Memoria auto critica para una conciencia emancipadora

Apuntes sobre la derrota del proletariado Chileno en la década de los 70

 “Hay que retomar el estudio del movimiento
obrero clásico de forma desengañada”
Internacional Situacionista

«Oh, caballeros, la vida es corta… si vivimos, vivimos para marchar sobre la cabeza de los  reyes»

William Shakespeare

La última gran ofensiva del movimiento proletario chileno y su derrota, está enmarcada en el contexto histórico del segundo asalto proletario, por ende no debemos entender este proceso como un acontecimiento aislado, ya que podemos destacar diferentes sucesos internacionales que apuntaban hacia un estallido más o menos claro de la revolución social.

Comprendemos  el segundo asalto proletario como una gran ola revolucionaria y creativa, política y existencial, donde se reúne históricamente tanto el desgaste del modelo de trabajo post fordista y el patrón económico keynesiano. En paralelo,  la auto organización de los proletarios en todo el mundo va desarrollando su propia actividad vital, generando cada vez más tensión social y precipitando al capitalismo a una nueva crisis. En este marco, Latinoamérica y el mundo es un caldo de cultivo para la subversión del modo de vida capitalista.

El capitalismo mundial comprende que su crisis es inminente, así todas las fuerzas democráticas están dirigidas a contener el fantasma del comunismo[1] que se avizora como irremediable. Esta ofensiva, se caracterizo por diferentes formas de negación a la sociedad existente, donde podemos encontrar: el abstencionismo laboral en fabricas de Italia, el movimiento de ocupaciones en el mayo francés, la toma de terrenos y fabricas en Chile,  la expropiacion a la banca y al comercio burgués como practica común del proletariado a nivel internacional, la táctica de la guerrilla urbana y rural primordialmente en Latinoamérica ,  las huelgas generales y salvajes de gran parte de Europa, la lucidez de grupos como Zengakuren[2] en Japón que fueron los primeros en el mundo en lograr la coordinación de obreros, estudiantes y campesinos teniendo como consigna principal «ni imperialismo ni estalinismo», lo cual no es algo despreciable para la época, al mismo tiempo que la proliferación de grupos autónomos de ataque anti-capitalista como el Movimiento Ibérico de Liberación MIL en España, entre otros.

El proceso revolucionario en Chile se vino fraguando bastante años antes del periodo Allendista, su contenido se expreso en la acción autónoma de amplios sectores del proletariado obrero y campesino; principalmente a través de tomas de terreno, ocupación de fabricas, organización barrial y acciones de autodefensa armada, practicas que en su conjunto apuntaban a recuperar las condiciones de existencia que les había arrebatado el modo de producción capitalista[3] y que conllevaron variadas masacres orquestadas por el Estado Chileno anteriores al Golpe de 1973[4].  Como ejemplo de la radicalidad antes mencionada podemos visualizar experiencias como las de COOTRALACO[5], empresa auto gestionada por sus trabajadores donde a pesar de la carencia teórica, los obreros sacaban las siguientes conclusiones:

“Entre nosotros no se pregunta de qué partido eres. Nuestra definición es si se está con los trabajadores o en contra de ellos en la práctica. No aceptamos que las diferencias ideológicas nos paralicen. «[6]

En el Chile de los 60, los partidos de izquierda abogaban por una política de nacionalización, contraria a la política de nacionalización y reforma agraria que llevo a cabo la DC, pero no porque esta fuera reformista, sino porque era reformista con apoyo de capitales imperialistas. O sea, la izquierda era el reflejo de una polarización ideológica que disimulaba las verdaderas contradicciones de clase existente en la sociedad.  Siendo un poco mas reflexivos, y desde nuestro momento histórico actual, podríamos decir que la izquierda chilena buscaba encuadrar las practicas de antagonismo proletario en los mecanismos democráticos existentes, filtrando el poder revolucionario del proletariado que se constituía lentamente en práctica viva contra la sociedad de la mercancía.

Así, en Chile y otro países del cono sur, surgen diversos gobiernos de tonos socialistas que abogan por una mejor repartición de la riqueza y una nacionalización contraria al imperialismo estadounidense[7]. No obstante el proletariado chileno no se limito a seguir las políticas democráticas de la «Unidad Popular», sino que agudizo su practicas, pues con la llegada de Allende, lejos de decantar en un poder obrero, la lucha de clases se agudiza por fuera de los canales parlamentarios.  Cuando los obreros comienzan a hablar y actuar por sí mismos, se comienzan a generar las primeras contradicciones entre el Gobierno y sus «bases». Con la espontanea ocupación obrera de diversas fabricas Allende es forzado a nacionalizarlas para prevenir la autogestión de los trabajadores. De este modo, los trabajadores chilenos solo cambiaron un jefe por otro, de Kenecott o Anaconda[8] a la burocracia gobernante. La acumulación del capital es siempre acumulación a expensas del proletariado.

En el mundo rural, tenemos que los campesinos realizaron «espontaneas tomas armadas» auto organizados y por fuera de la autoridad estatal.  De hecho, el gobierno no perdió oportunidad en denunciar  «expropiaciones indiscriminadas» y a la «desaceleración», y cuando legitimo dichas tomas fue gracias a la presión de los campesinos. El MCR (Movimiento Campesino Revolucionario)[9] frente político-social del Movimiento Izquierda Revolucionaria si bien actúo asumiendo un rol protagónico en la expropiación de aquellos fundos nunca rompió con la políticas burocráticas de la UP, pues el MIR siempre que el gobierno de la UP se hayo en problemas movió sus banderas mediadoras para legitimar las políticas públicas del Estado, coartando la actividad autónoma del campesinado.

En la huelga patronal de octubre del 72, los obreros agudizan su práctica revolucionaria, tomando activamente las fabricas y coordinándose en cordones industriales autónomos, los cuales  fueron acusados por el MIR y el Gobierno de llamar al «paralelismo sindical». De esta manera, son atacados por el gobierno de Allende por ocupar activamente las fabricas sin asistencia sindical o estatal, tales organismos coordinaban la distribución y producción de productos al mismo tiempo que organizaban la defensa armada contra los patrones (prácticas que en parte gestionaban el capital, pero que también implicaban una apropiación de sus medios de trabajo y lucha; de lo cual rescatamos su experiencia de combate contra el viejo mundo, en desmedro de la apología a la producción, ya que comprendemos que la gestión del capital no significa una real apropiación de nuestras vidas, sino que una mera administración de la explotación de los trabajadores por los trabajadores).

En los barrios la aplicación de las Junta de Abastecimiento Popular, instituciones creadas por el gobierno fueron altamente desbordadas por la auto organización barrial reorganizada en los comandos comunales y concretada por el explosivo desarrollo del movimiento poblador. Entre 1964 y 1969 se registraron 58 tomas de sitios en Santiago, de las cuales 35 fueron protagonizadas en este último año[10]. Con la agudización de la lucha de clases, encontramos que «se puede afirmar con toda seguridad que entre 1970 y septiembre de 1973 se registraron en Santiago, al menos, 344 tomas exitosas de terrenos urbanos.»[11] Así mismo, los comandos comunales se extienden por todo el país; órganos territoriales paralelos a los cordones industriales formados- en primera instancia-como un intento de frenar la ofensiva de la burguesía, pero que terminaron por expresar el afán espontaneo de los trabajadores por auto-dirigirse, «teniendo acceso a las tareas de organización, dirección y control de la sociedad, como única forma de encarar directamente la resolución de sus problemas económicos y políticos.»[12]

Toda esta autonomía expresada en actos fue recuperada por las diversas organizaciones leninistas del momento. El papel de la socialdemocracia jugará un rol importante en este proceso en la medida que el desarrollo de auto actividad proletaria es frenado por el programa de la vía chilena al socialismo que propugnaba la izquierda del capital. Así entonces, la revolución se vio supeditada a organizar la economía a través del Estado «popular», que enfatizaba en la realización de un modo de administración donde la condiciones modernas de producción son dirigidas a partir de de la dirección de los partidos de vanguardia obrera (UP,PC, PS, MIR, ELN, etc.)

La reacción de la burguesía aristocrática aumento no por los embistes del «Estado marxista», sino por la creciente auto actividad del proletariado autónomo. La derrota proletaria hunde sus raíces en la confianza ciega en la ideología política de sus representantes. El gobierno de la UP, no fue más que un espectador impotente en la lucha de clases desplegada por fuera de las estructuras políticas formales. No fue fortuito que fuese precisamente en los lugares con más actividad autónoma del proletariado[13] donde se vio la resistencia más fuerte a la dictadura militar. El cordón industrial Cerrillos[14], la planta textil SUMAR[15], la población La Legua, entre otras locaciones fueron experiencias de combate proletario que no hacían más que demostrar que las redes por la autonomía de la clase no necesitaban del modelo leninista de organización para defender las pocas conquistas que habían alcanzado hasta ese momento. El «compañero presidente», fue el mismo que desarmo a las milicias obreras meses antes del golpe,[16] dejándolas indefensas ante los militares que ya estaban en su gabinete. Así vemos que la derrota de la «revolución chilena», se fraguo mucho antes del 11 de septiembre.

La ultra izquierda de la época, MIR, ELN, y otros -que no cayó en la canallada de sus pares políticos de abandonar el país,- no abandonó a los proletarios que resistieron en sus poblaciones y fabricas, pues «el MIR dio órdenes de replegarse en orden y combatiendo. Sus militantes combatieron junto a los obreros pero -conscientes que la derrota del reformismo era inevitable- se retiraban en orden cuando la resistencia era imposible»[17]. Pero en la práctica no pudo nunca sacudirse de la carga de la UP, pues su transa ideológica con el reformismo los había derrotado de antemano. Así con respecto a las relaciones entre el MIR y los cordones industriales vemos que; «meses antes del golpe alguno de sus dirigentes obreros más importantes habían roto con su dirección porque la consideraban burocrática y oportunista. En realidad se trata de una dirección que quiere hacer la revolución «para» los obreros, pero que no ha comprendido en absoluto que «la liberación de la clase solo puede ser obra de ella misma»»[18]

Entendemos que la revolución social es una cuestión de clase contra clase, de programa contra programa, el partido del orden contra el partido de la anarquía; la representación obrera se opone radicalmente a la revolución proletaria, «si la cuestión central de la revolución estuviera enunciada abiertamente y honestamente: capitalismo o comunismo, ninguna duda, ningún titubeo seria hoy posible en la gran masa del proletariado»(Rosa Luxemburgo). Como ya sosteniamos momentos antes, el fracaso del proletariado chileno estaba sentenciado de antemano cuando creyó ingenuamente en sus representantes políticos. Su falta de esclarecimiento teórico acerca de sus propios intereses le llevo a confiar gran parte de su organización a fuerzas externas, dígase: partidos, sindicatos  el poder del Estado, que obstruyeron una articulación viva, verdaderamente antagónica de los propios proletarios contra el capital. Pero esta aclaración, no es una justificación del proletariado, sino por el contrario, una autocritica; pues fue el mismo quien se conformó con la reforma y la «transición pacífica» al comunismo, con el «socialismo de un solo país» y con la democracia, fueron los propios obreros quienes creyeron en el «respaldo» del gobierno del pueblo.  La falta de claridad y exposición del programa histórico del proletariado es una medida intransable que hay que erradicar de nuestra praxis. La honestidad con respecto a la crítica radical del mundo mercantil debe ser la materia misma de su agitación.

QUIENES HACEN REVOLUCIONES A MEDIAS CAVAN SU PROPIA TUMBA !! NI JEFES NI VANGUARDIA: AUTONOMIA PROLETARIA!! A TOMAR EL CIELO POR ASALTO!!

[1] Entendemos por comunismo, el movimiento real que apuesta por abolir las condiciones de explotación existentes y busca  la realización de la verdadera comunidad humana; suprimiendo por tanto el trabajo asalariado, la propiedad privada, el dinero, el patriarcado, etc.. No al socialismo científico empleado por los países imperialistas del bloque soviético que no son sino otra expresión del capitalismo, donde el proceso de administración de la valorización del valor es controlado por el Estado y su burocracia.

[2] Movimiento Comunista radical Japones compuesto principalmente por estudiantes.

[3] Entendemos que estas expresiones del proletariado son en actos parte de un “comunismo difuso” que nos hace más que verificar que la potencia del comunismo en aquellas jornadas está presente, pero desprovisto de un contenido radical en cuanto al desenvolvimiento social del programa de negación del Estado/Capital

[4] Entre ellas encontramos la masacre de la obreros y estudiantes en Santiago y Valparaíso en 1957 en la llamada «Huelga de la Chaucha», la matanza de pobladores de la población José María Caro en 1962, el asesinato de los trabajadores de la mina el Salvador en 1966 y la masacre de pobladores ocurrida en Puerto Montt en el año 1968.

[5] En noviembre de 1968, 126 obreros de la industria “Andrés Hidalgo y Cía.” se declararon en huelga por las deudas que mantenía con ellos el patrón. Luego de un proceso de movilización por las vías tradicionales que no dio frutos, los trabajadores deciden tomar la fábrica y gestionarla ellos mismos. En esta iniciativa estaban involucrados ex-cuadros de partidos de izquierda y obreros sin militancia partidaria. (Nota al pie de Columna Negra en traducción de Stranger Defeat: The Chilean Revolution. PointBlack! 1973)

[6] Revista Punto Final Nº 90, octubre de 1969

[7] El capital internacional replica la lucha de clases a escala mundial, extrae de los países marginales el capital necesario para reproducir los privilegios de los países «primermundistas». De esta forma, no es difícil hacer pasar por «revolucionaria» las tentativas de nacionalizar los recursos, y de la «gestión obrera» del poder (aunque sea vía representantes burgueses). Sin contar, los deseos de las burguesías locales pertenecientes a estos países, de empoderarse realmente y hacer hegemonía completa sobre la sociedad, no importa que esto sea distribuyendo la economía de forma «paternalista» o derechamente «liberalista».

[8] Grandes empresas de extracción mineral que representaban la «colonización» del capital imperialista.

[9] El MIR y el MCR, a pesar de su impronta revolucionaria estuvieron siempre acordes a actuar en función de las exigencias burocráticas de la UP. «Si el MIR no logro ser la vanguardia del proletariado chileno, no fue por no ser lo suficientemente vanguardia, sino porque su estrategia fue resistida por aquellos a quienes trato de manipular». Extraña Derrota Pointblack!

[10]Duque y Pastrana «La movilización reivindicativa urbana de los sectores populares en Chile» 1972

[11] Boris Cofre «El Movimiento poblador en el gran Santiago»

[12] Punto Final N°189

[13] Hay actitudes que rompieron abiertamente con la cotidianidad capitalista; los obreros de la planta textil SUMAR en el contexto del paro nacional de la patronal de octubre del 72, comenzaron a producir ropa y víveres textiles para entregar a los pobladores aledaños a la fábrica. Con actitudes sencillas como esa, los obreros intrínsecamente estaban subvirtiendo la ley del valor y reapropiándose de su actividad diaria. Estas actitudes no son particulares ni azarosas, pues responden a una vida comunitaria real que venían forjando los obreros y pobladores del sector, a través de diversas actividades como bibliotecas populares y comedores comunes. (Ver testimonios en documentales “Ellos lucharon” y “Más fuerte que la metralla”)

[14] El Cordón Industrial de cerrillos llego a constituir un comité militar de autodefensa, siendo uno de los pocos lugares en constituir un foco de resistencia para el golpe militar.

[15]La planta textil SUMAR cercana a la población La Legua , como lo expresa Helios Prieto en «Chile: Los Gorilas estaban entre nosotros» fue uno de los focos más serios de resistencia. Durante cuatro días los militares no pudieron entrar en ella porque cada intento era duramente resistido. Un ómnibus de carabineros y dos tanquetas fueron destruidos por los combatientes; las mujeres y los niños arrojaban agua ardiente a los carabineros, mientras los obreros resistían con las pocas armas de fuego que pudieron rescatar. Pero la confianza ciega en los partidos y su organización, provocó una reacción tambaleante, de repliegue, léase textual «Toda las instrucciones eran que permaneciéramos en las fabricas y atentos, que en algún momento nos iban a entregar las armas para defender el gobierno de la unidad popular» (Cordones Industriales, Sandra Castillo)

[16] En Octubre de 1972 el congreso promovió la Ley de Tenencia responsable de Armas, que restringió su uso exclusivo a las fuerza armadas, proyecto que fue firmado por Salvador Allende.

[17] Ibid, Pag 70

[18] Helios, Prieto «Los gorilas estaban entre nosotros» Pag. 84