.

El sentimiento de lo sagrado es el desplazamiento de la tensión psíquica
hacia afuera del grupo de manera de evitar que este se desplome. Sagrado
no es el reducto en el que se vive sino que es la selva, la tundra, la
naturaleza incontrolada, aquello que frecuentemente destruye una vida.

Y lo sagrado era entonces la posibilidad de desplegar esa violencia
interna, hacia fuera del grupo y de su habitat: canalizarla
institucionalmente y tener la ilusión de que uno estaba en el lado y
estadio opuesto. La guerra y el chivo expiatorio son solo mecanismos de
esa necesidad.

Desde ese momento no ha habido paz en el planeta, ni hay posibilidad aún
de superar las tendencias al homicidio masivo del próximo holocausto.
Desde ese estadio de relaciones y utilizando todos los medios
civilizatorios y culturales, un período en torno a los 9 a 7 mil años
atrás, tal como nos dice la paleontología, desplegaron todos los grupos
llegados a la agricultura y a la cultura ese mecanismo que conocemos
como la guerra y el sacrificio ritual.

Vivimos desde la Revolución Neolítica y el surgir de la agricultura y la
ganadería en una situación permanente de guerra y de canalización de
tensiones mediantes holocaustos que expresan no la conciencia
existencial de morir sino la disposición y voluntad de matar a otro,
para mantener lo que consideramos el orden cósmico y social.

Nada es mejor expresión de la cultura, hasta nuestros días, que las
masivas y sucesivas matanzas con las que se apacigua a los Dioses,
incluídos los lares, al dinero, y a las guerras de todo tipo. Que ellas
sean de conquista o el holocausto sea hecho para tomar Troya, castigar a
los Persas, avergonzar a Vencigetorix, aplastar a los Armenios o
eliminar a los Judíos, su trasfondo –a lo largo de milenios– es
liberar una tensión que no encuentra canalización positiva en el
interior de los sistema de clases, castas y especialistas.

Por eso tiene razón Heráclito d dice: en el origen de las cosas está la
guerra. Yo le atribuyo ese origen a esa segunda sociabilidad, que ya he
mencionado, relaciones de las cuales surge la guerra y la necesidad de
descargar el sentimiento de la culpa propia en otro.

La guerra al igual que los Holocaustos no surge –en su fundamento– de
problemas político/militares, o económicos como lo piensa cierto
marxismo ingenuo, No hay guerra de la que no se haya tomado botín,
asesinado a grupos humanos, y que no haya sido bendecida por los dioses
con sus sacerdotes respectivos.

Pero,¿es posible superar los fundamentos de esa enajenación sin
reordenar la reapropiación de nuestra herencia global?  El capital es la
más perfecta expresión de nuestras actuales contradicciones, su magnitud
dineraria, su inestabilidad, su incapacidad para reequilibrar el propio
proceso mundial de acumulación nos augura tiempos caóticos a futuro.

Así mismo no es posible imaginar la superación de las religiones, las
guerras o del pensamiento unidimensional si al mismo tiempo no somos
capaces de superar los elementos que están detrás de su surgimiento y
que los hacen posibles, tales como la gigantesca expropiación de su
riqueza que sufre la humanidad por un puñados de millonarios, así como
el empobrecimiento de la vida psíquica, sexual, estética, ética, lúdica
etc. por imaginarios e instituciones hoy fuera de nuestro control.

En ese segundo nivel de la formación social global en la que vivimos en
este s XXI estaríamos obligados a pensar como re-absorver el estado,
como gestionar de nuevo modo las actuales fuerzas productivas, y ver
como reasumir la dicotomía profano/sagrado, sin destruir la psiquis y el
planeta.

Lo que nos liga desde el Neolítico, es la idea de que hay algo sagrado,
la constatación de que hay algo que no es domesticable, que no es
fragmentable, a la cual se debe temer porque se refiere a algo
sustancial.

Lo sagrado se expresa no sólo en el Holocausto y la Guerra, como
mecanismos para preservar el orden, y en sus administradores, sino en la
relación tabú y libertad. Juego psíquico permanente, dado que el tabú se
presenta como un imperativo categórico, estableciendo el límite cultural
y psicológico entre lo permitido y lo prohibido.

La integridad del cosmos se asocia al tabú. El orden y la estabilidad se
transforman en preceptos y éstos se trasladan a la disposición social,
amenazada por el caos, la cual se hace intangible y se naturaliza. Si se
generan situaciones de confrontación  son canalizadas ritual o
socialmente integrando al adversario, si el desequilibrio es mayor se
desatan ritos y procesos de expiación y holocausto.

Hace unos 10 mil o 15 mil años la especie humana vivió un salto
cualitativo, dado  que de poseer elementos civilizatorios y una
consciencia de estar y existir, pasó a poseer una nueva fuerza psíquica
intangible: lo sagrado.

Ella se expresaba en el Dominio y en la aprehensión de un hecho
vinculado a algo definitivo: la muerte y la voluntad de matar.
Parafraseando a Elíade podemos decir que lo sagrado no sólo es
indisociable de la violencia sino de la voluntad de matar, de llevar a
un existente a ser.

La nueva estructuración del enjambre y de su actividad social y psíquica
–surgida de un cambio en la actividad y fuerzas disponibles y su
aprehensión de lo sagrado– permitió  multiplicar la población, crear lo
que denominamos producción y cultura, creó la no-propíedad y la
estratificación social junto a sus especialistas, creó la gramatología
familiar y lingüística, las religiones y los estados de captura y
guerra, todos ellos procesos y estructuras que siguen aún fuera de
control.

Necesitamos con cada vez mayor urgencia ser capaces de enfrentar el tema
del dominio y de la violencia sagrada, no sólo de la guerra o las
injusticias, de la violencia de género o contra minorías, o contra esa
idealización mentirosa que incluso hoy oculta a nuestros niños el pasado
antropófago o carroñero de nuestra especie.

La izquierda no lo hace, porque la izquierda, separada del fenómeno
social que estuvo en su surgimiento en la Revolución francesa, es
simplemente racionalista, positivista, liberal. Su lectura del marxismo
es hegeliana en el mejor de los casos.

La Edad de los metales que ubicamos como surgiendo hace unos 5 mil a 7
mil años atrás  profundizó la consciencia de la vida y de lo sagrado,
así como las relaciones de dominio y sus técnicas. En Europa restos
arqueológicos muestran las primeras masacres de poblados enteros en que,
en oportunidades, el grupo atacante se robó las hembras jóvenes.

La Edad de los metales permitió incluso un sincretismo con la situación
anterior expresadas en diversas estructuras mágico-religiosas del ser
humano, las cuales se generaron a casi todo lo ancho y largo del
planeta, mostrándose como un fenómeno y capa casi general de la
conciencia.

Esa estructuración paradigmática, es decir que estructuraba patrones de
conducta, y las ideas de verdad y certeza que traía consigo, tuvo un
momento particular de crisis y desarrollo con la creación y maduración
en los griegos del Logos.

El Logos significó muchas cosas entre ellos, pero en especial para sus
sabios y filósofos, quería decir “según cuenta y razón”, es decir
unificaba en una nueva noción las reflexiones de un pueblo agricultor,
pastor y guerrero con la búsqueda de síntesis de su actividad mercantil,
tal como parecen revelarlo las dicotomías Orfeo-Zeus o Apolo-Dyonisos

Yo me he preguntado ¿Cuales fueron los elementos y fundamentos que
permitieron esa posibilidad? ¿La riqueza y contraste de diversas raíces
religiosas y su capacidad de sincretismo? ¿Las amenazas de absorción o
destrucción por grandes imperios? ¿Las sucesivas olas de pueblos
inmigrantes y la introducción de las técnicas de los metales? Todas esas
cosas sucedieron a los Fenicios, a los pueblos del Nilo y a los de la
Mesopotamia y produjeron resultados muy diversos.

La aparición del Logos debe fundamentarse en otra cosa. En algo
específico de su forma de vida, tal como la ambigüedad Apolo- Dionisos,
pero que se constituye en palanca transformadora de su vida social: ella
es la relación humana que se expresa como valor.

Creo al igual que Sohn Rethel, que lo que estuvo detrás de esa
posibilidad, fue que dentro de su actividad mercantil se expandió el uso
de un dispositivo descubierto en Lidia, un reino vecino: la moneda.

La moneda es un mecanismo aparentemente simple pero misterioso,
representa algo concreto pero ese algo tiene en sí la ilusión de lo
universal, cualidad restringida hasta ese entonces a los Dioses.

No obstante, a diferencia de éstos, toma una forma sensible, la cual
adquiere permanencia, permite el juicio y remite en sus interrelaciones
a las cosas mismas. Se establece en el espacio del uso cotidiano, de lo
profano, de las actividades del intercambio que conforma el mercado pero
que transforma a la sociedad.

La moneda es la manera en que se expresa una nueva relación que ha
aparecido  entre los seres humanos: el intercambio como valor
desarrollado a un nivel superior que el simple trueque.

Esa nueva modalidad de intercambio ha traído al escenario social de la
sociedad griega clásica una relación y figura social emergente, la forma
de valor, la cual sintetiza la duplicidad social de la mercancía: las
cosas ya no son intercambiadas sólo según su utilidad sino según su
valor.

La moneda es un dispositivo poderoso, expresa una cantidad de valor
concentrado en un trozo de metal, el cual es atesorable, divisible
proporcionalmente, y su uso como trozos de la mercancía que la expresa
favorece la racionalización del mercado.

La moneda es la materialidad en que la modalidad de las nuevas
relaciones, cobrara objetividad como forma de comportamiento a los ojos
del pueblo griego. Hay una metafísica real en las relaciones humanas, y
ella sustenta la reflexión filosófica. Las relaciones de esclavitud
patriarcal que ocupaban un lugar central en la producción ceden su
espacio –parcialmente– a la esclavitud mercantil de las minas de plata
de Laurión que favorecen la expansión imperial de Atenas.

¿Cómo fue que cobró importancia esa forma de relacionarse, en las
estructuras del vivir y pensar, cuando ella se daba ya primariamente en
el intercambio y en la lucha de esos imperios por cientos de años?

La clave estuvo en que ellos recogieron la forma dineraria del imperio
vecino y esas modalidades de relacionamiento (formas sociales) exigen y
acostumbran a un tipo de interpretación que segrega, segmenta y opone la
cualidad de un objeto vinculada al uso, utilidad y absorción orgánica,
al carácter inicialmente extra-social del cambio, generando entonces
–al internalizarlo dentro del grupo– una mentalidad esquizofrénica.

Desde luego todo lo que les he expuesto es un resumen muy pobre,
respecto a los procesos que construyeron la mentalidad contemporánea.
Antes de responder qué es ese núcleo duro de identidad que imaginamos es
el ser social contemporáneo, hemos venido respondiendo qué va siendo
cada capa  de mentalidad asociada, las cuales constituyen el fundamento
de nuestras figuras de subjetividad actuales.

He mencionado así el profundo abiss que a través del reconocimiento y
percepción de formas –no de sombras como imagina Platón– dio sentido
simbólico a nuestro pensamiento y con ello un lenguaje discursivo y
argumentativo, ubicándonos como especie entre la integración a y la
percepción del ritmo y armonía de la naturaleza.

¿Es eso filosofía? : No, en el mal sentido que cobra esa palabra en
tanto meta-física e ideología. Sí, si advertimos que allí no hay nada
que no sea descripción de lo que sabemos de la existencia y consciencia
primaria y su evolución.

Vimos de seguidas, segmentarse al grupo con la Revolución Neolítica y la
cultura, y establecerse el conflicto y la necesidad de lo sagrado como
plataformas en que la vida social y la consciencia se reconstruyeron,
para llegar después con la Grecia Clásica a la comprensión de un nuevo
plano superior de articulación de fuerzas sociales y el universo a
través del Logos.

Ubicamos al interior de esos procesos los mecanismos que de ellos se
generaron como la Magia extática y simpática, la razón general de la
actividad  de dominio, el Estado de poderes instituidos, y la religión
ritualizada como administración de lo sagrado, para llegar al Logos y la
Democracia como expresión de una sociedad con moneda y mercado.

Hemos visto el surgir de una mentalidad esquizofrénica que pervive entre
nosotros. Ella está compuesta de modo desigual, heterogéneo y combinado
por las diversas capas geológicas del pensamiento, que se expresan
dentro de un ámbito unitario epistemológico, correspondiente a la
conformación social de cada época y lugar. Trayendo consigo, además, la
angustia existencial  y el sentido mitológico que fundamentan también
nuestro pensamiento del presente.

En los procesos que conocemos de la historia mundial observamos a los
distintos grupos, surgidos del enjambre del Cromañón, aglutinarse –no
solo en el pasado– en grupos etnográficos, lingüísticos y/o raciales
sino también en función de ideas de verdad e ideología, de aquello que
consideran el sentido de su vida, articuladas en cada episteme
temporalmente prevaleciente así como también de intereses económicos,
políticos, de estratos, grupos y  clases sociales. Comportamiento,
episteme, tekhne y ontología no son realmente separables

Por eso creo que cuando surge el pensamiento griego clásico en las Polis
y se expanden en forma rizomática las nuevas actividades y mecanismos,
interpretaciones y teorías del Cosmos y la Sociedad, las herramientas
del pensamiento de la sociedad mercantil capitalista puede allí también
reconocer sus propios fundamentos. Tal como lo hicieron los pensadores,
intelectuales y padres del Renacimiento de la Academia de Marsilio
Ficino en Florencia.

La sociedad capitalista desarrolló la razón  haciéndola doblemente
racional, al igual que en su análisis numérico, pero no podía buscar
como el mundo griego el Arkhé o principio en el origen del ciclo de vida
que ella desataba sino en su conclusión, en la ganancia y el progreso.

Incluso las palabras debieron de cambiar su sentido en la transición de
sde la sociedad feudal y su pastoreo de almas hacia la nueva forma de
vida impregnada de la forma del valor, para describir la nueva dinámica.

Tal es el caso de la idea de progreso, que en la sociedad medioeval
significaba  avanzar a la senectud y la muerte; incluso a qué es sagrado
cualidad que finalmente es asignada a la propiedad y no al alma o al
bien común.

Con la maduración del capitalismo el nuevo poder social podía ser ahora
representado. El paradigma de análisis dejaba de ser la semejanza, como
nos muestra Foucault, para ser ahora la posibilidad de comparar
contenidos. El método dejaba de ser de semejanza y reflejo para hacerse
dialéctico o analítico deviniendo el concepto en la síntesis, tras una
formulación especulativa, y no la síntesis de lo concreto como Marx le
reclamó a Hegel.

Para la época de la conquista de América los Estados del centro del
nuevo sistema capitalista en desarrollo se hicieron nacionales,
soportando la inmensa falsedad cotidiana de su supuesta homogeneidad
interna. La Ciencia, en los siglos siguientes, como reducción práctica
de Roma del pensamiento griego sobre la Physis, podía ahora clasificar y
tomar al mundo como objeto y al sabio como sujeto.

El mundo no sólo se había transformado en un almacén de mercancías sino
que nos había transformado en feriantes.

El sentido común y experimental de la burguesía, surgido de su origen
artesanal y práctico, así como éste lo era del pensamiento mágico, podía
ahora fundar en la inducción su certeza, aspirando a verdad.

 Pero el pensamiento de la sociedad capitalista, como reflexión y
filosofía era incapaz de sobrepasar  a la metafísica
clásica,–recuérdese la Tesis XI– excepto en lo que genera la actividad
experimental, la cual produce un oscurecimiento de la ilusión de verdad
que la construcción contradictoria del valor y el Logos habían traído
consigo.

Pocas ideas en la Historia de la Humanidad tienen el poder explicativo
de las de esas páginas que empiezan con “en la producción social de su
vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias,
independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden
a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas
materiales…” y en algún punto agrega en la cadena de argumentos  “Por
eso la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede
alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos que estos objetivos sólo
brotan cuando ya se dan, o por lo menos se están gestando, las
condiciones materiales para su realización.”

Son, desde luego, ideas de Carlos Marx en su Introducción a la Crítica…,
así mismo de quien en el Manifiesto había escrito que “la historia de
toda sociedad hasta nuestros días no ha sido sino la historia de las
luchas de clases.” Pocos escritos, fueron tan cuidadosamente analizados
por mi generación, para encontrar una síntesis de tan vigorosos
argumentos y alumbrar una fase crítica del sistema, su paso del
capitalismo industrial al financiero..

Era una formulación que tenía como centro una evidencia: el rol que
jugaban en la producción y reproducción del capitalismo, las relaciones
económicas, pero que no había abandonado su comprensión de la alienación
generalizada, acentuada por el sistema.

Esa concepción recuperaba así el conflicto interno de  la realidad, más
allá de cualquier pensamiento meramente conceptual, permitiendo
comprender como ciertas realidades, objetivándose, someten y alienan a
la humanidad y le plantean posibilidades y tareas.

Visión y teoría que al transformarse –en contra del pensamiento de su
propio creador, Marx—en un cuerpo doctrinario, configuraba un nuevo
sistema de ortodoxia que muchos acólitos pensaban cerrado y hecho para
un mundo social sin devenir rizomático ni nuevas formas y procesos
emergentes.

Por otra parte en la reflexión sobre el Cosmos, en el s XIX había
surgido una evidente paradoja entre los postulados de Clausius y
Boltzman que permitían explicar los procesos termodinámicos como
irreversibles respecto de la reversibilidad de la física newtoniana.

La evidencia que significaba el aumento de la complejidad en la vida
biológica y social y en el Cosmos estudiable en esa época se contraponía
a la simplificación que traía consigo la analítica. Ideas de contracción
y expansión físicas del Universo, no arrastraban a cuestionar la idea
del tiempo y el espacio como principios absolutos en el Cosmos. David
Hilbert en Matemáticas había logrado una formalización unificadora que
parecía asegurar la completitud Pero la aparente coherencia de la
matemática y de la física fueron remecidas por el pensamiento de
Einstein con su teoría de la Relatividad y el complejo espacio-tiempo
geometrizado.

Poco se menciona que Einstein, una figura externa y combatida en el
stablishment, igual que Karl Korsch asistió e incluso dio una
Conferencia en la constitución de lo que después se llamaría Escuela de
Frankfurt,

Sin embargo las evidentes respuestas contradictorias en las Ciencias
Físicas y Matemáticas, progresivamente elaboradas no encontrarían una
resolución ni con el desarrollo de la mecánica cuántica ni la axiomática
de Bourbaki,

La mecánica cuántica y probabilística de autores modernos del s XX como
Schroedinger, Heisenberg, o Bohr, no coinciden con la visión surgida del
pensamiento de Demócrito, Einstein, o Newton, discrepancia que aún no
está resuelta.

Así como Hilbert se propuso axiomatizar toda la matemática, en el s XXI
ha habido esfuerzos para la axiomatización de algoritmos, es decir de
los métodos lógicos para resolver problemas computacionales, con similar
resultado.

La teoría existente sobre la Physis, el mundo físico, aún no está
unificada en sus postulados, aunque ello es disimulado por el lenguaje
que se utiliza, el de las matemáticas. Ello se hace evidente en la
incapacidad hasta el presente para unificar las cuatro fuerzas
fundamentales del Universo físico (a saber: la gravedad, el
electromagnetismo, la fuerza débil y la fuerte a nivel nuclear).

El más grande pensador de la física del s XX Einstein dedicó su vida a
la resolución de ese problema sin lograrlo. Con el Hadrón hemos visto
surgir la partícula de Higgs y hace semanas ver estremecerse la red
gravitacional.

Nuestra hipótesis de trabajo sobre esa irresolución es que las
herramientas  conceptuales que continuamos utilizando para pensar el
universo, así como para pensarnos a nosotros mismos, están basadas
todavía en la metafísica de la sociedad mercantil griega, enriquecida
por el sentido práctico de la burguesía a partir del SXIII, y sus
grandes y audaces transformaciones el SXVII-XVIII las cuales deben ser
superadas.

Ya a inicios del SXX era evidente que esa caja de herramientas
conceptuales, su filosofía incluida, estaba en el suelo y que para
pensar el Cosmos y el mundo social, era necesario crearse otra caja de
herramientas.

Nadie puede desconocer el desarrollo de la escolástica de la
subjetividad capitalista desarrollada desde Descartes, pasando por
Liebnitz, Hume, Kant o Hegel, la crítica del argumento contrario está en
su esencia. Desde el s XX ese debate ha continuado por la senda
ontológica o del empirismo sin que pensadores como Lukacs o Sartre
puedan trascenderlo.

Se ha denunciado a la meta-física como el enemigo ya sea por Heidegger,
los positivistas o por diversas escuelas del marxismo, en tanto la rama
crítica de este último la ataca con una filosofía negativa y con un
esfuerzo por pensar a la totalidad en su no-verdad.

La actividad de pensar y la conciencia casi aparecen como un  mal
necesario, aunque –como denuncia Castoriadis– su rol de crítica a la
heteronomía es cada vez más fundamental. La crítica y la valoración de
la autonomía y la responsabilidad se debilitaron en el siglo XX incluso
en la Crítica-crítica del marxismo.

La tragedia del ascenso de la heteronomía –la determinación
externalizada–y la ausencia de ética   ha venido haciendo cómplice o
indiferente a la voluntad de poder a la figura de subjetividad
contemporánea, tal como lo mostró Adolf Eichmann.

Nadie más valiente y execrado que Karl  Korsch en el intento de rechazar
esa tendencia en el seno de la 3ª Internacional, lo cual me hizo
escribir un  pequeño libro sobre su pensamiento, casi como un barquito
de papel arrojado a la corriente de un río, al salir al exilio por el
golpe militar de Pinochet.

La reacción frente a la crisis real de inicios del s XX, no sólo fue de
los trabajadores, también hubo una reacción que conocemos en la esfera
política como el triunfo y posterior derrota  del nazi-fascismo el cual
intentó controlar la vida política para cerrar los espacios en que la
democracia y la autonomía pudieran permitir un tipo de expresión
creativa de las masas.

Desde luego no sólo la sociedad europea y sus élites, sino la humanidad
en su conjunto generaron ese tipo de procesos, y los sufrieron incluso
con los holocaustos de los campos de exterminio industrial europeo en
contra de los judíos y otras minorías, y en Hiroshima y Nagasaki
mostrando las nuevas tecnologías de poder.

Sin disminuir la responsabilidad social de la burguesía y de las élites,
así como de otras capas resentidas de esas sociedades nacionales, el
fenómeno fascista también surge de la incapacidad de la izquierda social
y política de esa época y de los trabajadores para articular una
respuesta al progresivo agotamiento de la fase industrial del
capitalismo, de la psiquis heredada y del derrumbe del liberalismo.

El fascismo no fue una construcción solo política, aunque desde luego la
violencia y magnitud en ese plano eclipsó por períodos las
contradicciones económico-sociales y los desarrollos positivos de la
civilización y la cultura.

En el plano de la argumentación y la construcción ideológica de esa
reacción estuvo Heidegger y ello se hace evidente en su recuperación
posterior en el debate filosófico, por las élites occidentales, incluso
después de la derrota del Eje. ¿Por qué no D´Anunzzio, Pound o
Malaparte?

Hay que comprender que él como pensador de un proyecto global para
Occidente y de la Civilización aria, se planteó rescatar una versión del
ser que pudiera enfrentarse con ese desmoronamiento que consideraba
había favorecido al marxismo y al anarquismo en el plano de la
metafísica. Por lo cual para hacerlo no sólo estableció la base de sus
alianzas políticas en Alemania, sino que construyó una filosofía tan
audaz como para robar las versiones idealistas del Taoísmo.

Heidegger estaba plenamente consciente que no era en el plano de la
tekhne y/o de la política donde se dirimirían y zanjarían las salidas a
la crisis cultural del Capitalismo, que se empezaba a hacer evidente en
su época. Tampoco era el eje de su pensamiento una reducción de la
profundidad de esa crisis atribuyéndola a la influencia de pensadores
judíos, aunque compartiera el rechazo a los mitos de trascendencia
terrena que esa cultura porta consigo

Heidegger es el más grande y profundo pensador del sistema capitalista y
la cultura occidental en su versión bio-política y de lógica disyuntiva.
Por eso ha habido un esfuerzo consciente de gente comprometida con esa
visión para separar a Heidegger, su pensamiento y accionar, de su cara
política natural.

Para ocultar que toda la evidencia señala que la consecuencia de esa
forma de pensar es: que en el derrumbe del sistema solo se encuentra la
muerte de la especie y no la posibilidad de su transformación terrena.
Ese en particular ha sido el mensaje reiterado por Heidegger a todos los
segmentos sociales que intenten estructurar una forma de cambio y
creación de autonomía e inmanencia en la presente crisis.

Fue así como me propuse, estando enfermo en el Hospital de Frankfurt aM,
seguir una línea de indagación de esos problemas al igual que una buena
parte de los intelectuales de esa época. No era seguir la corriente de
la socialdemocracia o de la reestructuración stalinista. Era
imprescindible reflexionar no sólo sobre la estructura y los visibles
nodos de síntesis sino sobre las ilusiones de verdad y condiciones de
irrupción de nuevas creencias. Eran los años 80 y por mí ciudad pasaron
Foucault, Loewenthal, Weizenbaum y se leía a Dérrida, Vernant y Eliade.

En un sentido fuerte se advertía que desde los años 30 el pensamiento
científico estaba agotado en sí mismo, que no generaba nuevas preguntas.
Que el leninismo no aportaba al análisis de la voluntad extendida de
muerte.

En la posguerra no se habían creado nuevas cosas o problematizado, sino
trasladado a la esfera civil algunos artilugios creados por la dinámica
militar, al igual que protestado por el empobrecimiento espiritual
sufrido.

En los años 70 las nuevas teorías surgidas en las Ciencias eran teorías
de Control o de áreas de la computación. Se estaba girando sobre las
mismas argumentaciones sin crear nueva interrogantes o  lograr resolver
los problemas que estaban planteados.

Lo mismo sucedía con la investigación experimental, al menos en algunos
campos que investigábamos. En Farmacología, por ejemplo, en el último
tercio del s XX, se gastaba de año en año cada vez más recursos humanos
y financieros para obtener drogas y resultados bioquímicos cada vez más
limitados, aplicando la mayoría de esos recursos para obtener nuevos
usos o  la reutilización ampliada de viejas fórmulas ya encontradas.

En el plano de la discusión filosófica se visualizaba un trance en que
se añoraban las grandes audacias del pensamiento crítico de la preguerra
como las de la Escuela de Frankfurt, de Bórdiga o de Korsch, que habían
advertido el carácter histórico del marxismo. Se vivía al borde de la
guerra nuclear total.

Ese atolladero se proyectaba en los 60 y 70 como ausencia de
perspectivas y estrategias, como momentáneo triunfo de metodólogos, que
incluso la valentía de un Che o un Rudy Dutschke no lograban reorientar.

Ese malestar lo pagaban los filósofos italianos o franceses como Della
Volpe o Althusser muchas veces en forma exagerada e injusta pues ese
impasse correspondía procesos más profundos que la influencia de un
dictador ya muerto—Stalin. Aún no se lograba visualizar con claridad la
financierización de la economía y la tercera globalización del
capitalismo que nos traerían a los problemas de hoy.

Tal vez lo más importante para la segunda mitad del s XX hayan sido
descubrir y descifrar el código genético, y los aportes de Robertson y
otros alertando de la polución y el cambio climático, antes que los
debates sobre los Multiversos o la Matemática de Cuerdas. Atrás han
quedado los caminos por los que las Bombas Atómicas han tenido la actual
difusión y su relación con los intereses de estados, religiones y grupos
de poder, aunque su uso y difusión estén entre los mayores peligros
actuales para la humanidad.

El análisis de la posguerra y de la crisis de los 70 se había
concentrado en temas de política y estrategia en los años anteriores. La
sociedad mundial y la guerra fría parecía implosionar sin consecuencias,
después de Chile y Vietnam, a pesar de los tambores de guerra. Fidel
afirmaba que la deuda externa de los países del 3er Mundo era impagable
–la convirtieron en Inversión– y EEUU multiplicaba la impresión de
papel verde.

Advertimos  que había continentes completos de la conciencia y las
luchas sociales y de clases que no traíamos al análisis y debate (la
destrucción de la vida natural y la lluvia ácida, el envenenamiento
general con plomo, el hoyo de ozono, los problemas de género,  la
psiquis y el  mundo de las drogas sociales etc..)

En los años 80 nos parecía a muchos y me sigue pareciendo, como válida
la crítica que hacían Dérrida, Deleuze y Foucault no sólo a la filosofía
de Heidgger sino de Sartre, así como al propio marxismo. En Sartre,
ciertamente, el rescate de la existencia como basamento de la conciencia
sigue pareciendo válido desde luego, pero su relación a-crítica con el
stalinismo y su incapacidad para establecer consecuencias de la propia
angustia, aparte de la necesidad de compromiso, eran muy duros de
aceptar.

La historia no es plana, no está simplemente constituida por una
evolución lineal, atea o progresista, ni ella continua racionalmente
hacia una especie de cierre y fin que clausura y da un sentido
instituidor último. Podemos ser Titanes, pero no Dioses.

Al contrario, en las posturas de muchos pensadores ya mencionados o en
Sohn Rethel, Gorz, Guattarí, Girard o Prigogine, la vida social es
rizomática; intenta expandir su potencialidad creativa y es posible
comprenderla en términos de una serie de procesos que se construyen en
cada momento como determinaciones concretas, abriendo la posibilidad de
un nuevo surgimiento.

Yo no creo que en el big bang ya estuviera determinado el nacimiento de
Beethoven y que algún día escribiría la 5ª Sinfonía. Por cierto eso se
lo leí a alguien y lo suscribo. Hay posibilidades emergentes, que cuajan
y se hacen posibles en algún intervalo, a contramano de otras fuerzas y
proceso, sigo siendo discípulo de la piara de Epicuro y de la Ataraxia.

Las ilusiones del ser o de la verdad –las cuales expresan la lucha de
este rizoma que somos como enjambre y como sociedad–, son un desarrollo
de este complejo histórico. El cual, a pesar de todo, continúa su lucha
por romper la enajenación sufrida y disfrutada respecto a la naturaleza
y el grupo, separación que provocó y ha seguido provocando las sucesivas
respuestas que hemos articulado, como cultura, en las luchas de clases.

Por cierto los conflictos en la historia no siempre son de clases (sino
de estratos, razas, grupos, edades) aunque vengan determinados por ellas
así como por ilusiones de distinto nivel en el imaginario social, en el
curso de la marcha de esta especie sobre la cual nos ha faltado hablar
entre otros temas del inconsciente, en el que la pugna del Eros y
Thanatos está permanentemente en tensión.

En este punto en que nos encontramos, el cual en cierto sentido es un
privilegio, una responsabilidad y una tarea, se devela el conflicto que
esconde la propia cultura y ya no sólo el sistema capitalista– que
requieren y exigen solución.

Eso guste o no, involucra la consciencia, no sólo en el sentido ético y
político, sino existencial. Por un lado, porque ella ha sido el
basamento –en el larguísimo lapso de al menos unos 70 mil años—de
nuestras posibilidades de disfrute y libertad , sino también porque ha
estado en el despliegue de las luchas de clases. Así como lo estuvo en
la creación de la comunicación simbólica y de la cultura.

Interrogante: ¿podrán proporcionar las clases, capas y estratos, hoy
subordinados del capitalismo, la resolución de  ese conflicto milenario,
amenazado a su vez por las exigencias de control de su última y alienada
síntesis?

El desarrollo desigual, heterogéneo pero combinado, del capitalismo
globalizado ha reemplazado la coherencia relativa de sus intercambios
mercantiles por la cohesión de los mercados financieros con una paralela
desintegración progresiva de la realidad social.

Esa tendencia, que estimula la abstracción, el fetichismo y el
economicismo en las multitudes oscurece la relación metabólica de esta
especie con el planeta, empobrece su pensamiento a las formas
cuantitativas del logos y releva temas sociales y estructurales urgentes
arrebatándoles su dinámica y contradicción.

En el corto plazo, mientras la vieja hegemonía dentro del Capitalismo
predomina, los diversos ritmos de acumulación regional y sectorial de
grupos y segmentos de clases sociales  empuja a sus alianzas a
re-articular sus creaciones políticas, a adelantar nuevas posiciones y
elementos –en las confrontaciones actuales y potenciales– tratando de
asegurar lo que cada uno de esos poderes considera un interés e
ideología sostenibles.

Esa visión ingenua de la historia, como una lucha de blanco y negro, de
una lucha sólo de estructuras habría que enriquecerla en planos
sucesivos más profundos. No sólo para comprender las formas derivadas
del actual desarrollo de fuerzas productivas sino también de las
modalidades a través de las cuales reestructuramos nuestras creaciones y
nuestras confrontaciones.

[Panfleto] Omnia Sunt Communia (Todo es de todxs)

Notadelblog: Panfleto editado por algunxs proletarios para ser difundido en la marcha de los pobres la cual en su llamado exclama: “LOS POBRES DE CHILE MARCHAN CONTRA LAS MIGAJAS DE LA DEMOCRACIA”. Se insta a la difusión tanto física como digital del mismo.-
OMNIA SUNT COMMUNIA
(TODO ES DE TODXS)
 
En efecto, allí expuse abiertamente ante los príncipes que el pueblo entero tiene el poder de la espada y también la llave para abrir y cerrar, y decía, apoyándome en el texto de Daniel, del Apocalipsis, de los Romanos y de los Reyes (Dt 7, 27; Ap 6, 15; Rom 13, 1; Sam 8, 7), que los príncipes no son señores, sino servidores de la espada. No pueden hacer lo que les place, sino lo que es justo. Por eso, de acuerdo con la buena práctica tradicional, el pueblo tiene que estar presente cuando alguien es juzgado según la ley de Dios. Y ¿por qué? Si la autoridad intentara pervertir el juicio, entonces los cristianos allí presentes deberían rechazarla y no consentir en su tropelía, porque Dios pedirá cuentas de la sangre del inocente (Sal 79 (78), 10). La mayor abominación sobre esta tierra es que nadie se preocupe de los que pasan necesidad, aunque los poderosos hagan lo que les plazca, tal como se halla escrito en Job 41.
El infeliz pelotillero (Lutero), en oposición al texto de Pablo a Timoteo (1, 7), quiere cubrirse con Cristo y con una falsa bondad. Sin embargo, en su libro sobre los tratados comerciales, afirma que los príncipes, confiadamente, pueden unirse a los ladrones y todo tipo de gente de mala vida. En el mismo libro no dice ni palabra sobre el origen de todas las formas de latrocinio. Sin duda, es un heraldo que quiere ganar méritos con la sangre derramada, con la finalidad de obtener bienes temporales. No debería olvidarse, sin embargo, que Dios ha mandado no poner los ojos sobre ellos.
Date cuenta: nuestros señores y nuestros príncipes se hallan en el origen de cualquier tipo de usura, de robo y de estafa, ya que se apoderan de todo lo que existe como si fuera de su propiedad. Los peces en el agua, los pájaros en el aire, las plantas en la tierra: todo tiene que pertenecerles. Después de eso, proclaman los mandamientos de Dios al pueblo: Dios ha mandado que no debes robar. Con la mayor sinvergüenza del mundo, sin embargo, este mandamiento no vale para ellos.
Reducen todos los hombres a la más vil miseria, desnudan y cercenan a los labriegos, artesanos y todo lo que vive, pero si alguien comete el más pequeño error, de inmediato es colgado en la horca. A todo esto el doctor Mentira responde: “Amén”. Los mismos señores provocan que el pobre se convierta en enemigo. Y, como resulta harto evidente, no hacen nada para alejar la causa de la insurrección. En consecuencia: ¿cómo podrá desenvolverse todo de tal manera que a la larga resulte bien?

Por todo ello proclamo que se ha de ser rebelde. ¡Ánimo, pues!

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THOMAS MÜNTZER (1490-1525), Defensa bien fundamentada (extracto). Texto escrito en 1524, como parte de la violenta polémica de Müntzer contra Lutero y los príncipes. Un año después fue capturado, torturado y cruelmente ejecutado por el Poder, junto a varios miles de campesinos insurrectos. Su obra, que ha tratado de ser sistemáticamente ocultada y/o calumniada por católicos y protestantes, constituye una clara y luminosa defensa del Comunismo, expresado aún en un contexto religioso y pre-moderno, pero apuntando certeramente a un programa teórico y práctico de comunización generalizada.
Bibliografía para profundizar: Tratados y sermones, Thomas Müntzer; Las guerras campesinas en Alemania, Federico Engels; Thomas Müntzer, teólogo de la revolución, Ernst Bloch; En pos del milenio, Norman Cohn; Q, Luther Blissett; El incendio milenarista, Yves Delhoysie y Georges Lapierre.